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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 14 de agosto de 2020

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¡Venceremos!

Primero resistir, después vencer.

 

Lo que nos lleva a la ruina no es el sector público, ni la sanidad, ni la educación, con sus excelentes gentes, sino una élite de la especulación del sector financiero, que sobrepasa la soberanía nacional y actúa con la más absoluta impunidad.

Una vez despertados del espejismo, cuando ya todo el mundo se empieza a dar cuenta de que a más recortes, a más daño a la estabilidad laboral, social, familiar y emocional, las cosas no parecen ir a mejor, cuando a la esperanza se responde con más desesperanza, cuando los sacrificios resultan patéticamente inútiles, injustos e ineficaces; cuando hasta el más recalcitrante se empieza a enterar de que cercenar no permite avanzar, que desmoralizar no sirve para levantar el ánimo necesario para sobreponerse a las circunstancias terribles, llega el momento de la unidad y de la respuesta de todos - a todos los niveles - que el buen uso de la razón, la libertad, la ética, la justicia y la necesaria e imprescindible paz social nos lo permitan.

¿Vamos a consentir que unos sujetos se entretengan jugando y apostando, al todo o nada, por el hundimiento de nuestra economía, más que probadamente solvente, desde más de una importante metrópoli financiera

¿Vamos a seguir aceptando que no nos cuenten la verdad real de lo que está pasando, que las informaciones privilegiadas arruinen descaradamente a los pequeños ahorradores y dispongan de sus humildes recursos para el enriquecimiento sin bochorno y, además, no haya explicaciones?

No hay duda, cuanto peor nos vaya a todos, a algunos pocos les irá - cada vez mucho mejor. El riesgo de "la prima" es que existan las agencias privadas de las primas de riesgo.

El cuadro que se dibuja, bajo el ataque, nada tiene que ver con nuestra realidad productiva, ni con la competitividad, ni con la capacidad tecnológica y avanzada de innovación. Ni con la excelente preparación que se ofrece desde nuestros colegios hasta los niveles más altos de formación profesional y universitaria, eso sí que es excelencia.

Ni con la disposición al trabajo de calidad, ni con las ganas de hacerlo todo mucho mejor. Ni con las ganas de vivir en paz y disfrutar, como sabemos hacer, de la vida.

Ahora se nos dice que sobran universidades; se supone - viendo quien lo dice - que públicas claro. Ahora no es bueno que se sepa demasiado. Pero para nosotros no sobra ninguna universidad, ni pública ni privada, ni pequeña ni grande. El conocimiento es la base del progreso y de la libertad, de la adaptación a las circunstancias, de la capacidad de entender y de dar solución acertada a los problemas de todos. La base del impulso de los emprendedores y de la creatividad. Cuanto más sabemos menos nos sometemos al pánico.

Para entretener a las masas y tratar de hacerlas olvidar los verdaderos problemas se exacerba la vena nacionalista, la de todos los nacionalismos. La exaltación de los sentimientos nacionalistas nunca fue buena para solucionar las dificultades. La historia pasada y los acontecimientos recientes en Europa lo demuestran.

Pero llega junio. El esplendor del verano. La dulzura de los días opulentos que se desmayan hacia el lejano atardecer. El momento de mostrarse, sin pudor y con orgullo.

El momento para pensar en la victoria. La de la justicia y la dignidad de los pueblos. La de la libertad auténtica de todos los que se sientan diferentes pero iguales en derechos y comprometidos por un mundo mejor. La de la cultura, el arte, la ciencia y la técnica. La victoria de la apuesta por la innovación permanente hacia la conquista del futuro.

 La victoria necesaria de la educación universal. La victoria sobre la pobreza de más de dos millones de niños en nuestro país. La victoria sobre el sufrimiento y la enfermedad, desde una salud pública para todos que es - más allá de lejanas esperanzas publicitarias de olimpiadas - lo que realmente ha de preocuparnos y proclamarse a los cuatro vientos.

La victoria del momento no de recortar, más y más, sino de crecer con fuerza imparable.

Porque no lo dudéis: ¡Venceremos!

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