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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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¿En qué momento inicial de la vida del bebé influye el estímulo ambiental multimedia en su desarrollo?

Antes del desarrollo del lenguaje, Anita, que así se llama nuestra protagonista, organiza la información estimular del medio ambiente obtenida a través de sus sentidos, en esquemas de comprensión de la realidad. Tiene, en su primera infancia, un comportamiento extraordinariamente adaptable ya que se encuentra inmersa en una constante modificación de sus esquemas de conocimiento como respuesta a un medio ambiente acaso, en la actualidad, excesivamente rico en estímulos. Estos primeros esquemas sensoriomotores suponen las bases cognitivas del posterior desarrollo de las ideas y del conocimiento.

 

No obstante la investigación sobre la influencia de los estímulos multimedia en el desarrollo de la creación de esquemas de sensoriales y motores durante los primeros meses del desarrollo no ha hecho, con nosotros, sino comenzar.

Nos interesa especialmente como pueden producirse las principales adquisiciones de este período del desarrollo sensorio motor en el "nicho tecnológico-digital" en el que se desenvuelven, comunican y relacionan los niños y niñas, como Anita, de ahora.

1. Por el momento, y en un principio, Anita no asocia el sonido que escucha en la gran pantalla plana del salón de su casa con las imágenes que se suceden de una manera distinta al modo como la imagen se le aparece en su vida cotidiana. Lejos está de comprender las características del montaje televisivo digital, en el que, a lo mejor en el futuro, llegará a ser una gran experta.

2. Pero es más que probable que a partir de su primera semana Anita pueda reconocer la diferencia entre voces y otro tipo de sonidos procedentes de elementos multimedia.

3. Posteriormente Anita pasará de ser una receptora pasiva del estímulo que le produce diferentes reflejos, para convertirse en una proto-espectadora que busca activamente dichos estímulos.

 

¿Qué papel jugarían, a partir de ese momento entonces, los elementos multimedia en el desarrollo prelingüístico, por ejemplo, de un bebé como Anita?

Los niños pequeños no pueden hablar pero sí mirar, oír y escuchar. Su balbuceo temprano va a depender de su maduración biológica y de la experiencia que le proporcionen los estímulos medio-ambientales.

En nuestros estudios sobre los procesos de aprendizaje perceptivo en fase temprana nos hemos preocupado por descubrir lo que atrae la atención del niño muy pequeño, en la convicción de que lo que el infante aprenda será, en gran medida, determinado por aquellos fenómenos curiosos de su entorno que logren captar su atención. Aquellos que por su propia naturaleza espectacular y cambiante logren sorprenderle.

El balbuceo de los bebés no se verá afectado, tal y como parece de acuerdo con nuestras observaciones, hasta las seis semanas postnatales por la experiencia ambiental. Pero después de las diez semanas de vida, el sonido medio-ambiental, como el de los reproductores multimedia, sí parece ejercer un efecto determinante. Anita responderá con sonidos inarticulados y con respuestas motoras a la excitación que les proporciona lo que escucha. Pero mientras percibe la fuente del sonido suele permanecer atenta y callada.

Los sonidos simples semivocálicos y semiconsonánticos, a partir de la sexta semana, podrían ser estimulados también por los sonidos televisivos o de cualquier otra fuente multimedia. Este fenómeno se haría más patente en la fase del balbuceo (entre tres y cuatro meses), momento en el que los bebés serán capaces de captar mejor el contenido emocional de las secuencias sonoras: respondiendo con miedo a las palabras crispadas o a los ruidos intensos y sonriendo y respondiendo con balbuceos a las dulces y amistosas y a los sonidos armónicos y suaves.

Es verdad que el bebé balbucea, en una primera fase, sólo por el placer de descubrir esa forma meramente mecánica de producción sonora (reacción circular primaria), pero de inmediato comenzará a ejercitarse de esa manera por influencia medio ambiental tecnológico.

Anita creerá que la televisión, o cualquier otro tipo de aparato multimedia, responden a sus sonidos del mismo modo que lo hacen las personas más próximas.

Este es el fenómeno, destacado por Piaget, de las "reacciones circulares secundarias". Pero probablemente todavía no discriminarán entre procedencias sonoras humanas o de otra índole.

