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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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I. MALEMPIAS CÓNCAVAS

 

 

A ese poeta que fluctuó en  falso llano

 

en ningún lugar concreto

responder

 

los magos pueden resucitar de la espuma chipriota. La celda de Dantès no es eterna para los gatos pardos. Yo he venido para resucitarte, Amor. Vengo a que apagues la estela luminosa del vestido de Beatrix. Porque yo traigo el fuego persefónico resurrector. Yo agarro tu mano, Dante, a lo largo de los círculos. No pestañeo, ni recelo. Parezco una Edith en los primeros estadios de tortícolis, divorciándome con la mirada de un atormentado Lot que discurre su frustración entre mis párpados cementados. Me uno a ese club de mujeres de Lot.  He mirado atrás. He desobedecido las advertencias de la Causa, condenando al minotauro a ser en exclusiva una estatua de sal. Cómo lo siento, Amor... Si sintieras la coz del centauro en las ausencias con tu nombre, lo entenderías. Me dejas siendo un Pan con alzheimer sin saber que una vez fue músico, un Orfeo ludópata que vendió su lira y terminó alquilándola por horas a los borrachos del amor, un Proteo talasofóbico en busca de manguitos de papel periódico

 

joder, qué digo. ¿Acaso los magos no se cansan de las babas de Arcángel? Te imagino a veces como ese heredero onanista de Berlanga coleccionando babas angelicales como pelos de coño en la vitrina. Tu propio jardín hespérico de salivas doradas con un Atalante frustrado, viéndose imposibilitado a pajearse. Es ahí donde entraría una Herculina, que sujetaría el mundo con la mano izquierda y en la derecha masajearía su prepucio olímpico. Surgiendo del semen una espuma de algas. Contestando a esa pregunta suspendida entre manzanas, sí, los magos pueden desarrollar alergia y asma a las babas angelicales, con certeza. ¿Por qué vengo, entonces, a ofrecerte unas míseras salivas a esta tirada de cartas de Tarot?  Hacer de Delfos un prostíbulo de declaraciones, donde no hay tiempo de contemplación en los bares si las mujeres con sus sujetadores comprados en el Primark son capaces de entablar una conversación en sus terrazas sobre Michelangelo

 

me pregunto si tendré que zigzaguear unos diez metros más para darme cuenta como Leopold Bloom que los coches son dragones enfermos de bronquitis y las aceras arena de desierto. Pararme en alguno de los escaparates argónicos intentando contradecirme con el capullo de Hermes. Debiste ser sensata como Euríloco, me digo a mí misma. No dejar el barco, no adentrarse en Eea. Aún así, bajé a encontrarme de bruces con la popa de oro bruñido. Hera, en uno de sus peculiares modos de complacencia, hizo descarrilar las alas de Hermes en alguna de las ramas invisibles del cerezo. Circe, contagiada de la habilidad de Penélope, tejió en mi boca la mirada de un nuevo Heathcliff capaz de perforar las guerras del Mediterráneo. Hermes, vago, ¿dónde estás? ¿no sabes que en esta parte es cuando me ofreces a Moly? ¿Por qué no se te ocurrió nunca ofrecernos a Moly? ...

 

****

 

Año de ictus isquémico en la estratosfera

Deméter  decrescendo 3/4

oscuridad armario

 

en los comienzos de Andrómeda...

 

Canoscenza  

 

me quedé maldiciendo a la plantita de los cojones. Me duró unas tres semanas volver al laberinto. Cuesta concentrarse, pegarle una patada en los huevos de una vez a los Hombres Grises. Me llena de orgullo y satisfacción cagarme en todos ellos cuando Rá se limpia los zapatos en el felpudo vidrioso. Sin embargo, el cagar no siempre alivia. Abrir las persianas no es siempre despertarse. Yo no, no Amor, no... No sé qué me pasa, pero yo ya no sé despertarme. Llevo a cuestas del cerebro la imagen de tu colección de pelos de coño, de tus contenedores azules inalcanzables...de que me alejes tanto de tu llegada a puerto.

