Ir al contenido

Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Martes, 24 de mayo de 2022

Inicio | ¿Quiénes somos? | Editar mi portal

Discurso entrada Doctor Honoris causa U.Cayetano de Heredia,Lima,Perú

La boca como transmisor de la palabra y union de los pueblos

 

 

 

 

 

LA BOCA, LA PALABRA Y LA TERTULIA

 

Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. Dr. Prof. D. Antonio Bascones Martínez

 

En la toma de posesión como Profesor Honorario el día 2 de Abril de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Excelentísimos señores y  señoras:

 

Quiero agradecer sinceramente la propuesta de Profesor Honorario que un grupo de amigos han hecho y que guiada más por su amistad y afecto que por mis méritos ha finalizado en este entrañable acto. Por ello mis primeras palabras han de ser de agradecimiento a los profesores Wilson Delgado, Fernando Donayre y David Loza, por todo su apoyo a la idea de este nombramiento.Al Rector Prof. Oswaldo Zegarva tambien mi reconocimiento sincero pues sin su apoyo nada de esto hubiera sucedido.

Honrado y orgulloso me encuentro en esta noble y prestigiosa Universidad para recibir con satisfacción el título de profesor honorario y como decían los versos escritos por nuestro ilustre Francisco de Quevedo:

 

 "Entre nobles no me encojo

que, según dice la ley

si es de buena sangre el rey

es de tan buena su piojo"

 

Aquí pues, vengo contento a recibir tal honra y prebenda que aderece mi persona con la alta cota de esta distinción.

         He elegido este discurso en un paseo poético sobre la boca, pues de eso sabéis mucho los que escucháis y de la misma manera que el poeta Machado recita aquello de:

 

"el ojo que ves no es

ojo porque tú lo veas

es ojo porque te  ve"

 

 

Yo os puedo decir:

 

"Que la boca que oyes no es

boca porque la oigáis

Es boca porque te habla"

 

         Decía Apuleyo que la boca es vestíbulo del alma, la puerta de los discursos y el pórtico del pensamiento. Hoy día, a la luz de los cambios producidos en las sociedades modernas, esta máxima cobra mayor importancia.

         Ni que decir tiene que existen gran cantidad de enfermedades que se manifiestan en la boca y que en un sentido bidireccional esta tiene influencia en el organismo. Por  eso no se puede entender la boca como un compartimento estanco y es necesario estudiarla en todas sus diferentes facetas de salud y enfermedad, de tertulia y transmisión de la cultura y del conocimiento.

 De todos es conocido que en la boca se encuentran las personas al hablar y que en la boca leen los sordos las palabras y que en ella, al fin, enmudece el silencio del que niega, del que llora y del que habla. Es fiel reflejo de lo que el alma esconde y con palabras del poeta, en tu boca aletea un beso y en tus orillas reposa el cansado. Son sus riberas, dulces caminos que buscan afanosamente el amor perdido y sus olas, los suaves besos que se escapan y terminan en la arena escondida. Por ella las personas aman y por ella se siente el rencor. Pero también la boca sirve de vehículo transmisor del conocimiento. Por ella estoy, estamos todos aquí. Es necesario recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular en la conversación la estética del amor y la transmisión del fluir de la amistad. Esta oquedad poética, esta cueva del amor y la palabra tiene que ser una búsqueda del amor y del encuentro, a través de la palabra y la tertulia. "Os he rogado que vinieráis a verme para que tengamos un cambio de impresiones", dijo Hipócrates a sus invitados. Esto es la tertulia con sus efectos positivos en el intelecto y en el cuerpo. Esto es la relación médico-paciente, el terpnos logos de los griegos, la conversación como medicina, que no presenta efectos adversos. Cuantos problemas y enfermedades se pueden curar o al menos paliar con una buena conversación.

         Acudía una vez un paciente a mi consulta con una larga prescripción recetada por un facultativo de prestigio de nuestra ciudad. No menos de diez medicinas debería tomar al cabo del día, sin reparar que la mayor parte podían suprimirse y ser sustituidas por diez minutos de conversación. El paciente lo que quiere es exponer su problema, que se le escuche, que se le hable, no que se le hagan resonancias magnéticas, scanner, tomografías, analítica compleja, etc.

Una buena palabra, aplicada en su justo momento, es más efectiva como arma terapéutica que tantas y tantas medicinas de nuestra farmacopea actual. La bondad del efecto de la palabra es básica en el manejo de la enfermedad. Los grandes clínicos utilizan aquella para entrar en la intimidad del paciente, para disecar su pensamiento y para tratar de enfocar la psiquis en un sentido positivo, orientando su actuación hacia la curación del enfermo.

 El síndrome de ardor bucal, el liquen y tantos cuadros clínicos de nuestra parcela, tiene su base en respuestas alteradas del individuo. Respuestas que pueden encauzarse en uno y otro sentido en función de la utilización de la palabra. Pero esta es también la base de la tertulia, de la conversación, donde los grandes intelectuales exponen sus puntos de vista, donde los políticos se encuentran en las ideas y donde los amigos, los amantes y las familias se unen en el sendero de la vida. La tertulia de los clásicos, de los intelectuales, aderezada con el sutil gracejo de la inteligencia, adornada con la pátina del verbo, sirve de bálsamo intelectual para el desarrollo humano. Debemos recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular a nuestros clásicos en la conversación, obteniendo a través de los labios el contacto psicológico de las personas. Aquí es donde los estomatólogos debemos resaltar nuestro patrimonio científico como lugar de encuentro de las personas y de las ideas.

         Nuestro gran Ramón y Cajal día tras día, de una forma sagaz y ubérrima desparramaba por doquier su ilusión, su capacidad de trabajo y su forma de ser y hacer. Y todo ello a través de la palabra que no encontró parangón en la época. Nadie podía columbrar que nuestro ilustre pensador llegara a donde llegó, desde aquel pequeño pueblo de la provincia de Huesca, desde aquella aldea donde entre zalagardas y juegos se curtió su voluntad, tesón y esfuerzo. El desarrollo del mundo, de la ciencia y de la investigación pivota en gran medida en el trabajo diario, continuo y repetitivo, fluyendo lentamente y transmitiéndose por la palabra. Como el maestro al alumno, como el padre al hijo, como el amigo al amigo, como el esposo a la esposa, todo fluye y reverbera a través de la palabra. Sin ella el pensamiento muere y se angosta.

         La excelencia de lo bien realizado debe tener su final en lo bien trasmitido. De nada sirve aquello si esto no se produce. Esta transmisión escrita o verbal, tiene su base en la palabra, porque esta no tiene siempre que ser verbal, puede en algún modo transmitirse a través del papel. Pero una y otra transmisión, la escrita y la verbal, se complementan y hacen más comprensible la mente humana. Hoy día parecería que no importa lo bueno, lo excelente, lo bien hecho o lo  hecho solo por la mera razón de hacer algo excelente y bueno.

