El día 25 de septiembre, la Universidad Complutense de Madrid celebra la apertura del curso académico 2026-2027 en el paraninfo de San Bernardo. Ajustándose al protocolo establecido, la ceremonia se iniciará con la entrada de los decanos, precedidos por los maceros, e incluirá la toma de posesión de nuevos profesores y el discurso del Rector.
Como cada año, sin duda, uno de los momentos más destacados del acto será la lectura de la lección inaugural, que pronuncia cada año uno de nuestros docentes, y versa sobre un tema relevante o sobre los resultados de alguna investigación reciente. Estas lecciones vienen formando parte de la ceremonia de apertura desde los orígenes de nuestra Universidad, pero es en el tercer tercio del siglo XIX cuando comenzamos a encontrarlas impresas en nuestras colecciones. La primera data de 1838, es decir, dos años después de la promulgación de la Real Orden que decretaba el traslado de la Universidad desde Alcalá de Henares a Madrid.
De esta serie de disertaciones, nos detenemos hoy en la del curso 1844-1845, que debemos a Antonio María Rubio (1810-1874), doctor en Jurisprudencia, diputado a Cortes y secretario particular de la reina María Cristina de Borbón, y que coincide con la inauguración del edificio de San Bernardo como nueva sede de la Universidad Literaria de Madrid. Utilizando un florido lenguaje, tan característico de los ambientes académicos del siglo XIX, el Dr. Rubio nos presenta con "algunos jalones de tan vasto campo" el estado de las diversas disciplinas que daban cuerpo a la universidad en ese momento, comenzando por la filosofía y continuando con la historia, las ciencias eclesiásticas y las ciencias legales. Repara, así mismo, en las nuevas materias que asoman, reivindicando un espacio propio para las ciencias naturales, apartadas hasta entonces de la enseñanza superior, y a las que pone en pie de igualdad con las ramas del conocimiento tradicionales.
Pero también descubrimos algunas de las preocupaciones que nos afligen casi dos cientos años después, reflexiones que han marcado el pensamiento de muchos intelectuales españoles de los tres últimos siglos, sustanciadas en el desvelo por el progreso científico-técnico, económico y moral de nuestro País y en la necesidad de que estos tres cabos se vayan trenzando en uno solo.
Como colofón, encontramos palabras de satisfacción por la asignación de un nuevo edificio a la Universidad, haciendo hincapié en la importancia de "honrar las instituciones públicas con monumentos dignos" y en cómo este hecho influye en el progreso de las naciones.
El discurso de D. Antonio María Rubio termina con palabras de emoción y esperanza, con un llamamiento a los jóvenes para que no se dejen abrumar por la gloria de siglos pasados y recuerden que, pese a que las comparaciones con la actualidad nos parezcan desfavorables, el futuro está siempre por escribir.
Rubio, A. María. Oración inaugural pronunciada en la solemne apertura de la Universidad Literaria de Madrid, el día 1º de noviembre de 1844. Madrid: Imprenta á cargo de J. M. Ducazcal; 1844.
