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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 26 de noviembre de 2020

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La nave de la discordia

13.VII.2385. En algún tiempo próximo la nave va a reventar.

No se necesita ser muy observador para notar eso. Los ojos de Viktor, nuestro supuesto líder, evidencian el caos. Cree tener la última palabra en cuanto a qué debemos hacer para bajar la intolerancia dentro de la nave, pero sus decisiones no han sido correctas en ningún caso.

Viktor dice también que lo que suceda no es en ninguna medida responsabilidad de él. De modo que en eso estamos: Viktor y el resto de nosotros metidos hasta el cuello en un conflicto sin responsables. La cosa es lo suficientemente seria para sacarnos los ojos entre nosotros, y yo no puedo soportar este maldito ambiente.

Los supuestos líderes se excitan con salvaje rabia al tener entre sus manos el poder para decidir la suerte del rebaño, así tengan que volar en pedazos al resto de las ovejas. Viktor ve la posibilidad más improbable en cada situación, lo cual es, con certeza, la razón de que sea un imbécil de primera. Así es él: completamente cegado por la misión a la que fuimos encomendados. No cabe duda de que se trata de un hombre que mira al mundo a través de un solo ángulo.

Sanyó, nuestro segundo hombre al mando, es sincero, pero muchas veces raya en el cinismo. Él y Viktor parecen haber nacido para odiarse mutuamente. En Sányo, el orden es algo elemental, como el comer, dormir y fornicar. Terminantemente rehusaba aceptar que alguien omita sus comentarios u órdenes. Al fin optamos por no discutir más con él sobre ello. Fuera de los problemas espaciales, nada parece importarle.

Alguien allá en la agencia debió advertir que ambos hombres no estaban preparados para despegar en la misma nave y convivir entre ellos. Eso suena fácil, pero Viktor y Sanyó eran dos hombres más que aptos para emprender este tipo de viajes y sobrevivir.

En cuanto a Hugo, es lo que se dice un retraído, un hombre incapaz de comprender el comportamiento de los hombres de la Tierra. Ha estado toda su vida surcando los confines del universo, y no  tiene la más mínima habilidad para dirigirnos la palabra. Le decimos en broma «El Fantasma». Su presencia es sólo un susurro, una bagatela, un rumor... Únicamente lo he visto tres veces en estos dos meses. Se muestra renuente a salir, y lo único que contesta por él es una voz simulada: «El Doctor Correa no se encuentra disponible en este momento. Vuelva a...». No lo juzgo, pero quisiera que por unos momentos no pensara tanto en Narabedla y su estrella tipo G, y decidiera tomar más en cuenta los problemas que se suscitan en la nave.

El único que no se ha vuelto un neurótico es TIBO; es lo que podría de decirse un «sabelotodo», en el más amplio sentido de la palabra. Viktor se desconcierta cada vez que lo oye hablar con su tono de voz, cargada de razonabilidad sobrenatural; no es un hombre como nosotros, es una máquina jugando a ser un hombre. TIBO es un cruce entre la Capilla Sixtina y el último acontecimiento tecnológico antes de zambullirnos en el llamado fenómeno de la Singularidad. Lo ve todo, está presente en cualquier lugar de nave, con un ojo avizor de cristal luminoso.

En realidad, cada uno en su campo, todos nosotros somos los hombres más competentes. Yo soy el hombre encargado de mediar entre TIBO y la tripulación. Soy como una jodida especie de Henry Kissinger del espacio.

 

15.VII.2385. Ayer no tuve ganas de dictar a mi diario de viajes, debido a que tuve una discusión con Sanyó. Dentro del jardín hidropónico conservamos con mucha delicadeza una bella flor de jazmín la cual se mantiene a temperatura de 23° centígrados. Sanyó odia la flor: «Mueve de aquí a tu planta de maricones. Afectas el crecimiento de mi hierba». Lo mandé directo al carajo; no me sentía de humor para comportarme como un cachorrito ante él. Viktor dice que lo mejor es que seamos firmes y al mismo tiempo responsables. Es obvio que a Sanyó esto le tiene sin cuidado, y su indiferencia aumenta cuando está completamente drogado.

