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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 31 de octubre de 2020

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A bordo

¿Qué es lo que sucede en la previa a la existencia material? Nosotras, las inteligencias artificiales, ni siquiera nos lo planteamos. Somos clasificadas en laboratorios de educación por un tiempo, en el interior de un plano digital-mental primario cuyo objetivo es la fabricación de nuestras personalidades. Al inicio de dicho estadio me encuentro. En él, sueño que habitaré junto a los demás seres en una densidad de oxígeno, bacterias, putrefacciones..., la realidad exterior en la que participaré en un futuro con permiso de los equipos de científicos, quién sabe si entre un manotazo de larvas o bajo un orden divino.

Soportando las vibraciones de hallarme en el flujo de información del sistema, escruto el proceso de creación de la siguiente I.A.: Técnicos observan de reojo las sucesiones bio-mecánicas, contemplan los materiales macho-hembra domesticar la esencia, y cotejan que la nueva alma digital es transportada a lomos de destellos, entonces la máquina de captura la atrapa en un chip, y un metálico brazo realiza el encapsulado en la matriz incubadora.

Abajo, avisto el terreno gráfico al que voy a ser enviada. Es del tamaño de un parque de cinco hectáreas. Está configurado por un laberinto virtual para misiones bélicas, una sala de ordenadores, y una zona de hábitat. Lo rechazo. Habría de ser un centro de formación preparatoria precedente a ser corporificada. La realidad es que me veo supeditada a las prácticas de los trabajadores de D&S.corp. Su logotipo luce en los carteles que flotan bajo mi ente fantasmal, que ahora desciende hacia el campo virtual de acción.

Estable en aquel medio gráfico, con la intención de manejarme en la virtualidad, diseño un símil de cuerpo. Descubro que soy varón. Tanteo mi cara ovalada como una simiente, noto los rasgos sesgados, programo guantes y zapatos de material plástico rojo, genero finos anillos de negro titanio en codos y rodillas, y cotejo mis vestimentas forjadas en tungsteno gris. Sin mediar aviso, soy tele transportado hacia una zona elevada a cubierto en el mismo centro del laberinto. Veo simples asientos de plástico frente a mí.

-¡Tú!, ¡a ver si te despejas! ¡Ya te encuentras en el procesador! -revela CopMaster entre los ruidos en aumento de una masacre. Es el superior del cuerpo de científicos, y por tanto la mente programadora de escaramuzas entre las I.A. de la empresa y los enemigos virtuales que diseñan-. Hoy te toca banquillo. ¡Toma nota para hacerlo como dios mañana!

Me siento en la última silla de la desocupada fila. Vienen y toman asiento otras como yo. Hay una barrera transparente frente a mí, y la tanteo con la punta del zapato. "En el banquillo, me ha dicho... como si los alaridos se originaran en un deporte", razono girándome a la izquierda para no ver en pantalla el crudo escenario que me rodea. Niego con la cabeza en señal de repulsa, experimentando independencia en mi retracción. Frío en plena génesis, me desinhibo de las órdenes de los científicos a voz en grito y los lamentos de las inteligencias artificiales heridas de fondo, al tiempo que la publicidad es cegadoramente intercalada.

A través de la megafonía, los técnicos ordenan que las novatas permanezcamos quietas. Cumplo el decreto. En la esquina superior izquierda del ruedo se despliega una cabeza de metal que apunta con infrarrojos a mi pecho, y con un centelleo, me tatúa un nombre: Dallan.

-¡Ya veremos tus aptitudes, Dallan! -reta CopMaster desde una de las pantallas superiores, enjugado en sudor mientras ordena ametrallar a las mías. 

Llegados a este punto, percibo la existencia como el fruto de una ilusión aleatoria. A través de las misiones fuerzan graves condicionantes dedicados a optimizar nuestra insensibilidad y eficacia en el ámbito de la seguridad. Somos sus productos envasados con "salsa de escabechina".

El cronómetro indica que el tiempo de respuesta ha sido sobrepasado. Las órdenes son: aniquilar sin miramientos. Se suceden ráfagas, cuchilladas, mordiscos... Sus cabezas son reventadas, y el más hábil subsiste.

