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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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La inteligencia de nuestros hijos: ¿Cómo educarla?

Esta vez escribo para usted pensando que no es un, o una, gran especialista en educación o en psicología, aunque, con seguridad, lo es en otras muchas cosas imprescindibles. Y si lo fuera no sería el tipo de persona a quien le dedico estas ideas o, simplemente, se las ofrecería de otra manera bien distinta.

 

La inteligencia de nuestros hijos es algo que nos preocupa a todos, lo malo es que, en el fondo, no tenemos suficientemente claro qué es eso de la inteligencia, aunque creamos estar seguros de que lo sabemos a ciencia cierta. Es una de esas muchas cosas que todos creen conocer pero que tienen enormes dificultades a la hora de explicarlo. Y, desde luego, no es para menos.

¿Es mi hija o mi hijo una persona inteligente? ¿Cómo puedo cerciorarme? Y lo más importante, ¿puedo hacer yo algo para mejorar su capacidad intelectual?

A veces, incluso, el asunto puede complicarse mucho más: ¿cómo es posible que a pesar de ser una persona inteligente, ya que da sobradas muestras de ello, fracase en sus estudios?

¿Sabía usted que una persona con altas habilidades intelectuales, lo que normalmente se conoce como una persona superdotada, puede resultar un desastre en el colegio o en la vida?

Pero ese es un tema, que aunque aquí podamos dar algunas claves para su comprensión, tendríamos que tratar con más detalle en otro momento más adelante.

Pero basta ya de preámbulos y vayamos a lo que nos interesa. Dejémonos de preguntas y empecemos con las respuestas.

Le sorprenderá si le digo que, en circunstancias normalmente aceptables de afecto, salud y recursos educativos, todos los niños y niñas, poseen una extraordinaria capacidad para el desarrollo de su inteligencia. En la edad escolar, y con la aparición de un nuevo ritmo cerebral, llamado ritmo alfa, se alcanza un nivel de inteligencia extraordinario. Y, además, en los primeros pasos de la adolescencia es posible alcanzar los más altos niveles de especulación científica y filosófica. Quizá en este momento detenga esta lectura para mirar de reojo a su vástago.

Pero que la naturaleza nos pueda hacer capaces no quiere decir que todo el mundo sin excepción pueda llegar al desarrollo pleno de esas facultades.

Y es que la inteligencia cultivada, la necesaria para alcanzar los objetivos de formación personal necesarios, es una facultad humana que aún teniendo la semilla no florece de manera espontánea sino que hay que cultivar y educar. Y, además, no existe un solo modo de manifestación de la conducta inteligente, sino que como ya han mostrado muchos autores, entre ellos H. Gardner, hay de hecho una multiplicidad posible de inteligencias.

La inteligencia supone la capacidad de lectura interior del pensamiento, y como toda lectura, exige de una alfabetización.

Y no lo olvide, no hay diferencia entre "ciencias" y "letras".

Muchas veces se ha relacionado la destreza matemática con la inteligencia. Pero si no me enseñan a hablar correctamente un idioma jamás podré usarlo con la suficiente propiedad y digo esto porque la matemática es también un lenguaje, un lenguaje que pretende ser exacto y al margen de lo emocional, y como tal, su conocimiento es el resultado, también, de su correspondiente alfabetización.

La matemática es, entre otras cosas, el lenguaje en el que se expresa la física, y por cierto, la física no es nada abstracta es lo más concreto que existe, porque si no aplicamos bien los cálculos físicos se nos caerá la casa. No obstante también se puede escribir filosofía en el lenguaje matemático, gracias a ello los griegos inventaron el cálculo de matrices que luego, muchos siglos atrás, resultó ser de extraordinaria utilidad para la expresión matemática de la mecánica cuántica.

Tenemos pues que enseñar a leer, de manera ordenada y coherente, los diferentes códigos o lenguajes del propio pensamiento, ayudando a poner en orden las ideas y facilitando su expresión correcta.

Por otra parte, la inteligencia, no es un fenómeno aislado en el contexto de las funciones psíquicas superiores, ya que los aspectos afectivos y emocionales cumplen también un importante papel en su determinación. El bloqueo emocional puede, de hecho, arruinar muchas formas de la manifestación de lo inteligente. Nuestras emociones exigen, a su vez, ser tratadas de una manera muy especial por la inteligencia, precisamente para que actúen a nuestro favor y no al contrario. También esto exige un duro aprendizaje sentimental para el que vamos a necesitar mucha ayuda para no equivocarnos.

El ser humano es un sistema complejo en el que todo se encuentra entrelazado, interconectado. Una inseguridad sentimental puede arruinar la capacidad de nuestra inteligencia, en un momento dado, y hacernos torpes, inseguros e inútiles, conduciéndonos a un fracaso que no nos corresponde.

El proceso de instrucción educativa afecta a muchas formas de inteligencia y no todos las tenemos todas en el mismo grado. Hay una gran diferencia que corresponde a estímulos previos, a experiencias cristalizadoras que nos han animado a seguir, con más intensidad, por un determinada dirección y nos han hecho más eficientes en ese aspecto concreto de la inteligencia.

