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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 8 de agosto de 2020

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Eidetismo: los niños y los preadolescentes, en ocasiones, ven fantasmas

La imaginería eidética consiste en la posibilidad de "volver a ver" con absoluta claridad sensorial y con una gran sensación de realidad, escenas, fenómenos u objetos que anteriormente fueron percibidos, durante algún tiempo; poseen una gran calidad pictórica, incluso más rica que otras imágenes propias de la memoria. Esta situación se da raramente en los adultos pero suele ser relativamente frecuente en la infancia, a los cuatro años en más de un 60%, aunque si el niño es muy pequeño la fiabilidad del testimonio es dudosa.

 

Suele ser bastante normal que los pequeños, desde una edad bastante temprana, tengan tendencia a vivir con intensidad los acontecimientos propios de su imaginación de una forma altamente representativa. Y, como son incapaces de controlar esa imaginación mágica, la situación suele venir acompañada de reacciones de angustia, miedo y ansiedad, ya que el niño cree en la apariencia de realidad de tales representaciones.

A veces la imagen mental sirve como símbolo personal, tal es el caso de los "amigos imaginarios" que forman parte también de estas creaciones eidéticas en la infancia, pero en este caso el compañero suele ser un alter ego aliado y amigable, en otros casos puede evocar un sustituto protector de la figura paterna,

A veces se puede proyectar sobre un juguete - un muñeco de peluche - con el que se establece una comunicación, o simplemente sobre un fantasma que "habla" moviendo los dedeos de la mano como si fueran labios. Tal y como se refleja en una de las escenas de esa gran película que lleva por título "El resplandor" (1980) dirigida por Stanley Kubrik y magistralmente protagonizada por Jack Nicholson, Shelley Duvall y Danny Lloyd, en el papel del niño, el film está basado en la novela homónima de Stephen King.

En los niños autistas suele ser relativamente frecuente comprobar este tipo de comportamientos.

 Los amigos nacidos de una imagen mental suelen aparecer en la vida entre los 4 y los 5 años, pero en algunos casos pueden acompañarles más tiempo. A veces se trata de un personaje que representa un papel compensador, incluso, de las incertidumbres y temores infantiles.

 Pero también puede ser una característica típica de los estados de conciencia alterados en la pre-pubertad (entre los 10 y los 14 años), edades en las que hasta más de un 40% los sujetos se manifiestan eidéticos.

Debido a este fenómeno los preadolescentes pueden revivir con una visión muy realista secuencias cinematográficas de alto contenido estresante o terrorífico. Si unimos esto a un desarrollo emocional intenso - propio de la edad - no será difícil enfrentarnos a una crisis nerviosa de difícil explicación para quienes no se encuentren informados de este tipo de fenómenos.

La percepción eidética suele aparecer de manera espontánea, viene acompañada de perturbaciones emocionales y fácilmente puede provocar en los niños más pequeños auténticos terrores nocturnos y que no hay que confundir con las alucinaciones hipnagógicas de las que hablaremos en otra ocasión.

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