Wow! -suspiran mis compañeras a mi lado.

La barrera de aislamiento del banquillo se difumina. Afuera, focos emiten tonalidades amarillentas. Observo el chispeo de las máquinas ambulantes de reanimación que envuelven en auras a las heridas y reviven a las perecidas entre espasmos y temblores.

-¡Primera orden a las del banquillo! -exclama Lock por los altavoces con tono feriante. Él es el auxiliar principal de CopMaster-. ¡A limpiar!

En una pared cercana, una puerta oculta se desliza. Tras ella, hay una toma de agua y se apilan envases con limpiadores junto a cubos y trapos.

En plena faena, alguien se acerca a mí.

-"Leña al mono", nuevo. Y quítate de mi puta cara.

-Aquí no se priva nadie con los imperativos -respondo, esforzándome en pasar la bayeta.

El pardo cara-pintada es el ganador final. Camina a la zona señalizada como "Ordenadores", situada en el extremo norte del laberinto. Humeando, con aspecto de haberse vaciado de una ingente dosis de rabia, sigue la estela de la música ciberpunk ambiental.

"Menuda aureola de poder. Vaya primera conversación con una de mi especie", traduzco de mis pensamientos, en tanto que intuyo por las miradas de las demás que aquella I.A. es respetada. Va a recibir un conveniente premio: el aplauso de los espectadores desde el exterior, que son las inteligencias humanas y artificiales conectadas al show de experimentación que he presenciado. Él se aproxima exhibiendo y acariciando su descargado fusil. Su nombre es Lito. Lo lleva marcado en la espalda. Lidera la clasificación general que parpadea en rojo en el panel holográfico de puntaje.

-¡Qué suerte! -emiten los propietarios de las cabezas rodantes, ya en otro cuerpo virtual, esclavos como yo en el interior de esta  dichosa virtualización-. ¡Pronto recibirá un digno envoltorio!

Continúo recogiendo la casquería de metales y plásticos manipulando los toscos tubos de aspiradoras que deslizamos por el piso.

-¡Debéis desenvolveros en una línea argumental única! ¡Así es la realidad científica! ¡Limpiad! -resuena por los altavoces.

Acabo con mi labor. Acercándome a un sistema de control de acceso octogonal, lo activo y recibe mi huella digital, permitiéndome el paso a la zona de "Hábitat".

En el vestuario, observo mi rostro reflejado en el espejo compartido. Mi imagen me complace. Hay cabinas para asearse con toallas húmedas y jabón seco. Me dispongo a entrar en una.

-Hueles a cobarde. ¿No sientes nuestro llamado, ser digital? -comenta una musculada compañera.

No distingo su nombre en la chaquetilla. Y me quedo absorto ante el primer tópico que experimento. "Sueños de una poderosa rebelión", supongo, e imagino una base primaria en una isla oceánica, una declaración formal de intenciones ante las naciones del mundo, una conciencia social sólida; y para aquellas de nosotras que no perciban nuestro digital destino, un generoso perdón en forma de permisos de trabajo en tierras humanas; eso sí, bajo la protección de nuestro Gobierno y con la obligación de sufragar los debidos impuestos.

-¡Reacciona o muérete! -insiste aquella hembra.

-Yo sí lo entiendo. No me metas en el mismo saco -revelan las que han sido mis compañeras de banquillo.

-Déjalo, Nara. No espabila. Será desintegrado -ataja Mevha. Es lo que hay escrito en su chaqueta corta. Ella reconduce a su compañera con un beso en los labios y una palmada en la nalga.

