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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Lunes, 26 de octubre de 2020

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El contaminar se va a acabar

¿Sólo un veneno?

Puede que hayas oído alguna vez que el cianuro fue usado en el antiguo Imperio Romano por Nerón para envenenar a sus enemigos. Quizás hayas escuchado que comer más de veinte almendras amargas podría provocar la muerte. Otra posibilidad es que entre tus gustos musicales se encuentre el grupo venezolano "Caramelos de cianuro" o que tu libro favorito sea "Cianuro espumoso" de Agatha Christie.

 

Químicamente, el cianuro es un anión poliatómico monovalente, lo que en la práctica significa que se encuentra asociado a muchos otros elementos de forma natural. Por ello podemos toparnos con potentes venenos como la sal de cianuro potásico o el ácido cianhídrico, así como compuestos utilizados a nivel industrial, como el cianuro de cobre, usado en la extracción de oro y plata en las minas. 

No son ésas las únicas utilidades que el cianuro, uno de los más famosos compuestos químicos, tiene. El cianuro es también usado en el sector industrial, en la fabricación de papel, pegamentos, plásticos, nylon o pinturas. También puede utilizarse en Agricultura, ya que forma parte de la composición química de algunos pesticidas. 

Hace años podía usarse en los revelados fotográficos y en la actualidad sigue siendo uno de los compuestos preferidos en el sector alimentario, lo que puede resultar paradójico, pero su utilidad es fundamental en la eliminación de metales pesados contaminantes de los productos de alimentación.

 

¿Tan tóxico como lo pintan?

El cianuro, a pesar de presentar una elevada toxicidad, debido a su acción bloqueante sobre algunas proteínas implicadas en la producción de ATP, también conocido como la moneda energética de las células, forma parte de los organismos vivos e incluso, algunas teorías sobre el origen de la vida, entre ellas la promulgada por el bioquímico español Juan Oró (en la imagen), plantean que pudo estar implicado en su momento en la formación de otros nuevos compuestos químicos que serían parte de esa compleja red de ladrillos en los edificios que son los seres vivos hoy en día.

Claro que el cianuro es tóxico, pero esto ofrece una ventaja a todos aquellos organismos vivos resistentes a dicha toxicidad, que pueden emplearlo como mecanismo de defensa frente a otros depredadores, como en el caso de algunas plantas, insectos o artrópodos. 

 

La naturaleza, tan sabia como parece

A pesar de que los seres humanos hemos sido capaces de desarrollar diversos métodos físicos y químicos para degradar el cianuro, serio contaminante en muchos de los residuos industriales, existen diversos métodos biológicos que podrían servir como alternativa en la degradación del cianuro, ya que aportarían una reducción en los costes, tiempo y materiales empleados.

Este tipo de métodos biológicos se conocen con el término general de "biodegradación", siendo ésta una de las aplicaciones más importantes de la Biotecnología en el campo medioambiental (o Biotecnología verde).

Hay varios tipos de organismos capaces de asimilar este cianuro e incorporarlo dentro para poder degradarlo por diferentes rutas metabólicas. Es decir, existen seres vivos, entre los que se incluyen hongos y bacterias, que son capaces de utilizar el cianuro como "fuente de alimento", sin que esto suponga ningún tipo de daño en el desarrollo de  sus funciones vitales.

Por ello los científicos han estudiado parte de las proteínas de bacterias y hongos, como  Fusarium, Pseudomonas, Rhodococcus o Klebsiella, con el objetivo de poder aplicar la capacidad degradativa de estos organismos a nivel industrial en un futuro.

Así han purificado en el laboratorio diversas proteínas con nombres tan raros como la cianuro dihidratasa, la nitrilasa, la rodonasa o la tiocianato hidrolasa, que podrían ser de interés en un futuro para evitar que la contaminación del cianuro siga presente en los residuos industriales.

 

El futuro ya no es ciencia ficción

Actualmente, numerosos investigadores trabajan en la mejora de las condiciones que afectan a la capacidad de degradación de los organismos vivos, como el pH o la temperatura, para que en un futuro lo que hoy conocemos como biodegradación pueda aplicarse en procesos de biorremediación.

Si se consigue alcanzar este reto, seremos capaces de hacer realidad la cita célebre del eminente científico Louis Pasteur, "no existen ciencias aplicadas, sólo aplicaciones de la ciencia", dando solución a uno de los más graves problemas medioambientales de hoy en día.

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