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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Sábado, 31 de octubre de 2020

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La ética detrás de los Objetivos de Desarrollo Sostenible

La Unidad de Campus y Medioambiente ha promovido, en la Facultad de Filosofía, el Curso de Desarrollo y Sostenibilidad en el Marco de la Agenda 2030 en el que se analiza tanto la evolución del concepto de desarrollo sostenible como el coste de no tener en cuenta las cuestiones éticas en los temas medioambientales. En la inauguración de las sesiones, tanto Juan Antonio Valor, decano de la Facultad de Filosofía, como Jorge Jesús Gómez Sanz, vicerrector de Tecnología y Sostenibilidad, destacaron la importancia de "reflexionar sobre un tema tan vigente y actual como la sostenibilidad y las nuevas relaciones que queremos sostener con el mundo que nos rodea". Blanca Rodríguez, coordinadora del máster de Éticas Aplicadas y presente también en la inauguración del curso, reconoció que las dos asignaturas más exitosas de su máster son precisamente "las que tratan la ética ecológica y la ética de los animales", que fueron dos de los temas ya esbozados en las primeras sesiones. Las tres siguientes han sido aplazadas por las medidas preventivas adoptadas por la Comunidad de Madrid para intentar contener el avance del coronavirus y se retomarán en cuanto pase la actual alerta sanitaria.

 

Para Juan Antonio Valor, decano de la Facultad de Filosofía, desde su centro se está comenzando a hacer un análisis de los comportamientos éticos que mantenemos con el medioambiente, "evaluamos las repercusiones, pensamos y repensamos lo que es bueno y lo que es malo, e incluso nos atrevemos a decir lo que debe hacerse, más allá de los comportamientos vigentes, y esas evaluaciones tienen además correlatos jurídicos y políticos".

 

Considera el decano que "hacer Filosofía es hacer Arqueología, es decir, pensar qué ha tenido que ocurrir para llegar a la relación actual con el mundo que tenemos. Qué concepción del hombre y del mundo ha existido, qué correlatos jurídicos y políticos han operado... Se trata, por tanto, de descubrir esos fragmentos históricos que han hecho que lleguemos a donde hemos llegado, con un objetivo claro más allá de lo académico, para tomar conciencia de donde estamos y para quitar aquellos sustratos que nos han llevado a consecuencias negativas y proponer otros nuevos para generar proyectos que nos permitan establecer nuevas relaciones con la naturaleza y entre nosotros mismos. A partir de ahí, en definitiva, inventar un mundo nuevo, con propuestas originales y rupturistas".

 

La profesora del Departamento de Filosofía y Sociedad, Lydia de Tienda, impulsora del curso junto a Macarena Lucas, alumna del máster de Éticas Aplicadas y trabajadora de la Unidad de Campus y Medioambiente, explicó que este curso se ha diseñado para que "sirva a todos: sociólogos, filólogos, biólogos, veterinarios, filósofos, periodistas, químicos, abogados... Y por eso el objetivo no es sólo un rastreo filosófico de determinadas nociones, sino sacar los conceptos básicos que dan lugar a la agenda 2030 y a los ODS (Objetivos del Desarrollo Sostenible). Queremos saber qué hay detrás de esa agenda y esos objetivos, y cómo se desarrollan y se llevan a la práctica desde diferentes campos".

 

Las cinco P

Los diecisiete ODS que constituyen la agenda 2030 giran en torno a cinco ejes, las cinco P: personas, prosperidad, planeta, paz y alianzas (partnership). La estructura del curso, dividida en cinco sesiones, responde a esos cinco ejes que vertebran los objetivos, sacando a la luz lo que hay debajo de cada uno de ellos.

 

Recuerda de Tienda que el lema de la agenda 2030 es "No dejar a nadie atrás", por eso está "centrado en las personas, que es un concepto jurídico que significa sujeto al que se le dota de una protección especial a nivel jurídico y estatuto moral, y aunque las negociaciones estaban pensadas en las personas como seres humanos, a través del concepto de persona, se puede incluir al resto de animales no humanos, aunque es cierto que hay dificultades para extender ese estatuto moral".