         Interesa lo otro, lo baladí, lo regular, lo mediocre. Interesa más lo superfluo que lo fundamental, el ornamento externo que el sustrato, la perifería que el yo. Sin embargo todo lo fundamental todo lo básico, tiene su correlato en la transmisión y en la enseñanza y en consecuencia en la palabra.

         También es necesario señalar que la palabra precisa y exacta enmarca una situación y expresa adecuadamente un hecho.El conocimiento del latín tuvo su responsabilidad en esto.Y como ejemplo de la importancia de la precisión de la palabra expongamos aquella escena en que un político parlamentario cada vez que su mujer se iba a la compra,se acercaba a la habitación de una joven fámula que tenían y se aplicaba a un rápido ayuntamiento.Pero sucedió que un día la feliz esposa regresó antes del mercado y los encontró en comprometida situación, por lo que con indignación le dijo a su marido"¡Sebastián,estoy sorpendida¡"a lo que el atribulado marido haciendo un escorzo para salir de tan airada postura la corrigió diciendo"No,querida. A lo sumo estarás asombrada .Los sorprendidos hemos sido nosotros." Aquél político había estudiado latín.

         Por ello definir la palabra, es defender la esencia misma del conocimiento y la investigación. La pátina del tiempo es inexorable, todo lo pule y lima, lo abrillanta o le da el marchamo necesario y conveniente. Por eso la voz y la palabra son y seguirán siendo, fiel reflejo del desarrollo humano. La palabra, nuestra palabra, bien aplicada va a ser una prescripción importante.

         Ante un paciente no solo es fundamental tratarle la caries, la periodontitis o realizarle un tratamiento restaurador protésico implantológico sofisticado. Es ante todo y sobre todo aplicarle la palabra útil que cual pócima en herida será bálsamo y perfume a su problema.

 

Por una mirada, un mundo

Por una sonrisa un cielo

Por un beso...; yo no sé

Que te diera por un beso.

 

Y por una palabra,  ¿que nos daría el poeta de las rimas?. Esa palabra adecuada en el momento, precisa en la circunstancia y acorde con su objetivo. Porque no hay nada más inútil que la palabra que no arranca, aquella que no aflora a los labios, la que muere sin pronunciarse. Ya Bécquer señalaba con versos esta situación:

 

Asomaba a sus ojos una lágrima

Y a mis labios una frase de perdón;

Habló el orgullo y se enjugó su llanto,

Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por el otro;

Pero al pensar en nuestro mutuo amor,

Yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"

Y ella dirá: "¿ Por qué no lloré yo?"

 

Es cuestión de palabras, y no obstante,

Ni tu ni yo jamás,

Después de lo pasado convendremos

En quién la culpa está.

¡lástima que el amor en un diccionario

no tenga donde hallar

cuando el orgullo es simplemente orgullo,

y cuando es dignidad!

 

.....................

Los suspiros son aire, y van al aire,

Las lágrimas son agua, y van al mar.

Dime mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú a donde va?

 

¿Y las palabras donde van?

 

 

 

         Pero es que las palabras sirven para elaborar el verso y allí radica la esencia de la poesía, definida por León Felipe en su poema

 

Deshaced ese verso,

quitadle los caireles de la rima,

el metro, la cadencia

y hasta la idea misma.

 

Aventad las palabras,

y si después queda algo todavía,

eso

Será poesía.

 

La tertulia en la España de principios del siglo pasado, jalonada entre café y café, ha sido exponente del mayor intercambio de ideas surgido en los intelectuales de la época. Allí se hablaba de lo divino y lo humano, del último libro, del postrer estreno de teatro o exposición. Allí entre espejos y lunas azogadas, pasaban las sombras de personalidades que hoy son recuerdo de nuestra historia. Allí, entre conversación y comentario, se oía la música de tazas, vasos y cucharillas, se veían los devaneos de las parejas en el rincón y se oían las campanadas del reloj que como notas sueltas se esparcían en el aroma del café. La conversación larga, los espejos y las lunas, los divanes y las sillas de madera están hechas para la gente que goza del tiempo, que lo posee y utiliza. En estos lugares se concentra la fórmula de la convivencia y la compresión, ejerciendo la amistad que entraña una buena tertulia.

         Asistir al café Pombo o al Gijón con Victor de la Serna, Azorín, Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías, Prieto y tantos y tantos, era un lujo solo posible para personas inteligentes que saben no mirarse el ombligo y que presentan una mente amplia y serena.

         Si estas tertulias se realizaran con más asiduidad los problemas del mundo serían mínimos, ahogados por la sutileza y el matiz de los discursos.

         Pero es que la tertulia no tiene porque ser seria, en todo el sentido de la palabra puede ser jocosa, jacarandosa y porque no socarrona. Esta última libera el espíritu y la hace ser más libre. Como no recordar el gran poeta satírico Manuel del Palacio en ese delicioso epígrafe:

 

 Diálogo al vuelo cogido

En el baile de Menchaca.

- Oriénteme usted, querido

¿quién es esa horrible vaca

que al pasar le ha sonreído?

 

- Se lo diré, caballero.

Es doña Julia Terrón,

hija del duque de Ampuero

y madre de este ternero

que esta a su disposición

 

O aquella conversación de Muñoz Alonso y del Ministro Secretario General del Movimiento, Sr. Solís, el cual era de un pueblo llamado Cabra, de la provincia de Córdoba, que afirmaba en un discurso. " menos latín y más deporte" y dirigiéndose a la sazón al profesor Muñoz Alonso le espetó: Por que vamos a ver, Adolfo, para que sirve el latín y este, rápidamente, con aquel gracejo que le caracterizaba, le contestó: Ministro, el latín sirve, entre otras cosas, para que vosotros los de Cabra os llaméis egabrenses.

A don Jacinto Benavente , en un estreno, un poeta le envió el siguiente epígrafe:

 

Don Jacinto Benavente

Ha estrenado Una señora,

Y es lo que dice la gente:

"Ya era hora, ya era hora"

 

 

A lo que don Jacinto Benavente contestó:

 

Hace camas y comedias,

Pero con tan mala suerte

Que en las camas te desvelas

Y en las comedias te duermes.

 

Otro epigrama de la época atribuido a Sentí reza como sigue:

 

Ayer se casó Senén.

Hubo pastas, dulces, frutas,

Maricones, prostitutas

En fin, que estuvo muy bien.

 

 

La tertulia es en cierto modo manifestación de algunas facetas de la investigación, entendiendo ésta como la posibilidad de asombrarse. La palabra asombrado significa attonitus, golpeado por el trueno y  ¿no lo fué Fleming al descubrir la penicilina, derivada del hongo que crecía en su placa de Petri? Hoy día tenemos la posibilidad de asombrarnos ante todo, el vuelo de una gaviota, el florecer de una rosa, el amanecer en el mar del Caribe y el atardecer en una estepa de África.

