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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 24 de mayo de 2022

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Discurso entrada Real academia de Doctores de España

Una revisión histórica de la boca y su implicación como expresión y proyección

REAL ACADEMIA DE DOCTORES DE ESPAÑA

LA BOCA ENCRUCIJADADE EXPRESIONES Y PROYECCIONES

DISCURSO PRONUNCIADO POR EL

EXCMO. SR. DR. DON ANTONIO BASCONES MARTÍNEZ

EN LA TOMA DE POSESIÓN COMO ACADÉMICO DE NÚMERO EL DÍA 10 DE DICIEMBRE DE 2003

Y CONTESTACIÓN DEL ACADÉMICO

EXCMO. SR. DR. DON AMANDO GARRIDO PERTIERRA

A Consuelo mi esposa, a mis hijos Miriam, Jaime, Cristina y Pablo, a mi nieto Ignacio

Depósito Legal: M-44074-2003

Diseño y maquetación: EDICIONES AVANCES

Imprime: Ibergráficas, S.A.

INDICE

Pág.

1.- La boca a lo largo de la historia . . . . . . . . . . . . . . . .

10

  • Edad Media
  • El renacimiento y la odontología moderna
  • La influencia europea

2.- La boca en las relaciones humanas

. . . . . . . . . . . . .

27

3.- La boca en la vejez

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

30

4.- La boca en la enfermedad

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

33

5.- La Terapéutica . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

50

6.- La boca y la prevención

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

54

DISCURSO DEL EXCELENTÍSIMO SEÑOR DOCTOR DON ANTONIO BASCONES MARTÍNEZ

 

Excmo. Sr. Presidente

Excmo. Sras. y Sres. Académicos

Señoras y Señores:

Acudo con enorme satisfacción no exenta de temor a traspasar el umbral de esta docta Academia, con un especial e íntimo agradecimiento a los que han hecho que así fuera.

Este compromiso personal me obliga a enfrentarme a un reto importante en mi vida, hacer que el sillón que Dios mediante ocuparé, esté bien representado y sea la Estomatología, rama de la Medicina, la que pueda levantar su voz en defensa del desarrollo de la Ciencia.

Deseo expresar mi agradecimiento a los que avalaron mi candidatura, el Prof. Guillermo Suárez, prestigioso académico, el Prof. Alberto Portera, ilustre neurólogo, humanista, hombre culto amante de la pintura y del Arte y excelente persona; el Prof. Amador Schüller, que depositó en mí su con-fianza y cuya gran actividad en la Academia de la Ciencia es motor de su desarrollo y al Prof. Amando Garrido eminente bioquímico, hombre versado en Ciencia, Arte y Poesía pero sobre todo derrochador en bondades y que ha tenido la amabilidad de contestarme a este discurso de ingreso. Dejo para el final de este elenco de personas a la ilustre académica María Cascales sin cuya ayuda yo no estaría aquí y que es la amalgama de todos nosotros.

Pero mi agradecimiento no sería completo sino tuviera palabras para otros académicos ilustres de esta digna corporación Prof. Arturo Romero, José Antonio Jáuregui, Alberto Ballarin Marcial, Benjamín Fernández Ruíz, Rosa Basante, etc. De todos ellos he tenido el honor de recibir su amistad y afecto, sus consejos y cariñosas críticas. Sin embargo, una mención aparte debo dedicar al Prof. Garrido, que con su discurso de la unidad de la vida, en esta Academia, hace poco tiempo, supo imprimir en mí un deseo de sentarme junto a él, de recibir su Ciencia, su cultura y su amistad más íntima. En estos últimos años ha estado cerca de mí y ha sabi-do robarme aquellos sentimientos más hondos.

A mi predecesor en esta Academia el Dr. José Manuel Rodríguez Delgado debo dedicarle un recuerdo cariñoso. Su vida se ha entregado a la investigación y la ciencia tanto en Estados Unidos como en España.

En este momento debo también rendir un homenaje a aquellos que me ayudaron en mi devenir científico y universitario. Ante mi mente se agolpan los nombres de Sáenz de la Calzada y Calatrava junto con la larga lista de colaboradores y alumnos que han trocado este concepto, siendo ya amigos que trabajan junto a mí. El Dr. Julio González Iglesias, me ayudó con sus ingentes conocimientos históricos que aportó en este discurso y vaya por delante mi agradecimiento.

No en balde llevo en la Universidad más de treinta y tres años, y treinta de ellos como numerario. Han sido muchos los que iniciaron su cami-no junto a mí y aún siguen en él. Sólo quiero destacar al Dr. García Núñez y al Dr. Rodrigo que se iniciaron conmigo en la Cátedra, permaneciendo en ella hasta nuestros días. De mis primeros años en el hospital data mi encuentro con el Dr. Felipe Llanes y desde entonces ha tenido conmigo lealtad incólume, esculpiendo en mi corazón día a día, los ribetes del afecto y la amistad. Muchos nombres podría añadir lo que haría este discurso interminable, por lo que dejo para el silencio del corazón lo que este momento mi boca calla.

Pero no sería justo sin que tuviera un recuerdo personal hacia mis padres que labraron con sus

imágenes el amor por el esfuerzo, el tesón y la honradez. Mi padre, ilustre doctor en Medicina y Estomatología, dedicó su vida al cuidado de sus enfermos y con su ejemplo supo señalarme el camino de la vida y la honradez. Mis hermanas también me ayudaron en este empeño y de esta manera una familia unida dio su fruto posterior.

Y dejo para el final la familia que formé. Mi esposa en primer lugar que durante tantos años ha tenido la paciencia, el cariño y la virtud de

8 mantener el ambiente sereno para el estudio y tomando una posición adecuada ha dejado que el protagonismo lo pudiera tener yo, al ocuparse ella de otras labores, no más ingratas, pero sí menos vistosas y ha llevado la formación de mis cuatro hijos por caminos rectos y senderos tranquilos. Mi hija mayor doctora en Medicina y reumatóloga, dos hijos más doctores en odontología y el cuarto Licenciado en Ciencias Ambientales hacen que el ejemplo recibido por mi en silencio y por mi esposa en forma activa, un patrimonio cultural y familiar muy importante.

Sin una familia unida y adecuada los logros son difíciles de conseguir. Para mi, el haber tenido esta familia, hace que el llegar aquí no haya sido difícil ni complicado. A todos los que están y los que se fueron, aquellos que en el fondo de mi corazón perviven, muchas gracias.

 

LA BOCA ENCRUCIJADA DE EXPRESIONES

Y PROYECCIONES

En la boca se conjuntan y entrecruzan diferentes caminos que dan expresión a distintos estados anímicos, así como proyección de complejos, angustias y distintas interioridades que afloran en forma diversa. Dicen que si no entiendes una mirada nunca entenderás una larga explicación, lo que aplicado a la boca podía ser parangonable con un simple rictus o movimiento de cualquiera de los músculos que conforman su anatomía. La boca podría servir como expresión de un estado anímico o de una manifestación del pensamiento que recorre nuestra mente.

En un momento podemos pasar de una expresión de placer a una expresión de dolor o contratiempo sólo por el hecho de una sencilla contracción de los orbiculares. A lo largo de este discurso y gracias a mi boca trataremos de presentar ésta, la boca, desde diferentes y variados ópticas y enfoques. La boca es expresión y proyección y, bajo estos dos términos, haremos el desarrollo de los distintos aspectos historiográficos, patológicos, sociales, psíquicos y de proyección futura.

1.- LA BOCA A LO LARGO DE LA HISTORIA

La boca ha recibido multitud de estudios y comentarios desde los primeros tiempos. Ya en el paraíso terrenal gracias a la boca y a la manzana comenzó la transformación del placer en dolor, de salud en enfermedad y del descanso en trabajo.

A lo largo de los tiempos la boca ha significado unas veces un mito y otras una realidad que había que conocer.

