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Un día para la historia: 250 años de la independencia de los Estados Unidos.

PABLO CID ASENSIO 3 de Junio de 2026 a las 15:35 h

Declaración de Independencia, John Trumbull (1819)

Tal vez, si durante los siete años que duró la contienda por el futuro de las Trece Colonias estas hubieran sido derrotadas, hoy el 4 de julio sería una fecha sin trascendencia, epitafio de un fútil intento independentista que habría influido con mayor o menor fortuna en los acontecimientos ulteriores. Sin embargo, la guerra se saldó con victoria rebelde, y el 4 de julio ha trascendido como el momento en el que se apostó por luchar para fundar una nueva nación.

 

En realidad, el cómo se ha ido universalizando el 4 de julio y, por extensión, la Declaración de Independencia, exige reformulaciones y análisis históricos demasiado extensos como para abordarlos aquí. Lo que es innegable es que la fecha posee una carga simbólica e histórica como pocos otros días en la historia de la humanidad, y las celebraciones que conmemoran el episodio son internacionalmente conocidas. A doscientos cincuenta años de la efeméride, resulta relevante recordar los pasos, el choque de fuerzas y la dispar naturaleza del conflicto que condujeron a la redacción y promulga de la independencia estadounidense.

 

La noche del 1 de julio de 1776, una violenta tormenta eléctrica azotaba Delaware. Pero eso no impidió a un hombre con cáncer, Caesar Rodney, cabalgar hasta Filadelfia estando gravemente enfermo para desempatar la votación que aprobaría o no la independencia de Gran Bretaña. Esta medida había sido largamente debatida por el Segundo Congreso Continental, el órgano que desde 1775 aglutinaba a los representantes de las Trece Colonias para hacer frente a la guerra contra la metrópoli y ocupar labores de gobierno central. Que el monarca británico, Jorge III, declarase a las Colonias en "abierta rebelión", no sintió especialmente bien a una clase política colonial que se había esforzado en señalar al Parlamento británico, y no a la Corona, como responsable de la situación. Durante 1775 y 1776 el Congreso fue adscribiéndose labores cada vez más autónomas, hasta que se propuso la redacción de una declaración de independencia a cargo de un comité de cinco ilustrados congresistas (Thomas Jefferson, John Adams, Benjamin Franklin, Roger Sherman y Robert R. Livingstone, el "Comité de los Cinco"). Sin embargo, que se fuese a declarar o no la independencia no era, ni mucho menos, seguro. No sería hasta el desempate de Rodney cuando se puedo aprobar, el 2 de julio de 1776, la independencia.

 

La Declaración de Independencia evidencia varios hechos: el primero, que las Trece Colonias imponían el reconocimiento de su independencia como única salida al conflicto y deshacían todos los lazos con la metrópoli. Pero esa ruptura con Gran Bretaña se justifica no solo en los agravios que la Corona y el Parlamento han cometido contra sus súbditos (que los delegados enumeran, e incluyen el entorpecimiento de la administración de justicia, el mantenimiento de ejércitos en las Colonias durante tiempos de paz y una serie de bloqueos legislativos para impedir el desarrollo político autónomo de las Trece Colonias, entre otros), sino -y aquí llega lo revelador- en una serie de "verdades evidentes" que resultan incompatibles con los abusos del poder. O como ellos mismos dicen:

 

"Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se haga destructora de estos principios, el pueblo tiene el derecho a reformarla o abolirla e instituir un nuevo gobierno que se funde en dichos principios, y a organizar sus poderes en la forma que a su juicio ofrecerá las mayores probabilidades de alcanzar su seguridad y felicidad [...]".

 

Es decir, que los seres humanos, en su libertad, pueden abolir el gobierno existente si este no cumple con sus obligaciones para con los individuos. Declarar públicamente esto en el siglo XVIII fue un acto rebelde, más viniendo desde colonias enzarzadas en una guerra civil de, hasta la fecha, un largo año. Mediante la Declaración de Independencia, además, los congresistas recuperaban los postulados de Hobbes y otros teóricos políticos ingleses que habían ayudado a edificar la propia tradición parlamentaria insular, y que ahora los norteamericanos empleaban a su favor. Sin embargo, los artificios verbales respondían a varios objetivos más allá de inaugurar toda una realidad política que alteraría el mundo y cuyas consecuencias todavía hoy se palpan:

 

La primera copia impresa de la Declaración de Independencia,
por el impresor John Dunlap, a 4 de julio de 1776,
fecha en la que celebramos la independencia de los Estados Unidos.

