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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Miércoles, 18 de septiembre de 2019

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Libertad en Marte

Jonas despertó helado y con el cuerpo dolorido. Sabía que la criogénesis tenía esos efectos en el cuerpo humano, pero nunca los había sufrido hasta ahora. Jonas sintió cómo dos pares de manos fuertes lo sacaban de la cápsula criogénica con rudeza. Mientras parpadeaba, sus ojos lloraban por la cegadora luz blanca, que iluminaba la sala. Tras un esfuerzo sobrehumano, pudo al fin Jonas ver dónde se encontraba: era un pequeño cuarto de paredes blancas de metal, totalmente vacío de muebles. Al mirar hacia arriba vio dos enormes soldados de rostros duros que lo sujetaban y le inmovilizaban los brazos. Jonas soltó un leve suspiro; estaba tan débil que aunque quisiera, no podría escapar. Miró hacia delante: en la pared frente a él había un hombre, vestido con uniforme de gala almidonado, con su pelo blanco cortado a cepillo y de mirada dura, fumándose un cigarrillo mientras lo observaba con interés académico.

-Bienvenido a Marte, señor Jonas Balde -dijo el oficial mientras tiraba el cigarrillo al suelo y lo pisaba con su bota-. Yo soy el procurador Molgar.

-¿M... ar... te? -consiguió balbucear Jonas mientras asimilaba lo mala que era la situación-. ¿Qué... hago... en... Marte?

-Es verdad, no lo sabe -dijo  Molgar poniéndose en cuclillas para poder mirar a la cara de Jonas-. Es usted un traidor y por eso ha sido traído aquí, señor Balde.

-Se me condenó... a trabajos de mantenimiento... en la Luna -respondió con la voz rota por el esfuerzo Jonas-... ¿Por qué se me ha traído aquí?

-De cara a la opinión pública se le condenó, como usted dice, a diez años de trabajos en la Luna -respondió Molgar con una gélida sonrisa-. Pero la triste verdad es que ha sido traído aquí para trabajar como un esclavo hasta el fin de sus días, señor Balde.

-Pero eso viola... los tratados de derechos humanos -gritó Jonas, mientras la enormidad de la situación llenaba su mente-... ¿Por... qué yo?

-Es muy sencillo: puso en ridículo al gobierno de la República Solar, al denunciar las atrocidades de la guerra de Venus -contestó con tranquilidad Molgar mientras se ponía en pie y le daba la espalda a Jonas-. ¿Acaso creía que se iba a librar gracias a la opinión pública, señor Balde?

Antes de que Jonas pudiera responder, el procurador Molgar se giró y le dio una patada en la cara. El dolor helado que sentía Jonas, pasó a convertirse en un dolor ardiente mientras era golpeado brutalmente sin parar por el procurador Molgar.

Jonas se despertó aterrado y confuso. Otra vez los recuerdos se agolpaban en su cabeza. Siempre le venía el mismo sueño, una y otra vez recordaba el primer día, en que había llegado al infierno conocido como Marte. Pese a llevar ya cinco años, aún buscaba el modo de escapar de aquella maldita roca polvorienta. Se sentó con cuidado en su camastro y miró el oscuro barracón donde dormían los esclavos, recordando y pensando si mereció todo esto poner en entredicho a la República Solar. Sabía que hoy tendría que luchar cuando empezara el motín. Estaría preparado para meterle al bastardo del procurador Molgar una bala entre ceja y ceja.

-¿Está todo listo? -preguntó Jonas casi susurrando a los rostros que le miraban ocultos por la oscuridad del barracón.

-Sí lo está, Jonas -respondieron varios de los presos-. Esperamos tu orden para empezar el motín.

-Entonces empecemos ahora, mientras duermen los guardias -ordenó Jonas poniéndose en pie y estirándose-. Avisad al resto de barracones. Hoy Marte arderá.

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