 

cómo lo saco. ¡Cómo te saco! Me cortaré los pelos del coño, pienso. Los recortaré uno a uno. Compraré un lazo en el chino, el más barato. Con eso quiero decir que no pase del euro. Introduciré los pelos en una botella de cristal, como los náufragos. Será mi último mensaje de socorro. La tiraré al mar que tanto amamos. Quién sabe, tal vez las olas sepan llegar a tu vitrina. Quién iba a pensar que a Dorothy le llegó el tornado con el coño afeitado. Me sacaste de Kansas, eso es lo único que sé, se dice Dorothy. Seguir el color amarillo de la pared que ahora es camino. Eso se dice Dorothy. Oz podía confundirse con los pasillos del Ikea, el Congreso de los Diputados, las tertulias televisivas...Y en esta versión la varita mágica de Locasta se ha quedado atascada en el momento de invocar  los zapatos de plata. Como podrás observar, todo esto es una verdadera chapuza.

 

resumamos: Dorothy pierde los pelos del coño, el color de la onza la pone enferma, la varita se estropea en el último momento y la deja sin zapatos. Ananké decía Huguito. El tornado además de Kansas le quita la suerte. Pero antes que Oz está Nebo. Tengo que llevarte ahí, Amor. Dorothy entretuvo al espantapájaros cuando te vio ahí sin poder moverte entre la tinta. Te vio a ti, Hombre de Hojalata.  Aceite. Aceite. Aceite, murmurabas entre los espacios que transformas en comas elípticas. Con mi suerte, pensó, seguro que le ha aparecido un agujero a la aceitera. Pero se percató que cerca del verso donde te encontró postrado el instrumento en cuestión estaba intacto. El aceite me sabe a poco, Amor. El aceite de ricino es el alimento del enfermo.Yo no quiero darte más enfermedad... pero me siento la enfermedad.

 

tengo que comunicarte que te has confundido. Que nunca fuiste el Hombre de Hojalata. Tengo que contar tú historia, porque parece que no la recuerdas. Que el viaje a Oz te ha pasado factura. Ya no sabes ni quién fuiste. No recuerdas que llegaste a Oz como Dorothy, en mitad de un tornado. Que tú en realidad eras y fuiste siempre el maravilloso Mago. Que hicieron una película con tu historia, que nuestros nombres reales han estado siempre juntos y nunca te percataste. Voy a jugar a un juego contigo. Vamos a cambiar un poco la literatura, ¿vale? Y que cierres tus persianas para recordar el nombre de la bruja de la cual te enamoraste. Porque te enamoraste de una bruja o, mejor dicho, la bruja se enamoró de ti. Y en ese camino de la guerra, encontraste tu vocación. Después de derrotar al amor, te convertiste en el Mago de Oz. Por eso, Amor, nunca estuviste sin corazón. ¿O fue el Hombre de Hojalata alguna vez el Mago de Oz?

 

aceite

que llueva aceite

 

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Año de ictus isquémico en la estratosfera

Deméter decrescendo 4/4

oscuridad transgénica

 

Andrómeda en celo

 

Condottiere

 

el verdadero Papa y Príncipe saben quién es el mejor de los soldados. En 1490 se conocían como los Condottieri. Una casta de hombres empapelados de diplomacia y dotes para el comercio. No es que hayas pasado a ser un comerciante, ni muchos menos. El otro día observé de cerca tu jersey. Cada vez tengo más claro que es una cota de malla moderna, esperando abrigarse con la armadura. Y me digo: "Es un Condottiere". Vuela por los alrededores de la ermita, los molinos rojos de Lavapiés... Sólo sé que él vuela más lejos que Peter Pan. Él sabe volar para impedir la muerte en la guerra, mientras yo la despacho en chupitos de whisky. Él sale por las noches empecinado en desenterrar el escudo que apacigue las muertes, en apresar a los domadores, desorganizar el orden y los cuerpos del enemigo. Soldado del ejército caído. Hoy te miro y eres mi Condottiere mariposa.

