Santa Mónica nació en el año 331 o 332 d.C. en Tagaste, actual Souk-Ahras, Argelia. Su nombre, de origen africano, se ha vinculado con la divinidad berberisca, Ammón; etimológicamente Mónica significa «la que se dedica a Ammón» o, por extensión, «dedicada a la oración y a la vida espiritual», un nombre especialmente apropiado para describir a esta mujer, cuya existencia se caracterizó por su profunda fe.
A instancia de sus padres, Mónica se casó con Patricio y, en el año 354, cuando ella rondaba los 23 años, dio a luz a su primer hijo: Aurelio Agustín. Aunque su marido no compartía su fe, permitió a Mónica practicar la cristiana y educar a sus hijos acorde a sus valores. Así, Mónica le enseñó a Agustín a valorar la paternidad espiritual de Dios por encima de la natural y a seguir las costumbres del cristianismo, poniendo especial énfasis en la observancia de la castidad. Gracias a esta educación, Agustín fue acogido en la Iglesia en condición de catecúmeno. Sin embargo, tras la muerte de Patricio, cuando Agustín tenía 17 años, comenzó a alejarse de la fe cristiana, movido por los placeres mundanos. Esto le llevó a emprender un viaje a Cartago, donde profundizó en sus estudios de retórica y donde entró en contacto con el neoplatonismo y con el maniqueísmo.
Hacia el año 384, Agustín decidió ir a Roma a enseñar retórica. Aunque Mónica se opuso a su proyecto, pues temía que no hiciese sino retardar la conversión de su hijo, estaba dispuesta a acompañarle en su viaje. Agustín logró embarcar sin ella y llegó primero a Roma y luego a Milán. Madre e hijo se reencontraron en esta ciudad; allí Mónica supo de la renuncia de Agustín al maniqueísmo.
En San Ambrosio, obispo de Milán, Mónica encontró a un verdadero padre. Siguió fielmente sus consejos, abandonó algunas prácticas a las que estaba acostumbrada y modificó otras. Finalmente, en agosto del año 386, llegó el ansiado momento en que Agustín anunció su completa conversión al catolicismo. Desde algún tiempo antes, Mónica había tratado de arreglarle un matrimonio conveniente, pero Agustín declaró que pensaba permanecer célibe toda su vida. Durante las vacaciones de la época de la cosecha, se retiró con su madre y algunos amigos a la casa de verano de uno de ellos en Casiciaco. El santo ha dejado escritas en sus Confesiones algunas de las conversaciones espirituales y filosóficas de su preparación para el bautismo. Mónica tomaba parte en esos diálogos, en los que demostraba extraordinaria penetración y buen juicio, y un conocimiento poco común de la Sagrada Escritura. En la Pascua del año 387, San Ambrosio bautizó a San Agustín y a varios de sus amigos. El grupo decidió partir al África y con ese propósito, los catecúmenos se trasladaron a Ostia, a esperar un barco. Pero la vida de Mónica tocaba a su fin. Poco antes de su última enfermedad, había dicho a Agustín: "Hijo, ya nada de este mundo me deleita. Ya no sé cuál es mi misión en la tierra ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas. Mi único deseo era vivir hasta verte católico e hijo de Dios. Dios me ha concedido más de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena y te has consagrado a su servicio". Aunque inicialmente fue enterrada en Ostia, en la actualidad sus restos descansan en la Iglesia de San Agustín, en Roma.
Conocemos la figura de Mónica y sabemos de la influencia sobre la conversión de su hijo gracias a las Confesiones. Poco después de su muerte fue aclamada santa y su fecha de conmemoración original se estableció el 4 de mayo. Posteriormente, tras un intento de concilio para excluirla del calendario universal -que no prosperó, pues fue restituida por Pablo IV-, se cambió al 27 de agosto, víspera de la festividad de su hijo. En la actualidad, es venerada como patrona de las madres cristianas, ya que, encarna el mensaje de amor a los hijos por encima de todo, incluso cuando estos viven alejados de lafe: su actitud y su influencia sobre su hijo la han convertido en un referente para las madres católicas a lo largo de los siglos.
Nuestra Biblioteca Histórica conserva varias fuentes que permiten acercarse a la figura de Santa Mónica. En primer lugar, el tratado de 1621 redactado por Francisco de Ribera, miembro de la Orden de San Agustín: Pratica de perfecion en la vida de la perfeta biuda santa Mónica N. M... (BH FLL 35613); el libro impreso de Raimundo Pujadas y Manuel Texéro (ca. 1804), La madre mas afligida y dolorosa y la madre mas dichosa y gloriosa: Santa Mónica: sermon que en el dia IV. de mayo del MDCCCIV predicó en el religiosísimo Convento de Padres Agustinos Descalzos de Barcelona (BH FLL 37261 (4)); la obra de Juan de Ribera Arzobispo de Valencia (ca. 1860-1880), Gozos al santísimo Cristo de la Fe: venerado en la Iglesia de Santa Mónica, estramuros de Valencia (BH FG 3540(22)); y finalmente Correa de San Agustín, que a su madre Santa Monica dio a Maria Santissima: refierese el origen de la Archicofradia de la Correa, sus indulgencias y privilegios... (BH FLL 17641), de Francisco de Ribera y Manuel de Quevedo (1727).
Bibliografía:
AGUSTINIAN VOCATIONS (2021).¿Quién fue la madre de San Agustín?
LANGA AGUILAR, P. (2004). Santa Mónica y su mensaje de hoy. En V. D. Canet Vayá (Ed.) San Agustín: 1650 aniversario de su nacimiento (pp. 51-77). VII Jornadas Agustinianas.
PÍO DE LUIS, V. (2022). Sobre la santidad de Santa Mónica, la madre de Agustín. Estudio agustiniano: Revista del Estudio Teológico Agustiniano de Valladolid, 57 (1), 27-70.
