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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Viernes, 22 de febrero de 2019

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William Hope Hodgson, el maestro olvidado

Existen personajes en la historia de la Literatura que, por más que algunos se empeñen en afirmar lo contrario, jamás han recibido el reconocimiento y el respeto que sus obras han demostrado merecer. Ese es el caso de William Hope Hodgson (Blackmore End, 1877), escritor inglés, hijo de Samuel Hodgson, pastor anglicano, y su mujer Sarah Brown. El pequeño William era el segundo hijo de un matrimonio que engendró doce hermanos, un muchacho endeble y como demostraría más tarde, con una imaginación prodigiosa. La ocupación de su padre obligaba a la familia a viajar constantemente, circunstancia que acostumbró al joven a renunciar a los apegos materiales y lo inspiró sobremanera, sobre todo al visitar lugares como la remota localidad de Galway, un paraje estremecedor ubicado en la escarpada costa occidental de Irlanda. Para muchos de sus seguidores, la sugerente belleza de tal ubicación geográfica desencadenó en la mente del joven Hodgson la ocurrencia de escribir The house on the borderland, titulado en España La Casa en el Confín de la Tierra (Chapman and Hall, 1908), probablemente su gran obra maestra.

Cuando la influencia de su padre, a través de sus discursos religiosos, ya había hecho mella en el joven Hodgson, éste, aterrado por llevar una vida rutinaria y heredar el empleo de su progenitor, decidió -con sólo 13 años- escapar de su casa para enrolarse en la Marina Mercante. Aquella decisión tan arriesgada sin duda marcaría para siempre la vida del muchacho, condenado a sobrevivir lejos de su familia, a enfrentar la ruda vida del marino y a ir improvisando su destino al tiempo que se curtía en experiencias.

Después de que un familiar de William intermediara con la Marina -dada su corta edad-, el pequeño Hodgson fue admitido como grumete, y a partir de ahí comenzó a sufrir las pesadas bromas de la tripulación. Bromas que después se transformaron en malos tratos, motivo por el cual, el autor de Essex aprendió defensa personal. Se tomó tan en serio el hecho de aprender judo que llegó a ser un atleta, mejoró su forma física y ello le deparó seguridad y confianza.

Pasaron cuatro largos años de aprendizaje en el mar, años en los que el intrépido William descubriría, bajo la luz de las estrellas y en  la cubierta del barco, su verdadera vocación. Aquella juventud desarraigada, aquella soledad mordiente, unidas a su imaginación y su memoria, florecieron un universo literario verdaderamente malsano e imaginativo en su interior.

En 1895 se matricula en una escuela naval, y ello le permite, unos años más tarde, ascender hasta el rango de tercero de a bordo y decide volver al mar. Llegó a servir durante ocho años en la British Merchant Navy, tiempo en el cual dio -al menos- tres veces la vuelta al mundo. Es sabido que William era un tipo valiente, siempre se prestaba como voluntario para realizar las operaciones más arriesgadas, algo que quedó constatado al recibir una condecoración al valor, entregada por la Royal Humane Society, tras salvar de una muerte segura a un primero de a bordo que cayó en unas aguas infestadas de tiburones. Otra de sus pasiones floreció en sus largas estancias en alta mar, la fotografía. Como empujado por querer atrapar la belleza paisajística que lo rodeaba, se aficionó a la fotografía, hasta tal punto que llegó a construir una cámara oscura y revelar sus propias impresiones. Pero hastiado por el pobre salario, por las confrontaciones constantes con los marineros y la dura vida en el mar, decide abandonar el trabajo como marino e instalarse a vivir en Blackburn, cerca de Liverpool, no sin antes quedar marcado indeleblemente por todo lo vivido en los océanos.

Ya en tierra firme, comienza a escribir relatos inspirados en sus vivencias marinas, a desarrollar historias fantásticas enraizadas en leyendas que había escuchado en sus múltiples viajes alrededor del mundo, y a crear toda una letanía de personajes y situaciones que, en muchos casos, tenían su origen en el folclore oral moderno.

