Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

Inicio | Secciones | ¿Quiénes somos? | Equipo E-Innova | ¡Publica con nosotros! | Revistas culturales

Escuela E-innova de la Convivencia

Accesible, sostenible, innovadora, intercomunicada, ecológica y solidaria.

Al principio de este artículo nos aproximamos, desde los conocimientos que nos proporciona la psicología, a las circunstancias que amenazan la convivencia escolar. En una segunda parte situamos nuestra Escuela E-Innova de la Convivencia en la tradición de movimientos pedagógicos que se inspiran en las corrientes de los grandes reformadores de nuestro continente. Y finalmente se desarrolla la idea de una organización escolar específica para la convivencia, sobre la idea de que es la organización de la estructura escolar del centro (estructura física, de agrupación y de organización del estudio y de su entorno) y las especiales características de liderazgo de los equipos directivos lo que en definitiva puede resultar más eficaz, no sólo para la resolución de los conflictos sino para impedir que éstos se manifiesten.

 

La idea de crear, desde E-Innova Learninng, un modelo, tanto virtual como real, de la "Escuela E-Innova de la Convivencia" parte de la necesidad de pensar colectivamente en una escuela diversa y de concordia, centrada en la comunidad escolar - en su más amplia dimensión - y en una organización y dirección pensada para la eficacia y calidad de sus procesos de socialización y de aprendizaje. Todas las ideas que enviéis a la revista serán, en este sentido, bienvenidas. En consecuencia necesitamos un nuevo modelo de organización de escuela democrática, cooperativa, preventiva, abierta y solidaria, que sirva de paradigma educativo a todos los centros, donde quiera que éstos se encuentren.


1. La convivencia y sus enemigos.

Vivimos en una nueva sociedad, multicultural e intercultural sin fronteras, en la que cada vez se precisa de una educación con mayor capacidad de adaptación al cambio y para corregir los nuevos conflictos.

Y en este empeño la escuela no sólo ha de ser reflejo de democracia sino, fundamentalmente, una "institución pública productiva de ideales democráticos", "una fábrica de democracia", ya que sólo la educación así concebida puede garantizar la pervivencia de la libertad social y la dignidad humana.

Recordemos a J. Dewey y su obra "Democracia y Educación"(1946). Este autor, fundador de la Escuela Funcionalista de Chicago, consideraba al pensamiento como un instrumento útil para solucionar, de un modo práctico, los problemas de la educación: "No vivimos para pensar- decía- sino que pensamos para vivir". Hoy hemos de pensar y mucho, para poder vivir en convivencia.

Somos, sin duda, nuestras propias ideas. A pesar de tanto afán por una práctica sin referente, por lo útil sin perspectiva, por "lo aplicable, sin más, en el centro" y de tanto olvido de la filosofía de la educación, han sido las teorías, con vocación pragmática, y los ideales de progreso colectivamente compartidos los que han transformado la realidad y la historia.

Los educadores hemos de orientarnos hacia el ideal de una organización escolar socialmente compartido que se oriente hacia la mejora de la condición personal y que sea capaz de poner límites al asalto continuado a la razón.

La profesión y la responsabilidad de educar, la actividad de pensar sobre la educación en términos democráticos, resulta ahora menos sencilla que nunca.

La educación democrática ha de facilitar la cimentación de la inteligencia escolar madura y responsable, la conquista apasionada y crítica del conocimiento, la moralidad ética, el amor a la verdad, la solidaridad y el respeto por las personas, las ideas, las creencias, las cosas y la naturaleza. Y el rechazo absoluto, militante y contundente de cualquier forma de agresión o de violencia, en un movimiento que sea capaz de implicar a toda la comunidad escolar, desde el alumnado, a la familia, desde el profesorado a los responsables de los medios de comunicación. Desde los formadores de opinión a los legisladores.

No se puede pensar en hábitos y actitudes democráticas, en convivencia solidaria y productiva, en un paisaje de estulticia, intolerancia y de rechazo. Hay pues que seguir desarrollando programas pedagógicos científicos y eficaces que eduquen la inteligencia y las emociones y que configuren una mente en desarrollo en la que no haya lugar ni para la ignorancia ni para el odio a lo diferente.

