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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 14 de agosto de 2022

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Editorial: La danza

Mi primer contacto con el movimiento fue en las extraescolares del colegio, donde hacía gimnasia rítmica y ballet. El profesor le dijo a mi madre que tenía aptitudes y que quizá podría inscribirme a las pruebas de acceso del conservatorio.Y así fue, tras las pruebas de acceso, comencé a cursar mis estudios de danza en el Conservatorio Profesional de danza de Valencia, cuatro años de grado elemental, una prueba de acceso al grado medio y seis cursos más en la especialidad de danza clásica. Diez años compaginando colegio y conservatorio, sacrificado no solo para mi, sino también para mis padres, que siempre se han preocupado para que pudiese lograrlo todo. Sin embargo, todo este sacrificio no ha sido en vano. Tras acabar los estudios de danza en el Conservatorio y puesto que acabé bastante joven, audicioné en Mannheim para entrar en la Staatliche Hochschule y continuar mi formación. Después de un año me gradué. Durante ese año audicioné en diferentes teatros de Alemania buscando trabajo sin éxito. Volví a España y continué tomando clases en diferentes academias para, al año siguiente, volver a intentar encontrar trabajo en mi pasión: la danza.

En febrero de 2005, con mi mochila y mi poco conocimiento del inglés, cogí un Interrail y aquí empezó la aventura. Tras veinte días de trenes, nieve, frío, muchas audiciones, y más experiencias, regresé a España sin mucho éxito y a la espera de una respuesta por parte de un teatro. Al cabo de un mes, recibí una llamada en la que me ofrecieron un contrato de seis meses cubriendo una baja maternal, el cual acabó siendo un año en el teatro de Pforzheim. Este "año", casi sin darme cuenta, se transformó en cinco repletos de maravillosas experiencias, gracias a la magnífica dirección de James Sutherland y Elsa Genova, quienes hicieron de mí parte de lo que ahora soy. La confianza que depositaron en mi me ayudó a ir creciendo como artista y como persona.

Después de Pforzheim trabajé dos años en Bremerhaven. El contrato en este teatro llegó por sorpresa, puesto que fui a visitar a una amiga y pasar algunas semanas con ella, en las cuales asistí a las clases de la compañía. Un día el director me ofreció la posibilidad de participar en una gala de danza que anualmente se celebraba en el teatro bailando una coreografía suya, un paso a dos con uno de los bailarines de la compañía. Decidí aceptar la oferta y esto llevó a que, tras la gala, me ofreciesen un contrato fijo que duró dos temporadas en las que se me brindó la oportunidad de bailar roles principales de conocidos ballets como Giselle o Cascanueces, coreografiados por el director.

Tras dos años sentí la necesidad de intentar otro cambio. Supongo que, puesto que la vida de el bailarín es algo corta, intentamos aprovechar al máximo y esto fue lo que me llevó a seguir luchando. Fui a una audición en München, pero el contrato era para trabajar en el teatro de la ciudad de Münster. Puesto que no pude asistir a la audición pública, me invitaron para hacer una privada, que consistió en una clase de ballet, después una pieza del repertorio de la compañía y para terminar improvisación. Al terminar, el director, Hans Henning Paar, me dijo que se pondrían en contacto conmigo. Y así fue, iba en el tren camino de Bremerhaven cuando recibí un e-mail diciendo que querían ofrecerme el contrato para trabajar con ellos a partir de la siguiente temporada. Desde entonces formo parte de la compañía de este teatro, donde he tenido la posibilidad de trabajar además de con el director, con coreógrafos invitados como Charlotta Öfverholm, Felix Landerer y Thomas Noone. También he podido coreografiar para algunas obras de teatro juvenil, un tipo de trabajo algo diferente al que estoy acostumbrada, pero muy gratificante.

Desgraciadamente, esta es una profesión que no podré ejercer muchos años más, ya que mi instrumento de trabajo, mi cuerpo, no aguantaría a un nivel profesional y con la exigencias que esta profesión conlleva para toda la vida. Será complicado adaptarse a otro modo de vida, puesto que he tenido la suerte de poder hacer lo que realmente me apasiona, pero estoy agradecida por haber podido cumplir mi sueño y espero seguir ejerciendo en alguna profesión relacionada con este mundo.

 

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