La quimera y la fantasía anidó en ella durante siglos y fue órgano importante en la comunicación de los pueblos y de las diferentes tribus del planeta. El hombre en sus primeros tiempos se relacionaba con expresiones guturales que no llegaban a articularse en palabras, sólo eran sonidos que trataban de expresar su más recóndito pensamiento.

Los primitivos consideraban cualquier enfermedad como la injuria de un agente externo o como el signo de la cólera de los dioses y daban un

10 origen sobrenatural a todo aquello que no tenía una explicación clara. Surge así la figura del

hechicero, curandero, sacerdote, mago o chamán. Se les consideraban seres superiores y, en la creencia de que las enfermedades se debían a la influencia de seres sobrenaturales, intentaban ahu-yentarlas con bailes y danzas alrededor del enfermo.

Los pueblos que habitaban entre el Tigris, Eúfrates y el Valle del Nilo dejaron vestigios importantes acerca de la boca. Se ha llegado a encontrar en una momia egipcia perteneciente a la IV o V dinastía (2500 años a.C.) dos molares ligados por un hilo de oro. En Siria (600-400 a.C.) se descubrieron vestigios en prótesis de los cuatro dientes inferiores que sujetaban entre ellos dos dientes de marfil tallados, que reemplazaban a dos incisivos perdidos. En la ciudad de Ur, en Mesopotamia (3000 años a.C.) se utilizaba un escarbadientes especial hecho de oro con decoraciones y ornamentos propios de la época. Referencias importantes también se han encontrado en tablillas procedentes de los asirios y babilonios. En los tratados científicos de estos años, como el papiro de Ebers y el libro de Edwin Smith, se presentan casos clínicos con referencias diagnósticas, pronósticas y terapéuticas. En el tratado indio Susruta Samhita se describen casos de pérdidas dentarias y en otro posterior como el Charaka Samhita se hace especial hincapié a la higiene oral.

En un capítulo de esta obra se dice "el palillo para cepillar dientes debe ser astringente, picante o amargo; una de sus puntas debe adoptar la forma de un cepillo y se tiene que usar dos veces al día con mucho cuidado para no dañar las encías"

En un libro chino el Hwang Ti (2500 a.C.) se clasifican las enfermedades de la boca en Fong Ya inflamatorias, Ya Kon de los tejidos blandos de revestimiento y Chong Ya, la caries dental. En Israel los antiguos hebreos estudiaron diferentes enfermedades de la boca, describiéndolas en el Talmud. Los fenicios realizaron gran parte del comercio en la cuenca mediterránea y presentaron distintas ferulizaciones para fijar los dientes movilizados por la enfermedad periodontal.

Hipócrates (460-377 a.C.) relacionó ya el sarro con la inflamación y hemorragia de encías. Se le consideró el padre de la medicina siendo el primero que se ocupó de la exploración sistemática del paciente, como pulso, respiración, temperatura, exudados, etc. Sus escritos y descripciones fueron la base para los posteriores estudios de los etruscos y los roma-nos. Hipócrates creyó que los problemas dentales venían de una especial predisposición que era natural, o de una debilidad innata de la persona. Sólo consideraba la extracción cuando una muela estaba floja, pues la operación era peligrosa. Describió y utilizó los fórceps dentales de hierro que denominó Odontagra. A partir de este momento la extracción dentaria se hace por razones quirúrgicas y no con finalidades místicas y rituales. También a partir de estos estudios se creó el término "muela del juicio" para referirse al tercer molar, describiendo así mismo los abscesos alveolares, las necrosis y fracturas de los maxilares etc. Trataba éstas con ligaduras de los dientes con seda y alambres de oro. Más tarde su sobrino Erasístrato (380 años a.C.) utilizó también estas ligaduras. Son importantes las referencias hipocráticas a la forma y posición de los dientes y a los métodos de higiene bucal con el carbonato de calcio. De esta época proceden las obturaciones en forma de silicatos a base de pastas de agua con esencia de mirra y las obturaciones metálicas con láminas de plomo. Recomendaba para no perder la dentadura " frotarse los dientes con carbonato de calcio, lana grasosa y miel".

Aristóteles (384-322 a.C.) fue considerado el padre de la anatomía comparada, pues en su libro Historia de los animales son famosas sus descripciones de las diferentes denticiones, distinguiendo los dientes del hombre de los del mono, aunque tuvo el error de pensar que el hombre tenía más dientes que la mujer. Decía que "los dientes sirven para la alimentación, ya que los incisivos cortan, los molares trituran, los caninos, que son en parte agudos y en parte ensanchados, participan de los unos y de los otros. Sirven igualmente para la palabra".

Teofrasto (murió 287 años a.C.), discípulo de Aristóteles, escribió que consideraba una virtud afeitarse con frecuencia y tener los dientes blancos. Bajo la influencia de Roma, los griegos utilizaron talco de pómez, coral en polvo, alabastro molido y óxido de hierro, y así en aquel tiempo, Diocles de Caristo, médico ateniense, aconsejaba: "cada mañana debéis frotar vuestras encías y dientes con los dedos desnudos y con menta finamente pulverizada, por dentro y por fuera, y a continuación sacar todas las partículas de comida adherida". Ya se ponía de manifiesto la importancia del masaje gingival y la importancia de retirar los restos de comida de los dientes. Este concepto preventivo no ha variado en nuestros días.

12

 

La boca pues, es una encrucijada, un cruce de expresiones y funciones, tan importantes para la vida como la respiración, nutrición y sexualidad, emisión de la palabra, expresividad anímica, etc. Para los griegos la retórica o el arte de hablar eran tan importante que los primeros oradores que se recuerda eran de Grecia (Isócrates, Lisias, Licurgo, Demosténes). Este último, que nació en el año 384 a.C. en Peania (Ática), superó a todos y es considerado el orador por excelencia. Pero quien alcanzara tan conocida cualidad no tuvo esta facultad desde el principio, ya que de todos es conocido que su voz era escasa y su emisión tartamuda. La torpeza declamatoria le llevó al principio al fracaso, pero esto hizo que con tesón y voluntad se encerrase en un sótano y con piedrecitas de río en la boca, aprendiese a hablar correctamente. Su elocuencia e inteligencia puestas al servicio de la palabra le hicieron famoso en todos los foros, ya fuera recitando la historia de Tucídides o defendiendo pleitos. Es notable por sus famosas Filípicas de carácter mordaz y virulento.

La colocación de las piedras en la boca nunca se supo que fueran para corregir la gangosidad y tartamudez que Demóstenes padecía. Un investigador americano, el odontólogo Bien, propuso la hipótesis de que, este orador padecía de un labio leporino con hendidura palatina que le provocaba una comunicación buconasal, causa de la voz gangosa, y la finalidad de las piedrecitas era obturar dicha comunicación, aparato que, posterior-mente, se diseño en 1557 por Renner. La boca era imagen de belleza y Lucio Apuleyo afirmaba que era "el vestíbulo del alma, la puerta de los discursos y el pórtico del pensamiento".

Aristóteles, Plauto y Menando decían " que nada con la mujer sin dientes". Tal era la obsesión por la estética dental. El arquetipo de la belleza griega, tomaba carta de naturaleza no sólo en el cuerpo en general, sino en la boca en particular. Este concepto de la estética en los días permanece en el centro de la profesión y cada día existen más pacientes que acuden con el deseo de recuperar una belleza perdida.

Los adelantos actuales en la tecnología, la utilización de los biomateriales y las distintas terapéuticas pivotan, en gran medida, sobre este concepto de belleza puesta de manifiesto por diferentes Escuelas y muy especial por la Escuela Griega.

En Roma, un año después de Cristo, Celso estudió " la pérdida de dientes causada por la flojedad de las raíces o flacidez de las encías". Los romanos dieron una gran importancia a la higiene oral y ya Celso habló de dentífricos para eliminar las tinciones de los dientes.

