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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 21 de septiembre de 2019

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Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo

Hace apenas dos días, hablaba con mi prima pequeña, de tan sólo diez años, de ciencia. Le preguntaba qué pensaba ella qué hacían los investigadores, los científicos. Su respuesta fue encogerse de hombros y echarse a reír. "¡Y yo qué sé!"- me contestó. "Los científicos hacen ciencia, y están ahí con batas, como locos".

Intrigada, le pregunté a continuación. "¿Y en el caso del fútbol? ¿Qué hacen los futbolistas?". Su respuesta esta vez fue clara y concisa, como esperando la cuestión, como si la trajera aprendida de memoria. Como, en otras palabras, si fuera lo más lógico del mundo saber antes qué hace un futbolista que un científico. "Jugar con una pelota dos equipos, mientras tratan de meter gol en la portería del contrario", me respondió.

Fig. 1 - ¿Fútbol o ciencia? La extraña paradoja del aprendizaje.

 

Que una niña de diez años pudiera desconocer de tal manera el trabajo que desarrollan a diario los científicos y que conociera cómo se jugaba al fútbol, representa una muestra clara del nivel cultural que en la actualidad estamos transmitiendo a las generaciones que son el futuro de nuestro país a medio y largo plazo.

¿Cómo podemos solucionarlo? ¿Cómo podemos remediar que nuestros más jóvenes conozcan quién fue Einstein, Ramón y Cajal, Curie o Hawking, antes de la alineación del Real Madrid o el último fichaje del Barcelona? Iniciativas no faltan, escasea, eso sí, la voluntad de difundirlas y extenderlas a lo largo y ancho del país. Que la ciencia salga de los laboratorios y entre en las calles, que los más pequeños puedan tocar con sus manos, recrear experimentos, dudar, ser inocentes a la par que curiosos y sobre todo, como buenos científicos principiantes, no dejarse nunca de hacer preguntas.

Existen diversas iniciativas para acercar la ciencia a los más pequeños. Un ejemplo es el que realiza el Instituto Victoria Kent, de Torrejón de Ardoz, en Madrid, con su página web en la que dedican una sección al "Rincón de la Ciencia", donde explican curiosidades científicas, citas célebres de investigadores famosos o concursos científicos para hacerla más amena al gran público. Se puede encontrar más información en http://centros5.pntic.mec.es/ies.victoria.kent/Rincon-C/rincon.htm.

Otra idea muy interesante es la que realiza la Asociación Española de Bioempresas (ASEBIO), mediante la publicación de los vídeos de "La familia cromosoma", serie que mediante animaciones bastante sencillas explican qué son los genes, cómo afectan éstos a las enfermedades, para qué sirve la Biotecnología en el campo de la Agricultura o el Medio ambiente o qué es la clonación. Los vídeos se pueden descargar en su propia página web http://www.asebio.com/es/la_familia_cromosoma.cfm.

Otro ejemplo de cómo hacer llegar la Ciencia a los más pequeños lo encontramos en la página web "Science Kids: Bringing science and technology together", traducido como "Ciencia para niños: la ciencia y la tecnología enseñada de forma conjunta". En ella, a través de la sección de lecciones, podremos aprender las bases de la Biología, Tecnología, Química o Geología. También cuenta con un área dedicada a los concursos y a los juegos, para que la enseñanza de la ciencia sea algo más ameno para los jóvenes estudiantes. Por último, para que nuestros pequeños científicos aprendan la investigación practicándola, esta página web también cuenta con una zona dedicada a la preparación de experimentos sencillos para realizar en casa, como descubrir por qué el dióxido de carbono hace moverse unos globos sin que nosotros hagamos nada o cómo funciona la capilaridad del agua. En este caso, la página web es http://www.sciencekids.co.nz/.

Sin duda alguna, Internet nos ha dotado de unas herramientas muy poderosas para facilitar el aprendizaje y la docencia de la Ciencia, verla y hacerla ver "con una mirada diferente". Será responsabilidad nuestra, posteriormente, que sepamos y queramos transmitirla a nuestros pequeños, porque no hay nada más gratificante que poder hacer un experimento con un niño con la boca abierta y que no deje de avasallarte a preguntas hasta que logras responder todas sus dudas. Transmitir esa pasión, ese "ir más allá" ante la realidad y ser un bombardeo constante de interrogantes nos hace partícipes de la cita de Alexander Pope, "algunas personas nunca aprenden nada, porque todo lo comprenden demasiado pronto". Sigamos el consejo de Inmanuel Kant y su "sapere aude" ("atrévete a saber") y hagamos que las generaciones futuras tengan esa inquietud científica tan necesaria en sus quehaceres diarios.

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