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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 25 de octubre de 2020

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La mente digitalizada: una nueva teoría de la mente humana

Las más actuales investigaciones sobre el cerebro nos permiten pensar en una nueva Teoría de la Mente. Una Nueva Teoría necesaria para describir cómo funciona el pensamiento o las estrategias que pone en práctica nuestra inteligencia. Todo ello en el acercamiento a la nueva conciencia de un ser humano que se encuentra, desde el punto de vista filogenético, en la antesala de una nueva era.

Efectivamente, desde los miles de años que el ser humano habita la tierra no ha habido un cambio tan grande en los estímulos perceptivos, con los que se ha de relacionar el sistema nervioso, como el que se ha producido en los últimos tiempos. De ahí que podamos considerar la aparición de un cerebro, digitalmente estimulado y adaptado, que se encuentra a las puertas de un nuevo salto evolutivo.

Un nuevo cerebro, para una joven mente en crecimiento capaz de procesar, codificar en binario e interactuar con la aparición incesante de nuevas experiencias perceptivas y cognitivas que resultan del nuevo contexto sociocultural multitecnológico. La naturaleza estimular de la experiencia multimedia, su capacidad de impacto o su continuidad en el tiempo contribuye a estimular la naturaleza de nuestra estructura cerebral, a partir de nuevas formas de especialización de sus conexiones neuronales.

Lo que podríamos considerar como "configuracionismo digitalizado" parte de la idea fundamental de una visión del cerebro en desarrollo que se va haciendo así mismo, que se va auto-construyendo sobre una estructura neuronal dinámica de extraordinaria plasticidad y que podría atenerse a leyes de funcionamiento lógico binario que se podría interpretar digitalmente.

El aprendizaje mediante ensayo y error, del encuentro de respuestas positivas y negativas en el diálogo medioambiental, propicia un desarrollo motor y perceptivo temprano que permite al desarrollo neuronal establecer, o no, determinadas conexiones en un proceso emergente que hará posible que los niños más pequeños puedan responder satisfactoriamente al complejo desafío de integración de sus funciones motoras y cognitivas. Se trata, en definitiva, de estrategias mediante las que el joven cerebro explora múltiples caminos ofrecidos por el universo multimedia para conseguir un aprendizaje más eficiente en el mundo actual, para componer activamente el "mosaico del conocimiento" en una nueva mente digitalizada.

La experiencia deja sus huellas en la red neuronal y modifica la transferencia de información. La plasticidad permite que las redes de comunicación cerebrales se encuentren en continua modificación y transformación, lo que contribuye a que el cerebro, en definitiva, cambie y se transforme como respuesta a un entorno altamente digitalizado.

Las neurociencias y las teorías psicológicas sobre la mente son puntos de vista complementarios para comprender los fundamentos de la actividad psíquica.

Y desde esta perspectiva:

¿Podríamos llegar a servirnos de las indiscutibles condiciones de plasticidad cerebral para llegar a controlar los procesos disfuncionales, destructivos o degenerativos de nuestro Sistema Nervioso?

Las dos cuestiones fundamentales que tendríamos previamente que resolver son, por un lado el desciframiento de los códigos de comunicación entre neuronas, utilizando técnicas de computerización digitales - de manera semejante a como se están ya aclarando algunos aspectos del código del genoma - y, por otro, el problema energético celular.

El cerebro es un órgano evolutivo complejo, aún prácticamente desconocido, que se nos presenta como un sistema biológico dinámico. Su constitución depende tanto de su encuentro con la naturaleza medioambiental como de sus propios hechos psíquicos. La relación entre lo psíquico y lo orgánico permitiría, de este modo, una nueva reinterpretación.

Los avances en el conocimiento de los mecanismos celulares y moleculares, que explican el funcionamiento cerebral desde la perspectiva de la plasticidad, nos acercan a la comprensión de los procesos sinápticos de transmisión nerviosa de la información, de sus errores o interrupciones y, en consecuencia, de las causas de la destrucción de las redes neuronales que conducen a las diversas formas de patologías accidentales o degenerativas, tales como el envejecimiento evitable del sistema.

Muchas observaciones ofrecidas por los adelantos en la investigación neurocientífica nos llevan a considerar que el cerebro en desarrollo es una estructura extraordinariamente plástica y con una gran capacidad de adaptación. El cerebro posee una gran capacidad para reorganizarse, en respuesta a influencias externas o a una lesión localizada. Se encuentra cada vez más capacitado para realizar un esfuerzo adaptativo que optimice sus posibilidades de control y de respuesta.

El Sistema Nervioso en crecimiento, desde su formación inicial, se comporta de forma inteligente, acomodándose a la variabilidad múltiple de las condiciones internas o externas.

Por otra parte, toda célula viva requiere de la energía necesaria para mantener, sin agotarla, sus funciones básicas. Precisa conservar y ahorrar esa energía para poder consumirla poco a poco y distribuirla de acuerdo con las necesidades que su desarrollo y funciones le va a imponer. Tras obtenerla, la acumula y debe de conseguir que, en la respuesta a las exigencias de sus tareas, el gasto sea mínimo.

El problema energético es uno de los más importantes que tiene que resolver una célula nerviosa.

La célula nerviosa podría solucionar este problema dando una respuesta continua pero así se produciría un rápido agotamiento. Su sistema de respuesta ha de ser necesariamente discreto y rítmico.

Desde la perspectiva de la Teoría de Sistemas, el concepto "discreto" implica al discontinuo. Esto no quiere decir que el resultado final de una acción cerebral vaya a ser intermitente, sino que cualquier movimiento continuo será el resultado de la acción conjunta de muchas células o grupos celulares que, en sí mismos, sí funcionan rítmica o intermitentemente.

En la actualidad podemos seguir el rastro rítmico hasta el interior de la célula y descubrir esos cambios cíclicos en el contenido del ácido ribonucleico (ARN). Sabemos que la actividad eléctrica cerebral, aún en condiciones de reposo, es incesante. La existencia de esta actividad rítmica, que un modelo digitalizado podría describir, es, por lo tanto, inherente a la vida.

La actividad bioeléctrica cerebral se manifiesta, por tanto, una forma rítmica que podría ser descrita por un especial código digital binario.

¿Habrá correlación positiva entre las alteraciones rítmicas y las disfunciones cerebrales? ¿Podría darse alguna situación en la que, por causas aún por definir, la respuesta continua sustituyera - quizá por malfuncionamiento - a la respuesta rítmica o discreta, conduciendo a una rápida y destructiva pérdida energética que deteriorara rápidamente el sistema? ¿Seremos capaces de intervenir, con la aplicación de un nuevo código de interpretación y de comunicación neuronal, en la restauración de los ritmos y superar los problemas degenerativos?

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