Si mi entorno es un entorno de vocación musical con seguridad se me habrá ido desarrollando una predisposición hacia ese tipo de inteligencia que, a diferencia de muchos y más allá del simple placer estético, me hará capaz de distinguir con claridad notas e instrumentos en el aparente maremágnum de la orquesta sinfónica.

Eso no significa que se deba entonces renunciar al resto de las exigencias intelectivas. Lo único que sucede es que habrá que poner más cuidado y empeño en aquellas para las que estamos menos predispuestos.

Créame, nada es inalcanzable, todo depende de una buena orientación educativa, de las motivaciones, de la voluntad y, finalmente, de la disciplina y de los métodos.

Tal vez esté usted pensando en la utilidad y en la capacidad de acierto de los llamados "test de inteligencia".

Cuando una vez le preguntaron a un psicólogo norteamericano qué era la inteligencia, no vaciló en responder que la inteligencia es exactamente lo que miden los test de inteligencia, y se quedó tan tranquilo. Pero nosotros no, ya que la inteligencia es mucho más y en ocasiones nada tiene que ver con lo que miden los test.

Lo cierto es que los test, si acaso, nos pueden acercar al estado de la cuestión pero no significan en absoluto que de ellos haya de desprenderse ningún tipo de predisposición, ni positiva ni negativa, hacia el futuro, ni aseguran ni invalidan.

Ahora estamos todos de acuerdo en que no vale decir "no es inteligente, no vale para determinada tarea", habrá más bien que señalar que "en la situación actual" se hace necesario dotar a la criatura de las destrezas inteligentes necesarias, cuando no las hay, para esa meta determinada. Y ese es precisamente el sentido de la actividad educadora.

La inteligencia tampoco se tiene por las buenas y ya está, se evidencia en los actos, en las estrategias, en los comportamientos. Y tenemos que enseñar cuáles son las acciones adecuadas, esto es las más inteligentes, para alcanzar un objetivo real. A veces la elección del camino inteligente puede salvarnos, incluso, la vida.

Por otra parte la inteligencia no puede desarrollarse al margen de un entorno cultural apropiado.

La sensibilidad, el descubrimiento, la curiosidad que se expresa en preguntas acertadas y que recibe un buen eco es el mejor caldo de cultivo de la inteligencia.

Y si hay que alfabetizar el pensamiento, darle forma con ideas ordenadas y palabras, nada mejor que la estimulación a la lectura para ello. Y aquí usted puede hacer lo más importante.

Hay todo un mundo apasionante por descubrir que se encuentra al alcance de nuestra mano, en las bibliotecas, en los museos, en la naturaleza, en la gran oferta posible de los documentales científicos y culturales temáticos, de nuestro tiempo. Pero se trata de una aventura que tiene que ser compartida, estimulada, reconocida.

Y sabe usted cuál es la inteligencia más importante de todas: sin duda la capacidad de adaptación al cambio permanente, de recursos y situaciones, que nos exige nuestro tiempo.

Y eso ya lo decía William James, a principios del siglo XX, en su libro "Democracia y Educación".

Precisamente ese es el perfil que buscan ahora las empresas en sus futuros trabajadores: inteligencia y capacidad de adentrase, con valentía, seguridad y eficacia, por los nuevos territorios que se abren hacia el futuro.

 

¿Qué podemos hacer, entonces, para propiciar comportamientos inteligentes en escolares y adolescentes?

1. En lo intelectual hay que ayudarles, sin agobios, a que sean capaces de analizar y reflexionar, y de ordenar y expresar su propio pensamiento.

2. En lo estético: hay que animarles a ser sensibles a las manifestaciones artísticas, visitando con ellos museos y exposiciones, llevándoles a eventos musicales y a espectáculos teatrales adaptados a la edad y haciéndoles notar siempre la belleza allí en donde se encuentre, en la creación humana, de cualquier tipo, o en la propia naturaleza.

3. En lo ecológico: mostrar con nuestro ejemplo cotidiano cómo se puede ser una persona respetuosa con el medio ambiente y defensora activa y comprometida de su integridad.

4. En lo psicológico: hay que enseñarles el camino para actuar como personas sensatas y equilibradas, dueñas de sí, solidarias y abiertas a la comprensión de los demás; con sentido de la libertad propia y ajena y con la autodisciplina necesaria para alcanzar la superación personal y el conocimiento; invitándoles a la satisfacción que ofrece un trabajo hecho con rigor y calidad.

Hay que ayudarles a resolver sus conflictos de forma constructiva con empatía y asertividad enseñándoles a tomar decisiones.

5. En lo cívico: hay enseñarles a actuar como ciudadanas y ciudadanos defensores de la paz, e la tolerancia y la convivencia solidaria, comprometidos con su sociedad y con su tiempo, sin perder en ningún momento un ápice de sentido crítico.

6. En lo social: hay que animarles a que se conviertan en personas comprometidas con la igualdad, la diversidad y la diferencia en una sociedad sin barreras para las personas de buena fe.

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