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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 24 de octubre de 2020

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Vivir, que no es poco

Vivir, que no es poco

 

 

Cuando el reloj marca con esa aguja imparcial las tres de la mañana, nada coherente puede salir de una conversación. O tal vez sí. Estos tres días de reclusión en una casa vacía y solitaria, habitada únicamente por la compañía del fiel amigo del hombre y una amiga de la infancia sólo puede traer consecuencias como la reflexión "¿qué haces con tu vida?".

 

Los años pasan factura, eso esta claro para cada uno de nosotros. Y yo, no soy diferente en eso a nadie. Aunque, como diría mi amiga: "Van, eres rara". Partiendo de la palabra "rara" me adelante a preguntar inquietante la definición de lo que es ser normal. Creo, o eso pienso yo, que no hay nadie en el planeta tierra que pueda definirme a mí o a cualquiera las características esenciales y específicas que debe seguir, el espécimen en cuestión, para llegar a denominarle "normal". Todavía no he encontrado un reglamento de instrucciones en el que se describa a una persona como normal. ¿Tiene realmente instrucciones? Si alguien encuentra este tan preciado y curioso manual por favor que me lo haga saber enseguida, el mundo podría caer en una catástrofe mundial si se dieran cuenta que todos y cada uno de nosotros no somos normales. Por duro y difícil que sea interiorizarlo, pensarlo, y de una vez por todas, asumir que esa tan deseada normalidad no existe podría ser el principio de valorar que cada uno de nosotros somos especiales "a nuestra manera". Me adentraré más en el asunto poniendo ejemplos desmoralizantes.

 

El primer espécimen en este estudio sobre las rarezas de las personas lo daré con un toque muy personal. Analicemos esa rareza que tanto extraña a esta tan querida amiga. Pongamos la historia en situación. Nos encontramos ella y yo sentadas en la mesa de la cocina y de repente me entró el gusanillo caprichoso de hacerme un huevo. Si un huevo, pero no frito sino "microondanizado". Si hacéis el esfuerzo de buscar la palabra "microondanizado" en el diccionario de la RAE no lo hagáis, no existe. Me he inventado yo la denominación para la preparación de ese huevo. Exactamente hice lo que estáis pensando todos, un huevo frito en el microondas. Si a nadie se le había ocurrido la idea antes he de decir que el huevo se hace perfectamente, no contiene aceites, ni grasas es totalmente natural y sano o eso creo yo. Sinceramente tampoco veo una rareza desorbitada en tener la "genial idea" de prepararme un huevo frito en el microondas...pero bueno como ya he dicho al principio de este texto: ¿Dónde esta escrito lo que es raro o lo que es normal?

 

Quien haya pensando alguna vez que ser monja o cura es algo normal está muy equivocado. ¿Cómo va a ser normal ser monja o cura? Estudiemos bien la situación. Dejar de lado tu vida sexual (lo pongo primero porque TODOS disfrutamos mucho con el sexo), tu familia, los amigos, la libertad de poder realizarse uno mismo y llevarte a la castidad mas absoluta en la reclusión de una iglesia, pasando horas y horas rezando a una estatua policromada de una figura idealizada adorándola, pidiendo perdón hasta por tirarte un pedo o tener un pensamiento "impuro" no es algo normal. Pero siempre habrá alguien que lo vea como algo tan puro y digno que sería incapaz de denominar a un cura o monja de "raro".

