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Xochipilli y Xochiquetzal: el florecer del amor y el placer en el mundo azteca.

Marta Martínez Bartolomé 13 de Febrero de 2026 a las 08:22 h

Xochipilli en el Museo Nacional de Antropología, Ciudad de México.

El amor es uno de los sentimientos más bonitos y profundamente valorados por las personas en la actualidad, una idea que, lejos de ser exclusiva del mundo moderno, también estuvo presente en las civilizaciones del pasado. En la época prehispánica, los aztecas concebían el amor como una fuerza estrechamente vinculada a la espiritualidad, la naturaleza y el orden del universo. 

 

Para el mundo azteca, el amor no se entendía únicamente como un sentimiento humano, sino como una manifestación divina que se expresaba a través de la belleza, el placer y la fertilidad. Estas dimensiones estaban protegidas y representadas por las deidades Xochipilli y Xochiquetzal, la pareja de dioses asociada al amor, las flores, la belleza, el placer y la fertilidad. A través de ellos, el amor adquiría un carácter sagrado, sirviendo como un vínculo que unía a los seres humanos con lo divino y con la naturaleza misma.

El dios Xochipilli es patrono de los bailes, los juegos (principalmente el juego de pelota, ya que se cree que tenía un simbolismo ritual), el placer, el canto, la poesía y el amor, aunque también estaba ligado a los alimentos abundantes; encontramos ocasiones en las que se le representa figurado como otro dios del panteón azteca, Macuilxochitl, que también se asociaba a la danza y al placer. Estos dos dioses solían presidir el canto y eran deidades vinculadas  directamente con la fertilidad, encarnando de esta manera el despertar de la naturaleza tanto en la primavera como en el verano. Su nombre proviene de la lengua indígena náhuatl y es una palabra compuesta por xochitl, que se traduce como flor, y pilli, que se puede traducir como hijo noble o príncipe, de ahí que a este dios se le conozca también como el "Príncipe de las flores".

Xochipilli, en el plano terrestre, es el sol naciente; por lo tanto, tiene una estrecha relación con la Tierra y, especialmente, con el horizonte; es por ello que no debe sorprendernos qu e en el mito se concibiera a este dios como el sol joven y como un hombre joven. De esta manera, este dios era objeto de especial veneración por parte de los hombres jóvenes y de los señores aztecas. Por lo tanto, Xochipilli era una deidad benefactora, como lo es el sol, que  dominaba todos los aspectos amables y felices de la propia existencia.

En cuanto a su representación artística, suele variar según la pieza que estudiemos pero, como norma general, podemos decir que Xochipilli se nos suele presentar como un hombre joven, con el cuerpo teñido en su totalidad con pintura corporal de un color rojo vivo; una pintura facial muy llamativa ya que, sobre el rojo y el amarillo, aparece una mariposa blanca, que suele representarse con una de sus alas de perfil; en relación con esto, encontramos representaciones en las que está adornado con flores o mariposas, como es el caso de la escultura de Xochipilli que fue encontrada en Tenochtitlan, que nos muestra al dios con todo el cuerpo decorado con flores. En ocasiones, vemos a este dios portando en un a mano un escudo con la representación de la insignia solar y en la otra mano, un bastón con un corazón ensartado, también conocido como yolotopilli, lo que no debe sorprendernos, ya que tiene que ver con los corazones que se ofrecían a los dioses en los rituales. Asimismo, se suele representar con un penacho de plumas de quetzal. Estos dos últimos atributos del dios son los objetos más preciosos que le podían entregar los humanos en los rituales junto con los cantos, y es por ello por lo que Xochipilli los exhibía como sus posesiones. Añadir la idea de que tenemos algunas representaciones en las que se nos muestran cuatro puntos, que simbolizarían un acercamiento al calor solar.

Xochiquetzal, por su parte, personificaba la belleza, la renovación y el amor. Esta diosa, en ocasiones, se entiende como una metáfora de la mujer joven que da placer sexual a los jóvenes y que representa la tentación que hace caer a los hombres más recatados. Xochiquetzal es la patrona de las labores domésticas, llegando a decirse que fue la que inventó el tejido y el hilado, así como la diosa de las cortesanas; también se la ha relacionado con las mujeres que no se casaban y que sólo acompañaban a los guerreros. El nombre de esta diosa también es una palabra compuesta, en este caso por xochitl que, como vimos previamente, significa flor, y quetzal, que se puede traducir como pluma rica; por lo tanto, su nombre se ha intentado traducir como pluma rica o flor preciosa.

 

 

Esta diosa aparece en muchos mitos y se dice que nació de los cabellos de la diosa madre. Dentro de los mitos de creación se menciona que Xochiquetzal fue mujer de Piltzintecutli, dios de los temporales y las plantas alucinógenas, con el que tuvo un hijo llamado Cintéotl, el dios del maíz; mientras que en otros mitos se cuenta que también engendraron a Nanahuatzin, dios de la humildad, ya que se sacrificó en el fogón divino para convertirse en el Quinto Sol y a Xochipilli. Además, en muchos de estos mitos se dice que su belleza era incomparable yque era igual de preciosa como una flor.


En relación con su representación artística, a diferencia de Xochipilli, encontramos pocas variaciones en la manera de representarla. Xochiquetzal suele aparecer vestida con un huipil y con un gran tocado de quetzal en la cabeza; de este tocado suelen brotar dos manojos de plumas de este mismo pájaro. La pintura corporal con la que se la suele representar es de un color amarillo intenso y en la nariz porta una nariguera escalonada. En códices como el Códice Magliabechiano o el Ixtlilxochitl I, vemos que porta un abanico del que sobresale un volante blanco en la parte inferior; por el contrario, en el Códice de Tudela la acompañan los círculos que podrían asemejarse a unas piedras preciosas, mientras que en el Códice Borgia sí se la presenta con el tocado y la nariguera escalonada que hemos mencionado con anterioridad.

En conjunto, Xochipilli y Xochiquetzal representan la concepción azteca del amor como una fuerza sagrada que trasciende lo humano y se manifiesta en la belleza, el placer, la fertilidad y el florecimiento de la naturaleza. Su presencia en los mitos y en las representaciones artísticas no solo refleja la importancia de estos valores en la sociedad azteca, sino también una visión del amor como principio creador, capaz de armonizar lo divino, lo natural y lo humano.

 

Bibliografía

 

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