         Asombrarse requiere transitar despacio, mirar alrededor de uno mismo, observar los acontecimientos normales de la vida diaria. En una palabra, pensar, reflexionar y después conversar. Una de las cosas que más capacidad tienen de asombrar es la caricia del oleaje en la playa. ¿Quién no se queda ensimismado ante un hecho tan sencillo y repetido?. Una y otra vez, en continua parsimonia se repite monótonamente y mientras tanto nosotros conversamos con nosotros mismos, pues la tertulia no tiene que ser siempre con otros, reflexionar es hablar consigo mismo y aquella muchas veces puede ser la conversación más íntima. Capacidad de asombro podemos tener ante los acontecimientos diarios de nuestro ejercicio profesional, ante tal o cual situación clínica, cuadro patológico o respuesta del huésped.

Ante la realidad, el hombre tiene varias posturas, la contemplación en el plano estético y religioso, la utilización de esa contemplación, el conocimiento y la transmisión del mismo, es decir, la palabra. La emoción provoca una regresión mental; el asombro, por el contrario, un paso adelante. En la tertulia, en la conversación, el asombro es la protagonista principal y es la base del intercambio de ideas, de la exposición de opiniones, del fluir del pensamiento como el agua del río en su cauce. Con la palabra es posible enseñar, transmitir, dar ejemplo, y al igual que el agua horada la roca, con tesón y esfuerzo, aquella, una y otra vez, puede elevar la ética de la sociedad y trocar los parámetros equivocados de la misma.

Todos tenemos un arpa escondida y tal vez olvidada en el fondo de nuestra alma, en aquel rincón oscuro del que habla el poeta, y aquella arpa es la palabra. El diálogo sirve no para convencer sino para exponer, no para ser convencido, sino para entender. Con la palabra podemos entender a la otra persona, sus puntos de vista, sus opiniones, sus reflexiones personales y de esta manera tratar de trabajar en una misma dirección. Esto es la excelencia de la conversación frente a la mediocridad, lo refulgente frente a lo mortecino. Es la capacidad de proyectarse en el otro, dando al pensamiento la capacidad de la ilusión. Sin esta, aquel se angostarán. La ilusión es al pensamiento lo que la lluvia al campo, que en forma mirífica la estimula. Un  cerebro sin ilusión es un campo yermo y un pensamiento que no fluye en una tertulia es un campo agostado por la sequía. Ilusión, pensamiento, reflexión y transmisión son cualidades que hacen que nuestro yo no sea baldío. La palabra, pues, nace en la boca y no solo responsabiliza al que la transmite, sino también al que la escucha.

         Espronceda en su canto a Teresa dice:

Hojas del árbol caídas

juguetes del viento son,

las ilusiones perdidas

son las hojas desprendidas

del árbol de mi corazón.

 

         El pensamiento es ilusión, es añadir hojas a nuestro árbol de la vida. Si por un lado se desprenden, por otro que renazcan, si por un lado se caen, por el otro que reverberen como capullos. Un pensamiento, una idea, una reflexión deben estar espolvoreados por la ilusión. Son las chispas centelleantes que se encienden en la bengala, son las sonrisas que se dibujan en una cara, los brillos de las miradas cuando la conversación está en su pleno apogeo. Debemos defender hacer ilusiones, poner ilusiones, centellear nuestra actividad con las bengalas de la tertulia.

 En la senectud todo es silencio, todo recuerdos, el viejo deja escapar el tiempo con la reflexión y la palabra se hizo boca y la boca palabra y la mirada silencio. A él solo le queda la conversación, el intercambio de experiencias ya que el proceso de incorporación de conocimientos y valores se realiza a un ritmo más lento. Sin embargo en su tertulia adivinamos un pensamiento más profundo y reflexivo.

Pero la conversación se debe tener y defender. Es curioso como las tertulias en los cafés protagonizadas por intelectuales no son sino reflejo no solo de un proyecto más culto y profundo, sino también de un proceso reflexivo en un espíritu de libertad.

 

         Las historias clínicas hipocráticas contenidas en el Corpus Hippocratium encierran enseñanzas médicas de alto contenido, basadas todas ellas en la anamnesis y en el diálogo entre el médico y el enfermo. El proceso morboso es disecado a través de la palabra que trata de encontrar respuesta al modo de la enfermedad y al modo de enfermar propio del paciente. El "tropos" es de esta manera base fundamental en la historia clínica. El Arte médico está constituido por tres cosas: la enfermedad, el enfermo y el médico. Juntos el enfermo y el médico deben enfrentarse a la enfermedad. Hipócrates es capaz de diferenciar intelectualmente entre el enfermo y aquello que el enfermo padece.

         A través de este diálogo entre el enfermo y el médico se pueden distinguir diferentes modos de enfermar: el sintomático, el patocrónico, el localizatorio, el etiológico, el pronóstico y el constitucional. No en balde en este último apartado se dividían a los pacientes en melancólicos, flemáticos, sanguíneos, biliosos, etc.

         Por ello en esa tertulia entre el paciente y el médico se puede conocer lo presente, lo sucedido y lo por venir con palabras de Lain Entralgo. El médico no pregunta al enfermo todo lo que este sabe acerca de su vida anterior, sino tan solo aquello que puede servirle para entender la enfermedad del paciente.

         La anamnesis no es tan solo un método  para conocer lo que en el pasado del enfermo importa, sino una prueba de que es capaz de conocer su enfermedad más profunda y por ello establecer un correcto pronóstico. Pero es que el diálogo anamnésico no sirve solo para conocer la verdad del paciente y de su proceso morboso, sino también para establecer las diferentes pautas terapéuticas. Aquellos consilium o consejos, originados en las diferentes Facultades de Medicina en la época medieval, allá por el año 1240, fueron la base del tratamiento y no siempre fueron farmacológicos o quirúrgicos, pues muchos de ellos  se basaban en el diálogo y en la tertulia con el paciente.

         Lo importante es entender el lenguaje de las cosas, el viento del desierto, la arena de la playa, el sonido de las olas, ensimismarlo y hacerlo nuestro y después extrapolarlo en una conversación a la otra persona intentando la transmisión de nuestro yo al otro, de nuestro intimismo al entorno que nos rodea y siempre a través de la boca en un continuo fluir de palabras que conformen un diálogo.

         Cada persona tiene su propio lenguaje, la sonrisa, la mirada, las manos y ese lenguaje es necesario trasformarlo en diálogo, en conversación. Sin embargo no siempre se puede entender los diferentes lenguajes de las personas, aunque siempre hay un lenguaje en el mundo que todos conocen y entienden y es el lenguaje de las cosas hechas con amor, con entusiasmo, con ilusión.

         Dice un proverbio árabe que si no entiendes una mirada no entenderás nunca una larga explicación. Por eso el lenguaje de las cosas y de las situaciones es fundamental para entendernos. Lenguaje no es solo el que aflora y se proyecta fuera de la boca, es también esa sonrisa a medio nacer, ese rictus de labios, el brillo de una mirada, el movimiento de una mano. Por ello en este discurso defiendo el lenguaje no solo el externo, sino también el interno, conformando ambos un diálogo que acerque a las personas y las haga más sublimes. Todos tenemos dentro de nosotros ese lenguaje interior dormido como el arpa en el rincón del alma. Debemos dejar que aflore, que reverbere y nos haga mas puros y justos, mas comprensivos y solidarios, olvidando rencillas, miserias y egoísmos que limitan nuestra felicidad.

