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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 21 de septiembre de 2019

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Bosques y agosto

Fue el 20 de diciembre de 2006 cuando la la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la resolución (A/RES/61/193) por la que se declaraba 2011 Año Internacional de los Bosques.

 

¿Cuánta superficie forestal, especialmente durante los meses estivales, ha ardido desde entonces?, ¿Cuánta más se quemará este Año Internacional de los Bosques?

¿Sirven las conmemoraciones para que los desalmados, los estúpidos, los criminales, los desaprensivos o aquellos que pueden llegar a beneficiarse económicamente de la destrucción de los arbolados tomen mayor conciencia de que los bosques son parte integrante del desarrollo sostenible del planeta?

No habría que olvidar tampoco la destrucción de vidas humanas generosas y valientes.

Entre las actividades conmemorativas del Año Internacional de los Bosques figura la difusión de conocimientos sobre estrategias prácticas para permitir la ordenación forestal sostenible y el retroceso terrible de la deforestación y la degradación constante de los bosques y superficies vegetales y arboladas.

Pero de nada sirve este propósito si no se hace una pedagogía global, si no hay un empeño real desde todos los niveles de la enseñanza, si no hay una labor formativa de los documentales temáticos en televisión, si no se ocupan los informativos intensamente de esta cuestión, o si no se desenmascaran los objetivos reales de los incendiarios y el papel sutil de los cómplices sutiles.

La Secretaría del Foro de las Naciones Unidas sobre los Bosques (FNUB) será el centro de coordinación designado para la puesta en práctica del Año Internacional de los Bosques.

Pero no es la primera vez que se asigna a los bosques su «año internacional».

Ya en 1985, el Consejo General de la F.A.O hizo un llamamiento a todos los Estados Miembros, entre ellos el nuestro, para que concedieran un reconocimiento especial a los bosques en el curso de aquel año. Parece que sirvió de poco.

Es una urgente necesidad la de conservar y proteger los bosques, despertar la conciencia pública en relación a los recursos forestales, hay que desenmascarar y denunciar los factores que amenazan a estos recursos forestales. Hay que alertar a la población, y en especial a los jóvenes, para que se comprometan en actividades orientadas hacia la protección de los bosques. Y hay que enseñar a los niños y a los adolescentes.

Según estimaciones de la F.A.O más de 130.000 km² de bosques se pierden, cada año, a causa de la deforestación, la conversión a tierras agrícolas, la recolección inadmisible de más madera que la necesaria, las prácticas incompetentes de la gestión inadecuada de la tierra, y los asentamientos humanos inadecuados.

La deforestación supone hasta un 20 por ciento de las emisiones globales de gases de efecto invernadero contribuyendo peligrosamente al calentamiento global y, en consecuencia, al cambio climático.

Los bosques constituyen el hábitat de alrededor de dos tercios de todas las especies sobre la tierra y la deforestación de bosques tropicales produce la pérdida de biodiversidad de hasta 100 especies por día. Pero en Agosto de 2011 seguirán quemándose los bosques, en su mayor parte de una manera criminal y provocada.

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