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La cultura escrita en Japón - escritura

LOS ORÍGENES: LA ESCRITURA CHINA                   

¿TE SUENA A CHINO?  Sin duda, una de las principales diferencias culturales entre "Occidente" y "Oriente", o al menos la más visible y tópica, radica en los sistemas de escritura: alfabético literal en uno, ideográfico en el otro.

 Hay varias teorías sobre el origen de la escritura ideográfica china. Para la mayor parte de los antiguos eruditos e historiadores orientales fue un ministro imperial, llamado Cangjie,  quien la inventó. Según la leyenda, éste se limitó a  imitar las inusuales marcas que aparecieron en el rostro de un ser mágico. Otras versiones, en cambio, no atribuyen un origen divino a la transmisión del secreto de la escritura, sino que afirman que Cangjie se basó para diseñar sus trazos en las huellas de aves y bestias sobre la arena de playas y riberas.    

 Naturalmente, estamos ante un mito, pero como toda leyenda, existe una base real. En China, al igual que en Egipto, Mesopotamia o la India, los primeros signos escritos fueron pictogramas. En un grupo de tumbas antiguas que se han descubierto en Yanghe, excavadas hace 4.500 años, ha aparecido una docena de vasos de cerámica para beber vino (llamados zun), que tienen un carácter cada uno, que semejan, de manera estilizada, algunos objetos físicos. Son, por lo tanto, pictogramas, denominados tradicionalmente en China como xiangxing.

Los vestigios más conocidos de esta escritura han aparecido en  inscripciones-oráculo sobre huesos y caparazones de tortuga. Se la denomina como jiaguwén Los adivinos chinos de la corte imperial calentaban al fuego conchas de tortuga y clavículas de animales para averiguar el futuro. Las fracturas en la superficie se interpretaban y es posible que las mismas inspiraran los trazos de algunos signos de la escritura. No en vano, estos oráculos se escribían después sobre el mismo material. Datados en el siglo XVIII a. C., se creía que estos oráculos mostraban los más antiguos ejemplos de esta escritura, los descubrimientos de Yanghe  han permitido demostrar que los primeros ideogramas aparecieron en China hace casi 5000 años.

A lo largo de dos milenios el trazo de los primitivos signos pictográficos fueron transformándose en los actuales, al tiempo que cambiaban también los materiales de la escritura. Pero la escritura ideográfica china  no evolucionó hacia el sistema alfabético de fenicios y griegos, sino que se desarrolló combinando tanto antiguos pictogramas como otorgando valor fonético a otros.

    Esta es la razón de que los caracteres chinos puedan llegar a ser unos 80.000, si se cuentan todo tipo de variantes arcaicas o raras, pero se usan sólo entre 5.000 y 10.000. Cada uno, en general, no representa una palabra, sino una sílaba en el lenguaje hablado. La inmensa mayor parte del léxico chino moderno se compone de palabras bisílabas, entendiendo como palabra una unidad léxica que se puede combinar libremente en una frase.

LA ESCRITURA JAPONESA

La escritura ideográfica china sirvió como modelo para plasmar otras lenguas orientales, como el coreano o el japonés. En ambos casos fue necesario un proceso de adaptación. En Japón, el yamato o idioma japonés no tiene una estructura bisilábica, sino polisilábica. Cuando se produjo desde China y Corea la introducción de budismo, nobles, funcionarios y monjes adoptaron los caracteres chinos, bajo el nombre de kanji, o letra de los Han o Kan (500-405 a. C.). La introducción de la escritura en Japón se relaciona con la llegada en el año 538 de una embajada del rey coreano de Paekche, que envió unas estatuas de Buda acompañadas de unos sutras escritos con caracteres chinos. Su recepción confirmó al emperador japonés de la utilidad de la escritura. En un principio, los kanji se emplearon dando a los caracteres un vocabulario y una pronunciación nipona. Esta manera de escribir es denominada como man'yogana, por ser la utilizada en la composición del Manyoshu, una antología lírica del siglo VII. Sin embargo, este método obligaba a utilizar varios kanji para escribir una sola palabra, lo que dificultaba una escritura rápida. Esta circunstancia llevó a la adopción de dos nuevos métodos de escritura, la "lectura on", en la que los caracteres chinos fueron utilizados con su sonido original, o la "lectura kun", según su lectura japonesa.

Sen ji mon. (Kaei 2-1849).  Esta edición de los Mil kanji clásicos es un poema chino usado para enseñar a los niños japoneses los caracteres chinos. Este ejemplar es especial porque muestra cada "kanji" en diez diferentes estilos de escritura - incluyendo la antigua "Jindai-Moji" o letras prehistóricas. Tiene más de 100 páginas. 23 x 15,5 cm. La primera edición de esta obra fue publicada en 1704.

Aya Takeshi, o Monno (1700-1763).

Mako inkyo. . Guía de pronunciación de los caracteres chinos para estudiantes japoneses. (1744-1748). 100 págs. 27 x 19 cm.

Mientras la escritura fue privilegio de la elite, no hubo grandes problemas, pero al extenderse su uso surgieron dos silabarios auxiliares, el hiragana y el katakana, cuya invención es atribuida tradicionalmente a los monjes budistas Kukai y Kibi Dajin, entre los años 760 y 790, y al reformador budista Kobo Daishi (772-834 a.C.) Su función era la de representar mejor la fonética de la lengua japonesa, lo que no siempre era fácil hacer con los ideogramas chinos. Ambos constan de una consonante (la n), 5 vocales y 42 sílabas. La aparición de los silabarios sirvió para que personas poco letradas pudieran escribir la lengua japonesa sin necesidad de aprender los complicados caracteres chinos. Las mujeres fueron especialmente receptivas a esta utilidad, y no en vano a estas formas de escritura simplificadas y más libres se las denominó como onna-de, o "mano femenina". Gracias a su empleo, la escritura dejó de ser  en Japón ideográfica pura y se convirtió en silábico-ideográfica. Y con ese mismo carácter ha seguido hasta nuestros días. Aunque la lengua china siguió siendo hasta principios del siglo XIX la llave del conocimiento científico, filosófico y teológico en Japón (como el latín en Europa), el uso del hiragana (una escritura inteligible, agradable a la vista y para cuyo uso no era necesario aprender chino) facilitó la alfabetización de la sociedad japonesa y permitió el desarrollo de una literatura en lengua vernácula, transmitida hasta entonces casi exclusivamente de manera oral.

Manual escolar para aprender  hiragana, katakana, kanji  y los números. (Meiji, 6-1877). 14.5 x 19.5 cm.

Textbook to learn hiragana, katakana, kanji and numbers. Meiji, 6-1877). 14.5 x 19.5 cm.

 

 

 

 

 

 

 

Pág. sig.: "La cultura escrita en Japón: Estilos caligráficos"

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