 

                                                                           He dicho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA BOCA, LA PALABRA Y LA TERTULIA

 

Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. Dr. Prof. D. Antonio Bascones Martínez

 

En la toma de posesión como Profesor Honorario el día 2 de Abril de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Excelentísimos señores y  señoras:

 

Quiero agradecer sinceramente la propuesta de Profesor Honorario que un grupo de amigos han hecho y que guiada más por su amistad y afecto que por mis méritos ha finalizado en este entrañable acto. Por ello mis primeras palabras han de ser de agradecimiento a los profesores Wilson Delgado, Fernando Donayre y David Loza, por todo su apoyo a la idea de este nombramiento.Al Rector Prof. Oswaldo Zegarva tambien mi reconocimiento sincero pues sin su apoyo nada de esto hubiera sucedido.

Honrado y orgulloso me encuentro en esta noble y prestigiosa Universidad para recibir con satisfacción el título de profesor honorario y como decían los versos escritos por nuestro ilustre Francisco de Quevedo:

 

 "Entre nobles no me encojo

que, según dice la ley

si es de buena sangre el rey

es de tan buena su piojo"

 

Aquí pues, vengo contento a recibir tal honra y prebenda que aderece mi persona con la alta cota de esta distinción.

         He elegido este discurso en un paseo poético sobre la boca, pues de eso sabéis mucho los que escucháis y de la misma manera que el poeta Machado recita aquello de:

 

"el ojo que ves no es

ojo porque tú lo veas

es ojo porque te  ve"

 

 

Yo os puedo decir:

 

"Que la boca que oyes no es

boca porque la oigáis

Es boca porque te habla"

 

         Decía Apuleyo que la boca es vestíbulo del alma, la puerta de los discursos y el pórtico del pensamiento. Hoy día, a la luz de los cambios producidos en las sociedades modernas, esta máxima cobra mayor importancia.

         Ni que decir tiene que existen gran cantidad de enfermedades que se manifiestan en la boca y que en un sentido bidireccional esta tiene influencia en el organismo. Por  eso no se puede entender la boca como un compartimento estanco y es necesario estudiarla en todas sus diferentes facetas de salud y enfermedad, de tertulia y transmisión de la cultura y del conocimiento.

 De todos es conocido que en la boca se encuentran las personas al hablar y que en la boca leen los sordos las palabras y que en ella, al fin, enmudece el silencio del que niega, del que llora y del que habla. Es fiel reflejo de lo que el alma esconde y con palabras del poeta, en tu boca aletea un beso y en tus orillas reposa el cansado. Son sus riberas, dulces caminos que buscan afanosamente el amor perdido y sus olas, los suaves besos que se escapan y terminan en la arena escondida. Por ella las personas aman y por ella se siente el rencor. Pero también la boca sirve de vehículo transmisor del conocimiento. Por ella estoy, estamos todos aquí. Es necesario recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular en la conversación la estética del amor y la transmisión del fluir de la amistad. Esta oquedad poética, esta cueva del amor y la palabra tiene que ser una búsqueda del amor y del encuentro, a través de la palabra y la tertulia. "Os he rogado que vinieráis a verme para que tengamos un cambio de impresiones", dijo Hipócrates a sus invitados. Esto es la tertulia con sus efectos positivos en el intelecto y en el cuerpo. Esto es la relación médico-paciente, el terpnos logos de los griegos, la conversación como medicina, que no presenta efectos adversos. Cuantos problemas y enfermedades se pueden curar o al menos paliar con una buena conversación.

         Acudía una vez un paciente a mi consulta con una larga prescripción recetada por un facultativo de prestigio de nuestra ciudad. No menos de diez medicinas debería tomar al cabo del día, sin reparar que la mayor parte podían suprimirse y ser sustituidas por diez minutos de conversación. El paciente lo que quiere es exponer su problema, que se le escuche, que se le hable, no que se le hagan resonancias magnéticas, scanner, tomografías, analítica compleja, etc.

Una buena palabra, aplicada en su justo momento, es más efectiva como arma terapéutica que tantas y tantas medicinas de nuestra farmacopea actual. La bondad del efecto de la palabra es básica en el manejo de la enfermedad. Los grandes clínicos utilizan aquella para entrar en la intimidad del paciente, para disecar su pensamiento y para tratar de enfocar la psiquis en un sentido positivo, orientando su actuación hacia la curación del enfermo.

 El síndrome de ardor bucal, el liquen y tantos cuadros clínicos de nuestra parcela, tiene su base en respuestas alteradas del individuo. Respuestas que pueden encauzarse en uno y otro sentido en función de la utilización de la palabra. Pero esta es también la base de la tertulia, de la conversación, donde los grandes intelectuales exponen sus puntos de vista, donde los políticos se encuentran en las ideas y donde los amigos, los amantes y las familias se unen en el sendero de la vida. La tertulia de los clásicos, de los intelectuales, aderezada con el sutil gracejo de la inteligencia, adornada con la pátina del verbo, sirve de bálsamo intelectual para el desarrollo humano. Debemos recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular a nuestros clásicos en la conversación, obteniendo a través de los labios el contacto psicológico de las personas. Aquí es donde los estomatólogos debemos resaltar nuestro patrimonio científico como lugar de encuentro de las personas y de las ideas.

         Nuestro gran Ramón y Cajal día tras día, de una forma sagaz y ubérrima desparramaba por doquier su ilusión, su capacidad de trabajo y su forma de ser y hacer. Y todo ello a través de la palabra que no encontró parangón en la época. Nadie podía columbrar que nuestro ilustre pensador llegara a donde llegó, desde aquel pequeño pueblo de la provincia de Huesca, desde aquella aldea donde entre zalagardas y juegos se curtió su voluntad, tesón y esfuerzo. El desarrollo del mundo, de la ciencia y de la investigación pivota en gran medida en el trabajo diario, continuo y repetitivo, fluyendo lentamente y transmitiéndose por la palabra. Como el maestro al alumno, como el padre al hijo, como el amigo al amigo, como el esposo a la esposa, todo fluye y reverbera a través de la palabra. Sin ella el pensamiento muere y se angosta.

         La excelencia de lo bien realizado debe tener su final en lo bien trasmitido. De nada sirve aquello si esto no se produce. Esta transmisión escrita o verbal, tiene su base en la palabra, porque esta no tiene siempre que ser verbal, puede en algún modo transmitirse a través del papel. Pero una y otra transmisión, la escrita y la verbal, se complementan y hacen más comprensible la mente humana. Hoy día parecería que no importa lo bueno, lo excelente, lo bien hecho o lo  hecho solo por la mera razón de hacer algo excelente y bueno.