Se hace necesario seguir impulsando la investigación psicopedagógica para la elaboración de proyectos audaces que nos permitan superar la tendencia negativa e incluso peligrosa de los diferentes colectivos sociales, étnicos, culturales o nacionales a crear grupos sociales cerrados, enquistados e incluso beligerantes con otros grupos a los que se les considera contrarios o enemigos. Porque ese no es el camino ni de la identidad ni de la convivencia pacífica.

Observamos que los años de maduración escolar son claves para el desarrollo de la personalidad y, por tanto, del control educativo de las actitudes violentas; es a partir de este momento cuando pueden comenzar a forjarse las raíces del odio.

Es de advertir que tanto los niños, entre los 6 y los 12 años, como los adolescentes que muestran más agresividad, serán precisamente los que en el futuro adulto expresen más actitudes violentas en el ámbito doméstico y de género. La violencia escolar o adolescente, no intervenida educativamente, se habrá transformado, irremediablemente, en intimidación social y familiar, por ello se han de desarrollar habilidades de control emocional y, sobre todo, se ha de enseñar por qué hemos de actuar positivamente. La promoción de los conocimientos prosociales (cognición prosocial), generalmente ausentes en alumnos adolescentes, puede contribuir eficazmente a prevenir la violencia.

Se ha repetido muchas veces que no son exclusivamente las dificultades o limitaciones de quienes poseen necesidades educativas específicas, ya sea en razón de sus circunstancias físicas, intelectuales, culturales, religiosas o sociales, las que les impulsan a la segregación, sino sobre todo y generalmente su forma de percibirse a sí mismos, también su forma de relacionarse, cada día, con los demás.

Evidentemente la solución ante esta situación crítica escolar y personal pasa, en primer lugar, por la aceptación tranquila y positiva de uno mismo, pero no para permanecer en un inmovilismo autocomplaciente sino como punto de arranque de un proceso personal de superación. Y si nuestra orientación educativa se encuentra correctamente organizada, gestionada y liderada, también la solución pasa por el refuerzo de las cualidades personales específicas, que deben de ser utilizadas como motores de la superación de los sentimientos de inferioridad, del desarrollo de la autoestima y de las expectativas de éxito, porque nada hace aumentar tanto el fracaso como el propio fracaso, nada puede dañar más a un escolar que sentirse inferior a sus iguales.

Alfred Adler, en su libro "La psicología individual y la escuela" (1929), advertía que todo complejo grave de inferioridad, especialmente cuando el niño se encuentra -como empieza a ocurrir a menudo - en una situación de desarraigo, marginación o de violencia familiar o política, va a venir generalmente acompañado de una lucha compensatoria que se traducirá, con toda probabilidad, en la búsqueda de dominio, fuerza y superioridad, con un afán que le empujará hacia la materialización agresiva del odio.

En su "Kindererziehung": "Educación infantil" (1976), Adler sostenía que cuanto más sufre un niño o un adolescente a causa de sus sentimientos de inferioridad, tanto más se siente a sí mismo desempeñando un papel superior, poderoso, dominador y, en última instancia, ferozmente agresivo. Los esfuerzos compensatorios se pueden convertir en una tendencia a la lucha, al riesgo y a la superioridad que acompañan a la idea del sacrificio personal por la causa, que se adopta como negación de los otros, y a la autoglorificación.

Los niños y adolescentes pueden llegar así a formar parte, en algunos casos, de las locuras y ceremonias colectivas de demonización contra otros, ofuscan su mente con el hechizo de las imágenes distorsionadas y con percepciones absolutamente falsas de la realidad y aprenden, naturalmente, a dar respuestas hostiles contra los miembros de los colectivos rechazados que pueden llegar a desembocar en atentados, persecución cruel, torturas y genocidios. Hechos terribles que lejos de acompañarse con sentimientos de culpabilidad son celebrados y justificados por lo que ven y oyen en su entorno más inmediato.Y así, cuando más necesidad hay de convivir en la diferencia y en la diversidad, más delirios de confrontación y de odio, de guetos étnicos de resentimiento, envenenan la mente de algunos escolares maduros, de los adolescentes y de muchos adultos responsables de crear sentimiento y formar opinión. Más aclamación multimedia de la violencia encontramos.

Nos enfrentamos al reto de conformar una mente tolerante y flexible en un mundo en el que la globalización de la estupidez, que daña seriamente la salud mental y física, se dibuja amenazadora en el entorno de nuestras inquietudes educativas. "El hombre como medida de la estupidez, aún peor que como medida de la maldad , decía Manuel Vázquez Montalbán.

