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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 1 de julio de 2022

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LA POLLA TROVADORA

El trovador impele su polla como si fuera el carro de Febo. En sus delirios, compara la nocturnidad del canto de flauta con la bendición agrícola de un fauno y la moralidad de la deforestación con la formación de los planetas. Sueña con hospedar la biblioteca de Alejandría entre la hoja de parra y materializar el occitano en una gota de saliva. Y es que, a partir de sus desventuras con la sangre de gigantes, se piensa así misma como un zepelín de extraordinaria puntería en pleno bombardeo de la Primera Guerra Mundial. En caso de que la mayéutica no dé los frutos esperados, sitúa estratégicamente las Cantigas de Santa María sobre la mesilla de noche, pretendiendo así tomar las riendas de una paraliturgia abocada al fracaso. Su ritual es más lento que los folívoros trepando un árbol. Es recurrente confundir su forma con una babosa gallega y su extensión con la de un lápiz cuatro veces desvirgado por el sacapuntas. Su caparazón de tortuga ostenta ser descorchado como las botellas de champagne recitando como buen rapsoda "Los Paraísos Artificiales" de Baudelaire. No se le puede discutir que sus talantes en el movimiento aerostático son idénticos a los de un dandy perdido entre las calles de Madrid a las cuatro de la mañana. Sabe a la perfección cómo convencer a una granada que sus tastanas membranosas patentizan el cisma de Menéndez Pidal y sus lóculos las reliquias más preciadas del Museo del Prado. Sólo ella tiene potestad de presumir tanto de asesina como de coleccionista de triángulos necrosados. Así se presenta ante el origen del mundo: la atalaya donde avistar el cosmos, el verbo convertido en íncubo. La realidad se acercaba más a un tronco de abedul golpeando anisosilábicamente a una barbacana y a un Noé embriagado por los simulacros de Dios tras saquear todo el viñedo. Dudo si en algún momento se pensó como el atrezzo indispensable de una película de Pasolini. Fuera de la cítola, es un pincel sin trazo definido, un avión en turbulencias. Es egoísta hasta de su propia sed, ya que precisa en cada epifanía lavar su vía láctea entre las hojas de la cuarta edición de su "Roman de le Pesant". Momentos como estos son  los que me hacen reafirmarme en mi ateísmo, aunque tuviese la mismísima reencarnación de la profanación de los sacramentos transformados en eternidad. Soy reacia a pensar que lo que tenía ese día entre la ambrosía fuera en algún aspecto la brújula del misticismo o la metafísica. Me esfuerzo en recordar y sólo veo el fantasma de una pulga, un anciano recolectando la luz dentro de una bolsa; al diablo cubriéndome de pústulas. Nabucodonosor deambulando como un animal entre algo que ya carece de sentido denominarlo suspiro.    
Vanora Miranda 

Género al que pertenece la obra: Poesía
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