La higiene oral en estos tiempos era un aspecto que la Roma cortesana y los poetas exponían en sus mensajes y en sus poemas. Ovidio, poeta conocido de la época, en su libro Ars Amandi se refiere a la higiene bucal como un elemento de agrado y seducción, en especial de las mujeres "¿Cómo puedes agradar si la pereza deslustra tus dientes?", "Cuida, por el contrario, que el esmalte de los dientes sea siempre puro, y que las exhalaciones de tu aliento no ofendan al olfato y recuerden el olor fétido del macho cabrío. Para ello lava la boca por las mañanas con agua fresca".

Mesalina, por ejemplo, usaba un dentífrico ideado por Cosmos, compuesto de cuerno calcinado de ciervo, almaciga de schmos y sal de amoníaco. Con ello pretendía tolerar a su esposo Claudio. Claro que para este menester no necesitaba de tantas alforjas.

La clase acomodada masticaba el "Mastic", lágrima de lentisco que los romanos se hacían transportar de la isla de Schios. La clase baja, sin embargo, frotaba los dientes y las encías con polvo de hueso triturado, cáscara de hueso, pezuñas y conchas de mar, aderezado con un poco de miel para mejorar el sabor, lo que debía de ser algo para agradecer.

El poeta Marcial le dice a una dama que "sus dientes eran bonitos porque eran comprados". En otro pasaje de su obra nos dice que Galla se desprendía de su dentadura todas las noches, como lo hiciera con sus vestidos de seda.

Los romanos de la época eran defensores de la utilización de los dentífricos pues la belleza de la dentadura era objetivo a conseguir. Estos dentífricos provenían de España y estaban compuestos con orina de los iberos. La dentadura sana era el signo de vigor y salud. En las grandes fiestas, junto a los ambientes, había un mondadientes, para eliminar los restos de comida entre los dientes. Esto era tan importante que un chascarrillo romano critica al viejo patricio que "urga sus dientes con un mondadientes para darse aire de persona que aún los conserva a pesar de los años". ¡Qué noble empeño el de ese patricio que disimulaba la pérdida de los dientes!. Hoy nuestros jóvenes ejecutivos disimulan la pérdida de los

14 dientes con sus prótesis y la estética nuevamente ocupa un lugar destacado en la boca arquetipo de la belleza y salud.

Referencias a las enfermedades de la boca se encuentran en Asclepiades, que llegó a Roma en el año 91 a.C. y fundó la primera escuela médica de la antigua Roma. En esta época no se hacía distinción entre las enfermedades que afectaban a la boca y los dientes y a las otras partes del cuerpo.

Cornellius Celso (25 a.C - 50 d.C.) describió con detalle el instrumental quirúrgico como el fórceps y un instrumental especial, el tenáculum, para extraer las raíces de los dientes. Describe así mismo remedios como cataplasmas calientes, enjuagues bucales, purgas y laxantes para el dolor de muelas. En su tratado recomienda desprender la encía alrededor del diente para facilitar la extracción (es la técnica de sindesmotomía actual), aconsejando, en el caso del diente excesivamente careado, llenar la cavidad con hilos de plomo para evitar su fractura. Este autor fue el iniciador de los tratamientos ortodóncicos, ya que aconsejaba, mediante presión digital realizada diariamente, mover el diente de forma constante hasta que llegase a ocupar el lugar del temporal, una vez que este se había extraído. En las enfermedades de los tejidos blandos, recomienda astrin-gentes como alumbre y nuez de agalla y, a veces. la cauterización de las encías con un cauterio. Estas serían las técnicas precursoras de la electrocoagulación moderna.

Escribonio Largo (hacia el 47 d.C.) médico personal del emperador Claudio, defendía la idea del gusano dental como responsable de la caries y aconsejaba fumigaciones y enjuagues especiales para expulsarlos. Era una mezcla de la sabiduría sacerdotal de los etruscos y ciertas supersticiones de los griegos.

Plinio el Viejo, en su Historia Natural afirmaba que bastaba frotarse los dientes con cenizas de rata disueltas en miel para obtener un buen aliento. Catulo, el poeta que inmortalizó a Lesbia en sus versos, pretendía que algunos emplearan orina de los celtíberos para enjuagarse la boca cada mañana, a fin de disipar el aliento fétido. Años más tarde ya en pleno siglo XII, Ambroise Paré, aconsejaba la orina de los españoles para lavar los ojos del enfermo y Madame de Sevigné tomaba cada mañana ocho gotas de esencia de orina.

 

Plinio decía que el agua provoca la caída de los dientes: "Los soldados de Germánicus perdieron todos los dientes después de haberse bebido durante dos años, el agua dulce de la fuente", afirmaba en sus escritos y aconsejando la sal, ya que ésta preservaba los dientes de la caries.

Apuleyo preparó para su amigo el cónsul Calpurnius un dentífrico a base de polvo fino, hecho con frutas molidas y secadas, enviándolo con la siguiente misiva: " Mi querido amigo Calpurnius, te envío, como me has solicitado, un dentífrico elaborado con frutas de Arabia. Es un polvo excelente, muy fino, que tiene la propiedad de blanquear los dientes, disipar la impregnación de las encías y sacar los restos de los alimentos, de modo que no se muestre ninguna traza de sarro en cuanto la risa fuerce la abertura de los labios...."

Era costumbre en esta época gloriosa del imperio romano, enviar a los amigos como regalo, un paquete de mondadientes o una caja de dentífrico. ¿Se imaginan ustedes que a cualquiera de nosotros se le ocurriera enviar como regalo de cumpleaños un cepillo de dientes y un dentífrico? ¿Qué pensaría el recipiendario de tal obsequio?

Poco a poco en Roma, se fue desarrollando un importante comercio que desde Tarragona llevaba a Italia la orina de los iberos. El emunctorio debía reposar para ser eficaz, siendo su transporte en ricas vasijas de ónix y no en las vulgares ánforas de barro. Algunos, como Diodoro de Sicília, añadían un mayor poder abrasivo e incluso colorantes para mejorar el efecto estético de la orina.

Estos obsequios alcanzaron gran predicamento tanto en las clases acomodadas como en las de extracción media y baja. La razón de las propiedades de la orina era su alto contenido en urea, que actuaba contra los gérmenes de la boca al desprender oxígeno, el alto nivel de urea se debía a que los iberos comían grandes cantidades de carne de conejo, tan frecuente en España en aquella época. Hoy los deportes cinegéticos han mermado esta posibilidad y de no ser por estas circunstancias, quien sabe si no seguiríamos con esta curiosa exportación.

Galeno, que vivió en Roma desde el año 166 al 201, tenía gran reputación, siendo médico del emperador Séptimo Severo. Hizo estudios interesantes sobre la alimentación del diente por la pulpa, dividiendo las

16 enfermedades de los dientes, la pulpa y la raíz. Clasificó los dientes en incisivos, caninos y maxilares. Los dolores eran de tres tipos: uno, localizado en el diente, otro originado por la inflamación en las encías y el tercero en los nervios por la compresión. Contra el dolor de los dientes se aconsejaba los baños de vapor y las preparaciones de selenio. Si el dolor persistiera "Se perfora el diente con un pequeño trépano" y se introducen en el orificio los remedios apropiados. Archigenos (100 d.C.) diseñó un trépano especial para tratar los dientes oscuros y dolorosos ( por necrosis pulpar). Trepanaba el punto más oscuro de la corona y penetraba hasta la cámara pulpar. Este autor es el precursor de la odontología moderna endodóncica. Pablo de Egina, a mediados del siglo VII, consideraba al épulis como una excrecencia carnosa sobre la encía, extirpándola con una pinza.

Cuando termina la Edad Antigua las ideas de Grecia y Roma, evolucionadas a partir de los imperios egipcios, de la lejana China, de la India, de la Mesopotamia y de la confluencia del Tigris y Eúfrates, transportadas por los fenicios, llegan a calar muy hondo en la Europa de la Edad Media. Nada se podría comprender sin aquellas lejanas influencias pero también nada de lo que hoy día hacemos en Europa y en Estados Unidos podría entenderse sin los conocimientos aportados por Roma y Grecia. El mundo es una encrucijada cultural, un encaje de idas y venidas, de ideas, con-ceptos, descubrimientos, y la vieja Europa, con sus imperfecciones, ha sido y es un pilar fundamental en el desarrollo actual. El entramado cultural y la globalización hace que la boca adquiera la misma importancia en las distintas culturas.