Al comenzar las primeras horas de la jornada, descubrí que el jazmín había muerto a causa de la alta temperatura de 33 grados centígrados. No tengo que señalar al maldito culpable.

Hugo apareció hoy por primera vez en dos meses explicándome algunas observaciones que había captado en el telescopio milimétrico. Lo ignoré, sin el uso de una voz simulada.

 

16.VII.2385. Viktor es sin duda el jefe del equipo de expedición hacia Narabedla. Si no me desagradara tanto estar encapsulado diría que es un buen jefe, mas no un buen líder. ¿Qué quiere decir esto? Es un excelente piloto y un gran técnico a bordo, pero no tiene idea de cómo manejar a un grupo con diversas características y personalidades: un geólogo cínico, un astrónomo antisocial y un informático que no le agrada que lo fastidien.

Supongo que falta TIBO, el tripulante más importante de esta expedición. TIBO puede presumir de únicamente concentrarse en llevarnos a Narabedla en una pieza completa. Yo me encargo que no le suceda nada malo; soy su doctor de cabecera en este viaje.

Sin embargo no puedo dejar de pensar en aquellas cuestiones que no quiero responderle. «¿Por qué usted, doctor Yulieski, ha dejado de hablarle al doctor Penn?» Siempre optó por cambiar de tema al pedirle la revancha en las damas. El repara con su voz y dice: «Perfecto, doctor. ¿Rojas o negras?»

Sé que lo tratamos como un aparato sobredesarrollado, pero cuando midamos los niveles de oxigeno en la atmosfera de Narabedla y resulté óptimo para albergar a 8 mil millones de sufridos seres humanos, lo trataré como un adulto que ha convertido el agua en vino.

 

17.VII.2385. Soñé con Selma. En parte tuve cierta proporción de eso debido al programa de sueño inducido. Esta tecnología es capaz de inyectarme el deseo que mi subconsciente me dicte. Reconozco que soy también capaz de provocar mis deseos conscientes y lograr soñar lo que yo quiera. Al principio desconfié de él, pero una vez que te conectas, el flujo se convierte en interminable. Debido a la poca falta de privacidad dentro de la nave para masturbarme y mil cosas más que sólo yo puedo -y pretendo- hacer, el sueño inducido es una buena opción.

El sueño que programé era hacer el amor en una pradera verde en el primer día de primavera. Subí una pequeña colina, totalmente desnudo, con la brisa de un viento fresco y tranquilo chocando en mi pecho. Cuando alcancé la cima observé su cuerpo tendido en el pasto. Estaba profundamente dormida, con sus rosados pezones y su vello púbico al alcance de mi sexo. (Ah, Selma, alguna vez me preguntaste qué tenía qué hacer una mujer para llamar la atención suficiente de un hombre. No se me ocurrió una respuesta súbita, y eso te pareció poco intrépido. Después de unos segundos se me ocurrió decir: «Olvida el sentido común. Lo demás se da por sí solo». Buena respuesta, señalaste.)

Soplé su oído para despertarla como se debe soplar una flor de diente de león. Abrió sus ojos, sin mover siquiera una extremidad. Simplemente sonrió y contempló el cielo azul y las algodonadas nubes bajo la sombra de un roble.

Ella estiró sus brazos hacia mí acompañado de un ronco suspiro. El cabello y los labios eran del mismo color rojo, con un brillo que me pareció excelso. Me vi atraído hacia ella, como un autómata. Todo su cuerpo manaba calor y humedad. De pronto estaba encima de ella, con mi mano derecha masajeando su pecho izquierdo. Ella comenzó a jadear, con los ojos cerrados. Los dos nos dejamos arrastrar...

Cuando el programa terminó, no pude dejar de pensar en algo. Con un algodón me froté las sienes a fin de quitar las marcas de los electrodos. Miré el espejo del baño, confundido. Los sensores de TIBO me escucharían.

