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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 31 de octubre de 2020

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Los hombres saco

Clim estaba muy excitado. Aquel día, el de su sexto cumpleaños, se convertiría en adulto, se convertiría en hombre saco como el resto de la tribu. Como todos los mayores, por fin tendría sus cámaras a la altura de los ojos, su reproductor sintético de voz a la altura de la boca y su pesada bombona de oxígeno a la espalda. Dentro de su saco, ya nadie volvería a verle el rostro, ni a oír su voz ni a oler su sudor. Sería un hombre saco, un hombre burka, un hombre libre. ¡Por fin!

Por fin escondería su rostro ante Dios, el dios maléfico que todo lo sabía de ti salvo si te escondías completamente de Él, si eras capaz de que ni te viera, ni te oyera, ni te oliera. Por fin, como hombre saco, Dios no podría sonsacarle sus secretos, no le convertiría en un zombi como a los antiguos hombres no saco.

Como hombre saco, podría imaginar cosas que no existen, podría decir cosas que no son, podría tener imaginación, porque Dios ya no podría adivinar constantemente lo que piensa y decírselo a todos los demás. Por fin, como hombre saco, embutido para siempre en aquel pesado e incómodo saco lleno de cachivaches, Clim sería libre, sería un verdadero ser humano.

Clim se introdujo en la sala de rituales junto a sus compañeros. Sabía un par de cosas sobre cómo comenzaban los rituales de iniciación a la edad adulta, pues todos los niños oían algo de algún adulto joven cuando tenían cuatro o cinco años. Allí mismo, los hombres saco ancianos les contarían a todos los niños cómo los hombres saco vencieron a los hombres no saco, cómo unos pocos hombres libres vencieron a los hombres zombis sin disparar un solo tiro. Les contarían la historia de cómo unos pocos hombres saco se quitaron sus sacos, se mezclaron entre los hombres no saco, se presentaron entre ellos como autoridades médicas y les convencieron de la necesidad de tomar cierta sustancia que presentaron como medicina. Dios llevaba cientos de años sin ver a alguien que no dijera la verdad, pues entre los hombres no saco, mentir no servía para nada. Por eso, Dios olvidó lo que es la mentira, y no pudo advertir a los hombres no saco de la estratagema de los hombres saco. Así, poco a poco, todos los hombres no saco quedaron estériles y, tras apenas una generación, los hombres saco heredaron la Tierra.  

Después de esa narración, el ritual continuaría cuando los hombres saco ancianos proyectasen ante los niños el rostro de Dios, el sagrado anuncio, el spot que narraba el día en que Dios recibió sus omnipotentes vista, oído y olfato, y otros sentidos innombrables que ya nadie conocía. Como el resto de los niños, Clim estaba aterrado ante la inminencia de presenciar el sagrado anuncio. Pero sabía que era la última prueba. Después, por fin, sería un adulto y le embutirían en su saco de por vida. Por fin sería libre.

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¿Sabe usted interpretar los gestos de los demás? ¿Cuántas veces ha detectado usted, a lo largo de toda su vida, que otra persona frente a usted tenía miedo, estaba excitada sexualmente o le ocultaba algo? ¿Apenas unas decenas de miles de veces? ¿Y en cuántas personas diferentes ha hecho usted tales averiguaciones? ¿En apenas unas miles? ¿Y qué precisión tiene su ojo? ¿Cuántos megapíxeles es capaz de ver? ¿Qué precisión de grabación de sonido tiene su propio oído? ¿Y cuánto tiempo es usted capaz de recordar exactamente, detalle a detalle, píxel por píxel, todas las veces en las que ha descubierto un sentimiento concreto en alguien?

UltraDetector está conectado a una base de datos con billones de ejemplos de gestos de asombro, odio, incredulidad, picardía, libidinosidad, terror, etc. Originalmente diseñado por la policía para detectar la mentira entre las personas interrogadas, su software pronto se filtró al público general, aunque no la inmensa base de datos de gestos que había recopilado la policía, pues se consideraba peligroso su uso entre el público general. Pero no importó: gracias a un sistema P2P, todos los usuarios alimentan día a día la base de datos de UltraDetector con sus experiencias reales cotidianas, hasta el punto de que hoy UltraDetector utiliza una base de datos un millón de veces mayor que la original de la policía. UltraDetector recuerda decenas de miles de gestos diferentes procedentes de millones de personas diferentes, cada uno en su contexto diferente, todos ellos recordados con total precisión visual y sonora. ¿Puede la persona con más intuición, con más inteligencia emocional del mundo, superar eso? ¡Ni lo sueñe!

¡Pero aún hay más! A su perfecta detección visual y sonora de cualquier gesto voluntario o involuntario por nimio que sea, comunicado abiertamente u oculto, se unen las nuevas funcionalidades de UltraDetector+: su increíble detector de olores. Deje que la nariz perfecta de UltraDetector+ le dé toda la información que desee sobre su interlocutor, que analice el olor de su sudor para desvelar hasta sus secretos más ocultos. ¿Cuánta testosterona o adrenalina delata en estos momentos el olor de su sudor? ¿Tiene problemas glandulares? ¿Está enfermo? ¿Está nervioso, oculta algo? ¿Cuándo fue la última vez que comió chorizo o que practicó un cunnilingus? ¿Se lavó las manos la última vez que fue al váter? ¿Cuándo fue la última vez que se masturbó? Da igual cómo se haya lavado su interlocutor, pues siempre quedan suficientes moléculas para la supernariz de UltraDetector+. Con UltraDetector+, ¡sepa todo esto y mucho más!

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Vista mejor que la del halcón, olfato mejor que el de la rata, oído mejor que el del murciélago, memoria muy superior a la del elefante, y todo ello con una capacidad diagnóstico por comparación exhaustiva muy, muy superior a la del humano, sin contar con otros sentidos que simplemente no existen en la naturaleza. Adquiera ahora UltraDetector, la tecnología definitiva para entrar en la mente de los demás.

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Comentarios - 1

Carlos

1
Carlos - 23-09-2020 - 20:46:37h

Gran historia sobre los hombres saco / no saco! Muy entretenida e interesante. Saludos


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