         Interesa lo otro, lo baladí, lo regular, lo mediocre. Interesa más lo superfluo que lo fundamental, el ornamento externo que el sustrato, la perifería que el yo. Sin embargo todo lo fundamental todo lo básico, tiene su correlato en la transmisión y en la enseñanza y en consecuencia en la palabra.

         También es necesario señalar que la palabra precisa y exacta enmarca una situación y expresa adecuadamente un hecho.El conocimiento del latín tuvo su responsabilidad en esto.Y como ejemplo de la importancia de la precisión de la palabra expongamos aquella escena en que un político parlamentario cada vez que su mujer se iba a la compra,se acercaba a la habitación de una joven fámula que tenían y se aplicaba a un rápido ayuntamiento.Pero sucedió que un día la feliz esposa regresó antes del mercado y los encontró en comprometida situación, por lo que con indignación le dijo a su marido"¡Sebastián,estoy sorpendida¡"a lo que el atribulado marido haciendo un escorzo para salir de tan airada postura la corrigió diciendo"No,querida. A lo sumo estarás asombrada .Los sorprendidos hemos sido nosotros." Aquél político había estudiado latín.

         Por ello definir la palabra, es defender la esencia misma del conocimiento y la investigación. La pátina del tiempo es inexorable, todo lo pule y lima, lo abrillanta o le da el marchamo necesario y conveniente. Por eso la voz y la palabra son y seguirán siendo, fiel reflejo del desarrollo humano. La palabra, nuestra palabra, bien aplicada va a ser una prescripción importante.

         Ante un paciente no solo es fundamental tratarle la caries, la periodontitis o realizarle un tratamiento restaurador protésico implantológico sofisticado. Es ante todo y sobre todo aplicarle la palabra útil que cual pócima en herida será bálsamo y perfume a su problema.

 

Por una mirada, un mundo

Por una sonrisa un cielo

Por un beso...; yo no sé

Que te diera por un beso.

 

Y por una palabra,  ¿que nos daría el poeta de las rimas?. Esa palabra adecuada en el momento, precisa en la circunstancia y acorde con su objetivo. Porque no hay nada más inútil que la palabra que no arranca, aquella que no aflora a los labios, la que muere sin pronunciarse. Ya Bécquer señalaba con versos esta situación:

 

Asomaba a sus ojos una lágrima

Y a mis labios una frase de perdón;

Habló el orgullo y se enjugó su llanto,

Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por el otro;

Pero al pensar en nuestro mutuo amor,

Yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"

Y ella dirá: "¿ Por qué no lloré yo?"

 

Es cuestión de palabras, y no obstante,

Ni tu ni yo jamás,

Después de lo pasado convendremos

En quién la culpa está.

¡lástima que el amor en un diccionario

no tenga donde hallar

cuando el orgullo es simplemente orgullo,

y cuando es dignidad!

 

.....................

Los suspiros son aire, y van al aire,

Las lágrimas son agua, y van al mar.

Dime mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú a donde va?

 

¿Y las palabras donde van?

 

 

 

         Pero es que las palabras sirven para elaborar el verso y allí radica la esencia de la poesía, definida por León Felipe en su poema

 

Deshaced ese verso,

quitadle los caireles de la rima,

el metro, la cadencia

y hasta la idea misma.

 

Aventad las palabras,

y si después queda algo todavía,

eso

Será poesía.

 

La tertulia en la España de principios del siglo pasado, jalonada entre café y café, ha sido exponente del mayor intercambio de ideas surgido en los intelectuales de la época. Allí se hablaba de lo divino y lo humano, del último libro, del postrer estreno de teatro o exposición. Allí entre espejos y lunas azogadas, pasaban las sombras de personalidades que hoy son recuerdo de nuestra historia. Allí, entre conversación y comentario, se oía la música de tazas, vasos y cucharillas, se veían los devaneos de las parejas en el rincón y se oían las campanadas del reloj que como notas sueltas se esparcían en el aroma del café. La conversación larga, los espejos y las lunas, los divanes y las sillas de madera están hechas para la gente que goza del tiempo, que lo posee y utiliza. En estos lugares se concentra la fórmula de la convivencia y la compresión, ejerciendo la amistad que entraña una buena tertulia.

         Asistir al café Pombo o al Gijón con Victor de la Serna, Azorín, Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías, Prieto y tantos y tantos, era un lujo solo posible para personas inteligentes que saben no mirarse el ombligo y que presentan una mente amplia y serena.

         Si estas tertulias se realizaran con más asiduidad los problemas del mundo serían mínimos, ahogados por la sutileza y el matiz de los discursos.

         Pero es que la tertulia no tiene porque ser seria, en todo el sentido de la palabra puede ser jocosa, jacarandosa y porque no socarrona. Esta última libera el espíritu y la hace ser más libre. Como no recordar el gran poeta satírico Manuel del Palacio en ese delicioso epígrafe:

 

 Diálogo al vuelo cogido

En el baile de Menchaca.

- Oriénteme usted, querido

¿quién es esa horrible vaca

que al pasar le ha sonreído?

 

- Se lo diré, caballero.

Es doña Julia Terrón,

hija del duque de Ampuero

y madre de este ternero

que esta a su disposición

 

O aquella conversación de Muñoz Alonso y del Ministro Secretario General del Movimiento, Sr. Solís, el cual era de un pueblo llamado Cabra, de la provincia de Córdoba, que afirmaba en un discurso. " menos latín y más deporte" y dirigiéndose a la sazón al profesor Muñoz Alonso le espetó: Por que vamos a ver, Adolfo, para que sirve el latín y este, rápidamente, con aquel gracejo que le caracterizaba, le contestó: Ministro, el latín sirve, entre otras cosas, para que vosotros los de Cabra os llaméis egabrenses.

A don Jacinto Benavente , en un estreno, un poeta le envió el siguiente epígrafe:

 

Don Jacinto Benavente

Ha estrenado Una señora,

Y es lo que dice la gente:

"Ya era hora, ya era hora"

 

 

A lo que don Jacinto Benavente contestó:

 

Hace camas y comedias,

Pero con tan mala suerte

Que en las camas te desvelas

Y en las comedias te duermes.

 

Otro epigrama de la época atribuido a Sentí reza como sigue:

 

Ayer se casó Senén.

Hubo pastas, dulces, frutas,

Maricones, prostitutas

En fin, que estuvo muy bien.

 

 

La tertulia es en cierto modo manifestación de algunas facetas de la investigación, entendiendo ésta como la posibilidad de asombrarse. La palabra asombrado significa attonitus, golpeado por el trueno y  ¿no lo fué Fleming al descubrir la penicilina, derivada del hongo que crecía en su placa de Petri? Hoy día tenemos la posibilidad de asombrarnos ante todo, el vuelo de una gaviota, el florecer de una rosa, el amanecer en el mar del Caribe y el atardecer en una estepa de África.

