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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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Sevilla de Manuel Chaves Nogales: “La ciudad en la que nunca se envejece”

Si, como ya he escrito en esta sección de E-Innova Geográfica, Lisboa es, la Lisboa de Fernando Pessoa, sin lugar a dudas no puede haber, para mi modo de ver y de sentir, otra Sevilla que la de Manuel Chaves Nogales. La Sevilla optimista en la que nunca se envejece, en la que - como afirma nuestro autor - precisamente por eso mismo nadie aprende a morir. La vida se les va siempre a los sevillanos disponiéndose a vivirla y por eso, en ella, la muerte - decía - es siempre como un asesinato.

Nadie como Manuel Chaves Nogales supo, y en uno de sus primeros libros juveniles, fotografiar - más allá del sevillanismo- que detestaba, la plenitud del espíritu vivo y vivido de su ciudad natal, la de los incomparables atardeceres. La de la calle de San Vicente bañada en sol, la de la Plaza Nueva, majestuoso palmeral urbano, la de las encrucijadas bulliciosas de la Campana, la de la calle Sierpes, "democrático solárium", la de la Alameda largamente rectangular, dedicada a Hércules, a sus hazañas y a sus columnas, o la de la romana calle de Trajano, por la que ha circulado lo bueno y lo malo de una historia no siempre feliz. Poco, sin embargo ha quedado de la Julia Rómula, más allá de la muralla romana; naturalmente hubo foro, como en Córdoba, termas, gimnasio y un anfiteatro que, a mí me hace pensar, tal vez ocupara - por su forma alargada y rectangular - el espacio de la Alameda.

Es la Sevilla de las fachadas amalgamadas a lo mudéjar, la de sus patios en donde el trío del mármol, del surtidor del agua y la palmera dibujan un entorno que, por resultar excesivamente triste, animan a huir de la congoja y empujan a la risa y a la alegría.

Es la ciudad de las calles estrechas y las plazoletas, como las del barrio de San Lorenzo; la de los aledaños de las iglesias en las que los corros se arremolinan para ver salir en procesión a Jesús del Gran Poder, la más fuerte emoción sentida, en el escalofría de la madrugada, en la Semana Santa Sevillana. Nazareno símbolo de la fortaleza y del dolor, creado por ese gran imaginero que fuera Juan de Mesa.

Habría que estudiar también con un criterio laico el alto valor espiritual de la Semana Sevillana, independientemente del don cristiano de la fe.

"Cádiz se acordará siempre de Fenicia; Córdoba, por su senequismo, fue marcada con el sello de Roma, y Granada se forma entre las manos de los musulmanes. Sevilla es fundamentalmente cristiana; todo en ella lo hizo el cristianismo"

Ver así las ciudades como él vio la suya, la de las mártires alfareras Justa y Rufina, la del cante hondo - lo sintamos o no - o la del arte de refrescar manzanilla, eso es, precisamente lo que queremos que sea el sentido y el estilo de e-innova geográfica.

Chaves Nogales, comienza a escribir "La ciudad" (Ed. Almuzara 2011) cuando ésta, en 1920 inicia la andadura que la iba a llevar - en 1929 - a la gran Exposición Iberoamericana. Era el tiempo de la Sevilla que se embellecía y se transformaba y de la que ya, también entonces, se temía que todo quedara en algo provisional, transitorio y efímero, que de aquel certamen no quedara ni un solo vestigio. Afortunadamente en esta ocasión no sucedió como en el "92", y aunque se colocaron miles de frágiles macetas y se sustrajeron multitud de capiteles que, a ras de suelo, ornamentaban calles y avenidas, al clausurarse la magna exposición perduraron para siempre sus mejores esfuerzos. Sus magníficos palacios y jardines.

Sería Sevilla, sin embargo, una ciudad que abandonaría pronto, ya que en 1922 se traslada con su mujer y su hija a Madrid, encontrando en "El Heraldo" un lugar destacado como redactor jefe. En este diario coincide con César González Ruano, del que yo leyera, siendo niño, sus crónicas en ABC. Escritos de calidez y pasión literaria que me hicieron encontrar en el periodismo y en la escritura una vocación precoz.