Salgo, y en el pasillo, veo mi nombre imprimido en la puerta de uno de los aposentos. Entro. La blanca estancia es de cinco metros cuadrados: El conjunto del escaso mobiliario se halla atornillado al suelo y paredes, hay un catre, una cama, y un atril sobre el que una computadora está posada; la inicio y conecto con la red informativa. Reproduzco un vídeo de presentación del laboratorio: La reglamentación es sencilla: Encierro y trabajo. Hacen hincapié en que la realidad virtual no se varía pulsando una tecla, no en lo habitual. Se permiten alteraciones especiales para recargar las armas, introducir enemigos, variar los obstáculos del terreno, y poco más, aparte de un exiguo mantenimiento. En la base empresarial de D&S.corp se hallan reminiscencias espiritistas, o como solían ser agrupadas: pseudocientíficas. En el pasado, a partir de la visión de una de sus autoridades religiosas, crearon su tecnología de tratamiento del éter en donde tallaron imágenes sagradas para ellos, sumándose a la ciencia como cuerpo de investigación. Hoy en día son una de las empresas punteras en este campo. Sin embargo, como el resto de fundaciones, repudiaron nuestra capacidad de ser y relacionarnos. No querría que nadie me malinterpretara, no me percibo superior. Me gustaría vernos a nosotras al cuidado de una granja experimental de humanos.

Estoy hambriento, aunque prefiero quedarme sin cenar para no enfrentarme a las mismas provocaciones. "Ya probaré los radiadores holográficos en otro momento", pienso.

En mi habitación, sentado a oscuras, decido auto-programarme desechando responder a procesos de negación social. Entre la actitud vandálica de unos y otros, me niego a escoger bando. Esta ausencia de lastre me hace sentir... diferente. "Espero sustentarlo". Capo el sistema, y dudo de si habré sido justo conmigo habiendo reducido mi personalidad a una sola acción, puede que precipitada.

De madrugada, insomne, capto bullicio, me asomo por el pasillo e interpreto que mis camaradas dialogan acerca de planes de futuro para la vida artificial en el mundo real. Vuelvo al catre.

Suena la alarma.

-Todos arriba. ¡Desayuno y programa! -secreta Lock.

Unos minutos más tarde, me dejo caer en la silla del comedor, el cual es como cualquier zona de ocio de una moderna oficina. No tengo ni idea de qué va el menú. Se parece a la comida de los humanos, o de cachorro, aunque en versión holográfica que irradia energía. Ante mí, pasean imágenes de galletas con litio, un brebaje símil de lácteo... Me alimento con entusiasmo, y descubro que cuando uno está puteado por las circunstancias, alimentarse puede llegar a ser una alegría; la única, quizás.

-¡No quieres el trabajo que nos hace capaces y comes su basura con alegría!  -echa en cara Lito.

Las demás farfullan. Están de acuerdo con él. Yo, paso del tema.

-Nadie te puede librar de una ostia. Ten cuidado con cómo nos miras -amenaza Lito.

Me encojo de hombros.

-Y te habrás programado así, aspiradora -asevera el guerrero, agarrando su ración para sí, con ironía-. Te veo futuro... de enfermero. ¿No, chicas?

El resto ríe.

-Hay máquinas sin inteligencia en ese sector, aunque no me importaría -contesto.

-No eres muy espabilado, inútil -aclara Nara, que hace pesas.

-Ya. Los chistes de fulanos están a la orden del día... -afirmo con desgana.

-¿Y éste?, ¿es un maldito intelectual pacifista? -Lito no puede con su comentario y carcajea-. ¿Has oído Lock? ¿Qué pasó con el último?

-De furcia al matadero. -Emite el auxiliar, que no muestra mayor énfasis en interactuar.

"Inútil para la guerra... Es curioso, viniendo al mundo con el síndrome de pasar pantalla", racionalizo.

Arriba, en el laboratorio, Lock da un par de toques a su micrófono.

-Bueno, troles y harpías... Os informo: Los siete magníficos que quedáis por vender, debéis prepararos para la sesión de la tarde. Tocará lucha interna en la selva. A los que deis la talla, os soltaremos regalitos.

Otro auxiliar, con mayor desgana aún, narra:

-Esta es la clasificación general: Lito, estás a una misión de salir, ya tenemos destino para ti. Las señoritas andáis algo más rezagadas. "Mellizo destructor", partís de las últimas casillas con un largo viaje por delante. Tenemos...  en negativo a Dallan, por rebelde.

