Este volumen profundiza en la multifacética historia del Colegio Jesuita de Santo Antão de Lisboa, recorriendo su evolución desde su fundación hasta la eventual supresión de la Compañía de Jesús. Esta obra académica examina diversos temas, como las innovadoras prácticas pedagógicas del colegio, su desarrollo arquitectónico y sus importantes contribuciones a la preservación de un rico patrimonio literario. Además, el volumen sitúa a la institución en un contexto social y científico más amplio.
Hace más de cuatrocientos años, el 5 de enero de 1542, el rey Juan III (r. 1521-1557)concedió a los jesuitas su primera casa en Europa -y en el mundo-, un edificio en Lisboa conocido con diversos nombres, como el Coleginho («pequeño colegio») o Santo Antão-o-Velho («San Antonio el Viejo»). Aquel acontecimiento estaba destinado a tener importantes repercusiones en la cultura portuguesa, pero también marcó un momento crucial en la historia mundial de la educación dentro de la Iglesia católica. En tan solo una década, los jesuitas transformaron el Colegio de Santo Antão en uno de los principales centros educativos de Portugal, una posición que pudieron mantener durante dos siglos (1553-1759).La elección de Lisboa fue intencionada y estratégica. La ciudad era el punto neurálgico de una red de rutas comerciales de larga distancia hacia ultramar y albergaba una población diversificada y cosmopolita, lo que la convertía en la plataforma perfecta para fomentar las misiones evangelizadoras jesuitas. Como John W. O'Malley, S.J., nunca dejó de subrayar: «El impulso básico detrás de la nueva Orden era misionero».3 Así, el colegio se estableció en el centro político del imperio portugués, sirviendo como un puente crucial que unía Europa con las tierras recién exploradas, formando misioneros para trabajar en lugares lejanos, proporcionando residencia a los procuradores de ultramar y dando cobijo a los jesuitas en tránsito.
A pesar de que, en un principio, no estaba destinado a la educación de la nobleza portuguesa -como algunos habían esperado-, Santo Antão se benefició enormemente de su estrecha vínculo con la corte real y las familias aristocráticas. De hecho, el colegio se convirtió rápidamente en la institución educativa preferida de los jóvenes nobles de Lisboa. Sin embargo, su alumnado era demasiado diverso como para limitarse únicamente a las clases altas, ya que muchos estudiantes procedían de estratos sociales más bajos. Una intrincada red de relaciones e intereses consolidó rápidamente la presencia del colegio y su impacto en la sociedad, lo que contribuyó a su longevidad. Los jesuitas demostraban su influencia participando en procesiones públicas, ceremonias reales y organizandolaboradas fiestas y celebraciones religiosas. También ponían de manifiesto su talento mediante la representación de obras de teatro y la realización de exámenes públicos, lo que reforzaba su reputación dentro de la comunidad. Además, la proximidad del colegio al noviciado y a la casa de los profesos de São Roque -centro del gobierno de la asistencia portuguesa y referente de las actividades religiosas y espirituales- enriqueció aún más su importancia e influencia cultural. Durante dos siglos, el Colegio de Santo Antão siguió siendo la principal institución educativa de la capital portuguesa. Un destacado historiador de la educación, Rómulo de Carvalho, describió la inauguración de Santo Antão en 1553 como un logro sin precedentes que revolucionó el panorama educativo portugués.
Sin embargo, el colegio tenía un perfil algo inusual. A pesar de ser formalmente un «colégio menor» -donde a los estudiantes jesuitas no se les impartían las etapas avanzadas de su formación, por lo que tenían que trasladarse a los colegios de Coimbra o Évora para completar sus estudios teológicos-, Santo Antão ocupaba una posición destacada dentro de la jerarquía de los colegios jesuitas. La tríada Coimbra-Évora-Santo Antão era reconocida por los contemporáneos como la columna vertebral del sistema educativo jesuita en Portugal.
Los historiadores ya han demostrado la importancia de la iniciativa pedagógica sin precedentes que llevaron a cabo los jesuitas en el Viejo Continente durante la Edad Moderna. Entre los siglos XVI y XVIII, los seguidores de Ignacio de Loyola lograron establecer una red de escuelas por toda Europa caracterizada por programas educativos estandarizados y un amplio alcance. Este proceso alcanzó su punto álgido con la elaboración de la Ratio studiorum (Plan de estudios), el famoso plan de estudios jesuita completado en 1599.
Los estudios sobre este notable fenómeno constituyen ahora un corpus sustancial de literatura histórica. Macrorregiones como Francia, Italia e incluso Europa del Este han sido examinadas meticulosamente, junto con instituciones individuales significativas. Sin embargo, resulta algo sorprendente observar la atención relativamente limitada que se ha prestado a la amplia red de colegios jesuitas en Portugal, que fue la primera provincia en la historia de la Compañía.
SALOMÓN, David; GIURGEVICH, Luana; LEITÃO, Henrique (ed.). Santo Antão: the Jesuit College in Lisbon and its History. Brillante, 2025.