 

2. La Escuela E-Innova de la convivencia en la tradición de los movimientos pedagógicos.

Nuestra respuesta esperanzadora puede y debe de situarse en una educación que no sea ya nunca jamás un instrumento de rechazo o alejamiento sino de encuentro y aproximación.

La Escuela E-Innova de la Convivencia es, evidentemente en principio, una escuela virtual pero quiere adquirir rango de entidad, con rasgos únicos y especiales y que, humildemente, pretende participar de esa corriente creadora de instituciones educativas de la que Europa ha sido testigo desde hace más de dos siglos.

Desde el kantiano J. F. Herbart (1776-1841), que proclamó que el bien supremo de la instrucción es la moralidad y la virtud y del que aprendimos que sin conocimientos no puede haber buenos sentimientos, los mercados especuladores deberían tomar buena nota de esto, o desde el idealismo humanista J. H. Pestalozzi (1746- 1827), o desde el método de pedagogía natural de la Dra. María Montessori que abre su primera "casa de bambini" en 1907 , hasta proyectos tan dispares como las "Escuelas del Ave María" del Padre Manjón (1846-1928) en las que, desde sus iniciales pasos en el Sacromonte granadino, propugna una educación integral del niño, hasta "La escuela Moderna" de Francesc Ferrer i Guárdia, laica, libertaria, científica y racional, o "La Escuela de Summerhill" de A. S. Neill, fundada en 1921 y "en donde se cultivaba la felicidad", los ideales filosóficos y educativos han inspirado la realidad escolar europea.

El ideal educativo ha inspirado también escuelas cooperativas y del trabajo, como "La escuela moderna" de C. Freinet (1946, 1949), o las que trataban de paliar los desastres sociales, como la de A. S. Makarenco, dedicada a la readaptación de adolescentes en la colonia Máximo Gorki entre 1920 y 1931, y cuyos ideales de respeto, disciplina y esfuerzo se transmitieron a través de su "Poema Pedagógico" (1996).

Cuando F. Fröbel soñó con la unidad de una Alemania atrasada y dividida, de inmediato se puso manos a la obra para construir un modelo de escuela que diera sentido a un nuevo ideal de nación que floreciera desde la infancia más temprana. Así surgieron, en 1836, los "kindergarten" o "jardines de niños". Una idea semejante trasladó nuestro gran pedagogo Pablo Montesino a la España liberal e ilustrada, creando la Escuela Normal Central, las primeras escuelas de párvulos y el primer manual pedagógico para maestras parvulistas.

Estos han sido algunos ejemplos, no todos, que nuestra Europa ha creado de la mano de sus educadores más notables. A diferentes necesidades se fueron ofreciendo distintas soluciones. Pero nuevos retos sociales exigen hoy a la Escuela Europea ideas distintas, nuevas y renovadas.

 

3. La escuela como organización del estudio, el conocimiento y la convivencia.

La Escuela E-Innova de la Convivencia, pensada para el ámbito público ahora más que nunca, ha de ser, por tanto y ante todo, la idea de una escuela, orientada hacia el éxito personal y colectivo que haga prevalecer los valores de convivencia en un universo solidario de diversidad humana - en todos sus aspectos físicos o psicológicos - y los de la pluralidad lingüística, nacional, religiosa, cultural o racial: una nueva escuela de convivencia para una "Nueva Europa de la Educación", a la que hay que darle forma y configurar su estructura, su organización escolar, su arquitectura curricular, espiritual, virtual y material.

Mantenemos pues la idea de una organización escolar específica para la convivencia; porque es la organización de la estructura escolar del centro, su gestión y las especiales características de liderazgo de los equipos directivos lo que en definitiva puede resultar más eficaz: no sólo para resolver los conflictos sino para impedir que éstos se manifiesten.

Hay que organizar horarios, grupos y asignaturas y desde esa organización, hay que desarrollar iniciativas de agrupación que contribuyan a una buena percepción de ese proceso de aprendizaje. También se han de tener en cuenta "programas compensatorios" que animen a la participación en el aprendizaje y contribuyan a impulsar atributos motivacionales, cuando se trata de alumnos desaventajados.