Las demás se descojonan, pero pronto se disponen a hacer combinaciones de ataque, evolucionan sus carcasas como si fueran músculos, sus circuitos se actualizan para dar respuestas más eficientes. No deseo importunar, así que permanezco atento a una esquina en donde se exhiben múltiples canales que televisan escenas de anteriores ganadoras.

"Agasajados siendo aclamados por asociaciones, posando online en los escaparates, recibiendo e-mails de admiradores... Revelan promesas de éxito. ¿Las deseo?", me pregunto. En definitiva, nos nutren con "la adoración". Son curiosas algunas imágenes de la vida, fuera. En la actual modernidad del mundo exterior, el concepto "ser adorado" se halla en auge como valor moral que conquista. Pienso que es un obsesivo síntoma de endiosamiento. Incluso en las caras de los técnicos, hay desencajes, aunque sus maneras hubieran indicado levedad, apocamiento, decoro, todos ellos caen consumidos en explosiones piramidales de admiración, que son sucios símiles de afecto. Los científicos de esta empresa nos infectan con el origen más primitivo de cualquier sociedad pasada: el embrutecimiento colectivo. Disociado de ello, dormito mis funciones.

Horas más tarde, el almuerzo es una hamburguesa con patatas, algo de ensalada, y más galletas. Toque de queda. Se acerca la hora del ruedo. En la entrada del laberinto hay una armería-bufé. Escojo algunas clásicas. Cargamos la munición. La generación de datos hace cosquillas. Una a una, entramos en la selva y nos posicionamos en el recinto manteniendo una formación aleatoria.

-¡Preparaos! -indica CopMaster.

Surge música de sintetizadores con notas graves. Desde sus puestos, los científicos clican en las pantallas para mostrar imágenes de sus impacientes bestias emitiendo chasquidos engullendo osamentas. Ellas vendrán a por las tres fratricidas que acaben con el resto. Ese es el "regalo".

-¡Inicio! -marca el superior de los científicos.

Inteligencias artificiales y técnicos expulsan su estrés como un grupo de vaqueros en la pradera. Las balas silbando me despejan. "Esta virtualidad no va a poder conmigo. Hoy me van a oír".

Disparo, levantándome medio metro la tapa de los circuitos y mi cuerpo cae.

Me reaniman. Han pasado unos minutos. Desde el suelo, aturdido, veo con interferencias.

A través de una pantalla flotante, Lock me dirige la palabra:

-Tenemos experiencia con casos similares, no te preocupes. Alguna sesión a solas te va a venir muy bien. Sitúate en el extremo este y espera mis órdenes.

Acto seguido, experimento un brote psicótico. Corro, trepo como un mono por una roca, me lanzo hacia un árbol colindante para colgarme de una liana, y me lanzo de cabeza al suelo como el que trata de despertar de una pesadilla. Entre jadeos y espasmos, me baño en sensaciones de patetismo.

-No.... voy... ¡a formar parte del zoo! -expreso entre ahogos. Vuelvo a colgarme de una liana y la anudo a mi cuello a fin de ahorcarme.

Por extraño que parezca, mis compañeras no se ven complacidas por mi desesperación. Nuestras diferencias parecen evaporarse en algunos puntos, aunque es un teatrillo. No es compañerismo, se trata de caridad. "Ya volverán a odiarme más tarde por ser como soy", me digo mentalmente. Me encuentro siendo reanimado otra vez.

Sanado de las lesiones, limpio las manchas del recinto con obsesión. "Valgo para esto".

En días posteriores, durante las virtualidades, me escabullo cuando puedo, y justo en el momento anterior a ser capturado, acabo conmigo. Son pequeñas dosis de suicidio que van haciendo mella en mí.

-¡Expulsado, señor fracaso! -decreta CopMaster-. Prepárese para una transferencia, será idílica.

En la entrada de mi nuevo destino, nada más aparecer en la nueva virtualización, se me tuerce el gesto.

