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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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TODO FUE POR LA PRIMA

 

No paro de escucharlo en mi cabeza. Se ha convertido en melodía intangible. Eres de esos pensamientos que guardo con cariño al hablar con mis amigos. Pensamiento de calada, placentero; de los que saben liberar al pájaro de Pizarnik de su jaula. Pero hoy, habiendo sobrepasado cual Barbarroja la isla de Lesbos, Mesina, Crotone, Andalucía... me he permitido el lujo de cambiar un poco la historia. No hay diferencia entre los mares y la fibras ópticas. Ya no. No lo penséis más. Una corriente marítima es, en lenguaje telefónico, equiparable a doscientos impulsos luminosos.Y yo estoy bajo un profundo éxtasis marítimo.

 

Ay, amigo, todo empezó con una simple mención de mi nombre. Luego vino la sumersión en tus lecturas poéticas. Las conversaciones saxofónicas con tu amigo Alférez. Y Pablo. Ese Pablo apostólico de la crítica escatológica. Pablo, Pablito, Pablo... Que no le diga nadie que es de los apostóles menos leídos. Ya tiene bastante el pobrecito. Sí, nuestro majestuoso Ezra Pound de la constructividad poética española. Pablo. Me dió la sensanción que era de esos hombres empapelados de nombres ilustres hasta los calzoncillos. De los que cuando van al baño sienten una graciosa vergüenza al oler su materia excrementicia.

 

Me he tomado la libertad de darle un apodo: Pablo "el excrementus". Creo que podría ser una manera para poner en alza sus ventas, si es que las tiene. Ah, sí, Pablo, Pablito, te veo echando pestes en los versos de Quevedo. Los de Rimbaud y Verlaine. Te veo debatiendo con Cervantes y la cagada de Sancho. Te imagino echándole la bronca a Grueber por relatar cómo el gran lama era divinizado por los tibetanos disecando sus heces y haciéndolas reliquia. Te recomendaría, Pablito, que no fueras a la India ni soñando. Otra de las materias primas de la vaca, es el purificante de sus paredes.

 

Ya ni hablemos de esa cosmogonía coprófaga de la cual careces. Qué habría sido de nuestras alcantarillas sin esa diosa romana, Cloacina. Quién tragaría la mierda de nuestras calles tan placenteramente, sin rechistar y, a su vez, ser plegaria a la hora del coito. Cloacina. Aprovecho y le rezo una plegaria, por la prima. O qué me dices de nuestros antepasados bárbaros, los que intentaron borrar la figura de Sechiquecal haciendo de las heces una delicia cuál hamburguesa de un restaurante tres estrellas Michelin. Te advierto de otra cosa, menos mal que no fuiste judío. Belfagor sólo pedía mierda como ofrenda en su altar.

 

Ay, nuestro gran Pablito... pero no paro de tararear en mi cabeza. Además de imaginar ese sutil lápiz entrando por el sacapuntas. El lápiz entra en el agujero. El agujero parece dilatarse. Es pura escatología. Y entra y sale. Entra y sale. Aparece la voz de Urrutia en el coro de mi cabeza...

 

la culpa fue de la prima

sí fue de la prima

todo fue por la prima


Vanora Miranda 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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