EDAD MEDIA

No es posible comprender el desarrollo de la medicina y la odontología en la Edad Media sin conocer las aportaciones científicas del imperio islámico. Los conocimientos médicos y odontológicos de la Antigua Grecia, enriquecidos por otras culturas e influencias llegaron a Occidente. Estos conocimientos fueron traducidos al árabe, y así los escritos de Hipócrates, Galeno,

Dioscórides impregnaron la cultura islámica. Posteriormente con el Renacimiento, pierde valor el empirismo adquiriendo mayor importancia la observación de los fenómenos naturales y el razonamiento. Resurgen las Ciencias y las Artes, y con ello los anatomistas como Vesalio, Eustaquio y farmacólogos como Paracelso.

En la Edad Media se asimiló el saber grecorromano, con lo que se aplicaron y desarrollaron los conceptos e ideas de Aristóteles, Platón y Euclides al mundo del Islam. El emirato de Bagdad en Oriente y el de Córdoba en occidente fueron los focos culturales desde donde se expandió la cultura y la ciencia. De la península a Europa hubo un puente cultural, con lo que Córdoba se convirtió en un centro importante de civilización a través de la cual los conocimientos del Islam penetraban y llegaban a Europa.

En España había Academias en Córdoba, Granada, Toledo, Murcia y Sevilla que fueron actuando como otros tantos focos culturales. En todas ellas la boca ocupaba un lugar preeminente.

El médico de origen persa, Rhazes (841-926), en su obra Al Havi Contineus hace un estudio completo de las enfermedades de la boca y los dientes. Alí Abbas, que nació en Persia en el año 930, escribió el libro Real del Arte Médico haciendo referencias anatómicas de dientes y maxi-lares. Serapio el Viejo (802-849) defendió la unión de la medicina y odontología. Feruliza los dientes móviles con hilos de oro y plata.

Avicena (980-1037), también de origen persa, es el médico más célebre del Islam. Su clásico libro El Canon resume los conocimientos de la medicina grecoárabe. Estudia la anatomía y la fisiología dentaria, su erupción y patología. Siendo el mayor intelectual del Islam, puso especial cuidado en determinar si la fractura había sido correctamente reducida; Escribió "la mejor forma de comprobarlo es observar si los dientes adquieren la posición cerrada correcta después de la reducción"

Abulcasis (936) nació en Alzahara, cerca de Córdoba, bajo el califato de Abdehraman. Su nombre completo era Abul Kasim Al Zahaní. Su tratado de Cirugía Al Altasrif (El Método) se dividía en tres partes: la prime-ra trata de la cauterización e incisiones; la segunda se dedica al corte y extracciones y la tercera versa sobre la fractura de los dientes. Diferenció con importantes descripciones el sarro blando, del sarro duro, señalando la importancia que tiene poner las raíces al descubierto. Sería el pionero del tratamiento que hoy realizamos y que se conoce con el nombre de ras

18 paje y alisado de los dientes. Con ello elimina la causa etiológica fundamental de la enfermedad periodontal. Diseña para este menester, una serie de instrumentos tanto para el maxilar superior como el inferior. Hace importantes referencias a la reimplantación dentaria, luxación mandibular, fijación de dientes, tratamiento de las fístulas dentarias y cómo no, a la higiene de la boca. Prácticamente estudia toda la patología siendo uno de los pioneros de la odontología moderna en Europa.

Años más tarde Abenzoar, que nació en Sevilla en 1017, reivindica las prácticas quirúrgicas, y en su obra Theisir se refiere a la halitosis que cree se debe a los humores corrompidos que se producen en la boca o cerca de los dientes. Nueva referencia que, en forma sistemática aparece en todos los escritos científicos y que hoy día ocupa un problema importante en muchas personas de nuestro entorno social.

En estos años aparece la escuela hebrea y a su cabeza Maimónides que nació en Córdoba en 1135. Sus conocimientos se extienden también a la Astronomía, Teología, Fisiología, etc. Sus trabajos continuaron en el Cairo en 1165 a donde huyó perseguido por los almohades. Su libro titu-lado El Libro de los Aforismos Médicos fue traducido en 1178 al latín y al hebreo. En él se encuentran indicaciones para el dolor de muelas, aconsejando introducir en la cavidad un algodón impregnado en ciertas drogas, así como la cauterización de la pulpa. En sus diferentes capítulos va señalando remedios contra las enfermedades de la lengua y mucosa bucal. Es muy notable cómo tres religiones monoteístas: cristianos, judíos y musulmanes, dieron lugar a tres culturas que coincidieron durante varios siglos en España e impulsaron un dinamismo social, cultural y económico muy importante y que abarcaban las Ciencias y las Artes de aquella época.

El profeta Mahoma hizo también referencias a la higiene oral incorporándolas a la religión musulmana. La higiene corporal y la de la mente se enseñan en el Corán haciendo referencias a limpiarse los dientes con un Siwad, rama de árbol Salvadora Pérsica, cuya madera contiene bicar-

bonato sódico y ácido tánico, junto con otros astringentes, que tienen efectos beneficiosos para las encías. En España y el resto de países europeos, fueron los monjes y los conventos los que transmitieron y mantuvieron la Cultura y tradición científica. Los conventos y órdenes religiosas de San Isidoro y San Benito jugaron un importante papel en la transmisión de la Medicina y Odontología.

Los conocimientos de la Escuela de Traductores de Toledo donde convivieron musulmanes, judíos y cristianos se transmitieron a través de la Corona de Aragón a Montpellier y a Italia con la Escuela de Salerno, Bolonia y Padua. La influencia de la religión era importante en el arte de curar y así, en los Concilios de Tolosa (1429), y los cinco de Letran (1123, 1139, 1179, 1215 y 1512) y en la Bula de Pio V, se prohibía a los que ejercían la medicina, hacer más de tres visitas a un paciente, si éste no se había confesado desde el comienzo de la enfermedad.

Las invocaciones religiosas para las curaciones de diferentes enfermedades eran frecuentes y así, en Odontología, se invocaba a Santa Apolonia, que fue martirizada con la extracción de los dientes y la quemaron viva en el año 248 en Alejandría. A partir de entonces su nombre se invoca en cualquier dolor de muelas o enfermedad de la boca.

Los monjes de esta época, en claustros y en conventos, comienzan a acoger los conocimientos filosóficos, históricos, teológicos y científicos para después enriquecerlos y transmitirlos.

En esta época comienzan a aparecer los curanderos ambulantes y charlatanes que, en plazas y callejas, demostraban su saber realizando extracciones ante el público atónito que observaba la maniobra como si de un espectáculo se tratara. Al principio eran barberos, pero luego evolucionaron a curanderos pudiendo ya realizar pequeñas operaciones quirúrgicas. Es en esta época cuando se utiliza profusamente la Mandrágora Officinalis que fue utilizada por babilonios y egipcios como

narcótico.

Los barberos que se iniciaron junto a los monjes ampliaron su actividad a la extracción de piedras de la vejiga, abrir abscesos, realizar sangrías y extraer muelas. Ya hacia 1210 estos gremios se dividieron en cirujanos (de bata larga) y barberos (bata corta).

Guy de Charliac (1300-1368) en su tratado Magna Cirugía analiza con detalle la anatomía de los dientes y su erupción, recomendando la utilización de astringentes para fortalecer los dientes flojos. Su obra fue traducida a diferentes idiomas y tuvo varias ediciones.