 

La prosperidad se relaciona con la idea del desarrollo sostenible, que "se entiende de muchas maneras diferentes, porque hay un problema de conceptualización, ya que todo concepto es artificial y se transforma". La prosperidad se puede entender como progreso, pero hay que ver qué modelos económicos hay detrás, hacia donde queremos ir y cómo se ha concebido esa noción del desarrollo sostenible basada en un modelo económico concreto.

 

Cuando se habla de paz, según la profesora de Filosofía, se habla de conflicto, no de solidaridad, sino de lo que está haciendo las fuerzas armadas, como la unidad española encargada de llevar a cabo proyectos de desarrollo humano, y entre ellos de impacto medioambiental. Y en cuento a las alianzas implican tres vectores que tienen que cooperar: el civil, el privado y el político, capaces de "generar alianzas mundiales, y por ello es fundamental que remen hacia el mismo sitio".

 

El cambio de Amartya Sen

Para valorar si un país es desarrollado o no se utilizan muchos conceptos diferentes, como el progreso tecnológico, la calidad de vida, el crecimiento económico o algo incluso más elemental, como entender que es desarrollado cuando tiene una tasa de crecimiento económico alta. De hecho, así se medía en el siglo XX, teniendo sólo en cuenta su crecimiento económico y el PIB, pero el economista y Premio Nobel Amartya Sen, se dio cuenta de que un país como India tenía una tasa de crecimiento altísima, disparada, y al mismo tiempo una tasa de mortalidad elevadísima, alta desnutrición y analfabetismo, así que decidió cambiar el criterio de desarrollo relacionándolo con calidad de vida, añadiendo conceptos como la seguridad, el acceso a la sanidad, la educación, la nutrición de su población... Amartya Sen creó, por tanto, el enfoque de las capacidades, que es el marco que utiliza Naciones Unidas para los ODS.

 

El origen de ese enfoque, de acuerdo con de Tienda, está en los artículos Rational Fools y Equality of what?, que ponen de manifiesto una crítica a ese concepto de economía neoclásica que concebía desarrollo como crecimiento económico, idea que se basaba en el utilitarismo, aunque "no en el sentido moral de Jeremy Bentham o Stuart Mill, basado en la satisfacción de la felicidad". Explica la profesora que el utilitarismo es la búsqueda última de la felicidad para el mayor número de personas posibles, "y eso está en la base del modelo liberal de economía neoclásico de finales del XIX y casi todo el XX, porque se fijarán en la capacidad de satisfacer las preferencias, con modelos económicos y algoritmos que predicen la conducta racional, la que tiene mayor utilidad". Como es evidente, estos modelos simplifican al máximo la realidad, y ahí se centra una de las principales críticas de Sen.

 

El premio Nobel critica además la noción de sujeto egoísta y autointeresado que sólo quiere que se satisfagan sus preferencias; la consistencia de la preferencia, porque en esos modelos en los que se predice la conducta siempre se elige lo mismo, sin posibilidad de cambio, porque en caso contrario no funcionan, y el tema del monismo (es decir, que la realidad última está compuesta en su totalidad por una única sustancia o causa) lo que no es mensurable bajo el concepto de utilidad el tiempo, con la vida buena, con la creatividad... Todas esas críticas le llevan a asegurar que el modelo utilitarista no refleja para nada la vida real.

 

Las necesidades y las capacidades

A partir de los años setenta del pasado siglo se comienza a utilizar el Enfoque de las necesidades, que era una forma nueva de entender el desarrollo, que cuestionaba la economía neoclásica ya que no contaba con la gente que no tiene acceso a la educación, la salud, la alimentación... El nuevo enfoque introduce en los modelos de desarrollo económicos una perspectiva ética que es el desarrollo humano, ideado por Dennis Goulet. El Enfoque de las necesidades parte de que no se puede hablar de desarrollo si las necesidades básicas no están satisfechas, y así comienzan los programas de cooperación al desarrollo, que se basan únicamente en la transferencia de servicios y de bienes. Sen también critica ese enfoque, porque sigue sin ser suficiente ni respetar determinadas cuestiones, como la propia cultura y los intereses de cada comunidad, además de que fomenta la dependencia.