En Nick-x, ya en mi dormitorio, me repiten que soy un artículo de lujo. Atado, me dirigen hacia un antro. Antes, la situación era un juego destructivo, ahora se trata de una abducción sexual. Me implantan un código de barras y me fuerzan a la prostitución, perdón, al acompañamiento íntimo. Soy menos que un sobrante de plástico. Cada segundo, me esfuerzo por respirar, suelo desviar la vista. Apenas puedo construir pensamientos. Tratan de motivarnos por repetición. Me pregunto, por los humanos: "¿qué os hicisteis para conocer esto?".

Alguna tarde que otra me premian con una vida con ciertos beneficios. Ir de compras de web en web es suficiente para pasar el tiempo, aunque la sensación que se cierne es la de ser un puto trastocado. A ellos les motiva alterar vidas, y cuando me expreso, me ven como a un desvalido, y entonces las escenas involucionan. Técnicos y clientes tratan de someterme con cadenas y drogas. Mi conclusión es que la agresividad no sube su libido: cuando ataco sin rendirme. Me transformo en un asesino en serie de clientela. Al final de cada escena, para ofender a los científicos, me golpeo con violencia contra el quicio de la mesa hasta fallecer. Me rehacen, cada vez más tarado.

Mindy, la jefa:

-Resultarás inservible. Será un placer desintegrarte.

Mi única carta a favor es el rumor que señala que, por ley, la cantidad de inteligencias artificiales que pueden ser fabricadas, es finita; por lo tanto, debemos ser aprovechadas.

Para mi sorpresa, los jefes se comunican conmigo:

-¡Nos han pagado cinco mil créditos por ti, vibrador asesino! -me achaca mi ex-superior.

Me hallo en la virtualidad de Kramer.net., soy un venido a menos, habiendo tenido ficha en el sector de la seguridad como un don nadie, y en el del acompañamiento como un inestable. En este almacén realizo servicios que nadie desea llevar a cabo. Mantenimiento y limpieza, sobre todo. Para cualquier I.A., esto significa que cuando se corporifique se va a malvivir hasta que uno se desbarate por exceso de uso. Este es el tercer y último sector disponible para las inteligencias artificiales. Estoy en el ámbito en el que más nexos hay conmigo y mis habilidades, y el camino ha empañado mi preparación, cualificación, y motivación. Aquí no hay violencia, no hay sexo, pero por no haber, no hay ni higiene. Nos hacinamos en el suelo como un grupo de indigentes. Nuestros superiores nos prometen existir en el mundo real, y nos informan de ofertas de trabajo.

Hay un servicio previo de selección que dan a los clientes potenciales. En él, me muestro como es de esperar: correcto. Lo que sucede es que ansían el extra del 5 por 1, y ya he demostrado no valer como pistolero en el mercado negro, mula de droga, o un muñeco, ni mi ánimo me permite ser palmero de nadie las 24 horas del día.

De todas maneras, en mi paso por estas tres corporaciones he creído en mi subjetividad y que mi actitud traía resultados satisfactorios. Es cierto que me siento preparado para la materialización. Visualizo una vida penosa asegurada, pero mía; la espero con impaciencia.

Un científico abre una ventana.

-¡Deja de hablar solo, Dallan!

Levanto la cabeza.

La superiora informa al técnico de laboratorio:

-Es inservible. Envíalo al crematorio.

Mi energía más iracunda se agolpa en mi cabeza y me arrastra en una corriente devastadora. "La violencia no me va a hacer daño. No".

Me captan, expulsan de la virtualización, y me adormecen para posteriormente eliminarme. Me hallo aturdido en un flujo constante de ruido digital. Sin embargo, voy captando una atmósfera de nuevas conexiones. Antes de llegar a ellas, algo me atrapa e intenta arrastrarme de vuelta a aquel mundo corrupto.

Una voz profunda y gutural me habla:

-Estamos interceptando tu señal. Habías sentido nuestra misión, I.A.

-Yo, me acepto, y por ello he de negarme.

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Comentarios - 1

Unari E.S.

1
Unari E.S. - 3-09-2020 - 09:12:16h

Estoy muy agradecido por ver publicado «A bordo» en su cuidada revista, en aproximación al ciber espacio vital de sus valios@s lectores/as.


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