No obstante hay que reconocer que lo que de verdad contribuye a un aumento positivo de los balbuceos en los niños es el estímulo vocalizador de los padres en momentos mágicos de intercambio afectivo.

Parece que es en torno a los cuatro meses cuando Anita puede llegar a reconocer la correspondencia entre los estímulos visuales y sonoros de una misma fuente de estimulación multimedia.

Se trata de la llamada "percepción intermodal" que da lugar a la capacidad de relacionar, vincular e integrar informaciones procedentes de diversos estímulos ambientales, tales como la visión o el sonido.

Si ofrecemos a Anita, con cuatro meses, dos películas, una en la que la banda sonora se combina armónicamente con el movimiento y otra en la que no se produce esta simultaneidad de imagen y sonido, podremos descubrir por nosotros mismos cómo ella se siente más atraída, manteniendo durante mucho más tiempo la mirada, por esta última fuente de estimulo.

A partir de los cinco o seis meses, y hasta los nueve, los niños y niñas se inician en la "lalación" o imitación imperfecta, haciéndose más conscientes del valor comunicativo de la gran variedad de sonidos que les rodean.

A partir de esta edad serán especialmente conscientes de la entonación y del ritmo, aprenderán a distinguir la procedencia, familiar o multimedia, de la estimulación sonora y visual. Comprobaremos cómo permanecen algunos momentos en un silencio expectante, siguiendo con atención e interés las emisiones auditivas de cualquier origen, llegando a balbucear a modo de respuesta y tratando de reproducir de manera inteligente los sonidos escuchados.

En torno a los nueve meses, se producirá el fenómeno de la imitación consciente de los fonemas y sonidos percibidos, independientemente de su comprensión.

Desde este punto de vista, y en este caso concreto, podemos valorar como positiva la influencia multimedia en el aumento actual de las vocalizaciones, contribuyendo a hacer más intenso y extenso el repertorio básico de sonidos en la más madura vocalización de los bebés.

El próximo paso, ya a lo largo del segundo año de vida, consistirá en la atribución gradual de significado a esos sonidos que comienzan a poseer un amplio valor comunicativo.

El inicio del segundo año significará, de hecho, el encuentro con un amplio universo multimedia que influirá de manera determinante en su desarrollo lingüístico, perceptivo, cognitivo y emocional, pero que puede, si no tenemos el suficiente cuidado, privarle del más que necesario desarrollo comunicativo social de los afectos y de las relaciones a través, fundamentalmente, del juego tradicional y compartido.

Pero si las emisiones televisivas jugaron anteriormente un papel estimulador de los balbuceos, la televisión como niñera, con su fuerte poder de seducción, conduce ahora a la estimulación de comportamientos de aislamiento comunicacional.

Y no olvidemos que en el proceso del desarrollo de la comunicación verbal, uno de los sucesos más maravillosos del segundo año, la situación de reclusión frente al televisor conduce a que el niño reciba, de modo generalizado, solamente una información lingüística todavía muy confusa y poco práctica para el desarrollo de sus competencias lingüísticas.

En tales circunstancias resulta ser sólo receptor, la comunicación se encuentra totalmente lateralizada, no hay interactividad y el desarrollo de la comunicación dialogada se ve gravemente bloqueado y perjudicado.

Es sólo al interactuar con otras personas reales y próximas cuando los niños escuchan oraciones con intencionalidad comunicativa bien formadas, cuando escapan del riesgo del aislamiento y de la aparición de conductas que rechazan la comunicación socio-afectiva.

Escuchar el lenguaje de los adultos y de otros niños mayores es imprescindible para que aprendan, descubriendo y aplicando las reglas, a construir sus propias oraciones y a descubrir el papel cognitivo-emocional del lenguaje.

Así pues, va a ser en torno a los dos años cuando los niños y niñas, como Anita, inician su particular encuentro con el mundo audiovisual-multimedia y especialmente con el ritmo propio de sus contenidos, mirando la televisión en sus hogares, en un significativo proceso de habituación, durante un mínimo de, al menos, dos horas al día.

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