20

EL RENACIMIENTO Y LA ODONTOLOGÍA MODERNA

El renacimiento representa el redescubrimiento del pensamiento grecorromano liberando a la Ciencia Médica de la Edad Media de los mitos y supersticiones. El desarrollo del arte, de la imprenta y del grabado impulsan nuevamente las Ciencias Médicas y Odontológicas. La toma de Constantinopla por los turcos en 1453 y el descubrimiento de América en 1492 marcan hitos socioculturales muy importantes. Con el primero emigraron a occidente los eruditos bizantinos que poseían la cultura y los conocimientos de Platón, Hipócrates y del Islam. Con el segundo se expande este conocimiento a otras tierras. Marco Polo abre las rutas asiáticas, trasladando los conocimientos y culturas europeas al lejano Oriente.

La importancia y el desarrollo de la anatomía toma cuerpo de realidad con autores como Leonardo da Vinci (1452-1519) que se especializó en la disección del cadáver. Su descripción del seno maxilar fue magistral y así mismo diferenció los molares de los premolares. Andrés Vesalio (1514-1596) fue otro anatomista importante de la época. Su nacimiento fue en Bruselas aunque en 1534 comenzó sus trabajos en la Facultad de Padua. En su gran tratado De Humanis Corporis Fabrica se ilustran preparaciones anatómicas de gran belleza y detalle. Parece que éstas fueron hechas por un discípulo de Tiziano. En sus observaciones, que fueron importantes, considera a los

dientes temporales como gérmenes de los permanentes. En la erupción complicada del tercer molar incide la encía y si no es suficiente abre la cubierta ósea.

Bartolomé Eustaquio (1510-1574) descubrió el número y el tipo de dientes considerando su implantación en el maxilar como las uñas en la piel. Describe con gran precisión la trompa de Eustaquio, el nervio abductor y los músculos de la garganta y cuello. Otros anatomistas de la época fueron Colombo, alumno de Vesalio y Gabriello Fallopio con interesantes aportaciones a la cavidad bucal y dientes.

Paracelso (1439-1549) sentó las bases de la Farmacología moderna, comenzó en Basilea su ejercicio, quemando públicamente los trabajos de Galeno y Avicena. Una de sus aportaciones importantes fue su teoría específica por la cual las enfermedades tienen una naturaleza determinada que pueden tratarse con remedios específicos.

Los caminos y transmisiones culturales entre Europa y América quedaron abiertos gracias a los Reyes Católicos, Carlos I y Felipe II. Al servicio de este último ejerció Francisco Martínez, gloria de la odontología española, que escribió el segundo libro de la literatura mundial sobre la odontología que tuvo una vigencia de casi doscientos años. Nació en Castrillo de Onielo, provincia de Palencia y publicó en 1557 en Valladolid su célebre libro Coloquio breve y compendioso sobre la maravillosa obra de la boca y naturaleza de la dentadura en el que los conocimientos odontológicos se expresan en forma de conversación entre varias personas. En un pasaje de su libro describe el sar ro como un depósito de sustancias disueltas en la saliva sobre la superf icie de los dientes, describiéndolo como "restos de la comida de los manjares que quedan entre los dientes, donde se pueden y atraen el humor vicioso de la cabeza u otras partes, tales como el pecho, estómago o boca" La creencia popular consideraba que no era bueno para los dientes arrancar la toba pues comienza la movilización de los mismos. Martínez aconseja contra estas ciencias los mondadientes de tea y lentisco para quitar la sustancia blanca y el hierro y la plata o el oro para los depósitos duros. Adelantándose trescientos años a la teoría de la caries advierte del peligro del azúcar para los dientes. El azúcar forma humores en el hígado que luego suben a la boca y se adhieren a los dientes, por lo que aconseja un enjuagatorio después de la ingestión de compuestos azucarados.

Francisco Martínez, es partidario de la orina, como lo fueron los romanos, para evitar la caries, así como del vino que, por su contenido alcohólico o por su riqueza en tanino, resulta bueno para la

dentadura. Es seguro que Cervantes había leído a Martínez por las descripciones de la anatomía dentaria que hace Don Quijote ya que tras el percance contra un ejército de carneros y ovejas, repite sus alusiones a la boca como "...Y después de la comida acabada y las mesas alzadas, quedase el caballero recostado sobre la silla y quizás mondándose los dientes como es costumbre..."

La literatura de la época es rica en alusiones a la boca y así Tirso de Molina en su comedia Quien no cae no se levanta presenta a Leonela, doncella de boca descuidada, llena de toba y con encías descarnadas. Quevedo (1580-1645) señala "... pues quitar el dolor quitando el diente, es quitar el dolor de cabeza quitando la cabeza al que lo siente..."

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El ingenio y el tesón se reflejan en Anthony van Leewenhock (16321722) quien construyó microscopios que ampliaban hasta trescientas veces el objeto y de esta manera describió las bacterias orales. En una carta que envió en 1683 escribe: "...es mi costumbre por las mañanas fro-tar mis dientes con sal y después enjuagar mi boca con agua, y a menudo, después de comer, limpiar mis muelas con mondadientes y frotarlos fuertemente con un paño: de esta manera mis dientes, anteriores y posteriores, permanecen tan limpios y blancos como tienen pocos hombres de mi edad, y mis encías ( no importa lo gruesa que sea la sal con la que las frota) nunca comienzan a sangrar. Aún a pesar de ello, mis dientes no están tan limpios debido a ello, y algo crece o se pega entre ellos ( en cualquier momento en que los inspeccione con cristal de aumento), una pequeña cantidad de materia blanquecina, espesa como la mantequilla. Al examinarla juzgué (aunque no pude distinguir nada que se moviese) que allí había unos animalúnculos viviendo."

En esta época aparece Ambroise Paré, el padre de la cirugía que, como barbero cirujano, impulsó el arte dental, llegando a ser uno de los cirujanos de Enrique II rey de Francia. Describió los dentífricos como medicamentos compuestos que sirven a los dientes, los blanquean y los limpian. En esta época los cirujanos en Francia se dividían en dos grupos, los "cirujanos de bata larga", la Hermandad de San Cosme y los "cirujanos de bata corta" es decir los barberos cirujanos. Ambos grupos eran minusvalorados por los médicos.

Fabricio de Acquapendente (1570) describe los instrumentos de Odontología como fórceps y

raspadores. Pero no solo médicos y cirujanos dieron importancia a la boca sino que también moralistas como Montaigne que en sus Ensayos (1580) afirma " yo he aprendido desde la infancia a frotar los dientes con una servilleta por la mañana y a la entrada y salida de la mesa".

En 1584 Digby cirujano dentista de la reina de Inglaterra Isabel I, en su libro Remedios Soberanos y Secretos propone soluciones para afirmar, blanquear y conservar los dientes y encías en buen estado y otros humores que los dañan. En 1630 Dupont dentista del Rey de Francia Luis XIV, en su libro Operador Caritativo da unos consejos para después de la comida lavando la boca con partes iguales de agua y vino. Después aconseja los mondadientes de oro, plata o madera rosa o en su defecto una pluma.

Isabel I de Inglaterra sufrió dolores agudos de muelas durante gran parte de su vida lo que, aparte de interferir en las ceremonias y audiencias oficiales, la llevó a una importante afectación de su cara, y ya que a los 60 años le quedaba poco de su juventud.

Sydenham (1624-1689) clasificó las enfermedades por sus síntomas, la historia clínica se desarrolla con Hilden (1560-1624) que proporcionó una gran importancia a la Semiología como base clínica de la patología médica.

En esta época los dentistas ejercían su profesión en plazas y mercados, anunciándose con banderas multicolores junto a músicos, juglares y mala-bares. Con el desarrollo de la Ciencia se pone freno al charlatanismo y al empirismo y en 1699 en Francia se aprueba una ley para que los dentistas, oculistas y traumatólogos se examinen por un Comité de cirujanos antes de ejercer en Paris y alrededores.

Sin embargo, la Odontología moderna comienza con Pierre Fauchard (1678-1761) que se formó como cirujano militar, instalándose en Paris. Fue el padre de la Odontología exponiendo sus conocimientos en su famoso libro Le chirurgien dentiste ou traité des dents que vio la luz en 1728. Esta obra que fue traducida a varios idiomas, tuvo tres ediciones y sus ideas permanecieron a lo largo del siglo y muchos años después. En esa época los conocimientos se guardaban celosamente, pero Fauchard trató de extenderlos, colaborando así en la reglamentación de la profesión y

exigiendo un examen para su ejercicio. Su combate al charlatanismo fue muy importante y con ello dignificó la profesión.

