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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 20 de octubre de 2020

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HENRY IRVING VIOLÓ EL VERSO

 

Perdóname, pero tuve que inventarte

 

El mundo ha memorizado un monólogo impenetrable para las monjas de la filosofía. En otra de mis solitarias noches, como de esta sed de la incertidumbre. Me enfrento con la tinta como espada contra la Circunstancia y Necesidad. Me transformo en el ser más primitivo y salvaje, en la rudeza del punto y final. La palabra, digan lo que digan, aún estando de moda, es lo más primitivo que el ser humano ha conocido.

 

En esta peculiar caverna, comenzaré mi danza. Una danza como cualquier coreografía teatral. La mímica aristotélica más pura: la vida, su decadencia y el deseo de inmortalizar. Y, aquí estoy, dándome de comer a mí misma la más dulce de las ambrosías. El placer de crear. El placer de inventarte. El placer de aplastar el tiempo con mis versos. El placer de detener las moléculas del beso en la cítara de Orfeo.

 

Hoy, mi Henry, Diotima llama a la puerta de mis dedos. Ha procedido al secuestro incuestionable de mis cuerdas vocales, exorcizando mi parálisis mental. Me prohíbe la delicadeza como instrumento lírico. He de esconder la mezquindad -dice- , entre los versos más calientes. Mi espíritu contempla nuestros cuerpos en una escena onírica, entre vigas de madera que dibujan trenzas en el techo; es el campanario de un Notre Dame madrileño... donde las campanas enmudecen al son del orgásmico rugido.   

 

Empiezo a santiguarme con el olor de los libros en la estantería; ensayas sin miramientos el recital de caricias lenguiles en el cuello. Tus manos se deslizan por mi piel como un experto hindú en la seda más fina. Nos fundimos en una nube incandescente de peregrinos besos. Pero yo no quiero ser Julieta. Ni tú quieres ser mi Romeo. No. Nosotros hemos elegido la altura exacta. Miramos hacia abajo la figura del fascista Corazón. Le escupimos con sendas salivas. Le callamos con el baño de semen y flujo vaginal.

 

Hay que ser fuerte para mirar desde lo alto a un fascista, más cuando se trata del Corazón.  Pactamos con sangre copiando al conspiranoico  Macbeth. La belladona se propaga con las primeras embestidas en el bosque. Nos percatamos del olvido imperdonable de Ovidio en su Metamorfosis. Cambiamos el mito. Adonis y Venus transformándose en cerezas negras, destructibles y dulces. Somos por más de veinte minutos la hierba de la muerte. Y ya nada puede pararnos. Ni siquiera la babilónica pared que nos dejó como ofrenda los cuerpos purpúreos de Píramo y Tisbe.

 

Ven. Ven a mí todas las veces, las Mil y una Noches. Déjame que sea tu Sherezade aduciendo el alba como postergación de la dicción del sexo. Adueñarme con las manos de tu cara, Shahriar, dirigiéndola delicadamente a mi boca sur. Encontrar con la penetración de tu lengua el saqueo de mi alma por Alí Baba. Susúrralo al oído. Susúrramelo despacio. "¡Ábrete, Sésamo!" Así hago. Abro el Sésamo, para que me arranques de una vez el tesoro de mi clítoris a lametazos. Conocer a pocos segundos el eclipse de los cuarenta ladrones. Ven. Ven a mí, Shahriar. Quédate a escuchar la humedecida coda orgásmica.


Modela este corazón de barro como puedas, Pigmalión. Este instante en el tiempo se ha convertido en nuestra Galatea. Y en una noche como esta he decidido irrigarlo con el barniz del verso. Volveré a hacer trampa en el juego. Haré de ti Bassanio ofreciéndote en los tres cofres la delicatessen en  orgamos cósmicos. Seré una Porcia esclava de tu sexo. Aunque sea invisible ya. Aunque me haya convertido en una foto en las neuronas. Te hago inmortal por más de cinco minutitos. Que tal vez dure lustros, varios años, siglos... el poema en el que Henry Irving violó el verso con los ecos placenteros de Desdémona escapándose entre los libros de la estantería.

 


Vanora Miranda 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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