Las encuadernaciones pueden ser leídas como prismas de su tiempo. Y es que un libro cerrado también se puede leer. Las cubiertas nos ofrecen una información de valor incalculable.
Las encuadernaciones nos hablan de diferentes técnicas y procesos según el lugar de elaboración, el estilo y la época. También informan si un ejemplar en concreto conserva las cubiertas rudimentarias del taller que lo fabricó o del librero que lo vendió, o pasó por las manos de algún dueño que decidió personalizarlo cambiándole la encuadernación o añadiendo un supralibros. Saber leer esto posibilita una interpretación de la historia del libro, de un ejemplar en particular, pero también de toda una serie de características asociadas a un periodo de tiempo, unos circuitos comerciales, un poseedor o un lugar geográfico.
[Seguir leyendo] Como un libro cerrado. Exposición virtual de la Biblioteca Histórica de la Universidad de Valladolid