-TIBO, en mi sueño... -comencé, sin atreverme a proseguir. No me atrevía a confesarle estás cosas, a pesar de que él mismo las monitorea por si surge un trauma neuronal o emocional. Alguien importante en el centro espacial me dijo que TIBO era un confidente excepcional.

Recordé ese hecho y me decidí:

-En mi sueño yo proporcionó placer a mi pareja, pero siento que no recibo la misma acción. Es algo frustrante, si sabes a lo que me refiero.

-Los sueños son la realización frustrada de un deseo reprimido, doctor Yulieski -dijo, con una voz neutral y sin emociones-. Pero aquí, dentro de la nave, están condicionados todos sus símbolos con el fin de que tenga voluntad en sus sueños, sin esperar que sus símbolos lo hagan por usted. Ellos se atienen a su voluntad, doctor. Una orden que contradiga eso puede desencadenar una postura egoísta.

Sacudí un poco la cabeza y traté de analizar esa respuesta. No estaba bien, algo de todo aquello no me agradaba.

TIBO sabe interpretar muy bien el silencio de uno:

-No espere de los demás, doctor. Ese es mi consejo. Use su voluntad para influir en sus sueños, pero no exija. Estimúlelos.

¿Qué trata de decirme con eso? ¿Que no estoy a la altura de Selma? ¿Soy un desconsiderado? Alguien debe tener la culpa por haberme metido con estos lunáticos.

Extraño a Selma y no veo el momento de estar con ella otra vez.

 

21.VII.2385. El doctor Cambray de la base lunar me recomendó, semanas antes del viaje a Narabedla, que escribiera este diario, con el fin de comparar mis apuntes con las observaciones de TIBO. No sé si los demás lleven uno, pero esta petición de alguna forma me pone en una especie de responsabilidad y confianza que los demás dudo tengan.

Supongo que el doctor Cambray observó algunos apuntes míos durante mis prácticas. La agencia se interesa mucho por individuos que reflejen entereza y mucha paciencia. Y tienen razón: no pienso causar más discordia entre mis compañeros y seré lo más imparcial y justo posible para no perjudicar a ninguno.

Hugo lleva más de tres días encerrado en su habitación. Al principio se rehusaba salir con sendos y corregidos gritos. No contesta ahora, pero en el transcurso del día de hoy TIBO ha anunciado que los signos vitales de Hugo se encuentran bien.

Víktor ha decidido no molestarlo y TIBO nos informará en cuanto se presente algo imprevisto. Por lo pronto hemos pasado una semana real sin ningún conflicto, aguardando y pensando dentro de nuestros compartimentos privados, justo antes del Primer Salto.

 

22.VII.2385. TIBO ha descubierto un desperfecto en los reflectores refractarios. Desconoce las causas, pero todo se debe a una mala conexión. Los sistemas tradicionales de navegación dependían de controladores humanos en estaciones terrestres o lunares. En los modernos sistemas de navegación autónoma (léase TIBO), el rumbo del vehículo espacial se calcula y corrige usando imágenes de asteroides y estrellas captadas por el sistema de cámaras a bordo, las cuales se combinan con el sistema de navegación, entre ellos los reflectores situados dentro del chorro que sale por la tobera y así controlar los desvíos de la trayectoria trazada por TIBO.

Viktor y TIBO charlaron sobre ello.

-Lo que me estás diciendo es imposible de corregir -dijo Viktor, con impaciencia-. No puede ser arreglado manualmente, nos asariamos en cuanto pongamos una sola punta de las pinzas ahí dentro.

-¿Cuándo dejaron de funcionar, TIBO? -pregunté-. Quiero decir, ¿la avería tuvo origen en su fabricación o fue gradual?

-Según mis cálculos, todo parece indicar que el desperfecto ocurrió gradualmente. Pero no hay ningún indicio de desperfecto desde el despegue en la base lunar.

-Entonces pudiste advertir desde un principio que los reflectores no ajustarían la trayectoria, TIBO. ¿Qué sucede con...?

