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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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PUTRESCINA

5:25 am

 

En un principio naces, pero te vuelves a ir. Entras dentro de mí a la velocidad de un escarabajo tigre. Y luego, te vas. A la misma velocidad.

 

Reposo a la actriz que lleva mi nombre en el sillón blanco corazón. Todo es blanco aquí. Blanco el corazón y blanca la muerte. Pero el papel dice que no, hoy no quiere ser labios.

 

5: 45 am

 

Los cuartos de la división. Campanadas de fin de século. Bemoles ensayando la coreografía de las hadas entre las musarañas, resguardándose de la lluvia en los Sostenidos.

 

Minutos. Cristales que separan la luz de la carne. Minutos. Secuestradores de sentido. Psicólogos internos que diagnostican el reflejo como extranjero.

 

6:10 am

 

¡Iceberg a proa ...! ¡PGGGGGGGGGG!

 

6:15 am

 

Neuroterapia egocentrista:

 

¡Venga, escríbelo! ¡Escríbelo! ¡No tengas miedo! Escribe, escribe hasta tener ampollas en el cerebro. Adelántate a los socorristas. Saca tus prismáticos planetarios. Sácate la licencia de médico. ¡Eres médico!

 

Sí, soy médico. Un médico en su lecho de muerte, como la Tierra. Americo Vespucio en la resonancia detectado un chichón en el corazón de nuestro planeta.

 

Efectivamente, sentimos comunicarle, Planeta, que usted sufre de daños colaterales debido al terrorismo mamífero. En caso de que quiera presentar cargos contra los susodichos, lo siento no podemos atenderle.

 

Sufro de chichonitis, de daños colaterales estrangulados por el garrote vil. Espectador que agoniza toda una vida en un desierto de letras.

 

6:40 am

 

Me doy cuenta que ya no queda hueco para las musas ni los musos. La necesidad de destituirse de Tetis. Dejar intacta Troya.

 

6:48 am

 

Después de recibir un colocón de cocaína neurótica, vuelvo a ser yo. He recuperado la nacionalidad de mi propia alma. Dejo de ser extranjera.

 

Agarrarme a la interminable paradoja. Imaginemos a un atemorizado Cole Sear, tapándose con una sábana, susurrándole al doctor Malcom Crowe: "En ocasiones, a la hora en que se ausentan los colores, saco oro a las letras".

 

7:06 am

 

Oro que ni es pan, ni dignidad. Oro que no es nada. Una raza odiosa de hormiga de la tierra. Una minúscula bacteria. Quiste estrafalario en los cuentos de economía. Oro. Aquel de destino histórico capicúa.

 

7:15 am

 

La paciente empieza a presentar signos de resentimiento con la nada.

 

7:19 am

 

A medida que las contracciones se hacen más prolongadas e intensas, la profundidad de mi océano se hace incomparable. Y sus olas - blancas- se impregnan de algo que es imposible  teñir en las peluquerías lingüísticas.

 

7:27 am

 

Pienso otra vez en el chichón. Deseo regar la Tierra con Thrombocid. Cantarle "cura, curita, sana". Darle el beso de sapo. Y tal vez uno de vaca. Vendarle sus bosques y selvas. Poner el termómetro a sus ríos, mares y océanos. Verter el espidifen para los dolores de regla. Eliminar la febrícula climática con el milagroso ibuprofeno.

 

7:43 am

 

Asnos que se esconden para no huir conmigo. Se divorcian de las cuadras. Anuncian segundas nupcias con las pieles. Huir. Un verbo que no entiende de condicionales ni pretéritos perfectos.

 

8:00 am

 

Ahorramos trabajo a los biógrafos. Una tregua momentánea entre nacimientos de crisálidas y defunciones de unicornios. El segundo. El instante que nos separa del pie de página en los estantes al suicidio arbitrario de los chistes platónicos.

 

9:30 am

 

Ahora sí, Imhotep. Hazme un recetario racional para estas heridas. Embalsa mi materia en putrescina. Petrifica estos órganos alfabéticos. Viértelos en los canopos. Hechiza la sangre que me queda. Talla mi venganza en latín culto o tal vez en arameo cristo.

 

Imhotep...Imhotep... Imhotep...

 

Tengo un plan. Tengo una nueva técnica. Momificarles. Momificarles con pobreza. Acto seguido, desahuciar sus pirámides selladas. Regalar sus tesoros mortuorios a los leprosos de espíritu. Arrojar sus sarcófagos cancerígenos al río.

 

10:03 am

 

He amanecido en la resaca de los alcohólicos de colores. Todo era blanco. Una fragancia incolora. He intentado beberme al blanco corazón y a la blanca muerte.  Pero entre la indecisión, me encontré invadida por un arcoíris de vómitos.

 

En un principio naces, pero te vuelves a ir. Entras dentro de mí a la velocidad de un escarabajo tigre. Y luego, te vas. A la misma velocidad. Pero esta vez, con una gabardina de colores.

 

Vanora Miranda 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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