Chaves Nogales ganó en 1928, por su reportaje en ABC sobre La llegada de Ruth Elder a Madrid el galardón más importante del periodismo español, el premio Mariano de Cavia. Elder fue la primera mujer que se atrevió a cruzar en solitario el océano Atlántico, en un avión modelo Junker. Fue un periodista intrépido, un aventurero incansable y sobre todo un magnífico escritor. No se conformó con escribir sobre las primeras aventuras aéreas, el mismo quiso vivirlas en busca de lo nuevo para poder contarlo.

Resulta apasionante leer "La vuelta al mundo en avión" o "Un pequeño burgués en la Rusia roja" o "La bolchevique enamorada", narraciones nacidas de sus experiencias viajeras en 1929. "Lo que ha quedado del imperio de los zares" (1931) y la sorprendente novela "El maestro Juan Martínez, que estaba allí "(1934), surgieron también como resultado de sus geográficas andanzas europeas. Chaves Nogales, por todo ello, ocupará siempre un puesto honorífico en el club e-innova geográfica.

Pero yo no descubrí a Chaves Nogales hasta que no leí "Juan Belmonte, matador de toros" No es sólo un libro taurino, no es sólo una fiel biografía literariamente recreada, es sobre todo un gran libro de ambientes que se han hecho historia. El ambiente de la Triana originaria de los chavalillos desarraigados que quieren alcanzar la fama a través de la tauromaquia, los ambientes de una España taurina con sus luces y sus sombras. El de los viajes a las Américas para torear. El de las vicisitudes sociales y políticas de un país en el que se perfilaban las tensiones que estallarían en una guerra del que el propio Chaves, al acercarnos tanto a la cruel realidad de sus protagonistas, escribiría el más terrible de los testimonios: "A sangre y fuego. Héroes, Bestias y Mártires de España" Espasa Editorial, Madrid. 2001. Creedme, después de leer este testimonio novelado cambia totalmente la idea que tengamos sobre este período histórico.

Chaves era republicano. Ideológicamente próximo a Manuel Azaña, también escritor. "El Huerto de los frailes" recreación de la edad escolar y adolescencia del propio Azaña en un colegio religioso del Escorial (Hermanos Maristas), es también, si tienes vocación educadora, un libro que hay que leer.

Con la ascensión del Nazismo le pareció oportuno entrevistar, y lo hizo, a Joseph Göbbels , ministro de propaganda de Adolf Hitler, al que no duda en calificar de "personaje ridículo e impresentable", al mismo tiempo que advierte sobre la inquietante realidad de los campos de trabajo y de concentración.

Como es natural, al estallar la guerra en España, se pone al servicio del legítimo gobierno de la República. Cuando el gobierno republicano abandona Madrid, para trasladarse a València, tiene la certeza de que se inicia el camino de la derrota y se exilia en París, la ciudad que él consideraba la capital de la libertad y de la democracia. Esa fe se convertiría, también, en una dramática decepción expresada en un libro que no nos dejará a nadie indiferentes: "La agonía de Francia", Biblioteca de Autores Sevillanos, Diputación de Sevilla 2001.

Una obra que deberéis leer en paralelo con "La Suite Francesa" de la genial Irene Nemirovsky, para poder entender cómo fue posible que la grandeza democrática de Francia se postrara de rodillas ante el avance nazi. Pero Nogales hizo, en 1940, lo que debiera haber hecho Nemirovsky, él abandonó la Francia colaboracionista, para buscar refugio en Londres, ella no huyó y fue enviada al infierno del exterminio por la Gestapo.

No obstante Chaves Nogales no sobrevivió lo suficiente para ver el deseado triunfo de la democracia en Europa, una enfermedad le privó de esta suerte en 1944.

Vivió poco en Sevilla, pero nadie como él supo captar el espíritu de su ciudad y el de sus gentes. Murió, como buen sevillano, disponiéndose a seguir con la ventura de su vida y por ello nunca, como sus paisanos, llegó a envejecer.

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