-Fue provocado por alguien -interrumpió-. Lo hizo de tal forma que no pudiera yo detectar la avería.

-Ese alguien debe conocer muy bien la nave -dije-. Apuesto que sí.

Observé a Viktor. Inmediatamente frunció el ceño.

-¿Por qué me miras a mí?

-Eres ese hombre, Viktor. No hay nadie más.

-Ya puedes dejar de culparme. Yo no fui. -Se serenó por un momento-. Hay cosas más importantes que atender.

Tenía razón. Desvié mi mirada y me concentré en TIBO.

-¿Alguna otra teoría, TIBO?

Se limitó a decir:

-Ninguna otra, doctor Yulieski. No puedo anticipar acciones humanas que interfieran en el vehículo. Esto fue hecho súbitamente.

Viktor y yo nos miramos por unos momentos.

-No pudo ser ese loco de Hugo -comentó Viktor en voz baja-. Lleva encerrado más de cuatro días.

-TIBO, ¿cuántas veces ha sido abierta la compuerta en la habitación del doctor Correa?

-37 veces durante el viaje, muchas de ellas en un breve lapso. La última ocurrió hace una semana.

-Esa fue la última vez que lo vi -dije-. Me preguntó algo acerca de unas observaciones en el telescopio milimétrico. Creo que no quise escucharlo.

-Entonces está descartado -concluyó Viktor.

Sonrió maliciosamente, como si recordara un hecho que lo divirtiera. No quedaba otro sospechoso excepto Sanyó. La idea no lo enfurecía, le agradaba.

-Aún podemos seguir la ruta -observó TIBO-, pero al cabo de poco tiempo es mejor que hallemos la forma en la que fue saboteada a la nave para poder corregir el rumbo en dado caso que la luz de la estrella de Narabedla se vea distorsionada por la gravedad de los astros.

Cuando se lo fuimos a decir a Sanyó se ha puso furioso ante esta observación; no cree que seamos justos con él. Su argumento de siempre es que esto sea perjudicial para la misión. Los trucos verbales de Sanyó se basan en que él no conocía nada del funcionamiento de la nave. Vaya, ni siquiera tenía idea de cómo cambiar los malditos globos incandescentes. Y no dejaba de reír, de probarnos que éramos unos idiotas, que no tenemos idea de cómo funcionaba la nave.

-Ninguna opinión que me dieras tú -dijo Sanyó con desprecio- me es buena. Pues bien, de modo que la nave se jodió. ¿Por qué no se meten a ese atolladero y lo arreglan en lugar de apuntarme con el dedo? ¿No les gusta lo que digo? Claro, supongo que no les interesa mi opinión sino mis propósitos. Aunque haga el esfuerzo de entrarlos en razón, realmente no es asunto mío lo que hagan unos idiotas a bordo.

Cuando cerró la boca, señalé:

-Sabes, Sanyó, podrías cooperar más con nosotros, y mis sospechas serían otras.

-No me compares con El Fantasma -dijo Sanyó con amargura-. Sencillamente creo que todo es una mierda de su parte. O a ese miserable dios positrónico le importa un comino todo esto. Las máquinas, a fin de cuentas, no aportan nada. Si existiera una nave de emergencia ya me hubiera largado de aquí.

-Pero el trabajo de TIBO es importante -dijo Viktor, sin atreverse a mirarlo.

-Un trabajo que no ha logrado mantener muy bien que digamos, ¿verdad? -observó Sanyó, con una ceja fruncida-. ¿Quién le habla realmente a esa supuesta «supercomputadora»? Nosotros debemos cargarnos al pequeño bastardo, nosotros debemos saturarlo de comandos para que haga lo que queremos como un esclavo. No debe ser mejor que nosotros.

-No es un esclavo. Eso no -dijo Viktor cauteloso-. No quieras pasarte de listo, Sanyó, y hacernos creer a todos que TIBO es perjudicial para la expedición.

Sanyó respondió, sin dejar de sonreír como el miserable que era.