 

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Año de ictus isquémico en la estratosfera

Perséfone coge el ascensor

Diluvio ácido

 

Andrómeda constipada

 

A propósito de Stendhal

 

hay un poeta, al cual no voy a nombrar; por unas o por otras me está cayendo mal. El pobre no tiene la culpa. Su nombre lo relaciono con el adulterio. No creo que ni su poesía hable sobre el adulterio. Algo ha pasado para que así sea. Sé el por qué, pero no quiero decirlo. Cómo podía contemplar ella al bajar del tren casi a una María Magdalena, un ángel decía... Joder, por qué no me pasará a mí lo mismo. El caso es lo que dijo este poeta. Hablaba de extravíos conscientes, transformarlos en redenciones, el sometimiento incuestionable de la especie a la luz y de cómo ésta haría renacer la cause de lo invisible. Yo todavía me pregunto a qué luz se refiere. Me pregunto cuándo estará la luz para lidiar con lo visible. Cuándo aprenderá la extraña materia a dejar la pureza de lo invisible intacto. Ahí nadie debe entrar. No hay nada que arreglar ahí. Me canso de que al final todo se reduzca a empezar a vestir por doquier. Vestir la invisibilidad. Darle una causa. Apelamos demasiado a lo desconocido. Somos Macbeth.

 

la Causa, como a ella, ahora viene, si es que se ha presenciado de alguna manera, en forma de cristal. Apelo a lo desconocido como la que más. Piso con Stendhal las minas de sal en Salzburgo. Eres una ramita, mi ramita de poliéster y las aguas sin luz te van puliendo los diamantes móviles y deslumbrantes...

 

lo que menos quiero ahora es luz

no busco Causas

muero por las caladas del efecto

 

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Sin año por reconocer

Perséfone se quedó encerrada en el ascensor

Blanco

 

Andrómeda se ha tirado por la ventana

 

Glukupikron

 

Wahlheim, lugar donde el deleite se basa en el campo llano y cantos campesinos. Pero el mundo no tiene ni campo ni cantos. Me he quedado sorda, Amor. Ahora más que nunca comprendo la sordera absoluta de Goya o de Beethoven. Quedarse sorda de los gritos. El lenguaje mató la poesía. Los gritos están matando al lenguaje. Granizan los símbolos en el sofá-cama. Y los gritos, los gritos... cómo cojones huir de los gritos.

 

la poesía yace entre el triángulo cortés. Se lo robaron, como otras tantas cosas, a una mujer clásica. En la dialéctica del mundo hay un ángulo que representa el obstáculo. La cultura, digámoslo claro. El lenguaje, hija primogénita, su cáncer. No es de extrañar, pues, que el símbolo sea tratado por los abogados como ley orgánica. Tratan la muerte de la vida como derecho natural. Se les antojan los pasteles sangrientos de derecho natural.

 

me posee tu preciado amigo, Goethe. El amor es un fantasma vengativo. Entre el mundo, la poesía y tú, Amor, se apila mi costilla. Un tetris desorganizado, incomprensible... mal repartido. Somos engullidos por la boca de Crisóstomo. Nos desintegramos. Abandonamos lo único orgánico para humanizarlo. Orgánica era la poesía hasta que el sabio le dio un nombre para hacerla propiedad privada. Elegir el sufrimiento es profesión de unos pocos. Y yo observo. Callada. Fulminada mi boca con filoménica lengua. Calculando el verso sádico que demuestre la sensibilidad académica como reacción al terrorismo.

 

Crisóstomo devora la poesía sin piedad

las voces varias son censuradas por el egocentrismo

¿qué hemos hecho?

 

yo he caído en la fibrilación

esperando más descargas mortales con el agua

 

joder, un niño puede estar muriendo ahogado ...

y yo estoy jugando a dejar calvas a las margaritas

 

Crisóstomo. Crisóstomo. ¡Crisóstomo de mierda!

