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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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La conquista inteligente de la felicidad

Todos nos preguntamos: ¿Cómo podemos llegar a ser un poco más felices? ¿Cómo poder superar con cierto éxito nuestras preocupaciones? Tal vez, por ello, sea interesante recordar, en estos tiempos difíciles, a Albert Ellis (1913-2007) quien no hace mucho ejerció su profesión privada en el corazón Manhatan, el paraíso de los psicólogos clínicos. Recordemos también que A. Ellis fundó, entre otras cosas, el instituto que lleva su nombre.

 

Este representativo psicólogo fue, durante la década de los 50, autor y responsable del desarrollo de una de las muchas iniciativas clínicas de modificación de conducta que alcanzaron gran éxito entre sus pacientes: la llamada "terapia racional emotiva conductual" o "Rational Emotive Behavior Therapy", "R. E. B. T." en sus siglas anglosajonas, superando en aceptación global a la "terapia humanista" de Carl Rogers.

Ellis, con su trabajo en el campo de la Psicología Clínica, contribuyó a consolidar la reconocida "terapia cognitiva conductista".

Esta interesante terapia de psicología aplicada, de la que soy partidario, parte de la convicción - para mí evidencia - de que son nuestras propias ideas irracionales, aquellas que indebidamente proyectamos sobre nosotros mismos y nuestro entorno, las que van a conseguir perjudicar seriamente nuestras vidas. Las que nos van a hacer innecesariamente personas desgraciadas.

Son este tipo de pensamientos emocionales negativos, en definitiva, los que provocan nuestra angustia, nos hacen profundamente infelices y llegan a provocar los trastornos neuróticos de la personalidad que interfieren de manera notable en nuestra calidad de vida psíquica.

Esta terapia ha supuesto el mayor referente de la práctica clínica psicológica para combatir los estados de miedo (fobias neuróticas diversas), la ansiedad confusa e irracional, los numerosos traumas infantiles que, a veces sin llegar a ser plenamente conscientes, nos afectan de manera negativa a lo largo de toda nuestra vida o la depresión entre los seres humanos, la causa más grave de infelicidad.

Frente a los largos y costosos psicoanálisis practicados por los seguidores, más o menos ortodoxos, de S. Freud - que exigían un largo y profundo reencuentro con las experiencias infantiles traumáticas- era más partidario, de acuerdo con las exigencias económicas de los nuevos tiempos, una terapia que fuera capaz de reorientar los impulsos emocionales dañinos más a corto a plazo, con una satisfacción positiva más inmediata y con resultados más eficaces y verificables.

Así pues, la recuperación del pasado de nuestra niñez, el empeño freudiano por encontrar necesariamente en la conciencia de la propia infancia el origen de nuestras dificultades psicológicas, podría resultar ciertamente interesante, también valioso, pero se trataría de un esfuerzo demasiado engorroso para reparar los apuros y hacer frente a los conflictos y sufrimientos emocionales acuciantes del presente.

 

¿Cómo podemos actuar, entonces, para vencer con éxito nuestras preocupaciones más agobiantes?

Hay que situarse en una perspectiva cognitiva y, a partir de ahí, proporcionar recursos para impulsar la inteligencia emocional de los pacientes.

Hay que conseguir que quienes sufran de algún tipo de neurosis o temor fóbico, angustia, ansiedad o depresión, tienen que comprender, en primer término, lo que realmente les sucede, cuál es el origen de ese estado emocional de ánimo, algo que veces podría estar muy vinculado con experiencias traumáticas de un pasado más o menos inmediato.

Posteriormente hay que ejercer una labor de entrenamiento de las potencialidades de su inteligencia emocional, hay que enseñarles a superar las ideas irracionales, los errores absurdos del planteamiento de sus pensamientos que dañaban sus vidas. Sólo así podremos llegar a modificar, finalmente, su conducta hacia planteamientos personales más asumibles, racionales y saludables.

De este principio se desprenden dos de sus obras más interesantes: "How to live with a neurotic" ("Cómo convivir con un neurótico") o "A new guide to racional living" ("Una nueva guía para vivir de un modo racional"). Se trata de obras de acceso fácil y popular que apuestan por una voluntad constructiva positiva. Manuales, entre la auto-ayuda y el ensayo psicológico, que persiguen el empeño de superar los problemas afectivos y emocionales mediante el uso de la razón y del sentido común como el más eficaz de los recursos terapéuticos.

Ese es a mi modo de ver el gran aporte de las terapias psicológicas cognitivas: poner al sujeto en disposición de ser capaz de entender racionalmente, de manera rápida, práctica y eficaz, lo que les está sucediendo en sus vidas, de poner orden racional e inteligente en sus emociones, precisamente en esos momentos en los que más requiere de la ayuda de los especialistas.

Consciente también de que la psicología no podía dejar a un lado la problemática familiar, social y económica escribió un libro para la conquista de la satisfacción matrimonial: "A guide to successful marriage" ("Guía para un matrimonio feliz") Una guía que, lejos del oxímoron de "matrimonio feliz", apuesta por lograr, desde un compromiso mutuo de fidelidad y cooperación mutua y generosa, el éxito en la administración de los bienes y el ajuste social y personal dentro del matrimonio.

Pero tenemos que tener claro que sin una dosis de resuelta auto ayuda, de voluntad personal, de acción decidida, de aceptación personal incondicional, por parte del paciente, para superar sus complejos de culpabilidad o su baja autoestima, no será posible enfrentarse a los propios conflictos psíquicos traumáticos o a las lesiones psicológicas más dolorosas.

Es verdad que estas técnicas pueden aplicarse personalmente o con la ayuda de personas próximas, pero cuando una persona se decide a afrontar sus conflictos, con el libre uso de sus facultades racionales, necesita también del apoyo inicial del especialista para no desfallecer y acertar con el camino más adecuado para no desorientarse y poder superarlos.

Con la colaboración del especialista adquiriremos las claves de entendimiento necesarias para descubrir las trampas de la propia irracionalidad que impiden nuestro progreso y nuestra calidad de vida psicológica. Ya que como sucede en ocasiones el peor de los enemigos es uno mismo, el psicólogo clínico terapeuta puede ayudarnos a encontrar el camino de salida del complejo laberinto emocional.

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