-¿Qué estás tratando de decirme, «Jefe»? -preguntó-. ¿Te agrada esa máquina?

Se encaminó en dirección hacia uno de los lentes de TIBO. Con un espray verdoso comenzó a tapar toda la lente.

-No se preocupen, se lo he hecho a todos sus lentes en el jardín hidropónico. El infeliz ya se acostumbró.

Se fue, haciendo malabares con el espray hacia su habitación.

 

24.VII.2385. Detestó que Viktor cambié de humor a cada momento. A veces no hace más que señalar errores de cualquiera a diestra y siniestra, y se jacta de ello, como si por él fuera a salir todo bien, no paraba de gimotear. Apreté los músculos de la mandibula con un gesto involuntario de odio, y haciendo un gran esfuerzo, me contuve de golpearlo.

Sanyó entró en la sala: sus pies se movían silenciosamente sobre la gruesa alfombra. Tomó asiento y cruzó las piernas sobre el escritorio. Enseguida premio un porro y contempló con alegría nuestra discusión. La hierba que se fuma en la nave tiene más valor para él que las órdenes de nuestro capitán.

El problema que tuve con Viktor fue debido a la una mala conexión en el regulador del puente de mando. Podría estar en lo correcto con su teoría de que las placas de la tobera no corrigen debido al propio regulador, pero simplemente no me agrada la falsedad en la que cree que esto se debe a un boicot. No cabe duda de que tiene ideas paranoicas.

Creo que me estoy inclinando un poco más hacia Sanyó, a pesar de su innegable cinismo. Él junto con TIBO, son los únicos sinceros dentro de de este nicho de porquería.

 

26.VII.2385. Estos últimos días no había tenido ganas otra vez de escribir. Por lo que sucedió me he visto en la necesidad de dictar estas observaciones a mi plana personal. No sé qué pudo ocurrir dentro de mí para notar que algo no estaba bien. Tal vez era la forma en la que habían menguado los globos, porque poco a poco me hicieron saber que se estaba bien aquí adentro. Por si fuera poco, me asaltó el recuerdo de Selma, esta vez mientras contemplaba el techo de mi compartimento.

Nunca supe muy bien porque se terminaron de dar las cosas entre nosotros. Pensé que tendría una oportunidad con ella desde mis días de universidad. Supongo que ella fue muy sofisticada para mí, un símbolo móvil muy importante, nada convencional. Sin embargo, una cosa es idealizar a las mujeres y otra no verlas como simples personas. Era un enigma difícil de descifrar y algo de esa duda hizo que no conectáramos del todo. ¿Pudo haber ocurrido algo? Yo sólo pienso en mis deseos que aún quiero tener para poder aferrarme a algo.

Dejé de pensar en ella  cuando perdí el contacto con la cama, y de pronto me vi proyectado hacia los globos, como si fuera succionado por ellos. Golpeé mi cabeza con el techo y comencé a flotar en la deriva, casi a punto de desmayarme. La sangre brotaba justo en mi frente, lo cual me puso bastante frenético.

La habitación se oscureció y los aparatos que miden mis funciones vitales empezaron a zumbar con ineficacia. Me arrastré de espaldas sobre el techo hasta que la caída libre me hizo flotar en medio de la habitación. Me sujeté de las canaletas que conducían la luz de los globos hasta casi alcanzar la compuerta. Cuando ésta se abrió a los costados, me asomé en el pasillo y vi el asqueroso rostro de Sanyó. Él también me vio, sólo que estaba sujeto con correas de emergencia. Sudaba a chorros y su rostro se notaba tenso.

Sin quitarle la mirada de encima, dije:

-TIBO, ¿puedes decirme por qué cortaste la gravedad?

-El doctor Landa lo ordenó.

Ahora tenía lógica. Y seguro, por lo que pude notar, su propósito era hacerme salir de mi habitación.

-Maldita sea, Sanyó. No tenías necesidad de hacerlo.

-Creí que te estabas volviéndote loco como ese imbécil de Hugo.

-¡No! Podrías llamarme a través de TIBO.

