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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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Berlín 1928. El Berlín que pudo ser

Un viaje en el tiempo de "einnova geográfica" con Chaves Nogales y Alfred Döblin.

 

En 1929, Manuel Chaves Nogales, de quien hemos tratado ya en esta revista, publica un compendio de reportajes que había escrito - el año anterior - para su periódico "Heraldo de Madrid", bajo el título "La vuelta a Europa en Avión"; en un Junkers de la Deutsche Luft-Hansa. Era un momento en que muy pocos privilegiados podían permitirse una proeza semejante. Era un momento en el que resultaba espectacular que un periodista oteara, en un periplo aéreo sorprendente, el panorama espiritual de la Europa de 1928.

Desde Madrid hasta el mar mediterráneo y de allí, por tierras de Francia, atraviesa Suiza y alcanza Berlín. Posteriormente, tras sobrevolar diez mil kilómetros sobre suelo ruso, llega a Moscú, desde donde surca los cielos soviéticos hasta el Cáucaso. Visita Bakú, Georgia, y vuelta hacia España, pasando por Venecia.

Para E-Innova Geográfica hacer esto hoy día sería algo prácticamente extraordinario; pero si algo nos resulta especialmente interesante es que se trata de un testimonio en primera persona de alguien que con sus reportajes no sólo nos traslada por el espacio aéreo de Europa sino que nos permite también viajar, con él, en el tiempo.

Y visitar con él el Berlín de 1928, la misma ciudad que Alfred Döblin describiera, en el mismo año y de manera novelada en su "Berlín Alexanderplatz": "Ein Berliner Roman" que significa el nacimiento de la primera novela moderna alemana.

Una obra destacada del futurismo berlinés que aparece publicada, también en 1929, y que fue convertida rápidamente en una serie radiofónica y llevada al cine dos años más tarde por Phil Jutzi : Berlin-Alexanderplatz (1931) cuya ubicación política se orientaría poco después, en 1933, hacia el partido Nazi, bajo cuyo régimen llegó a ser un prolífico director, llegando a realizar casi 50 películas, entre 1933 y 1941.

También Werner Fassbinder llevaría Berlín Alexanderplatz a la gran pantalla.

La ciudad de Berlín había sido ya objeto de la curiosidad de la cámara cinematográfica en 1928. Se trataba de la genial película dirigida por Walter Ruttmann: "Berlín: sinfonía de una gran ciudad" (Die Sinfonie der Grosstadt") Es una pena que se haya perdido su banda sonora con lo mejor del Jazz de la época.

El film reproducía la vida berlinesa durante todo un día de primavera, desde el amanecer hasta la caída de la noche, un día metropolitano de incesante movimiento de ruedas, émbolos, poleas, bielas, motores que expresaban la estética cinemática de una visión con tintes futuristas. La película estaba en los carteles cuando Chaves Nogales visita Berlín.

Era el tiempo, 1928, en el que la actriz, fotógrafa y cineasta, Leni Riefenstahal realizaba en un estudio berlinés, su ciudad natal, su mejor autorretrato: el de una mujer que haría las mejores apologías cinematográficas del régimen nazi y alcanzaría la edad de 101 años.

Era el Berlín de la República de Weimer, el de los espectáculos de cabaret, el de las caricaturas políticas, de la libertad de expresión y de costumbres, Berlín cosmopolita de razas, creencias y culturas diferentes, pero en el que se levantaba como una advertencia - en la Auguste-Victoria Platz - uno de los elementos más significativos de la idea de un imperialismo que persistía, a pesar del destierro del káiser. Y que en el corazón de muchos se afianzaba tratando de imponerse sobre las libertadas republicanas.

Era la iglesia erigida a la memoria del Káiser Guillermo (Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche) en el centro de la urbe moderna, entre la Kurfürstendam y la Tauentzienstrasse.

Chaves Nogales no podía sospechar siquiera que aquella gran iglesia neogótica y neorromántica fuera años más tarde, con su alta torre quebrada entre las ruinas, el símbolo del recuerdo de un Berlín que habría de desaparecer. La iglesia del recuerdo (Gedächtniskirche )

Nuestro periodista y escritor sevillano Chaves Nogales se vio deslumbrado, como Döblin, por la obsesión futurista de la gran metrópolis, en donde las máquinas de las múltiples fábricas en continuo movimiento y junto al ajetreo constante las masas populares, describían un paisaje fascinante y novedoso.

Desde "einnova geográfica" queremos impulsar un ciclo sobre cine, fotografía y literatura sobre aquel Berlín que nunca pudo ser, una ciudad moderna y modernista, de la que, tras el vendaval de fuego, destrucción y muerte, ya no quedaría casi nada, apenas algunas manzanas de casas de la época. Las podéis visitar ahora.

Lo que sí ha permanecido, cuando paseas por Berlín, es una extraña sensación de paz y bienestar, como si tanto sufrimiento hubiera dejado sobre el ambiente de la ciudad de hoy una armonía luminosa que hace que los visitantes vivan su particular dejá vu, con la convicción de que siempre estuvieron allí, de que el espíritu de la ciudad no les es ajeno, ni distinto; es como si esa metrópoli, en la que nunca antes habían estado, hubiera sido siempre su ciudad, la que visitara Chaves Nogales y fuera testigo de las andanzas de Franz Biberkopf.

Verdaderamente la ciudad joven y rejuvenecida en la que, al margen de los nuevos poderes dominantes, nadie se siente extranjero.

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