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Biblioteca de la Universidad Complutense de Madrid

Jueves, 23 de septiembre de 2021

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Los mejores psicólogos de Madrid

Buscando al mejor psicólogo de Madrid

Esta es una pequeña historia sobre un paciente y sus peripecias para encontrar a "los mejores psicólogos de Madrid" obligado por su autoritaria esposa.

 

 

 

Los mejores psicólogos de Madrid

Hay días como hoy, en los que sin saber muy bien el motivo, te apetece escribir. Te preparas un café bien cargado, te sientas delante del ordenador y abres un documento Word, sin tener nada claro lo que quieres contar.


Llevo muchos años ejerciendo la Medicina en un pequeño pueblo y muchas veces, lamento no haber ido escribiendo todas las anécdotas que me han sucedido a lo largo de los años. Cuando eres más joven tienes una confianza ciega en tu memoria y piensas que cualquier dato relevante, cualquier historia que merezca la pena, quedará registrada para siempre en tu cerebro.


Por desgracia, los años te demuestran que esto no es así, y llega un momento en el que como no apuntes las cosas... éstas se olvidan sin remedio. Viene esta introducción al caso, porque ayer en la tele aparecía un personaje, que me recordaba extraordinariamente a un antiguo paciente, algo bruto, pero buena persona, al que traté hace ya bastantes años.


El buen hombre, estaba bastante deprimido. Era constructor y había ganado mucho dinero con la especulación de terrenos y edificación de chalets. Esta actividad le había pillado en pleno auge de la burbuja inmobiliaria y había ganado más dinero del que podía digerir.


Se había comprado un piso de lujo en Madrid, había dejado un poco de lado sus antiguas amistades y había empezado a frecuentar un ambiente que no era el suyo y donde ciertamente, se encontraba bastante incómodo. Pero su mujer quería aparecer como una "dama" sofisticada y le empujó en esa dirección. Y si la mujer se empeña en decirte que te tires del tejado, más te vale estar en un primer piso.


Cuando el hombre vino a la consulta y me contó sus penas, le puse un tratamiento antidepresivo y le recomendé que visitara un psicólogo que fuera de su confianza. Algunos días más tarde, volvió bastante desesperado y me contó que su mujer se había empeñado en buscar a los mejores psicólogos en Madrid. Le había reservado cita y había ido a ver a una psicoanalista argentina con todas sus esperanzas fundamentadas en el abultado precio que costaba la consulta.


No sé si ya he dicho antes, que este hombre tenía una cultura bastante básica, por lo que de entrada, no me pareció una idea muy acertada la elección que había hecho, pero por prudencia me callé y esperé a que me contara lo sucedido.


Cuando acabó, no me llevé ninguna sorpresa, había salido de la consulta igual que había entrado. No se enteraba de la mitad de las cosas que le habían dicho y para colmo la psicoanalista tenía el acento porteño muy marcado y era bastante dificultoso entender todo lo que decía.


Le dije que debía seguir con el tratamiento médico y que buscara otro tipo de psicólogo. Debo decir, que no tengo nada contra los psicoanalistas. Yo mismo estuve durante tres años asistiendo al Curso de psicoanálisis de la Fundación Peña Retama en Madrid, pues aunque soy médico de Familia, la psicología siempre me interesó bastante. No he llegado a ejercer como psicoanalista, pues la pasión por los ordenadores se cruzó en mi camino y me llevó por otros derroteros.


Recordé que tenía un compañero, que tenía una consulta de psicología, aunque hacía mucho tiempo que no sabía de él. Hice algunas averiguaciones y conseguí su teléfono. Aconsejé a mi "constructor" que pidiera cita.


Así lo hizo, pero para mi sorpresa, la situación no mejoró. Esta vez él había salido muy contento, pues se había podido explicar y se había sentido comprendido, pero su mujer, había salido furiosa de la consulta, porque tras una charla introductoria, había sido invitada amablemente a salir fuera del despacho. Gordo, sucio, grosero, sin modales, fueron los calificativos más piadosos que salieron de la boca de la ofendida esposa, que afirmó rotundamente que por allí no volvía su marido.


El caso es que el hombre, quizás por la medicación, se encontraba mejor, así que decidí citarle en consulta con regularidad, y charlar un rato con él, pero sólo con él. Le cité a una hora a la que la mujer no podía acompañarle y durante algún tiempo ejercí de psicólogo en el medio rural.


El final de la historia tiene poco de original. El paciente mejoró, dejó los círculos "sofisticados" que había empezado a frecuentar. Volvió a las partidas de mus con sus amigos de toda la vida y a salir a cazar con sus galgos en cuanto tenía algún tiempo libre. La mujer se opuso a todas estas decisiones porque las consideraba "vulgares" y decidió quedarse a vivir en Madrid.


Él se vino a una hermosa finca que se había comprado en el campo. La crisis inmobiliaria hizo que el trabajo disminuyera y también el estrés que acumulaba. No llegó a divorciarse de la mujer, aunque de hecho llevaban vidas totalmente separadas y creo que desde entonces es razonablemente feliz.


A mí el café se me ha quedado helado, pues no me he acordado de él mientras escribía y rescataba del naufragio de mi memoria, esta historia insignificante, pero de la que me quedó un buen recuerdo. Y ahora soy yo el reclamado para tareas domésticas y debo dejar de aporrear el teclado con mis dos deditos. Los otros ocho son meros espectadores.


 

 

Otras Obras:

La noche de las hogueras

Iris y el Rey Boabdil de Granada

Dunamai, la rosa azul del desierto

El mejor psicólogo de Madrid

Género al que pertenece la obra: Literatura digital
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Escritores complutenses 2.0. es un proyecto del Vicerrectorado de Innovación de la Universidad Complutense de Madrid
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