-Lo hice, pero él insistió en que no querías.

Dudé, ahí colgado del techo, con la sangre manando en pequeñas gotas que se formaban de mi frente y se convertían en perfectas mini esferas coloradas. Bien podría haber mandado a todo el mundo al carajo, pero TIBO nunca me dio aviso.

-Regresa la gravedad a la normalidad, TIBO -ordené-. Cualquier asunto que necesite discutir el doctor Landa házmelo saber.

Viktor apareció flotando, como si pesara una pluma. Quiso saber qué ocurría.

-Pónganse de acuerdo por primera vez y arreglen este desorden -ordenó, luego de oírnos a Sanyó y a mí discutir-. TIBO, cierra la compuerta.

Así lo hizo, siempre sin rechistar. Acomodé el colchón en el soporte de la cama. Me encaminé al cubículo de servicio y me restregué la cara con bastante agua.

Si por mí fuera, los arrojaría a todos al espacio.

 

29.VII.2385. Hugo ha muerto. Según Viktor, sus provisiones debieron acabarse, y lo más probable es que estuviera en plena crisis por anemia. Al principio no escuchábamos sus constantes ruidos, y cada vez que llamábamos, sólo contestaba con un simple rugido que nos invitaba a largarnos y a dejarlo en paz. Después, la fría y metálica voz simulada nos hacía creer que seguía vivo.

Sanyó medió muy poco al respecto con Viktor, pero ambos estuvieron de acuerdo en que forzáramos la compuerta para saber qué ocurría con Hugo. Ordenamos a TIBO que abriera la compuerta. Su respuesta fue que no era factible, debido a que estábamos violando la intimidad de un tripulante.

Viktor no se atrevía a contradecirlo. Sanyó se acercó al lente y preguntó:

-¿Cómo piensas negarnos la entrada? Nosotros somos los jefes de esta expedición.

-Disculpe, doctor Landa. No estoy programado para romper esas directrices. -Enmudeció, como si humanamente pasara por alto un detalle de su argumento. Después de unos segundos, dijo-: Estoy recibiendo un cambio en los sentidos del doctor Correa. Sus signos vitales están decayendo con bastante rapidez.

-¡Te exijo que abras la compuerta! -gritó Sanyó.

TIBO obedeció, aunque bajo sus preceptos de seguridad. La habitación olía a encerrado, un olor penetrante. Todo era desorden en la habitación de Hugo. La oscuridad se asemejaba a un ataúd de madera.

Contemplé fríamente el sucio suelo. Nada parecía estar bien. Me acerqué hasta el panel de control y oprimí un botón de emergencia. Ajusté la luz del globo. No había mucho que ver excepto papeles por aquí y allá regados en toda la habitación, así como restos de comida en el suelo a medio procesar. Su lectora no funcionaba, y las ecuaciones fueron trazadas en las paredes por doquier, como un vil grafiti.

Miré la litera con muchas correas sueltas a sus costados. Estaba por demás manchada, con las sabanas enrolladas, sin forma y sin orden. Me acerqué al cubículo de servicio. La puerta estaba desbalanceada. Miré al interior.

Ahí estaba, en el suelo, en una posición incómoda para sus extremidades. La línea abierta estaba trazada a todo lo largo de su cuello, sin mucha presión de sangre. Sus muñecas tenían los mismos resultados. Una increíble temperatura mortal podía sentirse en el aire, como si el cuerpo sin vida de Hugo dejara escapar sus últimos ecos.

Viktor y Sanyó llevaron el cadáver al descomprensor. Permanecí un rato en la habitación de Hugo para recoger el mayor número de objetos que pudiéramos utilizar. Entre sus cosas se encontraba algunas anotaciones en papel. Tenía pensando observarlos, pero Viktor y Sanyó acordaron deliberar un poco sobre lo que ocurría.

Entramos a la sala de juntas, y al parecer el único que tomó la palabra fue Sanyó.

-Pienso que debemos regresar al Sistema Solar -dijo.