Estudiar es la actividad original y el aprendizaje su consecuencia, pero sin un entrenamiento colectivo de la voluntad, sin la educación de los esfuerzos volitivos: la atención a la tarea, la educación perceptiva o la estimulación de la memoria, poco o nada conseguiremos. La propia tarea de estudio exige también una serie de procesos de codificación y de ordenación de la información que se reconocen en el concepto genérico de pensamiento. Toda esta serie de capacidades volitivas y cognitivas dibujarán los perfiles propios de la inteligencia escolar, sin la cual no podrá haber jamás el desarrollo de una idea moral sobre la que fundamentar los ideales de tolerancia y convivencia.

Sólo a través del estudio cooperativo pueden los estudiantes aprender a pensar, a expresar sus ideas y aproximarse a los valores democráticos.

Los propios edificios han de ser pues concebidos como seguros, accesibles y sin problemas de movilidad para nadie. Pensemos que incluso los espacios pueden ser condicionantes de agresividad o de armonía social. Los espacios serán físicamente abiertos en la medida de lo posible, con ideas arquitectónicas que permitan a todos verse sin muros. Se trata de hacer posible una "estructura organizativa convivencial", con áreas para trabajar por centros de interés, con lugares francos que permitan la flexibilización de agrupamientos, las actividades compartidas, la comunicación y la interacción entre todos. Habría que orientarse, por tanto, hacia un diseño arquitectónico abierto de interconexión para el apoyo del trabajo cooperativo, esperamos recibir maquetas y modelos que nos den una idea de lo que podría hacerse y no olvidéis los jardines verticales.

A través de la comunicación audiovisual para la educación en la era digital y en aulas abiertas al mundo es posible relacionar a los estudiantes de las diferentes escuelas, en procesos comunicativos de paz y solidaridad, aprendiendo de otros centros, de otras comunidades y de otras culturas.

Hay que entrenar continuamente, y desde el principio, las habilidades sociales de relación, cooperación, ayuda y protección de todos los miembros del grupo entre sí para que hagamos posible el estudio y el aprendizaje, para no malgastar las oportunidades de descubrir y aprender en cuestiones de disciplina. Parte de nuestros esfuerzos organizativos han de perseguir el establecimiento de un orden social escolar de convivencia. Para ello tendremos que contribuir a la propiciación de grupos en los que la convivencia forme parte de su propia razón de ser.

Características del grupo convivencial:

  • Se ha llegado a reconocer el valor, el interés y el atractivo personal de cada uno de los componentes.
  • Se ha trabajado con ellos el significado del valor de la solidaridad y de la ayuda mutua ante las dificultades.
  • Los componentes se encuentran ya capacitados para hacer propios los objetivos del grupo.
  • Las normas establecidas serán aceptadas sin problemas y el grupo se dejará conducir por ellas.
  • Se ha generado un sentimiento de coparticipación y de moral de grupo. Se consigue, de este modo, una atmósfera grupal propicia para el rendimiento y la consecución de los fines previstos.
  • Se experimenta el sentimiento positivo de estar juntos y de respeto compartido entre los miembros.
  • Se establecen habilidades, mecanismos y recursos de mediación para la resolución de conflictos.
  • Cada miembro se siente psicológicamente protegido por el grupo-clase y por el grupo escolar en su conjunto.
  • Cooperación, tolerancia y respeto se establecen como valores cívicos y morales que se viven, de un modo natural, como hábitos de convivencia.
  • Se adquieren colectivamente los objetivos escolares.
  • El pequeño grupo, en el que se viven estas situaciones, no se establece como un grupo cerrado y hostil frente a otros individuos o grupos.

Aspiramos así a crear una Escuela E-Innova de la Convivencia que se establezca como modelo de organización de la vida escolar en un espíritu de entendimiento en la diversidad humana y cultural, que sea escuela de paz y de defensa de derechos humanos, que promueva la aproximación efectiva y hermanada entre escuelas de distintas regiones y países del mundo.

Una escuela que sirva para crear programas de intercambio más específicamente pedagógicos y que sea capaz de no olvidar la solidaridad activa en la lucha contra la miseria, la explotación, la enfermedad y la pobreza de millones de niños en todo el mundo. Niños esclavos, niños abandonados a su suerte, niños sicarios, niños delincuentes manipulados por las mafias, niños "soldados", que matan y mueren "jugando" con las armas con las que algunos eminentes y respetables ciudadanos se enriquecen; niños que ya piensan, incluso, en una inmolación suicida. Niños sin niñez.

