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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Domingo, 20 de junio de 2021

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La vida en la legión romana

En el pasado, concretamente entre el siglo III a.C. hasta el siglo IV d.C, el imperio romano fue el máximo conquistador de todo el mundo que se conocía y para lograr esta hazaña, se valía de sus valientes guerreros: los legionarios. Mucho se ha dicho sobre estos, pero es momento de saber cómo era en realidad su vida.

Los legionarios, que era el nombre que tenían estos guerreros militares dentro de Roma, eran valientes luchadores que defendían a capa y espada todo el territorio conquistado, así como también buscan expandir sus dominios.

Pero debido a las películas de hoy en día, su leyenda ha incrementado, mezclándose con ficción, por lo que es importante conocer cómo realmente era su vida.

 

Mucho entrenamiento, incluso antes de ser un legionario

Para que un guerrero pudiera convertirse en un legionario romano, tenía que someterse a un entrenamiento muy difícil, el cual es considerado como el más duro de toda la historia.

Incluso antes de ser un soldado activo reconocido como tal, debía participar en marchas militares que consistían en caminar muchos kilómetros utilizando su armadura o equipamiento, el cual pesaba entre los 25 a los 30 kilos.

Estos guerreros debían dominar el peso de este equipamiento, pues lo utilizarían durante toda su vida. Y si a esto le sumamos el hecho de que en ocasiones tenían que cargar el estandarte, la cosa se complica.

Por lo general, su vestimenta estaba compuesta por un escudo, dos lanzas, una espada, un puñal, alimentos y herramientas para poder levantar en donde sea un campamento.

 

Expertos en estrategias para la guerra

Una característica por la que eran muy conocidos los legionarios no era únicamente su valentía y compromiso, sino también los grandes estrategas que los guiaban y gracias a quienes pudieron conquistar y expandir su territorio.

Además, los legionarios tenían una enorme capacidad para adaptarse a todo, desde los enemigos hasta incluso nuevas estrategias de guerra de forma rápida. Esto les permitía adelantarse a los planes del enemigo y siempre tener una respuesta que les permitiera ganar.

Uno de los ejemplos más claros de la calidad de sus estrategas es la formación de tortuga, en la que usaban los escudos para protegerse de ataques que provenían del frente e incluso flechas desde el aire. Se decía que era una alineación sólida y sin huecos por los que colarse.

 

El rezo nunca podía faltar

En las marchas de los legionarios, uno de los elementos que no podía faltar nunca, eran los altares, que se instalan en los campamentos. Esto era de suprema importancia y representaba el compromiso de los guerreros con su fe, pues eran hombres entregados a su religión.

De hecho, solían realizar ofrendas y muchas oraciones e incluso cultos en los que rendir homenaje a los dioses Marte, Vesta, Salus, Saturno, entre otras divinidades de la época.

Estos guerreros no tenían comparación en el campo de batalla y esto se debe a, como hemos visto, el tipo de vida que llegaban incluso desde antes de ser legionarios en servicio.

Género al que pertenece la obra: Narrativa,Literatura digital,Ensayo literario
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