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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 12 de noviembre de 2019

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La estrategia de la sorpresa

Yo no sé por qué se tiene, en la actualidad, esa extraña idea de que el "cole" es un rollo. Pero lo que sí que sé es que se tiene; prácticamente todo el mundo lo piensa.

 

Sin embargo, el hecho de que lo piensen los niños, francamente, no me parece tan preocupante; pero que lo piensen los profesores, eso sí que me preocupa bastante, la verdad. ¿Por qué digo esto? Pues porque son los profesores, en mayor medida, los capaces de convertir el colegio en una fuente divertida de saber, de autorrealización y de fomento de buenas personas. Un niño no puede implantar el en aula una metodología abierta, lo hace el profesor. Un niño tampoco puede proponer juegos matemáticos en vez de más y más resoluciones de algoritmos, también habría de hacerlo el profe; un niño no puede decir "¡Qué cada uno lea el libro que quiera, o escriba sobre el tema que prefiera!", no, porque, al parecer, el libro o el tema ha de elegirlo el profesor.

¿Qué quiere decir esto? Pues que conseguir que el cole deje de ser un rollo, tanto para profesores como para alumnos, está en mano del profesor. Y con un poco de imaginación y ganas, sabiendo unas cuantas estrategias o pautas, y escuchando la opinión de los que, supuestamente, "están debajo tuya", entonces, lo conseguirá.

De esta forma, si lo piensas detenidamente, te darás cuenta de que aunque el cine sea considerado como más divertido, esto no tiene por qué ser siempre así. Es así porque es en lo que nosotros lo hemos convertido. Porque, si lo piensas otra vez aún más detenidamente, sí que te darás cuenta de que el cole, en sí, es un lugar en el que se encuentran veinticinco niños juntos, de la misma edad, con la misma energía y con las mismas ganas de jugar y aprender, y esto, guiado por un profesor, puede ser magnífico.

Pero, aunque todo esto sea utópicamente perfecto, ¿cómo podemos hacer que el cole sea divertido?, ¿cómo, si nunca hay suficiente tiempo? Pues, por ejemplo, yo propongo dos formas.

Una de ellas está centrada en la importancia de la motivación; si el alumno está motivado y quiere aprender, aprende, a como dé lugar (porque sin motivación nunca se va a dar un verdadero aprendizaje significativo), y además, está tan atento, tan centrado, tan curioso, que todo lo que se haga en el aula, va a ser pedagógico al 100 %; son esponjas, ¿no? La otra forma es algo más práctica y tal vez, si cabe, algo más simple, pero muy útil sin duda. A esta última idea la podríamos definir como "la estrategia de la sorpresa"...

Y ahora, antes de continuar, querría haceros una brevísima reflexión. Si seguís leyendo todavía, es porque os ha interesado, y si os ha interesado, estáis vosotros también cayendo en la estrategia de la sorpresa. ¿A qué me refiero con esto? Pues simplemente a que cuando a un ser humano le dicen que mañana o luego o si sigue leyendo, se encontrará con una sorpresa, pues sencillamente sigue leyendo, ¿por qué? Pues porque le pica la curiosidad por lo nuevo, e irá motivado a por lo que venga. Esto es lo que en educación se llama "educar mentes curiosas". Si tú consigues que los niños/as tengan curiosidad por aprender, entonces serás un gran maestro/a, porque has conseguido la motivación intrínseca en su aprendizaje; has conseguido que adquieran la tan difícil y a la vez tan importante, competencia de aprender a aprender.

"Chicos, mañana os tengo una sorpresa." Esta frase puede causar multitud de consecuencias en un aula, ¿se os ocurren?

Si las respuestas son del tipo "¿qué será, habrá examen sorpresa?", o "voy a repasar esta tarde, porque mañana se va a dedicar a poner negativos", entonces, tal vez su educación, hasta ahora, ha sido algo preocupante, ¿no? Siguen una pedagogía del miedo, su fuente de motivación es evitar la mala nota; no aprender o curiosear sobre el saber. De esta manera no aprenden, sólo memorizan para el día del examen.

Si, por el contrario, las respuestas son del tipo de "buah, mañana toca peli", o "¿nos llevará al laboratorio?, espera... ¿hay laboratorio?", entonces, sus profesores, tal vez, no han salido demasiado de la educación reglada, hecho que tampoco parece demasiado recomendable... esto, por ejemplo, queda muy bien reflejado en la bonita frase de Benjamín Franklin: "Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo ".

Sin embargo, sea cual sea su primera reacción, nos será favorable, porque estarán muy atentos y llenos de energía al día siguiente. Más aún, cuando vean que la sorpresa no consiste en un examen, o en preguntar, o...o...o, sino que consiste en una sorpresa, una sorpresa de verdad, divertida y simple, no sabéis, entonces, la favorable predisposición que habéis conseguido que exista por su parte. Habréis conseguido un aprendizaje activo por su parte.

Entonces, cuando lleguen a clase y se encuentren con una gran caja, de la cual el profesor/a no hace comentario alguno, será una sorpresa. Y más aún, cuando, tras preguntarle, él/ella se sorprenda y conteste "¿ésa? no sé, ¿no es vuestra?... ¿queréis que la abramos?" y al abrirla nos lleve a una cantidad ingente de libros, de entre los cuales podremos elegir uno para adivinar de qué va la historia, y luego leerlo (el que ellos hayan elegido) y comentarlo frente al resto de la clase... u otro día, al llegar a clase, los niños/as se encuentren con un mini-huerto en el alféizar que haya que descubrir... o se encuentren con un ordenador encendido en el que se viaje por dentro de un "torrente sanguíneo", subido en un glóbulo rojo... o... o... o...

Y, ¿por qué esto es bueno? Pues porque todos los días van a ir los niños/as entusiasmados a clase, para saber cuál es la sorpresa de hoy, porque cada día es distinta, y cada día más novedosa. Y ellos saben que aunque un día no les guste tanto, o un día vengan con menos ganas a clase... eso dará igual, porque el clima de la clase que habremos creado de esta manera, es un clima de aprendizaje, distendido, en el cual se puede participar y se aprende del error, no se penaliza. Esto favorece una educación inclusiva totalmente. Además, ¿os suena el "learning by doing" de Dewey? Pues es otro punto más a favor de esta estrategia.

Todo esto que yo os acabo de proponer no es sino fruto de una tarde de domingo pensando en cómo motivar a mis alumnos. Con esto quiero decir que todas estas ideas, muy parecidas o totalmente diferentes, tienen cabida en el aula para conseguir que los alumnos disfruten; puesto que es solamente disfrutando como se puede, de verdad, adquirir un aprendizaje significativo. Y estas ideas no son mejores, es más, seguramente puedan ser peores, que las que se les pueden ocurrir a cualquiera de vosotros, sólo hay que pararse a pensar cómo romper la rutina, cómo sorprender... puesto que esto les motivará a ambos: a los alumnos/as, pero también, a los profesores/as.

Y todo esto, os puedo asegurar, es mucho más motivante y divertido tanto para unos como para otros. Si no, todo sería un "rollo", ¿no?

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