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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 20 de julio de 2019

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Sci·Fdi:
Revista de ciencia ficción, 2018 diciembre; 20 (20)

Editorial

Tras nuestras vacaciones de verano, es un placer presentarles el número XX de Sci-FdI. Dado que nuestro número anterior concluía con el ensayo "Luces y sombras de la fantasía científica soviética I: de la Rusia zarista a la Gran Purga", en este caso hemos querido comenzar el nuevo número presentando la segunda parte del mismo, titulada "Luces y sombras de la fantasía científica soviética II: de la Guerra Patria al deshielo de 1956". Si la primera parte ya nos ayudó a (re)descubrir algunos grandes autores rusos que han tenido poca repercusión en el mundo occidental, esta segunda parte continúa en la misma línea. Sin lugar a dudas, una lectura muy interesante que esperamos que sirva para fomentar la lectura de grandes obras aún más interesantes si cabe.

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Luces y sombras de la fantasía científica soviética II: de la guerra patria al deshielo de 1956

En esta segunda entrega dedicada a la ciencia ficción soviética, analizamos algunas de las obras y autores destacados publicados entre 1937 y 1956. La primera de las fechas marca el apogeo de la hegemonía estalinista, mientras la segunda se caracteriza por una tímida y efímera apertura del sistema, debida fundamentalmente a las tortuosas luchas y depuraciones llevadas a cabo después del deceso de Stalin. En términos generales, las décadas de 1930-1950 se caracterizan principalmente por la extirpación violenta de la disidencia, para cuyos fines la Gran Guerra Patria y el posterior establecimiento de la confrontación con Occidente fueron de gran ayuda. La otra característica es el finalmente fallido intento de uniformización total y un extendido hermetismo basado en una progresiva desconfianza mutua, que supone una sublime materialización moderna de la máxima romana divide et impera. Abandonada ya la época de la utopía, la literatura de ciencia ficción se vuelca, al menos de forma oficial, en una vía de educación, formación técnica y de exaltación de los logros que la construcción del socialismo habrá de aportar, moralmente sustentada por la victoria soviética en la II Guerra Mundial y el impresionante desarrollo científico e industrial que la sigue. La industrialización del país, defendida ya en tiempos de la Revolución, constituye la primera y principal obsesión del Estado, y será esgrimida como el principal estandarte ideológico hasta la época en que sea reemplazado por la carrera y conquista espaciales

 

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Pasiphae

Desde su más tierna infancia se había criado entre algodones (aunque esta expresión estuviera prohibida en Ceres, tercer planeta del sistema Nímbico). Su familia pertenecía a una élite social mantenida por un proletariado que se deslomaba por sobrevivir con un jornal mínimo. Gracias a ello, desde que dejó de ser una semilla, pudo permitirse el lujo de vivir para y por el arte; más concretamente, el de "La ópera de las plantas cantoras". Espectáculo que, como su propio nombre indica, consistía en alcanzar por medio de la luz, sensaciones, imágenes y sonido, un estado de éxtasis denominado por algunas especies "Orgasmo Espiritual". En éste, sin tener contacto alguno con los ejecutantes, la mente del espectador podía sumirse en un trance de felicidad tal que rivalizaba con la sensación de un gozo sexual extremo. Aunque, en más de una ocasión, a Pasiphae se le pasó por la cabeza perpetuarse, abrir sus flores y ser polinizada por alguna otra planta, del más rancio abolengo, sabía que aún contaba con todo el tiempo del mundo, que era joven para esos menesteres y que, dada su fama, también podía alcanzar la inmortalidad viviendo en el recuerdo del gran público.

 

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Música para sordos

Tenía 58 años cuando ella y su equipo de colaboradores dispusieron, en medio de un salón abarrotado de gente, una cajita de Petri en la que se agitaban menos de tres gramos de un gel azulino que revoloteaba. Había lágrimas en los ojos de Anaxandra Minta Calvo, una robusta mujer negra de cabellos encanecidos y ceño fruncido que no dejaba de respirar acezando como si estuviera a punto de colapsar. 'Es vida inducida', dijo al auditorio, y el cuchicheo que se había escuchado minutos antes en la sala de conferencias se transformó en genuino asombro aquí afuera. Luego desplegó un conjunto de imágenes proyectadas sobre una fina película de aire tensado y modulado: allí podían apreciarse cortes y estudios de tejidos, análisis de espectrografía, indicadores autopoíeticos, marcadores de vida, registros de actividad bioeléctrica, planos de flujos y ciclos metabólicos, secuencias de reacciones bioquímicas.

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El informe Gaia

A pesar que desde muy temprano ese día un enérgico dolor se le embutía en la cabeza, Aníbal Copenghen seguía trabajando en su oficina de la agencia a altas horas de la tarde; como quien no conoce de cansancios tomó el listado holográfico y lo auscultó detalladamente, un par de ojos grises, ligeramente escondidos bajo unos párpados velados y arrugados, -que al igual que las líneas de su frente y sus pronunciadas "patas de gallo", denotaban una edad avanzada- recorrían línea por línea sin siquiera mostrar un atisbo de asombro.

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Estéril

David salió de la habitación velozmente. Iba muy molesto. Lo invadía una sensación distinta a las vividas con anterioridad. Había discutido con su esposa. Ella deseaba ser madre. Él era estéril y no aceptaba la posibilidad de la adopción propuesta por su cónyuge. La amaba, pero no estaba dispuesto a ceder.

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Homo Erectus visita Nueva York

Mis ancianos me habían hablado de una planta, única en el mundo, que florecía en el desierto la noche del solsticio de verano. Decían que había habido un tiempo en el que esas plantas florecían en un jardín interminable.

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