Retrato de Hipatia, en el fresco de Rafael
Escuela de Atenas (1509-1511).
Museos Vaticanos, ciudad del Vaticano
Hipatia de Alejandría (gr. Ὑπατία) fue una filósofa neoplatónica y la única mujer mencionada en la historia de las matemáticas en la Antigüedad. Su formación comenzó bajo la tutela de su padre, Teón de Alejandría, geómetra, filósofo, matemático y director de la Biblioteca del Serapeo. En su juventud, emprendió varios viajes a Atenas y a la península itálica para profundizar en su formación, algo habitual en los hombres de la época. Allí, entró en contacto con los neoplatónicos, concretamente con la escuela de Plutarco el Joven y su hija Asclipigenia. A partir de ese momento, su vida estuvo orientada principalmente a la filosofía. Alrededor del año 400, llegó a ocupar la cátedra de filosofía en la escuela platónica de Alejandría -metrópolis helénica de la cultura y el arte-, desde la que alcanzó una notable popularidad. La historiografía considera hoy su figura como la personificación del tránsito del mundo clásico pagano al medieval.
El historiador cristiano Sócrates Escolástico (380-440) documenta que, en plena Cuaresma (tal vez en marzo) del año 415, un grupo de monjes liderados por Pedro el Lector, seguidores acérrimos de Cirilo, asaltaron el carro de Hipatia, que entonces rondaba los sesenta años. Tras arrastrarla al antiguo templo pagano del Cesáreo, convertido ya en una catedral cristiana, la atacaron brutalmente. Más tarde, pasearon sus restos por la ciudad y finalmente los quemaron en el Cinareo. A pesar de que su amigo Orestes denunció en varias ocasiones el crimen al Imperio romano, el proceso se pospuso varias veces por "falta de testigos", hasta que finalmente Cirilo alegó que Hipatia estaba sana y salva en Atenas y que, por tanto, no existía delito alguno.
Desgraciadamente, no nos han llegado muchas noticias sobre su trabajo o su pensamiento. Sabemos que durante la primera parte de su vida Hipatia comenzó a editar y comentar diferentes trabajos de Ptolomeo, Euclides y la Aritmética de Diofanto; también le debemos varios tratados matemáticos, aunque ninguna de sus obras nos ha llegado íntegra. Una parte se destruyó junto a la Biblioteca de Alejandría (S. IV) y otra con el saqueo del templo de Serapis (391). Tan sólo se conservan algunos fragmentos, entre los que figura parcialmente su tratado On the Astronomical Canon of Diophantus, hallado en el siglo XV en la biblioteca del Vaticano, probablemente trasladado allí tras la caída de Constantinopla en manos otomanas. Asimismo, Hipatia aparece mencionada por sus discípulos y los autores contemporáneos, como Sócrates Escolástico, Suidas o Damascio.
Entre sus discípulos destaca Sinesio de Cirene (370-413), quien conoció a Hipatia durante su estancia de tres o cuatro años en Alejandría. En la actualidad se conserva una colección de cartas que Sinesio le remitió a Hipatia, las cuales demuestran una gran devoción hacia su, en sus propias palabras, filósofa, madre, hermana y benefactora. En la carta número 15, Sinesio le pide a su mentora que construya un barilio, un término que designaba el hidroscopio, instrumento para medir los niveles de pureza del agua. Este dato, junto con el hecho de que se conoce que Hipatia poseía conocimientos en ciencias aplicadas, ha llevado a pensar que tal vez ella fue la inventora del hidrómetro. Sin embargo, se carecen de pruebas concluyentes que respalden esta hipótesis.
En nuestra Biblioteca Histórica se custodia una edición en latín, publicada en 1612, de las cartas que Sinesio de Cirene le dedicaba a su maestra: Synesii Episcopi Cyrenes opera quae extant omnia (BH DER 5517); así como otra edición en latín (1581) del autor conocido como Suidas, en la que narra la vida de Hipatia: Suidae Historica: caeteraque omnia que ulla ex parte ad cognitatem rerum spectant (BH FLL 15941). Además, se conserva un volumen publicado en 1853 que aborda las cuestiones aquí resumidas: Hipatia ó los últimos esfuerzos del paganismo en Alejandría (BH FOA 851).
En la actualidad sigue abierto el debate sobre si hubo motivaciones religiosas o políticas tras la muerte de Hipatia. Quizás fuera una combinación de ambas, unidas por un sentimiento común: la intimidación. Hipatia gozaba de una fama superior a la de cualquier otro filósofo de su tiempo y fue considerada por muchos como una de las tres cabezas principales del platonismo, después del propio Platón y de Plotino. Su muerte envió un mensaje alto y claro a la comunidad alejandrina, pero, lejos de lograr el olvido pretendido, su figura ha perdurado en la posteridad. Como escribió su fiel discípulo Sinesio en su epístola 24: «Aunque en la vida de los difuntos en el Érebo domine el olvido, incluso allí podré recordar a la querida Hipatia».
Bibliografía:
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CALDERÓN BERROCAL, M. C. (2025). Hipatia de Alejandría o Hipatía Catalina, Tabularium Edit (12), 194-211. Academia Andaluza de la Historia.
MÉNAGE, G. (2009). Historia de las mujeres filósofas. (M. Otero Vidal. Trad., pp. 39-42). Ménage.
NATIONAL GEOGRAPHIC (s. f.). La filósofa mártir: Hipatia de Alejandría
SERNA M., E. (2010). Hypatia de Alejandría. Lámpsakos (4), pp. 53-57.