En 1902, y como intento por ganarse la vida lejos del mar, crea una escuela para culturistas; en ella, además de ejercicios físicos para muscularse, Hodgson imparte clases de defensa personal para integrantes del cuerpo de policía de Blackburn. Comienza a sacar partido a sus aficiones y experiencias, dando conferencias sobre las tormentas en el mar que son magistralmente ilustradas por él mismo a través de las numerosas fotografías que conservaba. Escribe artículos sobre el mar, la fotografía y el ejercicio físico que imparte en su escuela, y tiene la suerte de que sus conferencias y artículos tienen mucho más éxito que su escuela, motivo por el cual la escuela fracasa y su trabajo con conferencias ilustradas quedará reflejado posteriormente, en el ejemplar de noviembre de 1907 de la revista Putnam's Monthly bajo el nombre de Through the Vortex of a Cyclone.

Durante sus años al frente de la escuela, Hodgson compaginó su actividad docente con colaboraciones en revistas como The Strand Magazine, Shadow's Magazine o Nautical Magazine, y es entonces, debido a la venta de algunos artículos, que ve una posibilidad de vivir mediante la literatura. Ya en el año 1904, William decide dedicarse plenamente a la literatura, y ese mismo año publica su primer relato The Goddess of Death, en la revista Royal Magazine. Por ese trabajo cobró 28 dólares. Sus comienzos como literato fueron de lo más duros, ya que en una carta enviada a un amigo, Hodgson confesó haber recibido el rechazo de los editores hasta en 421 ocasiones. Pero su afán de superación y su tesón característico no le permitieron desistir en su empeño y en 1905 ve la luz su siguiente relato A Tropical Horror, publicado en la prestigiosa revista The Grand Magazine y compartiendo número con autores de la talla de Sheridan Le Fanu y H.G. Wells. En 1907 publica quizá el que es su relato más famoso, The Voice in the Night, y además, debido a su constante trabajo, publica su primera novela, The Boats of the "Glen Carrig" (Chapman & Hall, Londres), una historia sobre el naufragio de un grupo de personas en el Mar de los Sargazos, momento en el que devienen unos extraños acontecimientos. William consigue sobrevivir escribiendo y gana el favor de los críticos.

Tanto en su primera novela como en sus relatos, William Hope da forma a todo un universo de fantasmas, presencias informes, aberraciones marinas, otorgando una importancia capital al mar y sus misterios. Ese estilo oscuro y místico en los argumentos y su extraordinaria facultad para crear una atmósfera tan densa como aterradora, son los rasgos que más tarde acabarían por destacarlo de todos sus coetáneos. Pero fue con su segunda novela, curiosamente desarrollada en tierra firme, con la que dejaría una huella imborrable en el género: La Casa en el Confín de la Tierra. Dicha obra reúne todos los factores que lo han convertido en un clásico: una mansión deshabitada en un lugar inhóspito y sometido a fuerzas extrañas, la soledad de un hombre y los inquietantes acontecimientos que suceden, incluyendo una especie de viaje astral, alucinación o viaje en el tiempo que pudo ser la influencia de Arthur C. Clarke a la hora de terminar su novela 2001: Una Odisea en el Espacio.

Parece demostrado que la influencia de Hope Hodgson alcanza desde el propio H. P. Lovecraft, autor al que sus propios editores bautizaron como discípulo de Hodgson, hasta C. S. Lewis, David Lindsay, Sydney Fowler u Olaf Stapledon. Toda una generación de escribientes del terror y lo sobrenatural que quedó marcada por el buen hacer  de este marinero metido a escritor.

Es cierto que Hodgson recibió duras críticas, tanto en vida como tras su muerte, críticas que apuntaban a cierto sentimentalismo barato impregnado en sus historias, sobre todo encabezadas por un enconado Lovecraft, autor que en igual medida lo elogiaba que lo criticaba, pero lo cierto es que el sello de Hodgson es indudable en autores posteriores.

Como curiosidad, llama la atención que una de las visiones del protagonista de La Casa en el Confín de la Tierra sea la de unos hombres-cerdo, la misma aparición que en su relato The Hog; su biógrafo, Sam Gafford, apuntó que pudo ser debido al simbolismo bíblico del cerdo que su padre le había inferido mediante sus sermones.

La siguiente novela de Hodgson será en 1909 cuyo título es The Ghost Pirates (Stanley Paul, Londres), un regreso a los terrores marinos. Dicha historia narra la existencia de un barco maldito a la deriva; en ella se representa el mal como algo inenarrable y opresivo. William siguió escribiendo multitud de relatos y publicándolos en diversas revistas. Uno de sus personajes más populares es Carnacki, un detective de lo sobrenatural que es protagonista de hasta nueve relatos. En uno de ellos Hodgson utiliza toda su sabiduría naval y su experiencia en tormentas eléctricas en el mar, y plasma todo ello en su relato The Haunted Jarvee.