 

Poniendo estos dos ejemplos he podido llegar a una pequeña conclusión. La denominación de "normal" o de "raro" lo ponemos nosotros por nuestras circunstancias. Si yo hubiera visto a mi amiga hacer un huevo frito en el microondas no hubiera pensando que fuera "rara" porque es algo que yo también he hecho. Si las personas católicas con fe ven a una monja o a un cura pensaran que es algo normal por el amor que tienen a la fe y no lo verán tan extraño o raro como alguien que es ateo, en este caso como yo. Nosotros somos los que ponemos las pautas, las características que creemos que son acertadas para encasillar a las personas de raras o normales. Yo, sigo pensando, que no hay nadie normal. Las características sólo sirven para encasillar y agrupar sin individualización posible. Yo no creo en la rareza ni en la normalidad, pero si en la individualización y la personalidad de cada uno. Eso es intransferible

 

Volviendo al principio recordaré que mi razón por la que escribo no es encontrar ni las características de lo normal o lo raro. Este fin de semana ha sido una búsqueda de la reflexión interna, muy a lo "karma interno", busca dentro de ti y encontrarás las respuestas. Y miré en mí. ¿Encontrar respuestas? Si. ¿Gustarme? Negativo. Sé perfectamente que no soy un ejemplo a seguir, pero ¿quién lo es realmente? Todos cometemos errores, y cada uno sentimos y pensamos de maneras totalmente distintas. Yo sigo pensando que debo seguir luchando sea como sea para cambiar el mundo que me rodea. El mundo en el que vivo no me gusta. No me gusta que el mundo gire alrededor de una sola palabra: dinero.

 

Cuando eres niña no entiendes el concepto real del dinero. En mi caso pensaba que todo el mundo lo tenía. No sabía lo que pedía el mundo para conseguir esos papeles de colores. Pero, como todo en esta vida, cuando creces los conceptos cambian. Te encuentras en una realidad donde la fantasía ha desaparecido por completo, la magia que tanto te asombraba, los colores, que tanto te llegaron a deslumbrar y llenar por dentro, son tapados por el amargo gris o negro. Te encuentras dentro de un sistema que tú no has elegido, sino que han elegido otros por ti. Ves la realidad de lo que la historia ha hecho con el tiempo. De que todos, en realidad, somos los esclavos futuristas de las novelas. Trabajamos para otros, servimos para otros y sólo por una razón: conseguir ese "preciado" dinero.

 

Los derechos de los que tanto alardeamos tener no son ciertos. La razón por la que la mayoría de la gente quiere conseguir el dinero es para pagar una casa. Después encontraremos razones como pagar facturas para mantener esa casa y todo lo que se necesita hoy en día para vivir. Estas dos palabras "para vivir" son las que más deberían importar. Hemos creado un mundo en el que valoramos a las personas por la posesión de bienes. La vivienda es un derecho no un regalo que puedas comprar por trabajar. Todos somos personas. Todos necesitamos tener agua, tener un refugio donde cobijarse. Trabajar por el capricho, no por las necesidades.

 

Sé que un día entraré definitivamente en el sistema. Un día terminaré la carrera o las carreras que haga. Buscaré trabajo, lo encontraré. Seré una esclava más...¿me volveré infiel a mi ideal? No sé si es ser infiel, abandonar, madurar....pero ¿qué culpa tengo de pensar en un mundo fuera de un capital? A lo mejor, como decía Oscar Wilde, odio el dinero porque nunca lo he llegado a poseer realmente, o tal vez cuando lo tenga me dé cuenta de que esa no es la razón por la que lo odio. Odio el dinero porque corrompe a las personas, las destruye y transforma en productos consumistas.

 

¿Qué haces con tu vida? No todo ha sido malo en esta reflexión de fin de semana. Hay una frase que me gusto mucho de mi querida amiga: "Van, tú eres una persona Carpe Diem". Creo que eso contesta un poco a la pregunta. ¿Qué que hago? Vivir, que no es poco. Sentir cada momento y cada instante. Llorar por lo que duele, sonreír y reír por todo lo bueno. Intentar no arrepentirme de nada. Seguir al corazón, a los sentimientos y sin encontrar respuestas....vivir que no es poco. La vida no es lo que te imponen sino lo que tú eliges. Vivir...pasar páginas del libro sin mirar atrás y siempre hacia delante

 

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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