Los jardines han inspirado con frecuencia a poetas y escritores; puede que su presencia en la literatura sea casi tan antigua como la construcción de estos espacios de domesticada naturaleza a manos de las más remotas civilizaciones. Sobre el papel, el jardín ha sido escenario de vidas dichosas, como en el caso del Jardín del Edén, y de encuentros secretos, como el de Julieta o el de Melibea, pero también expresión alegórica de distintos aspectos de la espiritualidad humana: la inocencia, la infancia, el ser amado, la nostalgia, el erotismo, la esperanza, la melancolía, e, incluso, la propia concepción de la vida. En una vuelta más de tuerca, el poema, transformado en fértil jardín, puede, incluso, trocarse metáfora del reencuentro del poeta con temores semienterrados o deseos sombríos. Son innumerables en nuestra literatura los ejemplos de poemas en torno a un huerto o un patio: Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Luis Cernuda, Miguel Hernández, ...
[Seguir leyendo] Lolita Franco: la añoranza de un jardín