En abril de 1912, Hodgson publica su novela más ambiciosa, The Night Land: A Love Tale (Eveleigh Nash, Londres); 538 páginas donde mezcla la ciencia ficción con el terror más puro llevando a un protagonista enamorado en busca de su amada a través de una tierra apocalíptica. En dicha novela, la humanidad sobrevive refugiada en el interior de metálicas pirámides que sirven para guarecerse de bestias informes.

Pero en el año 1913, Hodgson cumple un viejo sueño y se casa con Betty Farnworth, la mujer que ha sido su amor de toda la vida. Durante los próximos tres años su producción literaria se ve bastante mermada con respecto a años anteriores, y sin embargo, durante ese periodo, publica tres series de relatos.

Vive unos años en Francia, pero con el estallido de la I Guerra Mundial regresa a Inglaterra, allí ingresa en una academia preparatoria de oficiales y aprovechando el rango que ya ostentaba, accede a ser alférez de artillería, por lo que es enviado en seguida al frente. Hodgson lucha valientemente pero en una contienda en Ypres (Bélgica), es alcanzado por una granada de mano alemana que lo descuartiza y muere en 1918 a la edad de 41 años. Los pedazos de William son enterrados en un cementerio belga, y poco después de su muerte, tanto él como su obra se hundieron en el olvido.

Aparece alguna publicación póstuma, pero parece que con su desaparición su obra va quedando obsoleta para el gran público, hasta que gracias al esfuerzo de Herman C. Koenig se reedita su novela The Ghost Pirates en el volumen Famous Fantastic Mysteries. Y gracias a eso, su relato The Hog aparece publicado en la revista Weird Tales. Gracias a esa providencial aportación del americano Koenig, el escritor August Derleth compra en 1946 para Arkham House los derechos de las cuatro novelas de Hodgson, y consigue manuscritos originales cedidos por la hermana del desaparecido William. Gracias a eso en el año 1967 se publica Deep Waters, conformando una de las mejores colecciones de cuentos de fantasmas en el ámbito del mar.

El popular cineasta Alfred Hitchcock adapta para la televisión en 1958 el relato The Voice in the Night, el relato de Hodgson que a su vez es adaptado al cine con la película Matango (1963) de Ishirô Honda.

R. Alain Everts, Sam Gafford y Sam Moskowitz se encargan de recopilar y publicar datos, narraciones inacabadas, manuscritos inéditos y restauración de textos de Hodgson en un intento por preservar su valioso legado.

Hodgson escribió cuatro novelas, decenas de poemas publicados conjuntamente bajo el nombre de The Poems of the Sea y decenas de relatos. A continuación expongo un listado de ellos:

The Voice in the Night (Una Voz en la Noche)

The Gateway of the Monster (La Puerta del Monstruo)

The Whistling Room (La Habitación que Silbaba)

The Derelict (La Nave Abandonada)

On the Bridge

The Island of the Crossbones

Demons of the Sea

The Haunted Jarvee (El Embrujamiento del Jarvee)

The Hog (El Cerdo)

By the Lee

Captain Dang

The Crew of the Lancing

The Find (El Hallazgo)

The Finding of the Graiken (El Descubrimiento del Graiken)

The Habitants of Middle Islet (Los Habitantes de la Isleta Middle)

The Heathen's Revenge

The Horse of the Invisible (El Caballo de lo Invisible)

Indudablemente hay que reconocer la valía de un autor que fue precursor de la narración fantástica y de terror. Un hombre que se construyó a sí mismo, autodidacta, que fue etiquetado como narrador de terror materialista, pero nada más lejos de la realidad: escribía y describía situaciones pesadillescas, plagadas de criaturas de difícil descripción. En todas sus historias, lo inefable, lo arcaico y lo extraño moran, reptan, se deslizan como una lenta niebla; encarnan el mal como una enfermedad invasiva, corrosiva.

Ese miedo cósmico a lo desconocido es un arma de destrucción masiva en manos de un demiurgo como Hodgson. Injustamente olvidado por el gran público, cien años después de su trágica muerte, su truncada y prometedora carrera literaria sigue suscitando ríos de palabras.

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