 

Frente a esa opción, Sen propone el Enfoque de las capacidades, que, de acuerdo con de Tienda, "parte de un punto de vista multidimensional, basado en la posibilidad real de llevar a cabo la vida que valoran, de tal manera que promover el desarrollo implica promover las condiciones socioeconómicas, institucionales e infraestructuras para que las personas lleven a cabo la vida que valoran". El desarrollo se entiende entonces como la expansión de la libertad, comprendida a partir de las capacidades y no de las utilidades, y teniendo en cuenta que "la capacidad es un vector que incluye todos los funcionamientos posibles que un ser humano puede ser o hacer, es decir tener la posibilidad real y efectiva de llevar a cabo una vida libre, que incluye obligaciones institucionales y políticas que posibilitan poder llevar a cabo esa vida".

 

Y aquí surgen los ODS, entendidos como la expansión de libertades de las personas, que en su día a día la gente tenga la oportunidad de elegir lo que quiera hacer, que sea razonable. Eso se consigue con libertades instrumentales y ese es el modelo que maneja Naciones Unidas para medir el desarrollo. El PNUD (Programa de Naciones Unidad para el Desarrollo) usa el IDH (Índice de Desarrollo Humano) y el IPM (Índice de Pobreza Multidimensional), que miden los logros y las privaciones en capacidades, con tres dimensiones básicas: estándar de vida (PIB), vida saludable (esperanza de vida al nacer) y educación (tasa de escolarización y alfabetización).

 

Recuerda de Tienda que antes de los ODS estuvieron los ODM, (Objetivos del Milenio), que eran ocho, y que se debían conseguir para el año 2015, donde había poquísima perspectiva medioambiental, no atendían al desarrollo ecológico, mientras que los ODS entienden el medioambiente con carácter transversal en todos sus puntos.

 

Ambientalismo utilitarista

La segunda de las sesiones del curso la impartió Francisco Arenas-Dolz, profesor de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia, quien recordó que todos los espacios han sido afectados por el ser humano, incluso los que consideramos naturales, así que "la posibilidad de integrar el ámbito de la cultura con lo natural desde la perspectiva de la ética pretende ver esa complejidad, en la que se piensa tanto en los humanos como en los animales no humanos y la naturaleza. Hay que buscar formas de vivir y habitar ese espacio".

 

En la ética del medioambiente, de acuerdo con Arenas-Dolz, se distinguen dos tradiciones, los enfoques humanistas y los no humanistas. Las primeras perspectivas son las de ambientalismo humanista, y uno de los primeros autores de esta corriente filosófica es el utilitarista John Passmore, preocupado por los intereses de las personas, que quiere saber qué es útil para mí como humano, que soy quien domina y utiliza la naturaleza en función de mis intereses. Desde esta perspectiva la nuestra es una función de superioridad, y tenemos el deber de gestionar la naturaleza para nuestro propio bienestar y el de nuestras generaciones futuras.

 

Otro autor del mismo ámbito es Bryan Norton, que utiliza la filosofía analítica, una rama dentro de la Filosofía, desarrollada sobre todo en países anglosajones, parte de la distinción entre preferencias sentidas y consideradas, en la que considera que su perspectiva humanista es de antropocentrismo débil, porque está basada en el hecho de que el valor intrínseco que tienen las entidades naturales no obedece sólo a mis preferencias sentidas, sino que es fruto de la reflexión que hago. Es decir, que no obedece sólo a un impulso ciego.

 

Arenas-Dolz tiene claro que "hay muchas críticas que se pueden hacer a estos utilitarismos humanistas, como que es un relato con mimbres religiosos del puesto del ser humano en la cima de la pirámide, con una jerarquía en la que siempre estamos por encima". Desde el utilitarismo se corre el riesgo de dejarlo todo en manos de los intereses, y eso "siempre es un problema".