 

En primer lugar, la Declaración de Independencia era una herramienta de coerción pública. En efecto, el conflicto que dio pie a los Estados Unidos se trató de una guerra civil: ni mucho menos toda la población angloamericana compartía la decisión del Segundo Congreso Continental de independizarse. El Dr. Jacob Dunham, en su vejez, recordaba que la división entre patriotas (independentistas) y lealistas (fieles a mantenerse con Gran Bretaña) era notoria cuando la Declaración llegó a su pueblo, y que los patriotas querían celebrar una promulgación única para el documento, incluyendo desfiles militares, campanas repicando e, incluso, fuegos artificiales. Todo un show para extender la idea de que la independencia era la decisión correcta, para lo cual también se envió un holotipo a las imprentas, que comenzaron a publicarla en periódicos tan pronto como el 6 de julio.

 

Porque, a todo esto, ¿que se celebra estrictamente el 4 de julio? Pues, en realidad, se celebra la difusión de la Declaración de Independencia. La independencia, como hemos visto, fue declarada el 2 de julio, fecha en la que se aprobó la Resolución Lee, el documento "legal" que rompía los nexos de las Trece Colonias con Gran Bretaña. Esta resolución fue propuesta en junio por el congresista de Virginia Richard Henry Lee, pero como entonces no fue aceptada, se propuso la redacción de una declaración de independencia al Comité de los Cinco con el fin de justificar el proceso y ganar los apoyos faltantes durante ese tiempo. Fue el 4 de julio cuando, aprobada dos días antes la independencia -dado que la declaración ya estaba prácticamente terminada-, la decisión de separarse se hizo pública al mundo.

 

Y cuando digo que se hizo pública al mundo, literalmente funcionaba así: como indica el historiador Larrie D. Ferreiro, la Declaración de Independencia fue una herramienta para situarse en igualdad política con las naciones soberanas y, por extensión, solicitar la ayuda "pública" de España y Francia. Porque la Guerra de la Independencia fue, además, un intenso conflicto internacional que se disputó en varios continentes, y que acabó por romper, primero, el tradicional imperio colonial británico en el Atlántico; luego, la Monarquía absoluta francesa (ya que la crisis económica que esta atravesaba se agravó por su participación en la contienda y, sin reflotar en los años venideros, conduciría a la Revolución francesa) y, por último, España, que unos treinta años más tarde vería sus colonias americanas emancipándose mediante documentos y procesos profundamente inspirados en la independencia estadounidense, aunque de causa y contextos muy diferentes.

 

Así, el 4 de julio de 1776 explotaba la insólita unión entre una larga tradición filosófica-política, el juego de las potencias internacionales y las diversas coyunturas propias de las Trece Colonias que enfrentaban posturas, tanto entre los cincuenta y seis delegados del Congreso como entre los más de dos millones de colonos angloamericanos.

 

La Declaración de Independencia, en tanto en cuanto texto filosófico, nunca perderá su vigencia: se trata de una obra cumbre del ensayo político, repleta de virtudes y que inició la tradición argumentativa de las declaraciones de independencia. En el plano físico, inauguró una corriente política y una nueva concepción del Estado y sus habitantes que ha sido emulada hasta la actualidad. En estos doscientos cincuenta años de historia, el modelo político, filosófico y casi espiritual que late en las democracias occidentales (y en otros muchos sistemas durante estos tres siglos) bebe directamente de aquí: de una noche de tormenta en la que un hombre enfermo recorrió a caballo casi ciento treinta kilómetros para votar a favor.

 

Escribiendo la Declaración de Independencia,
Jean Lerome Gerome Ferris (1821)

 

Fuentes consultadas:

  • Armitage, David. The Declaration of Independence. A Global History. Harvard University Press, Cambridge, 2008.
  • Bosch, Aurora. Historia de Estados Unidos (1776-1945). Barcelona: Crítica, 2005.
  • "Declaración de Independencia de Estados Unidos 1776" en Alfredo Ávila, Jordana Dym y Erick Pani. Las declaraciones de Independencia. Los textos fundamentales de las independencias americanas. México, UNAM, 2013, pp. 501-504.
  • Ferreiro, Larrie D. Hermanos de armas. La intervención de España y Francia que salvó la independencia de Estados Unidos. Desperta Ferro Ediciones, Madrid, 2019.
  • Hook, Holger. Las cicatrices de la independencia. El violento nacimiento de los Estados Unidos. Desperta Ferro Ediciones, Madrid, 2021.
  • "The Declaration of Independence: A History". National Archives. Última actualización 14 de mayo de 2018. www.archives.gov.

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