         Asombrarse requiere transitar despacio, mirar alrededor de uno mismo, observar los acontecimientos normales de la vida diaria. En una palabra, pensar, reflexionar y después conversar. Una de las cosas que más capacidad tienen de asombrar es la caricia del oleaje en la playa. ¿Quién no se queda ensimismado ante un hecho tan sencillo y repetido?. Una y otra vez, en continua parsimonia se repite monótonamente y mientras tanto nosotros conversamos con nosotros mismos, pues la tertulia no tiene que ser siempre con otros, reflexionar es hablar consigo mismo y aquella muchas veces puede ser la conversación más íntima. Capacidad de asombro podemos tener ante los acontecimientos diarios de nuestro ejercicio profesional, ante tal o cual situación clínica, cuadro patológico o respuesta del huésped.

Ante la realidad, el hombre tiene varias posturas, la contemplación en el plano estético y religioso, la utilización de esa contemplación, el conocimiento y la transmisión del mismo, es decir, la palabra. La emoción provoca una regresión mental; el asombro, por el contrario, un paso adelante. En la tertulia, en la conversación, el asombro es la protagonista principal y es la base del intercambio de ideas, de la exposición de opiniones, del fluir del pensamiento como el agua del río en su cauce. Con la palabra es posible enseñar, transmitir, dar ejemplo, y al igual que el agua horada la roca, con tesón y esfuerzo, aquella, una y otra vez, puede elevar la ética de la sociedad y trocar los parámetros equivocados de la misma.

Todos tenemos un arpa escondida y tal vez olvidada en el fondo de nuestra alma, en aquel rincón oscuro del que habla el poeta, y aquella arpa es la palabra. El diálogo sirve no para convencer sino para exponer, no para ser convencido, sino para entender. Con la palabra podemos entender a la otra persona, sus puntos de vista, sus opiniones, sus reflexiones personales y de esta manera tratar de trabajar en una misma dirección. Esto es la excelencia de la conversación frente a la mediocridad, lo refulgente frente a lo mortecino. Es la capacidad de proyectarse en el otro, dando al pensamiento la capacidad de la ilusión. Sin esta, aquel se angostarán. La ilusión es al pensamiento lo que la lluvia al campo, que en forma mirífica la estimula. Un  cerebro sin ilusión es un campo yermo y un pensamiento que no fluye en una tertulia es un campo agostado por la sequía. Ilusión, pensamiento, reflexión y transmisión son cualidades que hacen que nuestro yo no sea baldío. La palabra, pues, nace en la boca y no solo responsabiliza al que la transmite, sino también al que la escucha.

         Espronceda en su canto a Teresa dice:

Hojas del árbol caídas

juguetes del viento son,

las ilusiones perdidas

son las hojas desprendidas

del árbol de mi corazón.

 

         El pensamiento es ilusión, es añadir hojas a nuestro árbol de la vida. Si por un lado se desprenden, por otro que renazcan, si por un lado se caen, por el otro que reverberen como capullos. Un pensamiento, una idea, una reflexión deben estar espolvoreados por la ilusión. Son las chispas centelleantes que se encienden en la bengala, son las sonrisas que se dibujan en una cara, los brillos de las miradas cuando la conversación está en su pleno apogeo. Debemos defender hacer ilusiones, poner ilusiones, centellear nuestra actividad con las bengalas de la tertulia.

 En la senectud todo es silencio, todo recuerdos, el viejo deja escapar el tiempo con la reflexión y la palabra se hizo boca y la boca palabra y la mirada silencio. A él solo le queda la conversación, el intercambio de experiencias ya que el proceso de incorporación de conocimientos y valores se realiza a un ritmo más lento. Sin embargo en su tertulia adivinamos un pensamiento más profundo y reflexivo.

Pero la conversación se debe tener y defender. Es curioso como las tertulias en los cafés protagonizadas por intelectuales no son sino reflejo no solo de un proyecto más culto y profundo, sino también de un proceso reflexivo en un espíritu de libertad.

 

         Las historias clínicas hipocráticas contenidas en el Corpus Hippocratium encierran enseñanzas médicas de alto contenido, basadas todas ellas en la anamnesis y en el diálogo entre el médico y el enfermo. El proceso morboso es disecado a través de la palabra que trata de encontrar respuesta al modo de la enfermedad y al modo de enfermar propio del paciente. El "tropos" es de esta manera base fundamental en la historia clínica. El Arte médico está constituido por tres cosas: la enfermedad, el enfermo y el médico. Juntos el enfermo y el médico deben enfrentarse a la enfermedad. Hipócrates es capaz de diferenciar intelectualmente entre el enfermo y aquello que el enfermo padece.

         A través de este diálogo entre el enfermo y el médico se pueden distinguir diferentes modos de enfermar: el sintomático, el patocrónico, el localizatorio, el etiológico, el pronóstico y el constitucional. No en balde en este último apartado se dividían a los pacientes en melancólicos, flemáticos, sanguíneos, biliosos, etc.

         Por ello en esa tertulia entre el paciente y el médico se puede conocer lo presente, lo sucedido y lo por venir con palabras de Lain Entralgo. El médico no pregunta al enfermo todo lo que este sabe acerca de su vida anterior, sino tan solo aquello que puede servirle para entender la enfermedad del paciente.

         La anamnesis no es tan solo un método  para conocer lo que en el pasado del enfermo importa, sino una prueba de que es capaz de conocer su enfermedad más profunda y por ello establecer un correcto pronóstico. Pero es que el diálogo anamnésico no sirve solo para conocer la verdad del paciente y de su proceso morboso, sino también para establecer las diferentes pautas terapéuticas. Aquellos consilium o consejos, originados en las diferentes Facultades de Medicina en la época medieval, allá por el año 1240, fueron la base del tratamiento y no siempre fueron farmacológicos o quirúrgicos, pues muchos de ellos  se basaban en el diálogo y en la tertulia con el paciente.

         Lo importante es entender el lenguaje de las cosas, el viento del desierto, la arena de la playa, el sonido de las olas, ensimismarlo y hacerlo nuestro y después extrapolarlo en una conversación a la otra persona intentando la transmisión de nuestro yo al otro, de nuestro intimismo al entorno que nos rodea y siempre a través de la boca en un continuo fluir de palabras que conformen un diálogo.

         Cada persona tiene su propio lenguaje, la sonrisa, la mirada, las manos y ese lenguaje es necesario trasformarlo en diálogo, en conversación. Sin embargo no siempre se puede entender los diferentes lenguajes de las personas, aunque siempre hay un lenguaje en el mundo que todos conocen y entienden y es el lenguaje de las cosas hechas con amor, con entusiasmo, con ilusión.

         Dice un proverbio árabe que si no entiendes una mirada no entenderás nunca una larga explicación. Por eso el lenguaje de las cosas y de las situaciones es fundamental para entendernos. Lenguaje no es solo el que aflora y se proyecta fuera de la boca, es también esa sonrisa a medio nacer, ese rictus de labios, el brillo de una mirada, el movimiento de una mano. Por ello en este discurso defiendo el lenguaje no solo el externo, sino también el interno, conformando ambos un diálogo que acerque a las personas y las haga más sublimes. Todos tenemos dentro de nosotros ese lenguaje interior dormido como el arpa en el rincón del alma. Debemos dejar que aflore, que reverbere y nos haga mas puros y justos, mas comprensivos y solidarios, olvidando rencillas, miserias y egoísmos que limitan nuestra felicidad.

