Cada 8 de marzo, el mundo se detiene para reflexionar sobre la igualdad. A menudo miramos al futuro, pero para entender dónde estamos, debemos mirar hacia atrás. Hace novecientos años el destino marcó el 8 de marzo como la fecha de partida de Urraca I de León (1081-1126). No fue solo la primera reina propietaria de Europa; fue una figura transgresora que, desde 1126, nos dejó un legado de resistencia que hoy sigue más vigente que nunca.
Históricamente, las crónicas medievales (escritas por clérigos) intentaron retratarla como una mujer voluble o de mal carácter para justificar su rechazo a ser mandados por una mujer. Sin embargo, la historiografía moderna la reivindica como una estratega política brillante que supo navegar en un mundo diseñado exclusivamente para hombres, utilizando tanto la diplomacia como la espada.
Urraca falleció el 8 de marzo de 1126 en Saldaña. Hoy, esa coincidencia temporal nos sirve para recordarla no solo como monarca, sino como la auténtica precursora de la soberanía femenina.
Hija de Alfonso VI y Constanza de Borgoña, Urraca no nació para reinar. Sin embargo, la muerte de su hermano Sancho cambió el destino de los reinos de León y Castilla. En 1109, se convirtió en la primera reina propietaria de Europa.
Su ascenso no fue fácil. Viuda desde 1107, fue forzada a casarse con Alfonso I de Aragón. Lo que debía ser una alianza de paz derivó en una guerra de soberanía: Alfonso intentó gobernar los reinos de Urraca como propios, e incluso la maltrató. Ella, lejos de aceptar un papel secundario, lideró ejércitos, defendió sus plazas y logró que el Papa anulara la unión (1114).
Cuando Urraca I de León murió, dejó a Alfonso VII un imperio extenso que había sobrevivido a veinte años de guerras y conspiraciones nobiliarias. Aunque su reinado fue tildado de «tempestad» por los cronistas de la época, y pese a la sombra de la independencia del Condado de Portugal, Urraca logró una hazaña política: entregar a su heredero un patrimonio territorial que permanecía, contra todo pronóstico, sustancialmente intacto.
Urraca nos legó tres lecciones de liderazgo femenino:
1. El derecho a la ambición y al mando. Urraca no "ayudó" a gobernar; ella ejerció el gobierno. Frente a una nobleza rebelde y las presiones de su propio hijo por el trono, mantuvo su jerarquía. Ocupar el trono fue un derecho defendido. En el contexto del 8M, esto resuena con la lucha por la paridad en los espacios de decisión.
Urraca nos enseña que ocupar el poder no es una concesión, sino un derecho que ella reclamó usando el término "Rex". Una de sus más fascinantes tácticas fue su lucha gramatical. En el latín medieval, Regina solía implicar ser "la esposa del rey". Consciente de que el lenguaje construye realidad, decidió firmar sus decretos como: "Urraca, Dei gratia totius Hispanie Rex"
No fue un error, fue estrategia de poder. Al usar el título masculino, reclamaba la potestas (el poder legal) de forma directa, heredada de su padre Alfonso VI, enviando un mensaje claro a su nobleza y a los reinos vecinos. Habitó el término masculino para que nadie pudiera cuestionar que ella era la fuente suprema de justicia.
2. Resistencia ante el sesgo histórico: Durante siglos, las crónicas la calificaron de "voluble" o "incapaz". Hoy sabemos que eso era violencia simbólica. Estudiar a Urraca nos invita a cuestionar los adjetivos con los que se juzga el poder femenino.
3. La autonomía como base de la libertad: Su decisión de romper un matrimonio impuesto que anulaba su autoridad política es un paralelismo histórico con la lucha por la autonomía personal y económica de las mujeres. Urraca entendió que para ser soberana de su reino, primero debía ser soberana de su propia vida. Expulsó a su marido de sus tierras y, en momentos extremadamente convulsos, gobernó en solitario durante 17 años bajo su propia voluntad.
Reivindicar a Urraca I de León este 8 de marzo es, ante todo, un acto de justicia histórica. Su liderazgo no es una tendencia del siglo XXI, sino una fuerza ancestral que ha resistido siglos de silencio y omisión. Afortunadamente, este año -en el que conmemoramos el noveno centenario de su fallecimiento- diversos congresos y exposiciones están rescatando su figura del olvido, devolviéndole finalmente el lugar que le corresponde en la historia del poder.
Urraca fue la prueba irrefutable de que el poder no tiene género. Ella murió un 8 de marzo, dejando un legado de resistencia.
Te invitamos a descubrir más detalles sobre la reina Urraca I de León a través de los fondos de la Biblioteca de Geografía e Historia y de la Biblioteca de la Universidad Complutense, así como en Dialnet.
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Para saber más:
- Urraca I [en línea]. Historia Hispánica. Madrid: Real Academia de la Historia, [consulta: 8 de marzo de 2024]. Disponible en: https://historia-hispanica.rah.es/biografias/43770-urraca-de-leon
- VITAL FERNÁNDEZ, Sonia. Urraca: Una reina en el trono de un rey. Madrid: Desperta Ferro Ediciones, 2024. ISBN 979-1399078862.
