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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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Córdoba: Viento 10

Cuando empieza a haber aromas de primavera hay que pensar en ir a Córdoba. Y no hay manera mejor de comenzar esta nueva sección interactiva de nuestra revista, la del nuevo club e-innova de amigos viajeros, que la de dedicar a Córdoba su primera entrada.

Lo que queremos, y lo que no, con nuestro club de amigos viajeros.

No queremos aquí comparar unos sitios con otros, establecer un ranking- qué palabra más fea - de los mejores hoteles, restaurantes, monumentos o lugares. Deseamos que nos contéis - como lo haríais con un amigo - vuestras experiencias; en dónde os habéis encontrado bien, qué sentimientos habéis tenido en los diferentes sitios, por qué los guardaréis para siempre en la memoria. Por qué os gustaría compartir esos recuerdos de viaje con una persona amiga.

No podemos alojarnos o comer en todos los sitios de algún lugar, no podemos visitar todos sus museos o rincones significativos; por eso aquí no diremos que en donde hemos estado es lo mejor, pero sí lo que nos ha hecho, tal vez conducidos por el azar, simplemente, sentirnos bien.

Córdoba el primer destino. Y cómo más vale un ejemplo real yo voy a comenzar hablando de Córdoba. Porque es la ciudad en la que he estado poco a lo largo de mi vida, aunque de ahí provienen mis orígenes maternos, y porque tal vez sea más reconocida en el extranjero que en nuestro propio país o porque también es posible que haya sido, inmerecidamente, eclipsada por otras ciudades de Andalucía.

La ciudad de Córdoba es más austera, más serrana, más cercana de los montes que abren las puertas de lo andaluz. Su gastronomía, riquísima y tradicionalmente originalísima, es más del interior.

Dignos de mención, entre otros muchos de interés y calidad, son los restaurantes "Bodegas Campos" y "Garum 2.1" muy cercanos al hotel Viento 10 en donde me alojé. A estos fui y volvería, de otros nada puedo decir porque no estuve.

Sus cantes, las soleares, las alegrías, la soleá, la rosa, incluso los burlescos fandangos, expresan su peculiar manera de sentir y expresar el especial carácter cordobés. Es un cante sentencioso, filosófico, con cadencias y significativos silencios, en su estructura musical, que nos atrae y nos invitan a una nostalgia evocadora. La saeta de la pasión clava, incluso más profundamente sus flechas que en Sevilla. Su carácter interior no puede tampoco hacernos olvidar sus cantes camperos y de labranza: Temporeras, Pajaronas, Trilleras y Cantes de Ara y de Siega, que nos remiten al origen campesino de unas tierras sembradas de sabiduría.

Córdoba es más senequista y estoica, menos epicúrea que Sevilla. Pertenece a la Andalucía más alejada del mar que todo lo dulcifica. Más pobre económicamente, quizá, que las otras grandes ciudades andaluzas, pero se trata de una pobreza que los cordobeses, según afirma Gerardo, llevan con mucha dignidad.

Desventaja económica que, en esta ciudad, íntima y acogedora, se transforma en riqueza espiritual, en proximidad cordial y sencillez exquisita. En detalles sensibles y prudentes sonrisas inolvidables. Ciudad en la que una madre todavía le dice a su hija, refiriéndose a un tendero de los de antes: ¡niña! ¿Es que no saludas hoy a Juanito?

Por casualidad, y porque aprecio el rescate de un pasado histórico que se hubiera perdido, de no haber sido felizmente actualizado con diseños modernos, inicié mi recorrido por la romana, califal y cristiana ciudad de Córdoba alojándome en el Hotel Viento 10.

Este nombre antiguo evoca los vientos que soplan sobre el Guadalquivir y que vienen a dar, al hacer el río un giro brusco, justo en el lugar en el que se encuentra la calle. Ese es el motivo, además, por el que una infinitud de aves visitan, en el camino de sus migraciones, la cercana rivera.

Esa es la causa, la del viento, por la que en un pasado lejano tanto el lugar que ocupa el hotel como el de otras casas próximas fueran albergues hospitalarios al amparo de la cercana e interesante iglesia de Santiago. El viento fiel y solidario barría miasmas y cuidaba, en lo que podía, de la salud de los acogidos.

Lo que pasa es que ahora la calle luce un nombre menos romántico y se la ha dado en llamar: Ronquillo Brinceño, en honor de D. Francisco Ronquillo Brinceño, corregidor de la ciudad y bajo cuyo auspicio se remodeló la plaza de la Corredera. Los taxistas de Córdoba se desesperan por la tradicional afición que tienen las autoridades municipales a cambiar continuamente el nombre de las calles de la ciudad.

En una ciudad de leyendas, hasta yo mismo cree la propia de la habitación en la que estuvimos. Enorme estancia, coronada por un espacio de antiguos travesaños que muestran, sin pudor, la estructura tradicional del tejado. Bello esqueleto arquitectónico que contrasta con un minimalismo ultramoderno y austero en el que el vacío del espacio, en el que se habita, adquiere incluso más protagonismo que la propia decoración de diseño vanguardista.

 

"La leyenda de la señora"

En la estancia hay una moderna butaca giratoria que, en vez de orientarse armónicamente hacia el interior, se empeñaba en mirar hacia la ventana que da a un estrecho callejón. Por más que Gerardo lo intentara, la butaca volvía tercamente a la misma posición. Fue Gerardo, el dueño del hotel del que irremediablemente acabas siendo amigo, el que nos contó que por la calle pasaba frecuentemente un hombre, probablemente privado de facultades mentales, empeñado en afirmar que al asomo de la ventana de la habitación se encontraba su fallecida madre. ¿No sería el fantasma de la señora el que una y otra vez, con amorosa obstinación, daba la vuelta a la butaca para poder ver así mejor a su hijo que siempre miraba hacia allí desde la calle? No os asustéis en esa estancia he tenido las mejores vibraciones de mis visitas hoteleras. Y en ese entorno de romanticismo de vanguardia permanece ya para siempre el punto de partida del que salíamos para redescubrir Córdoba, la ciudad que siempre se redescubre, la ciudad que un día se volcará para embellecer y recuperar su monumental pasado romano, ya que su filosofía, la del epicureísmo estoico y senequista, no ha desaparecido y perdurará, a lo largo de los tiempos venideros.

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