 

                                                                           He dicho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA BOCA, LA PALABRA Y LA TERTULIA

 

Discurso pronunciado por el Excmo. Sr. Dr. Prof. D. Antonio Bascones Martínez

 

En la toma de posesión como Profesor Honorario el día 2 de Abril de 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Excelentísimos señores y  señoras:

 

Quiero agradecer sinceramente la propuesta de Profesor Honorario que un grupo de amigos han hecho y que guiada más por su amistad y afecto que por mis méritos ha finalizado en este entrañable acto. Por ello mis primeras palabras han de ser de agradecimiento a los profesores Wilson Delgado, Fernando Donayre y David Loza, por todo su apoyo a la idea de este nombramiento.Al Rector Prof. Oswaldo Zegarva tambien mi reconocimiento sincero pues sin su apoyo nada de esto hubiera sucedido.

Honrado y orgulloso me encuentro en esta noble y prestigiosa Universidad para recibir con satisfacción el título de profesor honorario y como decían los versos escritos por nuestro ilustre Francisco de Quevedo:

 

 "Entre nobles no me encojo

que, según dice la ley

si es de buena sangre el rey

es de tan buena su piojo"

 

Aquí pues, vengo contento a recibir tal honra y prebenda que aderece mi persona con la alta cota de esta distinción.

         He elegido este discurso en un paseo poético sobre la boca, pues de eso sabéis mucho los que escucháis y de la misma manera que el poeta Machado recita aquello de:

 

"el ojo que ves no es

ojo porque tú lo veas

es ojo porque te  ve"

 

 

Yo os puedo decir:

 

"Que la boca que oyes no es

boca porque la oigáis

Es boca porque te habla"

 

         Decía Apuleyo que la boca es vestíbulo del alma, la puerta de los discursos y el pórtico del pensamiento. Hoy día, a la luz de los cambios producidos en las sociedades modernas, esta máxima cobra mayor importancia.

         Ni que decir tiene que existen gran cantidad de enfermedades que se manifiestan en la boca y que en un sentido bidireccional esta tiene influencia en el organismo. Por  eso no se puede entender la boca como un compartimento estanco y es necesario estudiarla en todas sus diferentes facetas de salud y enfermedad, de tertulia y transmisión de la cultura y del conocimiento.

 De todos es conocido que en la boca se encuentran las personas al hablar y que en la boca leen los sordos las palabras y que en ella, al fin, enmudece el silencio del que niega, del que llora y del que habla. Es fiel reflejo de lo que el alma esconde y con palabras del poeta, en tu boca aletea un beso y en tus orillas reposa el cansado. Son sus riberas, dulces caminos que buscan afanosamente el amor perdido y sus olas, los suaves besos que se escapan y terminan en la arena escondida. Por ella las personas aman y por ella se siente el rencor. Pero también la boca sirve de vehículo transmisor del conocimiento. Por ella estoy, estamos todos aquí. Es necesario recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular en la conversación la estética del amor y la transmisión del fluir de la amistad. Esta oquedad poética, esta cueva del amor y la palabra tiene que ser una búsqueda del amor y del encuentro, a través de la palabra y la tertulia. "Os he rogado que vinieráis a verme para que tengamos un cambio de impresiones", dijo Hipócrates a sus invitados. Esto es la tertulia con sus efectos positivos en el intelecto y en el cuerpo. Esto es la relación médico-paciente, el terpnos logos de los griegos, la conversación como medicina, que no presenta efectos adversos. Cuantos problemas y enfermedades se pueden curar o al menos paliar con una buena conversación.

         Acudía una vez un paciente a mi consulta con una larga prescripción recetada por un facultativo de prestigio de nuestra ciudad. No menos de diez medicinas debería tomar al cabo del día, sin reparar que la mayor parte podían suprimirse y ser sustituidas por diez minutos de conversación. El paciente lo que quiere es exponer su problema, que se le escuche, que se le hable, no que se le hagan resonancias magnéticas, scanner, tomografías, analítica compleja, etc.

Una buena palabra, aplicada en su justo momento, es más efectiva como arma terapéutica que tantas y tantas medicinas de nuestra farmacopea actual. La bondad del efecto de la palabra es básica en el manejo de la enfermedad. Los grandes clínicos utilizan aquella para entrar en la intimidad del paciente, para disecar su pensamiento y para tratar de enfocar la psiquis en un sentido positivo, orientando su actuación hacia la curación del enfermo.

 El síndrome de ardor bucal, el liquen y tantos cuadros clínicos de nuestra parcela, tiene su base en respuestas alteradas del individuo. Respuestas que pueden encauzarse en uno y otro sentido en función de la utilización de la palabra. Pero esta es también la base de la tertulia, de la conversación, donde los grandes intelectuales exponen sus puntos de vista, donde los políticos se encuentran en las ideas y donde los amigos, los amantes y las familias se unen en el sendero de la vida. La tertulia de los clásicos, de los intelectuales, aderezada con el sutil gracejo de la inteligencia, adornada con la pátina del verbo, sirve de bálsamo intelectual para el desarrollo humano. Debemos recuperar la belleza de la palabra a través de la boca, emular a nuestros clásicos en la conversación, obteniendo a través de los labios el contacto psicológico de las personas. Aquí es donde los estomatólogos debemos resaltar nuestro patrimonio científico como lugar de encuentro de las personas y de las ideas.

         Nuestro gran Ramón y Cajal día tras día, de una forma sagaz y ubérrima desparramaba por doquier su ilusión, su capacidad de trabajo y su forma de ser y hacer. Y todo ello a través de la palabra que no encontró parangón en la época. Nadie podía columbrar que nuestro ilustre pensador llegara a donde llegó, desde aquel pequeño pueblo de la provincia de Huesca, desde aquella aldea donde entre zalagardas y juegos se curtió su voluntad, tesón y esfuerzo. El desarrollo del mundo, de la ciencia y de la investigación pivota en gran medida en el trabajo diario, continuo y repetitivo, fluyendo lentamente y transmitiéndose por la palabra. Como el maestro al alumno, como el padre al hijo, como el amigo al amigo, como el esposo a la esposa, todo fluye y reverbera a través de la palabra. Sin ella el pensamiento muere y se angosta.

         La excelencia de lo bien realizado debe tener su final en lo bien trasmitido. De nada sirve aquello si esto no se produce. Esta transmisión escrita o verbal, tiene su base en la palabra, porque esta no tiene siempre que ser verbal, puede en algún modo transmitirse a través del papel. Pero una y otra transmisión, la escrita y la verbal, se complementan y hacen más comprensible la mente humana. Hoy día parecería que no importa lo bueno, lo excelente, lo bien hecho o lo  hecho solo por la mera razón de hacer algo excelente y bueno.