El tratado de Fauchard es tan completo que abarca las anomalías de los dientes, caries dental, patología oral, prótesis, odontología conservadora etc. Afirmó que, para prevenir las enfermedades gingivales, era necesario raspar los dientes y desbridar las superficies radiculares. Describe la piorrea alveolar, conocida como enfermedad de Fauchard, una clase de escorbuto que ataca a las encías. Con todos sus conocimientos dotó a la profesión de un repecto personal. Fue el iniciador y aplicador del conocimiento científico en la odontología moderna y de su escuela partieron a Estados Unidos diferentes investigadores y clínicos que iniciaron y desarrollaron la odontología americana.

Mención aparte merece John Hunter (1728-1793) que dio muestras

24 de grandes conocimientos médicos y odontológicos. Su gran obra Natural History of the Human Teeth (1771) señala importantes aportaciones a los dientes, boca y maxilares. Fue traducida a varios idiomas y junto con el libro de Pierre Fauchard constituyen las grandes obras del siglo XVIII.

En 1795 aparece el libro de Francisco Antonio Pelaez cirujano dentista de los Reales Hospitales de Madrid titulado Tratado de las enfermedades de la boca, sobre todas las partes del Arte del Dentista con un capítulo dedicado a la higiene de la boca, describiendo detalladamente la patología de los dientes, encías, erupción dentaria y embriología. En 1799 se edita el libro de Pérez Arroyo titulado Tratado de las operaciones que deben practicarse en la dentadura y métodos para conservarla en buen estado, dividiendo los preparados para la higiene bucal en opiatas, polvos y licores. Dentro del instrumental describe los escarbadores o mondadientes, gubias, escoplos, legras, buriles o limas.

La Medicina paralelamente avanza con autores como Bichat con su doctrina anatomoclínica; Wirchow con su patología celular; Pasteur y Koch con sus conceptos microbiológicos; Lister con la asepsia y antisepsia; Schonlein con la fisiopatología; Simpson y Liston con la cirugía etc. Sin la aportación de vacunas, anestesias, transfusiones, asepsia, etc. la Ciencia y la Cultura, no sólo europea sino mundial, no alcanzaría ni podría ser lo que es hoy en día.

LA INFLUENCIA EUROPEA

La malla cultural, el entramado que se forma entre las diferentes áreas de la Ciencia y los

distintos investigadores hace que el tejido científico que Europa aporta al mundo, llegue a Estados Unidos y con ello alcance un desarrollo vertiginoso. Sin embargo hubo que esperar años para ver las consecuencias y las influencias de los descubrimientos básicos en Microbiología, Anestesia, Fisiopatología, Anatomía Patológica, etc.

La gran unión de la Ciencia y la Cultura inicia el gran espacio europeo y el desarrollo de la Odontología Europea que llega a la costa Este de los Estados Unidos y ciudades como Boston, Nueva York, Baltimore y Finlandia viven un ardoroso y contínuo desarrollo odontológico. No olvi-demos que el dentista de George Washington fue Le Mayeur, de origen francés, que ejerció en Londres antes de embarcarse para Nueva York.

En este tiempo aparecen los dientes de porcelana, introducidos por un francés (Plantou), la amalgama llegó de la mano de Grawcour (1883), la metalurgia con Paul Revere, la odontología forense con este autor y con John Baker etc. Es importante señalar que la anestesia nació con Horacio Wells que utilizó el óxido nitroso (1884) para que le extrajeran una muela y Morton que utilizó el éter con los mismos fines, pero ya no en sí mismo sino en otra persona el 30 de septiembre de 1846. Un hecho que subraya el grado de entramado cultural de ida y vuelta entre ambos continentes es que sólo tres meses después el 21 de diciembre de este mismo año Roberto Listen amputó una pierna en Londres, utilizando el mismo compuesto como anestésico. Destaca en Berlín, Neumann con sus trabajos sobre la piorrea alveolar y el diseño quirúrgico de las incisiones.

En España aparecen dos figuras preclaras, Bernardino Landete, cirujano y profesor de Estomatología y Florestan Aguilar Odontologista y defensor de esta ciencia independiente de la Medicina. Es necesario señalar que este último fue el auténtico creador, diseñador e impulsor de la Ciudad Universitaria, ya que como dentista de Alfonso XIII, tuvo la oportunidad de tener un fácil y directo acceso a su persona. En esa época la base fisiopatológica de las enfermedades, los conocimientos anatomoclínicos, la experimentación animal, la microbiología, los medios de cultivo, la hemostasia quirúrgica, se aplican tanto en la Medicina como en la odontología, consolidando un proceso científico que lleva a la creación de la odontología como carrera universitaria independiente de la Medicina, aunque con gran base médica.

En estos años el método científico se basa en los principios de la autopsia (visión de la realidad por uno mismo) y la hermeneia (interpretación de los resultados), que se aplican en Ciencia odontológica de una manera pormenorizada.

En Estados Unidos y en Europa destacan Riggs, (primer especialista de la periodoncia), Younger, Orban, Weski, Gottlieb, Newmann, Black, Ramfjord, Glickman, etc. En la actualidad figuras como Löe, Lindhe, Carranza, Caffesse, etc., ocupan un lugar destacado en el impulso del conocimiento de la Odontología.

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Hemos podido ver con este rápido paseo por la historia de la Ciencia odontológica, cómo los conocimientos de los sumerios y babilonios llegaron a impregnar la cultura grecorromana y a través de la cuenca mediterránea y merced a los fenicios, llegaron a España. Aquí los califatos de Toledo y, Córdoba en especial, desarrollaron estas ideas y las enviaron a la Europa Central que impulsó sus conocimientos al otro lado del Atlántico, en la costa este de los Estados Unidos. Aquí germinaron y, en un constante camino de ida y vuelta, regresaron a la vieja Europa y sirvieron de acicate a un desarrollo científico insospechado.

2.- LA BOCA EN LAS RELACIONES HUMANAS

La boca, a través de la cual se expresa el lenguaje, el cual crea palabras, términos y frases, interviene en las relaciones entre los humanos siendo base de la cultura y del conocimiento. En la boca pues, toman cuerpo las expresiones de los pueblos y sus identidades, utilizando la palabra en diferentes modos y maneras, pudiendo como arma ser empleada para atacar, para hundir al enemigo, o simplemente contrincante, y también para alabar y resaltar. En la primera forma destruimos, en la segunda construimos. A veces puede usarse como arma secreta, esa palabra dicha en un momento oportuno, en un lugar apropiado con el único fin de hacer tambalear, de avasallar a nuestro interlocutor o a aquellos que nos van a oír. Otras veces puede usarse para desbrozar, allanar el camino que luego emprenderemos o usarse de una manera zalamera y cariñosa. Es fácil pues, columbrar, que la palabra puede tener un sinfín de acepciones y, empleada en forma inteligente, nos puede servir a veces para perfilar una situación o una entrevista. Por la palabra estoy aquí ante un docto auditorio esperando recibir un juicio, no severo, sino lleno de afecto a este que les habla.

La palabra puede ser mohina, precoz, deleznable, ubérrima, mirífica y dicha en ciertas circunstancias, definir claramente una conversación. Pero además la boca no expresa sólo lenguajes; los pueblos primitivos a través de la boca se interrelacionaban con expresiones guturales y gritos. Para ellos era suficiente, era su idioma y la manera que tenían de identificarse y relacionarse.

