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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 1 de octubre de 2020

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El voto del Filfo

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Filfo era ingenuo e idealista como corresponde a un joven de su edad. A sus 18 años, además de los típicos intereses de la juventud, salir con los amigos, los deportes y las chicas, también había empezado a interesarse por la política.

Día tras día escuchaba por la televisión a los políticos, enzarzados en sus discusiones como si vivieran en un mundo paralelo, alejados de las realidades del pueblo.

Filfo no lo entendía, pensaba que la política era algo complicado, no se identificaba con ellos.

En su cabeza se hacía preguntas sencillas a las que no sabía dar respuesta. «¿Por qué no puede haber trabajo para todos y unos alquileres asequibles? Me parece insoportable que algunas personas puedan morir de frio este invierno, ¿Quién es el responsable? ¿Por qué los corruptos no devuelven el dinero robado?, eso me revuelve el estómago. Y, ¿Cuál es la razón para tener rey como en la Edad Media?, me parece inconcebible hoy día».

Pero un día se convocaron nuevas elecciones. Se propuso entonces estar bien atento a lo que decían unos y otros, dado que iba a votar por primera vez. Siguió a los partidos en Twitter y Facebook y revisó sus programas electorales.

Los políticos empezaron a frecuentar los programas de televisión y a asistir a debates. Se mostraban mucho más cercanos y humanos y hablaban más de los problemas reales de la gente.

Filfo acudió con un amigo a varios mítines. La música, los persuasivos discursos, los aplausos y las ovaciones, hicieron que esta experiencia fuera muy intensa. Algunas personas les animaron para participar en las nuevas generaciones del partido. Decidió elaborar con sus amigos una lista de propuestas y enviarlas a los partidos.

Todos los candidatos decían pretender hacer cosas por mejorar la sociedad, ¿cuál debía ser el merecedor de su voto?

Repasaba mentalmente los mensajes que había escuchado, algunos eran muy similares entre sí:

«Porque los trabajadores honrados, que madrugan cada día, merecen una pensión digna cuando se jubilan».

«Nuestro país es un referente en sanidad de calidad y queremos eliminar las listas de espera», al escuchar esto le había venido a la cabeza cuanto tiempo había estado su abuelo con dolores y sin salir de casa hasta que lo operaron de la hernia discal».

«Queremos que nuestros jóvenes tengan una educación de calidad y se les ayude a poder emanciparse si así lo desean. Tenemos una juventud bien formada y es nuestro deber ofrecerles alternativas de trabajo».

«En nuestra democracia representativa los ciudadanos sois nuestros jefes, tan solo somos el medio para hacer realidad vuestras decisiones».

En casa evitó que le aconsejaran, dijo que se había informado muy bien y que quería decidir por sí mismo.

La noche previa a las elecciones estuvo inquieto y soñó que su voto decidía el diputado que hacía posible el gobierno. Por la mañana se levantó pronto, estaba tan impaciente que se fue a votar con su abuelo a primera hora.

Cuando llegó a la mesa electoral con su voto, sintió cierta euforia y sensación de importancia, entregó su D.N.I. y el presidente de la mesa dijo:

— Filadelfo López García vota.

Filfo, satisfecho, dejo caer la papeleta dentro de la urna junto con sus esperanzas.

Esa noche estuvo pegado al televisor durante el escrutinio y los meses siguientes siguió las noticias para ver si se adoptaban las medidas comprometidas. Entonces volvió a tener la sensación de que los políticos hablaban de las cosas que no entendía.

Un día por causalidad cayó en sus manos un libro de fábulas de Samaniego, lo hojeó y leyó la fábula “el zorro y el cuervo”. Luego pensó: «Ahora lo entiendo, mi voto era el queso».

Género al que pertenece la obra: Narrativa
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