Decía H. Wallon (1941) al referirse a la evolución psicológica del niño, que su conocimiento engendra el conocimiento del ser humano en su totalidad, en mi opinión la infancia representa la esencia misma de la humanidad, destruir la infancia, no desterrando de ella la insania, es el camino más seguro para acabar con lo que hay de más positivo en la humanidad. La niñez pervive en la biografía adulta y matiza la personalidad de todos a lo largo de la vida.

La educación europea desde Krause ha sido inspirada por un "ideal de humanidad", ideal que Francisco Giner de los Ríos trasladara, en la práctica, a "La Institución Libre de Enseñanza". El ideal de humanidad es para todas las creencias y para todo tipo posturas personales, y ahora que el tema religioso se encuentra en pleno debate, sería conveniente recordar a Giner de los Ríos (1915) : "Si hay una educación religiosa que deba darse en la escuela, es esa de la tolerancia positiva, no escéptica e indiferente, de la simpatía hacia todos los cultos y creencias, considerados cual formas, ya rudimentarias ya superiores y aún sublimes, como el cristianismo, pero encaminadas todas a satisfacer...una tendencia inmortal del espíritu humano" (F. Giner, La enseñanza y la escuela, en Ensayos sobre la Educación. )

Sostenía, por otra parte, Manuel García Morente, en uno de sus "Escritos pedagógicos" (1975) - concretamente el dedicado a "La pedagogía de Ortega y Gasset (1833-1955)"- que el primer problema de la pedagogía era "el problema del ideal de la educación", "el de la virtud que tengan ciertas prácticas educativas o técnicas educativas para alcanzar el ideal determinado"

Y es que para educar, y para organizar la escuela, hace falta tener un "ideal de humanidad", un sencillo "ideal de ciudadanía". Por ello, la filosofía tiene que llegar a recuperar su legitimidad perdida en los centros de formación de profesores. Ya que el objetivo fundamental de la filosofía, hoy pretendidamente asumido por la psicología de la educación, es el de enseñar a pensar y sin el suficiente desarrollo cognitivo no hay posibilidad de desarrollar valores ni juicios éticos o morales.

Acaso no sería una mala idea para la actual filosofía educativa española volver a levantar los puentes con los ideales, actualizándolos y proyectándolos hacia el futuro, de aquellos que inspiraron su quehacer educativo en la Institución Libre de Enseñanza, en el Instituto-Escuela, o en la Escuela Superior del Magisterio, perspectivas prometedoras que se truncaron por las circunstancias históricas, pero que contenían los principios que ahora se nos revelan como más necesarios: europeismo, laicismo, tolerancia positiva, moralidad, espíritu científico e inquieto, rigor y calidad en el trabajo y en el esfuerzo intelectual, visión optimista de una sociedad sin barreras y sobre todo, la capacidad de inspirar un sentido trascendental a la educación, pletórico de valores necesarios.

Especialmente nuestras alumnas y alumnos de Educación y Magisterio, quienes se preparan con ilusión para educar, necesitan ahora como entonces, de ese espíritu y de esos ideales.

 

BIBLIOGRAFÍA.

ADLER. A. (1929): La psicología individual y la escuela. Buenos Aires: Ed. Losada.

ADLER, A. (1976): Kindererziehung. Frankfurt am Main: Fischer Taschenbuch.

DEWEY, J. (1946): Democracia y Educación. Buenos Aires: Ed. Losada.

FERNÁNDEZ de los RÍOS, F. (1915): Ensayos sobre Educación. Madrid: Ed. La Lectura.

FREINET, C. (1946): L´école moderne française. Paris: Edition Ophrys.

FREINET, C. (1946): L´éducation du travail. Paris: Edition Ophrys.

GARCÍA MORENTE, M. (1975): Escritos Pedagógicos. Madrid: Espasa- Calpe S.A.

MAKARENCO, A. S. (1996): Poema Pedagógico. Madrid: Editorial Akal.

WALLON, H., (1941): L´evolution psychologique de l´enfant. París: Collin.

Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios aun.


Logotipo de la UCM, pulse para acceder a la página principal

Copyright © 2017 E-Innova

ISSN: 2172-9204