Por lo demás, la boca sirve para la tertulia y para el diálogo. Por la conversación expresamos nuestros puntos de vista, cobra actualidad lo remoto y lo verídico, allí se expande el perfume de unas relaciones humanas que tratan de unir y no de separar. Sirva como ejemplo, el que en el café Pombo, en amable discusión, se encontraban Ramón Gómez de la Serna con sus sugerencias, Díaz Cañabate con su finura dialéctica llamando a la torrija madrileña "lingote de oro espolvoreado de polvo de plata de azúcar", Alfredo Marquerie que expone en Madrid lo que en las guías y libros no viene, Agustín de Foxá con su gracejo sutíl etc. El café de Pedro Chicote, el Comercial y tantos y tantos se convirtieron en manifestación de tertulias y diálogos. Os he rogado que vinierais a verme para tener un cambio de impresiones, dijo Hipócrates a sus invitados. Se comenta que Miguel Unamuno cuando veía un grupo de amigos conversando animadamente se acercaba y los espetaba: "De que habláis que yo opino lo contrario". Esto es la tertulia con sus efectos positivos sobre el intelecto y el cuerpo. ¿Qué es sino esto la relación médico-paciente? El ternos logos de los griegos, la conversación como medicina, que no presenta efectos adversos.

Muchos problemas se pueden curar o al menos mitigar con una buena conversación. Si nosotros, en el momento actual, siguiésemos el ejemplo de Azorin, de Prieto y de Antonio Machado, grandes conversadores, no seríamos tan el centro del mundo, tan ombligos. Hay una tendencia en el hombre a ser ombligo y sólo la lectura, el conocimiento y su emisión, la palabra que conforma la tertulia, nos librará de ello.

Cuántas guerras se hubieran evitado, cuántas muertes efímeras y sin sentido, cuántas vicisitudes no hubieran existido con una buena tertulia. El diálogo lo puede todo y la boca el protagonista del mismo. Pero para ello es necesario tener ilusión, ésta dirige el barco del pensamiento a través de las procelosas aguas tormentosas y deja una estela convertida en diálogo. Sin él, los pensamientos mueren, el cerebro se agosta y no se proyecta. La vida sin ilusión se agosta, el pensamiento es lo que la lluvia al campo que en forma mirífica le ayuda y estimula. Un cerebro sin ilusión es un campo yermo, pero si este cerebro no puede proyectarse a través de la boca y la palabra, será baldío. Esta verdad, "Me niegan el pan y la palabra "vertida por Blas de Otero expresión de nuestro yo más intimo y personal.

El diálogo, la tertulia, muestra frescura, rejuvenecimiento, las ideas

28 frescas reverberan a su alrededor, la idea vieja hace que deba ser rechazada por negativa. Un pensamiento ilusionado es joven y la boca es expresión y proyección de ideas, pensamientos e

ilusiones. Me vienen a la memoria aquellos versos de Espronceda en canto a Teresa que dicen "Hojas del árbol caídas, juguetes del viento son, las ilusiones perdidas son hojas desprendidas del árbol de mi corazón". No debemos perder la ilusión, debemos mantener ésta como decía Neruda "y el verso cae al alma como al pasto el rocío". Pero es que la boca y la palabra ocupan importantes referencias poéticas que lejos, y al mismo tiempo tan cerca, tenemos esos maravillosos versos de "Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca" y más tarde añade. "Una palabra entonces, una sonrisa bastan".

Pero es que la boca ha sido a lo largo de la poesía expresión de imágenes, la sonrisa centelleante, la expresión arrobada de una joven, los labios y dientes han servido de metáforas poéticas y de expresiones quiméricas que espolvorean la magia del erotismo. Pues está claro que la boca ocupa un lugar preeminente en el erotismo y en el amor.

Una boca insinuante, arrobadora y ribeteada por unos labios atractivos hacen que la atracción física sea positiva, mientras que una boca desviada, taimada, repele y hace que la relación sea negativa. La boca ocupa en el amor un auténtico lugar de encuentro, reverberando estímulos positivos y favoreciendo el encuentro final y a veces el desencuentro como señalaba Bécquer:

Asomaba a sus ojos una lágrima

Y a mi labio una frase de perdón;

Habló el orgullo y se enjugó su llanto,

Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;

Pero al pensar en nuestro mutuo amor,

Yo digo aún: ¿"Por qué callé aquel día"?

Y ella dirá ¿"Por que no lloré yo"?

Pero es que también la boca interviene en las relaciones profesionales comerciales, ocupando también un lugar destacado en la advocación y plegaria. La sonrisa de la cara y el brillo de la mirada caminan en forma paralela. Y si no entiendes una mirada nunca entenderás una larga expli-cación.

También la boca tiene una importancia en la reflexión y el pensamiento. El asombro es la capacidad de ver las cosas con un sentido diferente, el vuelo de una gaviota, el florecer de una rosa, el amanecer en el mar, el atardecer en la estepa africana, son hechos que llevan a la reflexión y esta tiene y debe expresarse a través de los ojos y de la boca.

Todos tenemos un arpa escondida y tal vez olvidada en el fondo de nuestra alma. En aquel rincón oscuro guardamos, quizás sin saberlo, lo más profundo de nosotros, lo más granado y ése es el ejercicio de cada día: aflorar lo más intimo, lo más puro de nuestro caudal genético. Porque como decía Miguel Hernández:

Boca que arrastra mi boca Boca que me has arrastrado Boca que vienes de lejos A iluminarme de rayos.

Alba que das a mis noches Un resplandor rojo y blanco Boca sembradas de bocas Pájaro lleno de pájaros

Boca que desenterraste El amanecer más claro Con tu lengua tres palabras Tres fuegos has heredado Vida, Muerte, Amor Ahí quedan, escritas sobre tus labios

3.- LA BOCA EN LA VEJEZ

Con la mirada en la boca, con el silencio en los ojos, así el viejo deja escapar el tiempo, con la reflexión y el recuerdo pasan los minutos, las horas y los días. Y la palabra se hizo boca y la boca palabra y la mirada

30 silencio. El viejo todo es silencio, todo recuerdo de los huecos de las distintas ausencias. Ausencia de la fuerza física, ausencia de caminar, ausencia de ideas, fluir lento y cadente de pensamiento. Todo para el viejo es pensar en la ausencia.Dice Pedro Lain Entralgo que en la senectud es necesario, para no ser socialmente inútil, el proyecto, el recuerdo y la revisión. El primero para seguir siendo persona, el segundo para estar cierto de que algo hemos sido, y el tercero para que el resultado del proyecto sea actual, aunque no pasa de proseguir la línea de vida vivida. En este pensamiento se encierra una filosofía aplastante y positiva. Si el viejo tienen un proyecto con ilusión, un recuerdo de su vida con prudencia, podría seguir siendo útil en la sociedad en la que vive.

Es necesario que el anciano mantenga activo el proceso de incorporación de conocimiento y su expresión a través de la boca proyectándose en los que le rodean. El diálogo es, en la tercera edad, base medicinal importante. Debemos erradicar lo que algunos, junto con Horacio, opinaban del viejo en su Ars Poética que éste es "deseoso de ganancia, mísero, querellante, ensalza los tiempos pasados y condena a los jóvenes"

El anciano tiene que tener presentes ilusiones , recuerdos y revisiones, en un contexto de bagaje cultural y humanístico, dispuesto a enseñar, transmitir y, por qué no, a partir. Como decía Machado: " Y cuando llegue el día del último viaje y este a partir la nave que nunca a de tornar me encontraréis a bordo, ligero equipaje, casi desnudo, como los hijos de la mar"

El aumento de la esperanza de vida en la sociedad actual hace que, cada vez, acudan a nuestras clínicas pacientes de edad avanzada que son candidatos a tratamientos estomatológicos. En España en el año 2010, serán mayores de 65 años más del 20 % de la población, lo que representará unos 6 millones de personas.

Hasta nuestros días, parecía que el paciente geriátrico no era subsidiario de consideraciones especiales, pero cada vez es más frecuente la actividad positiva de la profesión hacia ellos, lo que equivale a unos enfoques distintos, no sólo en el área diagnóstica, sino también en la terapéutica.

El anciano envejece de una manera más sana y mejor en el aspecto socioeconómico, teniendo ciertas características que es necesario conocer.

