La expresión «valer un Potosí» o «valer un Perú» se generalizó a finales del siglo XVI en los territorios de la monarquía hispánica para hablar de una riqueza extraordinaria, en referencia a las ricas minas del Potosí y, en general, del Perú. Se cumplen 500 años de la primera expedición (1524-1525) que salió desde «Castilla del Oro» (Panamá) con el fin de confirmar las noticias que allí llegaban acerca de la existencia de una gran civilización indígena hacia el sur de la costa del Pacífico: el reino de Birú, nombre del cacique que gobernaba ese territorio. Los castellanos transformaron la palabra Birú en Pirú o Perú.
Aunque la conquista castellana de América del Sur se hizo «por la espalda», es decir, siguiendo la ruta más larga y compleja, que incluía un viaje transoceánico y una travesía por el océano Pacífico de casi 2000 kilómetros, este fue sin embargo el itinerario más lógico. Guiados por la información proporcionada por los pueblos indígenas, los conquistadores dirigieron sus esfuerzos hacia las regiones que albergaban las civilizaciones más ricas y avanzadas del continente (Céspedes del Castillo, 2013). Este viaje fue organizado por una pequeña compañía de conquistadores, cuyos principales socios eran Francisco Pizarro y Diego de Almagro, baquianos con años de experiencia en América que buscaban emular el éxito de Hernán Cortés en México.
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