 

Responsabilidad y virtud

Otra perspectiva teórica es la de ética de la responsabilidad de Hans Jonas, un filósofo alemán de la primera mitad del siglo XX, de la tradición existencialista. Para él la idea clave es la de pensar la responsabilidad desde o hacia el futuro, frente a la responsabilidad penal que siempre tiene que ver con el pasado. La suya es una responsabilidad proyectiva, muy en la línea del sentido de las cosas de Aristóteles. En ella el ser humano tiene capacidad de plantearse fines en sus acciones y además se impone eso como un imperativo categórico, al estilo kantiano, es como una ley dada por su propia conciencia. El imperativo de Jonas es "Obra de tal manera que no pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la Tierra", lo que sigue siendo un mensaje dirigido al ser humano.

 

Un problema de esta ética, de acuerdo con el conferenciante, es que descuida aspectos de la memoria y de las tradiciones, y además, es una reflexión quizás demasiado filosófica con falta de concreción.

 

Una nueva perspectiva, más actual, es la Philip Cafaro, quien utiliza como modelo la filosofía de Aristóteles y la ética de la virtud, que es uno de los conceptos que caracterizan a la filosofía griega, junto a otros como el bien y la felicidad. El bien se entendía en Grecia como la búsqueda de la felicidad, que no es sólo un estado psicológico, sino que consiste en realizar la tarea que es propia de cada uno de nosotros, y conseguir los bienes externos: dinero, tiempo, amigos... Para Cafaro, la "ética ambiental de la virtud" es un antropocentrismo moderado, que quiere utilizar el entorno para que el ser humano pueda desarrollar una vida feliz, una vida buena. Reinterpreta Cafaro a autores como Henry David Thoreau, poniendo el foco en el florecimiento conjunto del ser humano y de la naturaleza.

 

El filósofo Stephen R. Kellert también está dentro de una perspectiva similar y para él lo importante son los valores de la naturaleza según los entiende el ser humano, de los que distingue ocho: el primero es el valor de utilidad; luego el científico-ecológico; el estético, simbólico y naturista; el emocional; el humano y el moral, que surge de dentro de cada uno de nosotros. A esto último Kellert lo denomina biofilia, que es "la capacidad del ser humano de integrar esos valores en nuestra propia vida".

 

Hasta la ética animalista

El conferenciante fue así desgranando otras ideas filosóficas, como la ética de la Tierra de Aldo Leopold; el movimiento de ecología profunda, de Arne Naess; la sociedad ecológica, de Murray Bookchin; la ecología y defensa de los pobres, de Leonardo Boff; la perspectiva ecofemenina, de Vanda Shiva; el utilitaristamo animalista, de Peter Singer, y las grandes aportaciones a la filosofía de los derechos animales de Tom Regan.

 

Aunque algunos filósofos como el recientemente fallecido Mario Bunge consideran que la filosofía animalista es una cuestión pueril, realmente los planteamientos de Regan nos hacen plantearnos temas como el valor inherente de todos los animales, humanos o no, la crueldad de los atentados contra la comunidad biótica o si el papel que ocupamos los humanos dentro de una ética ambientalista debería ir más allá del que ocupan otros seres vivos sintientes.


En torno a este tema girará la tercera de las sesiones del curso, que se celebrará cuando se recupera la actividad normal en el campus. 

Blanca Rodríguez, Jorge Jesús Gómez Sanz, Macarena Lucas, Juan Antonio Valor y Lydia de Tienda en la inauguración del Curso de Desarrollo y Sostenibilidad en el Marco de la Agenda 2030Jorge Jesús Gómez Sanz, vicerrector de Tecnología y SostenibilidadJuan Antonio Valor, decano de la Facultad de Filosofía, junto al vicerrector Jorge Jesús Gómez SanzBlanca Rodríguez, coordinadora del máster de Éticas AplicadasLa profesora del Departamento de Filosofía y Sociedad, Lydia de TiendaFrancisco Arenas-Dolz, profesor de Ética y Filosofía Política de la Universidad de Valencia
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