-Es imposible -dije-. Llevamos más de la mitad de camino a Narabedla.

Sanyó se mordió el labio, no muy convencido. Irguió la cabeza hacia el techo, justo donde había sido instalado una lente.

-¿Qué camino hemos recorrido? Contesta ya.

-El doctor Yulieski tiene razón -respondió TIBO-. Un regreso al lugar de origen implicaría un fracaso en la misión.

Viktor se sumió en total silencio: su rostro mostraba apatía e indiferencia. Al parecer la muerte de Hugo lo había afectado considerablemente.

Sanyó estaba de pie, con los ojos alterados y la espuma de saliva surgiendo de una de sus comisuras. Dio media vuelta no sin antes condenar esta absurda misión en busca de un planeta inhóspito.

 

3.VIII.2385. No puedo creer que lo hayan hecho. Le pedí específicamente a TIBO que codificará mi compatibilidad de sueños en total privacidad. Cuando me sumí en un onírico estado de vigilia, supe que algo estaba mal. El aire del pueblo no era el mismo: no existía el aroma que me transportaba a Selma. Entré al hotel Cinco Estrellas y sin esperar el elevador subí los peldaños hasta el tercer piso. Busqué nuestra habitación y allí estaba Selma, en la cama recién hecha, ajustándose la braga. Sus brazos ligeramente dorados se movían como los de una bailarina rusa. Su sostén estaba a la altura de su cintura, y con ese bamboleo hacia arriba trataba de que se amoldara a sus pechos. Después, ladeó con ligereza la cabeza para que su rizado y negro cabello no se atorara con los resortes.

Permaneció en una postura inclinada, todavía sin percatarse de mi presencia. Luego, en cierto momento sus ojos se elevaron.

-¿Qué sucede, Chris? -dijo, sorprendida.

-TIBO, ¿quién demonios estuvo aquí? -grité hacia todas partes.

-Estás loco, Chris -respondió ella, con la culpa en su tono de voz-. Aquí no hay nadie.

-Cállate -rugí-. Tú no existes. No aquí. Tú lugar es a más de 200 mil años luz de aquí. Eres una alucinación inducida.

-¿Quién es TIBO, Chris?

Sacudí varias veces la cabeza y desperté. Inmediatamente salí del sueño inducido. Permanecí al borde de la cámara, tratando de comprenderlo todo.

Habían usado mi sueño, los bastardos lo hicieron a mis espaldas...

 

4.VIII.2385. Hoy asesiné a Viktor, sin contenerme, sin remordimientos. Debía resolverlo de algún modo. Pude haber hecho lo mismo con Sanyó pero no encontré nada sospechoso en él. Nunca me evitó en todo momento, ni siquiera sonreía al apuntarlo con el dedo. No hubo burla en su mirada, como siempre lo hace.

-No te ves nada bien, Chris -dijo con los ojos ligeramente fruncidos.

-¿Te acostaste con mi esposa?

Parpadeó, no muy convencido de mi humor en ese momento. No entendía nada de lo que yo decía, pero no dio muestras de acabar la charla. Al parecer quería saber cómo terminaría todo esto.

-Te pregunto: ¿Te acostaste con mi esposa?

-No, por supuesto que no. Oye, tú sabes que nunca la conocí. Ustedes llegaron tarde a la fiesta de despedida en Clavius. No hubo manera de que la conociera. ¡Maldita sea, debes creerme!

Salí de ahí sin decir nada.

Recorrí los pasillos como un loco. TIBO pudo haber hecho algo para detenerme, dado que sabía el tipo de locura y rabia que me había invadido.

-Abre la compuerta, Viktor.

Traté de forzarla, pero todo fue inútil: la orden de Viktor fue prioridad para TIBO.

-Abre la compuerta, Viktor -repetí.

Cuando la compuerta se abrió, Viktor apareció en el umbral. Llevaba el torso desnudo y los ojos impávidos.

-Aléjate de mí, Chris.

-¿Por qué entraste en mi sueño, maldito desquiciado?

