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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 11 de julio de 2020

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Felicidad y neurociencia

Los últimos descubrimientos en la investigación neuro-científica actual nos llevan a la conclusión de que el cerebro humano no está especialmente neurológicamente programado para ser feliz.

 

Al fin y al cabo es un órgano filogenéticamente adaptado para la supervivencia, para reaccionar ante las amenazas y peligros, para garantizar la continuidad de la especie; quizá sea por eso por lo que - en mi opinión - se ha desarrollado una mayor capacidad intelectiva en el cerebro femenino que, desde los inicios de la especie humana, al encontrase en un cuerpo generalmente más vulnerable, ha tenido que ingeniárselas para salir adelante y hacer sobrevivir a su progenie.

Las neuronas humanas han ido creando sus redes con la finalidad primordial de impulsar una inteligencia capaz de evaluar una situación adaptativa concreta y, en virtud de ella, mantener el estrés necesario para atacar, esconderse o huir según conviniera. Para establecer, según el principio psicológico de ensayo y error generador de la ley del hábito, qué alternativas eran mejores o peores.

La tendencia innata hacia el pesimismo hace fluir pensamientos negativos en el córtex pre frontal derecho, esa actividad cognitiva contribuye al aumento del estrés, la depresión, la ansiedad y la insatisfacción personal. La plasticidad cerebral y el modelaje neuronal pueden, no obstante, modificar esa tendencia hacia la infelicidad y propiciar una mayor producción de endorfinas, los llamados opiáceos del cerebro. La experiencia deja sus huellas en la red neuronal y modifica la transferencia de información. La plasticidad permite que las redes de comunicación cerebrales se encuentren en continua modificación y transformación, lo que contribuye a que el cerebro, en definitiva, cambie y se transforme. La naturaleza estimular de la experiencia, positiva o negativa, su capacidad de impacto o su continuidad en el tiempo transforma la naturaleza de la estructura cerebral, a partir de la especialización de sus conexiones neuronales, contribuyendo, de esta manera, a la creación de un nuevo cerebro, feliz o infeliz, en atención a la funcionalidad de sus redes comunicacionales.

Podríamos, incluso, llegar a servirnos de las indiscutibles condiciones de plasticidad cerebral para llegar a controlar los procesos destructivos o degenerativos de nuestro Sistema Nervioso Central. El estrés podría ser uno de los más dañinos.

El cerebro humano - según mi Teoría de la Configuración de la Mente - puede, con las terapias adecuadas, generar engramas nuevos, reconfigurar circuitos y favorecer las condiciones neuronales propicias para sentirse mejor. De esta manera a mayor cantidad de pensamientos y sensaciones de carácter positivo tengamos, mayor actividad generamos en el córtex pre frontal izquierdo, que, según las últimas observaciones, parece ser la zona cerebral implicada en la alegría y la satisfacción. Desde las diferentes visiones terapéuticas para vencer los estados depresivos de ánimo se invita a realizar ejercicios periódicos de lo que se ha dado en llamar "felicidad autogenerada".

El amor como sentimiento vivido y reconocido, la liberación mediante la sexualidad, la práctica de la amistad, el contacto físico afectivo, sonreír -incluso sin ganas -, reír y desarrollar el sentido del humor, hacer ejercicios periódicos de pensamiento positivo y de rechazo cognitivo de las emociones negativas, la creatividad, el altruismo o la solidaridad se reconocen ya como excelentes principios terapéuticos saludables capaces de prevenir e incluso de curar. Capaces de reducir, en definitiva, la perjudicial tendencia innata al estrés de nuestro cerebro.

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