 

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Año sábana

Perséfone llegó a la superficie

Papel higiénico violeta

 

No encuentro a Andrómeda

 

Secuestro

 

el cuerpo se hace útero agobiante. La acción corretea en un jardín: el Metaútero. Mi cuerpo es la habitación de Blanche Monnier. Veintiséis años acompañada de mi propia basura, rodeada de mis excrementos. Secuestrada por una materia inviolable, inseparable. Odio esta materia porque es lo único que me separa de lo intangible. Sospecho tantas veces que la lírica que tanto me da vida es el jodido acercamiento inevitable hacia la muerte. Werther, Albert o Lotte - uno de ellos debe morir. Si separo el cuerpo, separo el sufrimiento. No te quiero, Cuerpo. Habitación de jeringuillas. Empalamiento progresivo.

 

la distancia me secuestra

temo pasarme otros veintiséis años teniendo de almohadas jeringuillas

¡páreme!

¡páreme del cuerpo!

 

****

 

Año sabático de las perseidas

Escarceo entre Perséfone y Febo

Daltonismo

 

¿Androqué?

 

Alzheimer selectivo

 

el hombre ha hecho de la memoria un ser pérfido. ¿Por qué confundo la memoria con hacer el picapiedra? No confundas tú también, Amor, hacer memoria con las piedras. Ya es tarde para despegar mi carne de la Silla del Olvido. Mi sufrimiento es parte de esta silla. Me engaña la carne pegada en su respaldo. Lo peor de todo es que yo misma me arrojé a ella. Y Hércules pasó de mi culo. Y no serán cuatro años... será la eternidad.

 

soy el chicle de la memoria

un faro imperturbable en el desguace de coches

sueña mi puto nombre pajéate mi nombre  

 

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Año de los caramelos

Dicen algo sobre la flor del melocotón

Amarillo enfermo

 

Andrómeda en coma

 

Síndrome de Tchaikovsky

 

hoy se ha apoderado de mí la desesperación. Soy esa loca del ático a quién sólo las sábanas le recuerdan que una vez llegó a llamarse Bertha.  No soy capaz de escribir amor. ¿Qué será eso de escribir amor? ¿Acaso eres amor? Y así paso las horas. Torturando esta cerilla ardiente. Tan pronto como me canso de los ropajes líricos, retrocedo a otro rincón del armario. Así pasan los escarabajos tigre. Unas veces dictando el alba, otras vomitando menstruación.

 

qué lejos queda esa imagen de mi misma, poseída por el fantasma de Tatiana. Dejarse llevar por la emoción de la orquesta. Cada crescendo una pulsación de tinta. ¿Pero qué podría decirte yo a ti, Onegin español? ¿Qué podría yo decir para cambiar nada? ¿Acaso es tan fácil embotellar una emoción para convertirla en crisálida? Tu indiferencia es el abismo. Ni aún estando dentro de este encierro, dejan mis neuronas de acariciar tu nombre. Ay, y el mío en tu periódico diario,  cada vez tan vago y rezagado.

 

otro día más que supero las 4:48. A veces pienso que te escribo para que al menos alguien me recuerde. Pero qué más da regalarte mi vida. Terminaré apilada entre los papeles sin importancia. Cubierta de tu desorden. Perfumada por el marcaje de tu rocín. Será eso lo que merezca. Orines. Anonimato. Olvido. Llevarme tu olor a la tumba. Hacer que decoren mi cadáver con infinidad de recuerdos de tu vida. Disecar mi corazón. Introducirlo en un vaso canopo. Enviártelo en tu carro de salchichas.

 

calamor devorado por cangreamor

 

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los años no existen: tipificado por el Código Penal

me he comido a Perséfone

Noé era púrpura

 

defunción de Andrómeda

 

Casa Azul en Coyoacán

 

¿A cuántas antes que yo dejaste muertas?

 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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