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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 25 de mayo de 2022

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LOS CURIE DE LA POESÍA

 

a V.

 

Mi vida se ha edificado en la praxis vulgar. Las observaciones de mi madre han sido siempre duras y concisas. Mi primer tubo de ensayo fue el orinal. Mis primeros pinitos en la galaxia gaseosa podrían ser relatados como un cuaderno de bitácora de la suboficial Ellen Ripley. Necesité por todos los medios descubrir a ese planeta anal. El planeta que se reproducía como las estrellas de mar. Mi producto capitalista biológico germinado en alien. No me quedé corta en la experimentación. Continué mi hazaña desempeñando distintos oficios, dejando de lado el de astronauta y dando lugar a la antropóloga. La consistencia retratada en un fósil de dinosaurio. Retroalimentarme en la cueva de Atapuerca. Me convertí en una homínida de la rama evolutiva de los neandertales. Aquello se transformó en mis pigmentos de flores. Utilicé la pared para recrear una orgía intestinal. Más tarde, descubrí el origen de la vida mamífera. Ese paradigma ilustrado mediante la fotografía technicolor de un quirófano. Dos días después, ya estaba siendo la madre de Sócrates. Creé mi propia clínica obstetra. A mi familia les forzaba a ser árboles que empujaban fuerte para deshacerse del fruto. No había barreras para la Ciencia. Intuía que un mundo futuro los hombres sufrirían el fruto. Luego, pasé a un cambio drástico: a ser stripper en los teatros, en las cenas de Navidad, en las fiestas familiares de mis cumpleaños. Algo en ellos supo decirles que no me soportarían muchos años; por esto o aquello, el caso es que no había sitio reservado para mí en misa. Tuve mis primeros litigios preescolares acusada de tarascar un faro. Desterré a ese hombre de sus dominios. Durante unas semanas hice de bruja, hasta que encontré un pájaro con un ala rota en la casita de juguete. Tal vez en ese momento, no sé decirlo con certeza, irrumpí bulliciosamente el mundo con mi propio reino. Tú, mejor que nadie, sabes a qué reino me refiero. Hablo a un niño y  yo te hablo desde la altura de la infancia. No he dejado en ningún momento este lugar para esperarte. Aquí soy sólo una ciega sordomuda, discapacitada. Una maldita leprosa con un cartel en el cuello donde puede leerse que sólo estoy de paso por Judea. Incluso se me deja exenta de ser negra. ¡No puedes ser negra! Esa Juana de Castilla que tuvo que pasar encerrada en Tordesilla unas semanas para entender que su cáncer era neurológico; sin embargo, ahora, siento un deseo impetuoso de ser celda. Metamorfosearme en una reja, en una camilla de enfermería, el gotero de suero o una simple jeringuilla. Pensar que siendo una escalera será el único momento de mi vida que podré estar distanciada de ti a una cierta altura. No sé quién soy la mayor parte del tiempo. No sé decirte cuántas versiones de mí misma posan junto a ti en nuestro cuadro. Tampoco sé decirte cuál de todas te escribe hoy. Creo que esa que se acoge al tabaco como radiografía, la asesina reincidente. Tampoco tengo claro si soy la desorganización primitiva. Sé que Freud nombró la envidia imaginando tu pene y que Simone de Beauvoir se planteó su sexualidad al leer tu poesía. Contigo sólo vale una cosa: ser el poema destructivo. Príapo fue creado a tu imagen y semejanza, como exvoto de los no creyentes


Vanora Miranda 

 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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