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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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¡Habemus Mesías!: El Ocaso del Individualismo Político

 

A pocas horas estaba Europa de sufrir una recaída religiosa. En el siglo XXI había dos corrientes de religión. La primera era la lucha de alcanzar el cielo cuando la putrefacción besará los párpados para siempre;  eligiendo la raza, lenguaje y especie de la magia creadora. Sin embargo, la segunda era la más peligrosa de todas, dedicando su vida  al ejercicio de la ley humana. La naturaleza dejaba, por tanto, la cúspide y corona de la selección natural, dejando que unos pocos privilegiados eligieran quiénes de nosotros éramos  los próximos en morir. El mundo había estado constantemente en una guerra silenciosa y los que habíamos despertado de ese  extraño y maquiavélico sueño de la deseada paz, nos encontrábamos en una lucha interna de recuperar los recuerdos que nos hicieron ser nosotros....

 

Entre tanto, en este descampado idealista, pensé evolucionar más allá de lo que alguien muerto me aconsejara. Reflexioné todo lo que aquellas estatuas conmemorativas me susurraron de pequeña, las ideas que me inculcaron y el cómo podría ser libre ahora de ellas. Y ahí estaba ... evolucionando ideas sin querer repetir los fallos. Me había dado cuenta en esta corta epifanía que el mundo sólo sabía memorizar oraciones, y había olvidado por completo que la herejía era el primer cambio que llenó de miedo las eucaristías. Irremediablemente, he roto las figuritas de Santo Lenin, Santo Trostky, Santo Bakunin, Santa Rosa Luxemburgo y Santo Marx  de mi personal altar político.

 

Mientras, la mayoría Española esperaba como en la Plaza de San Pedro a su nuevo Papa, el Mesías político, al héroe literario que salvará este país de la miseria y el miedo. Con los brazos cruzados desean que con su espada bien afilada luche él contra todos los dragones de las cuevas conservadoras, que bendiga las leyes putrefactas con agua bendita y entre todos cantar unos cuantos Aves Populix al acabar la dura jornada laboral de evolución humana. Si al menos supiera el mundo lo que pesa el valor de la promesa, el ponerse a contar la de puntos contradictorios que contiene esta tan humana soberbia. Al final, el que reza sus oraciones como buen ciudadano se encarcela así mismo en la pobre verdad que encierra la podrida belleza que evoca recitar las rebuscadas palabras en voz alta.

 

En pocas horas, otro pueblo de Israel levantará una vez más las manos para alabar al que deba entregarles sus mandamientos...Ellos le entregarán el honor y el código de caballeros. Como siempre el lema: lealtad hasta la muerte. Así, los que siguieron al Mesías harán de su ley la verdad, conviviendo como tantas veces en su propia hipocresía. Los herejes harán de su herejía las nuevas ramas para la filosofía política y los Mesías impedirán salir del Templo donde se les situó en las oraciones y plegarias. Y entre todo este jaleo que se escucha en mi cabeza de sus voces cansadas y asustadas, me siento analfabeta en esta evolución humana. Y entre algún que otro llanto, resopla la descabellada idea de que los que nazcan libres tanto de sus familias como de Israel harán demoler con su indiferencia a esta tan pesada Torre separatista como lo es Babel.

 

¿Cuándo llegará el día en el que toda voz valga lo mismo que la que escribió los mandamientos? ¿Cuándo será nuestra hora de representar al hombre maduro ilustrado? ¿Cuándo el que cuida a la vaca, al cerdo o a la cabra, podrá llevaros a vuestros Palacios el estiércol que le arropa por las noches?

¿Cuándo valdrá lo mismo las voces de esos niños como la de los miles de Mesías malcriados que adoráis?

 

Todos hablan de individualismo, ser uno mismo, formar tus propias ideas...Sin embargo, tal como se reproduce el virus dentro del cuerpo, cuando llega la imagen del Mesías el individuo se rebaja al sillón de los seguidores. Se asombra de la retórica y abandona su propio camino a la educación, en vez de desear ser uno mismo el que hable por sí mismo, el que tome las decisiones sin esperar que otro tenga la necesidad de representar los 46.000.000 millones de personalidades que debe recopilar ante el jurado de nazis Europeos, que en el fondo tiene el mismo principio de humanidad que él,  cercano en todo momento a la corrupción y a formar parte del séquito de su especie.

 

En la ventana me apresuro a despedir a esa enfermedad que tanto molesta a todo partido político: el individualismo. El regirse por la moral de uno mismo, la educación buscarla por uno mismo, defenderse por uno mismo, hablar por uno mismo... No... Es verdad, es mejor abandonar la vida a la pasividad, dejarlo todo en manos de otros que para convencernos sólo nos ponen en la cara sus currículums. Otra vez se cae en la desgraciada ceguera de lo que se ha estandarizado como el que vale y el que no vale. Todos aquellos que guardaron sobres salientes vendrá algún día a mostrarnos lo mucho que son en esta selva de enfermos mentales. Y mañana habrá otro nombre, otro favorito y así sucesivamente.

 

Me duelen los oídos de tanta falacia y tanta ñoñería en las propagandas y anuncios publicitarios. Me arranco la garganta de tantas maldiciones y vómitos propios. Me duele el pecho de ver volando en la clandestinidad la palabra "cambio". Todos parecen ver un espectacular traje nuevo reconstruido por el Mesías, pero yo no puedo evitar decir que le sigo viendo sin nada, desnudo, en pelota picada. En esta poco clara epifanía lo único claro es que el guerrero de la libertad nunca puede estar de acuerdo en el sometimiento del liderazgo y que si la palabra igualdad tiene en algún lugar cierto significado, ese lugar debe estar siempre lejos de las votaciones y el espectáculo.

 

Ahora, estamos más lejos de conseguir lo que pensaban unos que sería el comienzo de una nueva iniciativa política, donde el pueblo cogía las riendas de su propia vida y decidía hablar por sí mismo. Se equivocaron. El pueblo ha vuelto a sucumbir a esa profana belleza del saber qué decir y el cómo decirlo. Compra banderas, estandartes, lemas, chapas, fotografías de sus Mesías para colgar en las paredes, pero es incapaz de comprarse un cerebro nuevo con ideologías nuevas. Caen en la respuesta fácil, en la fe de los demás abandonando la suya propia. Y ese pequeño destello que parece haberse postrado en la entrada del pensamiento, lo único claro que tengo es que la política depende de las acciones individualistas antes que cualquier acto de fe o milagro.

 

En este desierto de palabras y pensamientos inconclusos, sin necesidad de exponerlo en un soporte de más de 700 páginas, veo como el ocaso individual se despide sin un réquiem. Mañana, la Plaza de San Pedro se llenará de feligreses políticos a la espera de ese ansiado humo blanco. El humo blanco que transformará su fe y esperanza en una figura idealizada de carne y hueso. Después de su cita con las urnas, la única actividad que les espera es la de simples espectadores de televisión disfrutando del Coliseo Europeo. La única vida política activa que les espera es la de gritarle al televisor después de que otra vez llegue la indignación.Otros, entre tanto, gritan en la plaza: ¡Habemus Mesías! y otros tantos nos preguntamos dónde estará el certificado que demuestre el don individual de la palabra.  

 

Vanora Miranda

 

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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