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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Brigantia, canción de infancia

 

 

Corre, corre, corre, tú,entonces niña.

No es la cuesta de tu vida. El camino no te es vago

 y retumba: cuatro veces.

Corre, corre, corre, tú,infancia afligida.

La lluvia, lágrimas de esa dama

hija del gran Breogán.

 

Muerde el viento. Siente mordiscos en los mofletes.

Y ella corre, corre y corre.

Sueña con encontrarse cerca de esa figura

que arrasó el Jardín de las Hespérides.

Y ella corre, corre y corre.

Pupila violada por el primero que divisó irlandeses.

 

(parón leve)

 

Para. Para. Ya está aquí.

Enfrente. Sólo puede mirar de frente.

Inmensidad humana. Escultura sadomasoquista.

¡Dejadme, dejadme, manos Scotanas!

¡Salvadme de ésta sangre exhalada!

Belleza de lenguaje letal

que no deja de convertirle en extranjera.

 

Suenan las gaitas a cada golpe de las campanas marinas.

Las rocas, víctimas y testigos de hechizos.

El viento, eco muerto de lengua serpia celta.

Es un rebozo en las montañas,

una sábana folclórica, olor a hierba.

La ventana de una Lady of Shalott

encerrada en un lenguaje.

 

Al fin y al cabo es terra de xentes

Las flautas anuncian sus gritos al Sol,

hay ligeros pasos de caballos ...

Es el canto de Vedoira

relatando las guaridas de los mouros.

Ya se cuenta por las calles

que la novena hija del señor Almiña es lobismuller.

 

 

 

Ya ven, ya ven.

Que las calles están escondiendo a las Asumcordas

Gaitas, gaitas,gaitas....

 

 

Saltos, saltos,saltos...

Corred, corred, corred...

Que yo bailé

Que todos bailamos

Que el Nubeiro deja caer su semen en fértil tierra.

 

 

Que aquí hay viento. Sigue jugando con el tiempo.

Altares invisibles, fieles un día al Samhain...

 Las raíces ya tienen el perfumen de olvido

del multicolor sanguíneo que las hizo levantar.

Unos dicen mariposas, otros dan la razón al cuélebre.

Algunos lloran calabazas y otros pelean con sus trasnos.

 

Vuelve ahí su canto. Canto que oigo con ojos apagados.

Vedoira entre la niebla pisa el rascacielos desta Terra.

Que sus voces son la sabia de este destierro.

Que no cabe pueblo pequeño en el tiempo.

Silenciadas voces de la humanidad.

 

 

Gaitas, gaitas, gaitas...

 

 

Saltos, saltos, saltos,

 

Corred, corred, corred.

 

 

Que yo bailé.

Que todos bailamos.

Y ella corre, corre y corre.

Debe alcanzar al Nubeiro soltero.

Qué difícil es ser pájaro entre gaiteros.

 

Pero, aquí, me quedo.

Con voces, con sus voces;

 

las del pueblo.

 

Vanora Miranda 

 

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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