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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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Telepatía, misterio y neurociencia

Las nuevas fronteras de la ciencia del siglo XXI se sitúan en la línea que delimita los grandes misterios de la mente humana. Y entre ellos uno de los enigmas más desvelados, más secretos y más ocultados desde hace ya mucho más de un siglo. Fue en 1882 cuando aparece por vez primera en la historia, y de la mano de F.W. Henry Myers, de la Society for Psychical Research, el término "telepatía". Años después, y bajo los auspicios de esta misma sociedad, surge, en 1886, una obra sobre el tema que llevaba un título curiosamente significativo "Phantasm of the Living" (Fantasmas de los vivos). E. Gurney, F.W.H. Meyers y F. Podmore, fueron sus autores.

 

Tal vez continuando con los primeros experimentos nazis sobre telepatía y telequinesia, el interés creciente por este fenómeno procede desde los momentos en que la guerra fría exigía investigaciones científicas ultra secretas. Se trataba de experimentos que se realizaban, incluso, desde el espacio exterior, cuando los primeros astronautas soviéticos orbitaban la tierra. Era el laboratorio perfecto para ponerse en la vanguardia de conocimientos. La telepatía, junto con la telequinesia, se había convertido en un campo prioritario de investigación.

Se trataba de adquirir ventajas de comunicación y de información, mente a mente, sobre un enemigo, en aquel entonces irreconciliable.

Su étimo griego se compone de dos palabras τηλε (tele) que significa lejos, y πάθεια, patheia, que curiosamente quiere decir afecto o emoción, raíz que se encuentra en palabras como simpatía o empatía. Y no en vano, porque tal vez esos aspectos emocionales podrían resultar decisivos para facilitar este tipo de acontecimientos psíquicos. ¿Podría en algún momento vincularse este fenómeno con la inteligencia emocional? Probablemente sin este tipo de vínculo afectivo-emocional, aunque no sea claramente manifiesto, resultaría mucho más difícil el contacto y la comunicación mental entre personas.

 La telepatía en efecto, consiste en la transmisión mental de ideas o sentimientos entre dos o varias personas. De ahí que haya sido considerada como una forma de percepción extrasensorial y se haya vinculado a la esfera de los llamados fenómenos paranormales, entre los que se situarían también como aspectos similares la precognición o la clarividencia.

La abundancia de diseños experimentales, en contextos exclusivamente "domésticos", para poder probar fenómenos telepáticos no ha dado, hasta el momento, resultados suficientemente relevantes. Pero tal vez la mayoría de estos intentos "parapsicológicos" olvidan aspectos científicos que pudieran resultar imprescindibles para producir este tipo de situaciones.

La objeción de que las magnitudes bioeléctricas cerebrales no serían suficientes para posibilitar la transferencia de emociones, sentimientos o informaciones más claras y precisas tiene un fundamento evidente.

Pero no se tiene en cuenta que, en la actualidad, la ciencia del cerebro dispone de recursos suficientes para amplificar su potencial. Ya podemos con la mente transmitir información a un sistema informático para que éste, a su vez, pueda poner en marcha mecanismos robóticos situados al otro lado del mundo. ¿Si podemos transmitir información de esta manera porqué no podríamos disponer de recursos telepáticos cercanos?

Es por otra parte más que probable que la comunicación entre diferentes zonas cerebrales pueda trascender la vía "neurona a neurona" y utilizar formas energéticas extra-neuronales para transferir y enviar información sin la necesidad de disponer de soporte celular inmediato. Ese campo energético, del que quizá se sabe ya más de lo que podemos imaginar, y aún por definir (¿de carácter Bio-electromagnético quizá?), podría facilitar la conexión, "vía fantasmal" con otros receptores cerebrales.

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