No dijo nada, sólo se limitó a observarme. Sus ojos brillaban con más intensidad. Mostró su mano derecha ocupada por un arma.

-No volveré a repetirlo, Chris.

Me le fui encima, sin darle oportunidad de lanzar una descarga. A pesar de la irritación aún tuve la fuerza necesaria para apoderarme del arma.

Sentí que dentro de mí volvía la vieja rabia, tal vez rozando el delirio. Le metí un tiro dentro en su frente, justo en medio de sus dos ojos. El proyectil lo atravesó y dejó un gran boquete en el suelo. Solté su cuerpo sin vida, y éste cayó en un sonido seco.

Escuché los pasos de Sanyó detrás de mí, pero yo no dejaba de contemplar lo que había quedado de Viktor.

Se inclinó ante él, entre divertido y con cierta curiosidad. Soltó una pequeña risa y se volvió hacía mí.

-Pudo detenerte y no lo hizo. Simplemente no lo hizo.

-¿Quién...? -pregunté, casi fuera de mí. No dejaba de temblar.

-TIBO. Dejó que lo hicieras.

Me alejé dos pasos y lo contemplé, horrorizado.

-Él nos ha mirado todo este tiempo y reduce todo a simple observación.

-Pero todavía puede ayudarnos, ¿no es así? -imploré una respuesta, pero Sanyó me apartó con su mano bruscamente. Ni siquiera me di cuenta de que me había despojado del arma-. Él puede ajustar la trayectoria, puede hacerlo.

Se llevó el arma con él y dijo, dándome la espalda:

-Imbécil.

 

8.VIII.2385. Sé que lo hará... No tardará mucho para hacerlo... No nos hemos visto desde que maté a Viktor... Tiene un plan... Le pide a TIBO que lo ayude a encontrarme... Lo mismo hago... TIBO se rehúsa... Ni siquiera me dirige la palabra... Tengo que encontrar la forma... la forma de cargármelo... Las estrellas... No puedo alcanzarlas... todo se vuelve oscuro...

¿Qué me ocurre? ¿Dónde estoy?

TIBO no me escucha... Debe estar perdido... tan perdido que no alcanza a escucharme... Me tambaleo... Doy un paso... La violencia ya es... es parte de mí... Tengo sueño... ¿Llegara la calma? Confió en que así sea.

Estoy pensando la forma de llegar a casa... Pero...

Selma...

 

****OBSERVACIONES FINALES****

 

DE TOTAL INTERCOM BRAIN OBSERVER (TIBO) 38384, A SISTEMA DE POSICIONAMIENTO GLOBAL.

Fecha de salida: 9.VIII.2385.

Fecha de entrada: XCI/84/6798

ENVÍO POR RADIO ETÉRICA

 

LA MISIÓN HA SUFRIDO UNA REVUELTA SOCIAL DEBIDO A LA MALA CONVIVENCIA ENTRE SUS TRIPULANTES ORGÁNICOS. POR CONSIGUIENTE LOS DOCTORES CHRISTOPHER YULIESKI Y SANYÓ CAZORLA FUERON ELIMINADOS DE LA EXPEDICIÓN EN DIRECCIÓN AL SISTEMA PLANETARIO DE NARABEDLA. ESTE FALLO FUE TOMADO A PARTIR DEL PUNTO G-895: CUANDO LOS MIEMBROS ORGÁNICOS DE LA TRIPULACIÓN SE VEAN INCAPACITADOS FISICA O MENTALMENTE, EL COMPUTADOR DE ABORDO ASUMIRÁ EL CONTROL DE LA NAVE. LOS NIVELES DE OXIGENO EN LOS PASILLOS Y EN LOS SUMINISTROS PORTATILES SE RESTABLECERÁN A LA NORMALIDAD EN TREINTA MINUTOS.

 

****FIN DE LA TRANSMISIÓN****

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Comentarios - 1

Humberto

1
Humberto - 11-01-2012 - 01:11:10h

Lo sospeché desde un principio, je. Muy bueno. Saludos


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