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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 10 de agosto de 2020

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La concentración

Sabemos que la concentración es una capacidad psicológica, propiia del estudio, que forma parte de lo que se ha dada en llamar "funciones psíquicas superiores". Pero debéis saber que su práctica depende fundamentalmente de tres cosas: de la maduración, delentrenamiento y de la motivación.

¿Qué quiere decir esto?

 

  1. El niño pequeño, en edad infantil, tiene escasa o nula capacidad de concentración, tiene eso sí posibilidad de atención a la tarea siempre y cuando esa actividad se enmarque en un terreno lúdico y, por ello, especialmente atractivo.  Probablemente la aparición de la atención dependa de un desarrollo especial de la inteligencia, condicionado por uno o varios genes que activan funciones cerebrales específicas, sólo a partir de la edad escolar.
  2. A partir de los 6 años se iniciará un lento discurrir hacia el desarrollo de esta potencialidad psíquica que adquirirá su máximo inicial en torno a los 8 años, coincidiendo con la aparición de un nuevo ritmo del cerebro al que los especialistas denominan "ritmo alfa" y que implica un despegue espectacular de la inteligencia del escolar.
  3. Los escolares tienen una gran fuerza intelectual para emplearla en su trabajo principal que es el estudio. Pero esa fuerza, como la muscular de los atletas, ha de practicarse y entrenarse, de acuerdo con unos principios y un interés al que llamamos motivación. Poco podrá concentrarse un escolar si no logramos despertar su interés. No importa la dificultad del tema tratado, si lo hacemos bien todas las cuestiones de aprendizaje pueden llegar a resultar muy interesantes. Pero tampoco basta, hemos de ofrecerle las técnicas de estudio necesarias para que su concentración discurra por buen camino.

 

Muchos documentales temáticos y científicos pueden ayudarnos para servir como principio de atracción; y si no los hay, con los medios de que disponemos, y mal utilizamos, podemos crearlos.

Tendremos que enseñarles a estructurar los contenidos de aprendizaje, a anclar así su memoria en un diagrama en el que, a ser posible, intervengan todos los sentidos.

¿Qué poco se utilizan los sentidos para contribuir a las conquistas del conocimiento! Y sin embargo los equipos multimedia con los que trabajamos nos ofrecen siempre esa posibilidad. Pero no olvidemos que también a través de la acción y el movimiento podemos alcanzar metas intelectuales.

Hemos hablado de memoria y eso es importante. La memoria es otra facultad que se desprenderá de las conquistas de la atención y de la concentración. Pero la memoria tiene que tener sentido, tiene que partir de la comprensión de esa estructura adquirida. La memoria sin comprensión es absurda e inútil aunque en ocasiones, desgraciadamente, pueda resultar beneficiosa en algunas exigencias escolares.

 

La concentración es una función psicológica, intelectual pero también física y depende, por ello, de factores físicos.

Alimentación, sueño, ventilación, ausencia de contaminantes acústicos, visuales, olfativos...y sobre todo de la ausencia de stress.

El stress supone una falta de control del ambiente y el sujeto no puede dar respuestas adecuadas a las exigencias, quizá demasiado numerosas o tensas que se le imponen.

Habituar a la calma, a la situación de tranquilidad que ofrece la dedicación al estudio es algo que también hay que entrenar. Es la paz de las bibliotecas que invita a la concentración y al disfrute del conocimiento.

Y es que también tenemos que enseñar a los escolares y adolescentes a gozar con la satisfacción, física y psíquica, que supone alcanzar metas de aprendizaje, como cuando uno sale feliz y relajado del esfuerzo del gimnasio, aunque al entrar en él no teníamos muchas ganas de emplearnos con el ejercicio.

Pronto aprenderán que la verdadera recompensa no son las felicitaciones o las calificaciones altas sino la experiencia personal de haber sido capaz de dominar una fuente de saber, que nos da más potencia psíquica y más experiencia vital.

Lo que sucede es que no se ha logrado suficientemente un entorno favorable sobre estas cuestiones.

Todavía mantenemos la idea de que estudiar es poco apetecible, aburrido, cansado...Todavía no hemos sido capaces de transmitir el entusiasmo que supone llegar a conocer algo y, más aún, el mejor premio, dominar una esfera de conocimiento.

Todavía castigamos con estudiar y premiamos con ver la tele, porque no hemos sabido ser capaces de mostrar que lo primero, generalmente, es muchísimo más entretenido y satisfactorio que lo segundo.

La imagen del chico que se ríe del que estudia todavía resulta graciosa, pero es una imagen patética.

Nuestro mundo está lleno de modelos, en los medios, que triunfan con la ignorancia o por ser el resultado de una manipulación que destruye la esencia de ellos mismos.

En un entorno materialista y despersonalizado sólo importa el beneficio económico rápido, si es posible inmediato, y desde luego eso difícilmente se consigue con el tiempo y el ambiente que el estudio necesita; pero la supervivencia de todos, la física y la moral, la del equilibrio personal, la del autoconocimiento y la capacidad de comprensión de los demás, sólo la da - creedme - el supuesto "sacrificio" del esfuerzo de atención que la práctica de la actividad de estudiar requiere.

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