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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 7 de julio de 2022

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Botellas y copas de vino. Muchas más historia de lo que parece

Pocas veces nos paramos a pensar en la historia de los objetos que nos rodean. La afición a las pantallas, la rapidez en la que todo pasa a nuestro lado nos lleva a prestar muy poca atención a objetos que son, en ocasiones, verdaderos milagros de la ciencia del momento en que nacieron. Este es el caso de las botellas y las copas de vino.

 

Hubo un tiempo en el que el vino se vendía en barriles (anteriormente había sido en ánforas) y no en botellas. Para los comerciantes de vino, la preocupación mayor era conseguir que sus vinos se vendieran rápido, antes de que se pusieran malos y el comprador detactara un defecto demasiado evidente para incluso el más neófito de los bebedores.

 

La realidad del comercio de vino en la Edad Media estaba dominada por el miedo al vinagre. Al igual que el mosto de las uvas se transformaba "milagrosamente" en vino, el vino se transformaba de modo casi "demoniaco" en vinagre. El vino contiene una bacteria, la acetobacter aceti a la que, si le llega oxígeno, se multiplica y convierte el vino en vinagre.

 

Los barriles en los que se transportaba el vino eran buenos para reducir este proceso. Eran tan grandes, con tanto volumen, que la parte no cubierta por el líquido y que contenía oxígeno era muy pequeña en comparación a la cantidad de vino. Esto frenaba la proliferación del vinagre.

 

Imaginemos sin embargo un vendedor de vino. Al sacar abrir un barril y sacar parte de su contenido estaba invitando a la proliferación de bacterias; a la conversión del vino en vinagre.

 

La solución a este enorme problema para el comercio y el consumo de vino llegó con la botella de vino y el corcho. Estas dos fueron las grandes aportaciones que dejó el Siglo XVII para el comercio del vino. Pero desde la aparición de las botellas hasta su generalización tal y como las conocemos hoy hubo de pasar mucho tiempo y muchas evoluciones de tecnología e industria de fabricación.

 

La botella se pensó, parece ser, inicialmente para facilitar servir el vino (más sencillo que servirlo desde un barril metiendo una jarra dentro, por ejemplo. Pero el vidrio era un material no sólo carísimo, sino también muy frágil. Debemos pensar en los medios de transporte del momento, precarios, con caminos empedrados en los que ruedas de madera darían saltos incontrolados.

 

Las primeras botellas tenían una gran parte de paja y cuero para la protección, pero poco a poco el vidrio se fue imponiendo.

 

Cómo tapar las botellas traía un problema añadido. Si bien los romanos ya habían usado corcho, este material quedó en desuso y los cuadros medievales muestran botellas cubiertas por trozos de tela. Se creía que el corcho dejaba pasar aíre y oxigeno, lo que implicaba que el vino se pondría malo. En realidad, esta creencia parece que se deriva del uso de corchos de baja calidad. Hacia 1676 parece claro que se tenía claro que un buen corcho era una solución correcta. El tratamiento del corcho para conseguir la calidad deseada derivó en una industria enorme. La misma existencia del corcho trajo la necesidad de inventar el sacacorchos.

 

Al igual que con cualquier otro objeto, merece la pena pensar en todo lo que su evolución trae consigo. En el caso de las botellas, y si una mira a las extrañas formas que se dieron durante su evolución, queda claro que, en algún momento, alguien pensó en la necesidad de estandarizar sus formas para facilitar el transporte...

 

De forma similar a la historia de la botella de vino, las copas de vino nos trae un mundo repleto de innovación. La industria del cristal se desarrolló fuertemente en Venecia hacia el 1400. Fue allí donde se desarrolló la copa de vino de cristal tal y como la conocemos hoy. Anteriormente el vino se había servido en recipientes de todo tipo. El cáliz de madera, sus versiones en cerámica, o los vasos celtas en los que se sirve todavía hoy la sidra (o el vino gallego ribeiro) son ejemplos presentes en nuestra realidad actual de la evolución de las copas de vino.

 

Una de las cosas más curiosas de la evolución de la fabricación de las copas de vino es que su transparencia, algo fundamental hoy en día para disfrutar del color de un vino, iba en detrimento de la resistencia del material. Los maestros venecianos entendieron esto y, según iban retirando componentes para hacer más transparente el cristal, vieron que las copas se habían más frágiles. Se hablaba de la "enfermedad del cristal" que hacía que las copas se rompieran en seguida.

 

Fue una casualidad debida a la guerra la que llevó a la aparición de copas de cristal mucho más resistentes. Durante los primeros años del Siglo XVII se limitó el corte de madera en Italia y otros Estados para la fabricación de cristal. Su uso debía dedicarse a la fabricación de barcos, de transporte, pero también de guerra.

 

La madera se usaba para generar el combustible que calentara los hornos en los que se producía el cristal. El uso del carbón para este fin conseguía temperaturas mucho más altas, y se consiguió vidrio de alta resistencia. El resultado era resistente, pero no muy atractivo, pues no brillaba y esto era un problema. Una copa de vino que no hacía atractivo al vino implicaba menor precio por el producto. En 1670 el científico británico George Ravenscroft consiguió al añadir oxido y pedernal a la mezcla que el vidrio resultante fuera brillante. La evolución de la historia del vidrio es sin duda una área industrial fascinante. Nada más falta ver todas las ventanas que nos rodean y nos permiten disfrutar del mundo sin frio.

 

Con la evolución de la tecnología y sus resultados, las copas de vino fueron evolucionando igualmente, con pies cada vez más altos y esbeltos. Esto o sólo aporta un elementos estético, sino que separa nuestras manos del líquido. Nuestras manos aportan calor, algo que queremos evitar si estamos bebiendo un vino a su correcta temperatura.

 

Comentar por último que está demostrado que la forma de una copa de vino afecta al modo en que este sabe. El caso más evidente es con las copas de vino espumoso, pero también ocurre con vinos blancos o tintos, con más o menos cuerpo.

 

Esperamos que después de estos breves apuntes sobre la historia de las botellas y copas de vinos hayamos despertado un poco la curiosidad de estos objetos, hoy tan mundanos, que revolucionaron la producción, el comercio y el consumo del vino.

 

 

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
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