 

Un gran porcentaje de ancianos tiene disminuida su capacidad de masticación y en consecuencia manifiesta alteraciones de la nutrición. La desdentación, que puede oscilar entre un 60 y 90% de la población, condicionará alteraciones de la masticación y deglución.

Los mecanismos de adaptación y la capacidad de reparación tisular en el anciano están disminuidos. La involución biológica afecta a todas las estructuras bucales como maxilares, dientes, mucosa, lengua, glándulas salivares etc. Los tejidos dentarios como esmalte, dentina, cemento y pulpa cambian con la edad. Una cualidad de la saliva, aparte de participar en mecanismos de autoclisis, es la remineralización del esmalte y ésta en ancianos, que casi todos presentan xerostomía, se verá alterada. Por otro lado los tejidos blandos de la cavidad bucal pierden su tolerancia por los irritantes, siendo la mucosa menos elástica y con un epitelio más fino, por lo que se lesionará más fácilmente. La superficie dorsal de la lengua pier-de sus papilas filiformes y aumentan las varicosidades sublinguales.

La disminución de la saliva en los ancianos se explica por la presencia de infiltrados inflamatorios difusos en las glándulas salivares y la estructura glandular se sustituye por tejido fibrograso. Hay, en la esfera psíquica, procesos emocionales y alteraciones mentales que pueden influir en la patología del anciano. El síndrome de la boca ardiente es un buen ejemplo.

La ausencia de dientes conlleva la utilización de prótesis, cuyo excesivo desgaste hace que la dimensión vertical disminuya, por lo que los ancianos, presentan una boca donde la saliva rezuma por sus comisuras; la musculatura y elasticidad han desaparecido, lo que unido a la reabsorción ósea irreversible, en especial en el maxilar inferior, lleva a la atrofia ósea.

Una mandíbula atrofiada es lo normal y las inserciones musculares superficiales tienden a impedir prótesis retentivas. La dificultad de la adaptación a las prótesis es un hecho claro y la presencia de estos objetos extraños en la boca conlleva el desarrollo de estímulos diferentes en el sis-tema moto-sensorial que influirá en el comportamiento moto-oral. Ambos exteroceptores y propioceptores se encuentran afectados por el tamaño, la forma, la posición, la presión y la movilidad de la prótesis. Algunos auto-res afirman que el llevar una prótesis es una cuestión de destreza y que

32 una vez que se ha adquirido dicha habilidad, el paciente depende mucho menos de los factores físicos como la adhesión y la cohesión. Por otro lado la facilidad para aprender y coordinar parece disminuir con la edad, debido probablemente a la atrofia progresiva de elementos de la corteza cerebral.

4.- LA BOCA EN LA ENFERMEDAD

En la boca se reflejan muchas enfermedades que constituyen una pléyade de patologías ricas en su expresión y floridas en su proyección.

La enfermedad periodontal, conocida ya desde antiguo, ocupa un lugar preeminente en la Patología. Se trata de un conjunto de enfermedades caracterizadas por la pérdida del soporte del diente y su caída posterior. El proceso patogénico comienza por el acúmulo de la placa bacteria-na, donde crecen y se desarrollan hasta 300 especies diferentes, que inician un proceso inflamatorio de respuesta inmunológica por parte del hospedador la cual conlleva la migración de adherencia epitelial y la formación de bolsa con destrucción del tejido conectivo de inserción del diente y posterior reabsorción ósea, que finalizará con la movilidad del diente y su caída posterior.

La cavidad oral es un gran ecosistema compuesto, por gran cantidad de gérmenes que, en salud, constituye un equilibrio (eubiosis) y que si se rompe da lugar a la aparición de enfermedades, de las cuales alguna de ellas son de las más frecuentes de la economía, como las enfermedades periodontales.

En el nacimiento, la cavidad oral es un recinto estéril, pero rápidamente se inicia la colonización bacteriana constituyéndose, durante los primeros años de vida, la llamada flora o microbiota oral donde cohabitan formas aeróbicas, anaeróbicas estrictas (65%), especies saprofitas y patógenas que actúan en equilibrio, y que al romperse éste se provoca la enfermedad (disbiosis).

La gingivitis es aquel proceso inflamatorio caracterizado por un enrojecimiento y edema a nivel gingival pero sin pérdidas de estructuras de soporte. La periodontitis, por el contrario, se caracteriza por presentar pérdida de soporte, lo que se traduce clínicamente por una destrucción del ligamento periodontal, movilidad del diente, pérdida del hueso alveolar y separación de los dientes, esto es, los clásicos diastemas de esta enfermedad.

Lo que hoy día esta fuera de duda es que la periodontitis es un proceso infeccioso de tipo bacteriano, caracterizado por el acúmulo, crecimiento y desarrollo de ciertas bacterias. Hay algunas que tienen un gran componente periodontopatógeno como Porphyromonas gingivalis, Prevotella intermedia, Actinobacillus actinomycetemcomitans, Bacteroides forsythus etc.

Por ello, la presencia de las bacterias actúa en forma deletérea y dañina, más por su virulencia que por la cantidad. Así, importa más la calidad, por lo que hay doctrinas microbiológicas que tratan de defender la diferente microbiota en los distintos tipos de periodontitis. Lo que hoy se llama teoría específica de la enfermedad.

El contenido microbiano de la placa varía ampliamente entre los diferentes individuos, y dentro del mismo individuo, en distintas zonas. Hoy en día hay tendencia a demostrar que formas distintas de periodontitis tienen etiologías microbianas específicas. La placa crece por agregación de nuevas bacterias, multiplicación de bacterias y acumulación de productos bacterianos. Al cabo de una hora, después de limpiar cuidadosamente los dientes, aparecen ya acúmulos de placa sobre los mismos. La velocidad de formación y la localización varían de unas personas a otras, según las distintas regiones de una misma boca y, asimismo, en las diferentes zonas de un mismo diente.

Las bacterias se depositan en la región supragingival y en la subgingival; son estas últimas las que toman protagonismo desde el punto de vista patogénico. En aquellas existen cocos y gram positivos en general, mientras que en esta aparecen los móviles, espiroquetas, gran negativas y ana-erobios. Se ha visto que cuanto más profunda es la bolsa periodontal, hay una mayor presencia de anaerobios periodontopatógenos.

Por ello, el inicio de la gingivitis y la periodontitis son las bacterias, y a este respecto, tenemos los clásicos experimentos de gingivitis experimental de Harald Löe (1965) y los de periodontitis experimental de Jan Lindhe (1967). En el primero se demostró taxativamente que el acúmulo

34 de la placa bacteriana a consecuencia de la interrupción de la higiene bucal se caracteriza por la presencia de gingivitis, pero que este proceso es reversible, pues al reiniciar la higiene a las tres semanas regresa a la salud. Por lo cual se demostró relación causa-efecto y una reversibilidad del proceso ya que, al ser gingivitis, no había pérdida de inserción. También se demostró que la microbiota de la placa era más compleja según pasaba el tiempo, transformándose de gram positivas y cocos a gram negativas, vibrios y espiroquetas.

Para que se produzca la enfermedad se necesitan, según Socransky (1991):

. ➣ Presencia de bacterias patógenas

. ➣ Ausencia de organismos protectores

. ➣ Presencia de un ambiente favorable

. ➣ Deficiencias del sistema inmunitario

El segundo experimento de la Periodontitis experimental fue realizado en perros poco años después. En él se demostró que la mayor parte de los perros desarrollaron periodontitis y que, cuando esta se presentaba, siempre era a partir de una gingivitis. El hecho de que no todos los perros desarrollasen periodontitis se debía a la respuesta del hospedador, que hace que existan, distintas formas de responder ante la entrada de bacterias. Por ello, la enfermedad puede llegar a manifestarse en cuadros clínicos diferentes, y su expresión clínica puede presentarse bajo periodos de exacerbación y remisión. No existe el mismo grado de destrucción periodontal en los diferentes individuos, momentos de la vida e incluso regiones de la boca. Hay factores de tipo local o sist

Género al que pertenece la obra: Ensayo literario
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