Coincidiendo con el Día del Libro, el profesor Adolfo Sotelo Vázquez, catedrático de Literatura Española en la Universidad de Barcelona y director de la cátedra Camilo José Cela de Estudios Hispánicos de la Universidad Camilo José Cela (Madrid), nos hace llegar su recién publicado De lo mundano y lo sublime: epistolario de Camilo José Cela y Dolores Franco (1934-1943), editado por la Fundación Santander. El título no deja lugar a dudas: se trata la correspondencia entre el Nobel y Dolores Franco, escritora, traductora y profesora, más conocida por su matrimonio con Julián Marías, y cuyo archivo personal se conserva en la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla; las recientes labores de inventariado de este fondo- y la localización e identificación de las cartas que le envió Camilo José Cela- han permitido la reconstrucción de la relación entre ambos personajes, y la culminación de un proyecto en el que el autor lleva trabajando más de dos décadas.
El escenario del primer encuentro entre ambos personajes se sitúa en Las Rozas (Madrid), donde sus familias, la de Cela (1916-2002) y la de Dolores (1912-1977), se refugiaban del tórrido verano de la capital. Allí, da comienzo la amistad entre la entonces estudiante de Filosofía y Letras y el aspirante a poeta, una amistad que no fue a más por la resistencia infranqueable de la que se convertiría con el tiempo en mujer de Julián Marías.
Las cartas, cruzadas en los años previos a la Guerra, durante el conflicto y en la inmediata posguerra, son testimonio de aconteceres cotidianos, aluden a amigos comunes, mencionan malestares del cuerpo, refieren estados del alma, comentan penas y alegrías, pero, sobre todo, nos muestran cómo Dolores se convierte en guía de los primeros pasos de Cela, no solo en la vida, sino también en la literatura. La aventajada alumna de Ortega, de Salinas, de Gaos, de Morente, de Zubiri, lee y enjuicia los primeros versos del escritor, que prepara entonces oposiciones al cuerpo de aduanas por imposición paterna. Encontramos consejos estilísticos, como este de octubre de 1934:
Y ¿qué camino seguir? ... Dejarte libre. Hacer lo que te salga de dentro, sin preocupaciones. Escribir lo que te sale del alma, lo que quieres decir, no lo que se estila. La forma no es más que un medio para decir lo que se quiere - se necesita- decir.
Y tropezamos también con sugerencias de lectura (las Meditaciones del Quijote y algunos poetas) o de contacto con otras personas: Zambrano, Salinas, Guillén... Cela se muestra siempre receptivo a los comentarios de Dolores, aunque también demandante de atención y tiempo:
Estoy cada día más fastidiado, más cansado; me haces una falta verdadera, ¡y a las ocho, a la hora que me das como tope para poder verte - sentirte- en el Centro de Estudios Históricos o en la Biblioteca, es precisamente a la hora que yo salgo de la academia!
Quizás uno de los aspectos más reseñables de este epistolario sea la falta de afectación con que se tratan los personajes, la autenticidad de sus palabras, o como señala el editor, Adolfo Sotelo Vázquez, el apasionante diálogo de inquietudes, voluntades, afinidades y desencuentros. Cela todavía es solo un bosquejo del personaje en el que se convertiría con el tiempo. Dolores, sin embargo, da muestras de una sólida madurez intelectual y emocional, de serle ya aplicables los términos con que María Zambrano describiría a su Antígona y que definirán su persona:
eres de esa gente a la que nunca les pasa nada, nada más que lo que les está pasando a los demás, libres como el agua, encadenados por el amor y por la pena de verlos sufrir y equivocarse día tras día.
No es su único mérito. Como sucede a menudo con la literatura epistolar, el valor de estas cartas trasciende la visión íntima, subjetiva y mundana de los acontecimientos para sublimarse en una pieza más del complicado rompecabezas de un periodo definitivo de nuestra historia.
Más información:
Videopodcast de la editorial con una entrevista a Adolfo Sotelo Vázquez