         Interesa lo otro, lo baladí, lo regular, lo mediocre. Interesa más lo superfluo que lo fundamental, el ornamento externo que el sustrato, la perifería que el yo. Sin embargo todo lo fundamental todo lo básico, tiene su correlato en la transmisión y en la enseñanza y en consecuencia en la palabra.

         También es necesario señalar que la palabra precisa y exacta enmarca una situación y expresa adecuadamente un hecho.El conocimiento del latín tuvo su responsabilidad en esto.Y como ejemplo de la importancia de la precisión de la palabra expongamos aquella escena en que un político parlamentario cada vez que su mujer se iba a la compra,se acercaba a la habitación de una joven fámula que tenían y se aplicaba a un rápido ayuntamiento.Pero sucedió que un día la feliz esposa regresó antes del mercado y los encontró en comprometida situación, por lo que con indignación le dijo a su marido"¡Sebastián,estoy sorpendida¡"a lo que el atribulado marido haciendo un escorzo para salir de tan airada postura la corrigió diciendo"No,querida. A lo sumo estarás asombrada .Los sorprendidos hemos sido nosotros." Aquél político había estudiado latín.

         Por ello definir la palabra, es defender la esencia misma del conocimiento y la investigación. La pátina del tiempo es inexorable, todo lo pule y lima, lo abrillanta o le da el marchamo necesario y conveniente. Por eso la voz y la palabra son y seguirán siendo, fiel reflejo del desarrollo humano. La palabra, nuestra palabra, bien aplicada va a ser una prescripción importante.

         Ante un paciente no solo es fundamental tratarle la caries, la periodontitis o realizarle un tratamiento restaurador protésico implantológico sofisticado. Es ante todo y sobre todo aplicarle la palabra útil que cual pócima en herida será bálsamo y perfume a su problema.

 

Por una mirada, un mundo

Por una sonrisa un cielo

Por un beso...; yo no sé

Que te diera por un beso.

 

Y por una palabra,  ¿que nos daría el poeta de las rimas?. Esa palabra adecuada en el momento, precisa en la circunstancia y acorde con su objetivo. Porque no hay nada más inútil que la palabra que no arranca, aquella que no aflora a los labios, la que muere sin pronunciarse. Ya Bécquer señalaba con versos esta situación:

 

Asomaba a sus ojos una lágrima

Y a mis labios una frase de perdón;

Habló el orgullo y se enjugó su llanto,

Y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por el otro;

Pero al pensar en nuestro mutuo amor,

Yo digo aún: "¿Por qué callé aquel día?"

Y ella dirá: "¿ Por qué no lloré yo?"

 

Es cuestión de palabras, y no obstante,

Ni tu ni yo jamás,

Después de lo pasado convendremos

En quién la culpa está.

¡lástima que el amor en un diccionario

no tenga donde hallar

cuando el orgullo es simplemente orgullo,

y cuando es dignidad!

 

.....................

Los suspiros son aire, y van al aire,

Las lágrimas son agua, y van al mar.

Dime mujer: cuando el amor se olvida,

¿sabes tú a donde va?

 

¿Y las palabras donde van?

 

 

 

         Pero es que las palabras sirven para elaborar el verso y allí radica la esencia de la poesía, definida por León Felipe en su poema

 

Deshaced ese verso,

quitadle los caireles de la rima,

el metro, la cadencia

y hasta la idea misma.

 

Aventad las palabras,

y si después queda algo todavía,

eso

Será poesía.

 

La tertulia en la España de principios del siglo pasado, jalonada entre café y café, ha sido exponente del mayor intercambio de ideas surgido en los intelectuales de la época. Allí se hablaba de lo divino y lo humano, del último libro, del postrer estreno de teatro o exposición. Allí entre espejos y lunas azogadas, pasaban las sombras de personalidades que hoy son recuerdo de nuestra historia. Allí, entre conversación y comentario, se oía la música de tazas, vasos y cucharillas, se veían los devaneos de las parejas en el rincón y se oían las campanadas del reloj que como notas sueltas se esparcían en el aroma del café. La conversación larga, los espejos y las lunas, los divanes y las sillas de madera están hechas para la gente que goza del tiempo, que lo posee y utiliza. En estos lugares se concentra la fórmula de la convivencia y la compresión, ejerciendo la amistad que entraña una buena tertulia.

         Asistir al café Pombo o al Gijón con Victor de la Serna, Azorín, Ramón Gómez de la Serna y sus greguerías, Prieto y tantos y tantos, era un lujo solo posible para personas inteligentes que saben no mirarse el ombligo y que presentan una mente amplia y serena.

         Si estas tertulias se realizaran con más asiduidad los problemas del mundo serían mínimos, ahogados por la sutileza y el matiz de los discursos.

         Pero es que la tertulia no tiene porque ser seria, en todo el sentido de la palabra puede ser jocosa, jacarandosa y porque no socarrona. Esta última libera el espíritu y la hace ser más libre. Como no recordar el gran poeta satírico Manuel del Palacio en ese delicioso epígrafe:

 

 Diálogo al vuelo cogido

En el baile de Menchaca.

- Oriénteme usted, querido

¿quién es esa horrible vaca

que al pasar le ha sonreído?

 

- Se lo diré, caballero.

Es doña Julia Terrón,

hija del duque de Ampuero

y madre de este ternero

que esta a su disposición

 

O aquella conversación de Muñoz Alonso y del Ministro Secretario General del Movimiento, Sr. Solís, el cual era de un pueblo llamado Cabra, de la provincia de Córdoba, que afirmaba en un discurso. " menos latín y más deporte" y dirigiéndose a la sazón al profesor Muñoz Alonso le espetó: Por que vamos a ver, Adolfo, para que sirve el latín y este, rápidamente, con aquel gracejo que le caracterizaba, le contestó: Ministro, el latín sirve, entre otras cosas, para que vosotros los de Cabra os llaméis egabrenses.

A don Jacinto Benavente , en un estreno, un poeta le envió el siguiente epígrafe:

 

Don Jacinto Benavente

Ha estrenado Una señora,

Y es lo que dice la gente:

"Ya era hora, ya era hora"

 

 

A lo que don Jacinto Benavente contestó:

 

Hace camas y comedias,

Pero con tan mala suerte

Que en las camas te desvelas

Y en las comedias te duermes.

 

Otro epigrama de la época atribuido a Sentí reza como sigue:

 

Ayer se casó Senén.

Hubo pastas, dulces, frutas,

Maricones, prostitutas

En fin, que estuvo muy bien.

 

 

La tertulia es en cierto modo manifestación de algunas facetas de la investigación, entendiendo ésta como la posibilidad de asombrarse. La palabra asombrado significa attonitus, golpeado por el trueno y  ¿no lo fué Fleming al descubrir la penicilina, derivada del hongo que crecía en su placa de Petri? Hoy día tenemos la posibilidad de asombrarnos ante todo, el vuelo de una gaviota, el florecer de una rosa, el amanecer en el mar del Caribe y el

Género al que pertenece la obra: Periodismo literario
Bookmark and Share

Comentarios - 0

No hay comentarios.


Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
Sugerencias